"Beysball"
Basado en Beyblade
By Mochita-Chan
Durante
las clases, Rei estaba en parte mejor, pero aún no podía olvidar todo lo que
Kai le había revelado esa tarde. Empezó a detestar a Johnny, por haber estado
primero con Kai, porque todo indicaba que ellos dos eran tal para cual...
–Preste
atención, señor Kon – le llamó la atención el profesor.
–Discúlpeme,
sensei... – se disculpó el estudiante de intercambio.
Desde
lejos, Mao aún le miraba con preocupación.
«Rei...
Nunca antes habías estado tan distraído...»
* * *
–¡Ya
es hora de almorzar! – manifestó un entusiasmado Takao.
–Recuerda
no comer demasiado. En la salida hay prácticas y Michael acaba de programar la
nueva rutina de entrenamiento – le recordó el intelectual del grupo.
–Dame
tregua, jefe. Después de esos pesados entrenamientos que me impone Michael,
comer y dormir es el único regalo que me puede dar la vida.
Max
no estaba escuchando a los dos discutiendo. Se encontraba muy contrariado sobre
cómo estaba todo con Michael.
(Flashback.
Hace dos horas)
–Sensei...
¿Me da permiso para ir al baño? – preguntó Max.
–Sí,
ve. Pero no demores.
Cuando
salió del salón, fue directo a la azotea de la escuela. Aún miraba el mensaje
de texto de su celular, en el que Mariam le llamaba. Max no se sorprendía, ya
que los Saint Shields no eran de hacer una aparición normal.
–¡Mariam!
¡Ya llegué! ¿Por qué me llamaste? – le preguntó el alegre rubio una vez
que llegó.
La
muchacha había crecido también y era más bonita de la última vez que ellos
se vieron. El mismo cabello largo, los ojos verdes brillantes
–Hola,
Max... Lamento haberte sacado de tus clases – le dijo igual de seria.
–Descuida.
Ciencias Naturales no es mi fuerte ¿Cómo está todo? ¿Todo bien con los demás?
¿Sigues dedicándote al Beyblade?
–Max.
Otro día hablaremos de eso. Sólo quería preguntarte algo antes de regresar a
mi casa.
–¿Qué
sucede, Mariam?
–Necesito
saber si aún sigue en pie lo que sentíamos el uno por el otro...
–Mariam...
Yo pensé que tú...
–Aún
no hemos quedado en algo fijo. Quisiera que me respondieras.
–Mariam...
Te quiero. Siempre quise saber por qué habíamos terminado...
–Las
cosas estaban complicadas. Joseph y Dunga se enteraron y sabes lo mucho que me
cuidan junto con Ozuma – lucía más seria de lo acostumbrado – Quiero
volver contigo, Max.
–Mariam...
– Max no sabía qué decir con respecto a esto.
Hacía
un año que Mariam había terminado con él sin dar explicación alguna. Lloró
por dentro, a pesar de que sonreía para el exterior y en verdad la extrañaba.
Recordó también que Michael estuvo ahí para ayudarle a superar la ruptura de
su relación. Michael llegó de nuevo a su mente.
–Mariam...
No puedo... – Max desvió la mirada y estuvo a punto de irse corriendo, pero
Mariam le detuvo del brazo.
–Aún
te quiero, Max... Recuerda eso – antes de irse, ella lo besó e,
inconscientemente, Max le correspondió y rodeó la cintura de la beyluchadora.
De
camino al salón, Michael se interpuso en su camino. Apoyado en la pared, volteó
a ver al rubio con mucha seriedad.
–Michael...
–Haré
como si no hubiera visto nada... Regresa a tu salón – el entrenador pasó al
costado de Max y recorrió el pasillo.
–Espera
un momento, Michael.
–Si
te gusta esa chica, no hay ningún problema. Aunque si ella te lastimó antes,
no podría tener un concepto nuevo.
¿Qué
había querido decir? Quizás Michael se estaba preocupando por Max para que no
vuelva a salir herido. Pero si Michael lo vio todo, significa que también había
visto ese beso que Mariam y él se habían dado. El rubio cayó de rodillas muy
contrariado.
(Fin
del Flashback)
–¡Max!
¡Max! – lo sacudió Takao.
–¡¿Qué?!
¡¿Qué pasa?! – reaccionó.
–¿Vas
a comerte eso? – le preguntó el otro.
–Todo
tuyo.
–Andas
distraído... – hizo notar Kyouju.
–No
me pasa nada, jefe...
–¿Estás
seguro?
–Sí,
Takao. Seguro.
–Eso
me recuerda lo que nos contaron Oliver y Enrique – Takao se apoderó del
almuerzo de Max – Johnny debió estar ciego para seguir interesado en Kai.
Aunque por ese aspecto, los dos son tal para cual. Los dos son unos riquillos
petulantes e igual de antipáticos.
