"Vidas
Compartidas"
Basado en Beyblade
By Kmy Kusanagi
Parte segunda
El arte culinario de Ty-chan
No había dormido bien. Sentía los párpados pesados y a punto de cerrar sus ojos y un dolor cada vez más intenso y punzante le atravesaba la cabeza. Sentía aumentado en varios grados el ruido de tazas de la cocina y por primera vez se planteó con seriedad el tema de exterminar a todos los pájaros de la región que se entretenían cantando a esas horas de la mañana.
Kai arrastró los pies por un pasillo que a duras penas reconoció como el del departamento que acababa de arrendar con sus amigos. Asomó la cabeza lentamente por la puerta de la cocina, esperando encontrarse con su desayuno listo, soñando con que las cosas serían igual de normales que en su mansión.
- ¡Cuidado Kai!
La voz de Tyson le llegó ligeramente tarde, cuando ya algo pegajoso y dulce
estaba encaramado en su cabeza, algo que por su olor le recordó vagamente a los
hotcakes que alguna vez probó de niño. Una masa dorada y deliciosa que estaba
convenientemente pegándose a su pelo en esos instantes.
- ¿Estás bien?- Takao se acercó lentamente.- ¿Kai?
No quería gritar.
En el fondo si quería hacerlo, pero sabía que eso sería una contribución generosa al dolor infernal de cabeza que tenía y que más tarde se arrepentiría de haberlo hecho, cuando tuviera a su cerebro echándole humor por las orejas.
- ¿Kai?
No quería matar a nadie.
Aunque matar a Tyson era una idea tentadora, no dejaba de sentir un cosquilleo ligero al pensar en él, aún cuando ese pensamiento fuese de estrangularlo.
- ¿Kai?- la voz adormilada de Ray se sumó a la escena en su cabeza.
Evidentemente, el neko- jing estaba haciendo esfuerzos de no reírse.
- Sácame esta cosa de la cabeza. – gruñó amablemente. – Creo que entenderás que estorba.
Había pasado una pésima noche. Odiaba dormir en algún lugar que no fuera su
pieza y tenía manías tales como jamás separarse de su almohada. Pero había
olvidado lo sicótico que podía ser con pequeñeces como esa y la había dejado
abandonada en su casa. Sobrevivir a algo como eso se le había tornado un desafío
demasiado rudo para el chico, pero lo había soportado estoicamente.
Aunque claro, una cosa es aguantar dormir en una cama absolutamente desconocida, con cojines incómodos y otra que Tyson lo recibiera en la mañana lanzándole comida a diestra y siniestra.
Tampoco que esperara un beso de saludo, pero...
- ... no es mi culpa que te atravesarás en el camino de mi comida, digo, tú
fuiste el que repentinamente abre la puerta y el hotcake ya estaba fuera de mi
alcance... – Ty parloteaba animadamente mientras la masa pegajosa seguía
adherida a su pelo. El chico de ojos azules trataba de excusarse antes de que a
Hiwatari le comenzara a dar uno de sus ataques de furia.
Un beso. De Tyson. Oh, demonios ¿En qué estaba pensando ahora?
Ese era un pensamiento que no necesitaba, que no quería y que lo estaba desconcentrando absolutamente.
Así que un beso de Tyson... ¡Eso era una locura! Él NO (palabra que va con subrayado, en un cartel de neón inmenso con letras luminosas) estaba pensando en ser besado por Tyson. Él JAMÁS (dentro de lo posible escribirlo con letras de 10 Km. de ancho) haría algo así porque aquello sería una idiotez, una blasfemia y una absoluta falta de cordura.
Entonces... ¿Por qué a cada segundo la idea se le hacía más atractiva?
- ... por lo tanto es razonable pensar que soy inocente de todos los cargos y
que nada es mi culpa, ya que aquí yo soy una víctima de la sociedad descarnada
y homicida que jamás me preparó para que tú entraras por esa puerta y yo...
– el chico de cabello azulado no cesaba.
La sangre se le agolpó violentamente en la cara cuando Tyson dejó su cháchara
para acercarse a examinar la comida en su cabello. Sentía la vista nublada y
estuvo casi seguro de que estaba ruborizado a más no poder. Y aquello, era
terrible. Tyson estaba tironeando su cabello, pero el contacto tierno y cándido
no dejaba de sonarle horriblemente encantador.
(¡Oh, Dios! ¿Acaso estaba
pensando románticamente en Takao?)
- Vamos, Kai... es mi deber sacar aquello de tu cabeza. – dijo Tyson con alegría
aterrorizante.
Estaba demasiado cerca para una persona decente como lo era Kai. No quería que
siguiera acercándose porque si no se iba a ver en la obligación de salir
corriendo y gritando como loco y eso no daría buena impresión. Sólo
necesitaba que Ty se quedara a distancia prudente.
Ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
Max observó divertido la expresión de asesino en serie que tenía Kai en esos
momentos en el rostro. Claro, esta no concordaba demasiado con el sonrojo increíble
que adornaba sus mejillas ni el ligero temblor en sus labios, pero hacían un
conjunto bastante gracioso.
Se volvió en su silla para continuar su desayuno, pero algo lo interrumpió. Para ser más precisos, la cabeza de Ray hundida en su bol de cereales con leche era un distractor poderoso. El chico rubio esbozó una breve sonrisa al tiempo que, cogiendo los abundantes cabellos negros, sacaba el rostro del otro muchacho de la comida.
- ¿Algo que quieras contarme, Ray?
El aludido se conformó con gruñir algo como "No dormí bien" y luego
se acomodó en el regazo de Max, ronroneando lentamente hasta que su respiración
pausada indicó que se había dormido otra vez.
Ligeramente confuso, buscó respuesta al asunto en Kenny, pero este estaba demasiado entretenido en la discusión de Kai y Tyson como para prestarle atención.
Ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
- Ty, creo haberte dicho cinco veces que me dejaras en paz. Puedo sacarme esta cosa de la cabeza yo solo. – zanjó Kai manoteando para apartar a su compañero.
Tal vez habían sido seis veces. El punto es que no habían servido
absolutamente para nada.
- Oh, claro. Había olvidado que tú eras el Grandioso Kai Hiwatari que no
necesita de nadie... en ese caso ¿Por qué demonios llevas veinte minutos con
mi comida pegada al pelo?
- Tal vez sea porque tú no me has dejado quitármela.
- Oh, desde luego. Ahora es mi culpa.
- Desde el principio que esto es tu maldita culpa, Tyson. Está claro que no era yo el imbécil que fingía saber cocinar sabiendo que es incapaz de concentrarse en una tarea mínima como esa.- aulló Kai desesperado.
- ¿Me estás llamando imbécil?
- Sí, creo que dije eso.
Nunca antes se había encontrado en una situación así. Jamás antes la comida
había sido tan difícil de despegar de su cuero cabelludo.
- ¡Vete al demonio Hiwatari! ¡No soy yo el idiota que está con masa para
hotcake en la cabeza!
- ¿Podrías intentar agregar a tus frases que es tu culpa?
- ¿Podrías intentar dejar de decir que es mi culpa?
- ¿Podrías aceptar que lo es?
- Chicos...
- Eres un idiota, Kai.
A cada segundo se le hacía más difícil concentrarse en la discusión.
Comenzaba a desconcentrarle el pensar tanto en el azul índigo y centelleante de
la mirada de Tyson.
(Kai, tú no estás en estos momentos divagando sobre el color de los ojos de Takao ¿verdad?)
- Oh, vaya. Ahora comenzamos con los insultos. ¿Debería responder que
considero que eres la persona más descerebrada de este mundo?
- Y tú la más insoportable.
- Al menos soy inteligente.
- ¿Qué te hace creer eso?
- Chicos...
- ¿Quién es el que te ayuda con tus deberes de matemáticas?
- ¿Me lo estás echando en cara?
- Intento demostrar lo idiota que eres, Ty-chan.
- Espero que seas consciente de que te detesto
- Oh, que gran mal ha caído sobre mí. Dios mío, Ty no seas rudo conmigo.
- Piérdete, Hiwatari.
- Muérete, niñito.
- ¿Podrían callarse un segundo?- gruñó Kenny.- Fue una discusión muy entretenida, pero me temo que tendrán que terminarla en otro momento. Ahora, tenemos que arreglar algunas cosas.
Kai observó con el entrecejo fruncido al pequeño que los había detenido y
luego exhaló lentamente un suspiro. Lo relajaban aquellas discusiones verbales
con Tyson, eran parte de su vida estarse gritando largo rato a medio metro de
distancia y sentía que eran cada vez más necesarias para su buen
funcionamiento a lo largo del día. Ahora más le valía pensar como sacarse aquélla
cosa dulce de sus cabellos.
Por la ventana, apreció un trozo de cielo claro, de un celeste puro y limpio como los ojos de un niño, sin una nube o una mancha que enturbiaran la cándida belleza del mediodía.
- Creo que tenemos que ponernos de acuerdo acerca de la cocina, el baño, el
orden, la limpieza y los horarios de llegada. Tenemos que tratar de ser lo más
justos posibles.
El ruso- japonés reprimió un bostezo apenas y revolvió los ojos. Observó sin
demasiado interés a Kenny hacer una distribución de tareas acompañado por la
voz vibrante de Dizzi; Max balanceándose en su silla sin prestarle atención al
chico, con Ray, adormilado por el vaivén del mueble, acurrucado como un bebé
contra su pecho.
Tyson estaba sentado en el suelo junto a Kenny y aparentemente era el único que estaba interesado en lo que hablaba el intelectual del grupo. Los ojos color tormenta estaban fijos en la pantalla de la computadora, con el cabello cayendo grácilmente por su espalda, enmarcando un rostro proporcionado y ligeramente moreno que sonreía suavemente. ¿Es que acaso nunca dejaba de ser tan feliz?
Kai se sentía intrigado hacia ese chico... ¿Cómo era posible que fuese tan alegre?
¿Por qué había veces, entonces, en que una expresión de desdicha se apoderaba por completo del niño?
(Aquellas veces en que tus únicos pensamientos son acunarlo y decirle que todo estará bien.)
Mientras lo observaba, Tyson se encogió hasta quedar hecho un ovillo en el suelo, amoldándose dulcemente en el suelo como un niño pequeño. Desde allí dirigió una mirada inocente a Kai y una sonrisa lenta y gatuna se le formó en la comisura de los labios.
- Mi Tyson... – murmuró mientras el sonrojo se encaramaba nuevamente en su
rostro.
Continuará...