–Takao...
– le trató de llamar Kyouju.
–¿Qué
pasa, jefe?
–Cállate
– terminó de decirle Max, mirando en la misma dirección que el chico de
lentes.
Cuando
Takao volteó, Rei estaba parado completamente congelado. Había escuchado todo
lo que había dicho el dueño de Dragoon.
–Oh.
Hola, Rei. No sabía que ibas a almorzar con nosotros – trató de decir Takao
para disipar un poco la tensión.
–No
se preocupen... Kai ya me lo había contado.
–Rei
¿Eso significa que ya todo está bien entre él y tú? – le preguntó el
menor del grupo.
–Pues...
Sí... ¿Está ocupado ese lugar?
Los
tres le hicieron sitio y ahora eran cuatro los que comían al pie del árbol.
–Oye...
sobre lo de... – Takao estuvo a punto de decir algo, pero inmediatamente se
quedó sin habla. Tenía la idea en la cabeza, pero no se podía transformar en
pregunta.
–Miren.
Yo ya entendí perfectamente que si estoy con él, tendré que estar preparado
para cualquier cosa con la que me pueda sorprender. Eso incluye que tenga que
soportar a Johnny... Salúdenle ahora.
–Hola,
Johnny – dijeron los otros tres muy sonrientes.
En
cuanto fue descubierto, Johnny se alejó de la reja y corrió a la otra cuadra.
–Está
desesperado... – murmuró Max.
–¿Quién
se habrá creído que es para espiarnos así? Como si Kai aún le perteneciera.
Deberías darle una lección, Rei.
–Por
otra parte le entiendo, Takao. Por eso no puedo tomar represalias contra él, ya
que entiendo que él aún quiera a Kai.
–Eres
muy bueno o muy tonto...
* * *
Al
mismo tiempo, Johnny se encontró con Robert a penas volteó la esquina.
–Sabía
que te iba a encontrar por aquí. Lo que quiero saber es por qué no te resignas
– le dijo Robert.
–No
te importa lo que yo haga por aquí – pero luego brilló algo en su mente –
¿Tú qué haces aquí, Robert?
–¿Yo?
A ti no te importa.
–Entonces
estamos a mano.
Robert
finalmente suspiró y se rindió. No podía quedarse sin decirle algo a Johnny.
–Vine
a buscar al nuevo jugador del equipo.
–Pensé
que ya estábamos completos.
–Surgió
un imprevisto y uno de ellos se lesionó.
–¿Y
puedo saber de quién estamos hablando?
–No
tardará en venir.
Entonces
se acercó un muchacho de baja estatura, ojos verdes y cabello negro con rojo.
No era otro que Ozuma, de los Saint Shields.
–¿Tú
quien eres? – preguntó un indiferente Johnny.
–Soy
Ozuma... El gusto es mío, quien quiera que seas – respondió el bajito ante
la arrogancia del inglés. Su voz daba bien clara la presencia de ironía con
filo.
–Tengo
un nombre y es Johnny McGregor – el pelirrojo volteó donde su amigo – ¿De
dónde sacaste a este enano, Robert?
–Ozuma
derrotó a Takao más veces de las que Kai te apaleó en beyblade.
–No
tienes que meter ese tema – refunfuñó – Yo derroté a Kai a la primera ¿Acaso
insinúas que este enano está a nuestra altura?
–No
tengo que aguantar esto – Ozuma estuvo a punto de irse, cuando vio que Mariam
trataba de escabullirse de la escuela – ¿Qué haces aquí, Mariam?
–¡Ozuma!
– la muchacha se detuvo en seco al ver a su compañero de equipo y a los dos
nobles europeos – Sólo... Paseaba por aquí.
–Creo
que deberías retocarte... Se te corrió el labial – le dijo a secas.
El
sonrojo se apoderó de la muchacha y se llevó la mano a la boca. Era obvio que
Ozuma sabía el motivo de su presencia.
–¿Cuántas
veces te he dicho que Max no me agrada como tu novio? Sigues insistiendo en
verlo y nosotros te lo hemos advertido.
–¡Tú
no me entiendes, Ozuma! ¡Quiero a Max y ni tú ni nadie me van a hacer cambiar
eso!
Mariam
no pudo ver a Ozuma nuevamente a los ojos y se fue corriendo. El muchacho arrugó
la nariz por el disgusto y volteó de nuevo hacia Robert y Johnny.
–¿Cuándo
es la fecha del dichoso juego? – preguntó el ojiverde.
Los
dos europeos sonrieron satisfechos. Al parecer el objetivo de Ozuma sería
derrotar también a Max (obviamente Takao ya estaba en los planes del chato)
–El
sábado de la próxima semana – dijo Robert – Ve mañana al hotel donde
estamos para que conozcas a los demás que formarán parte del equipo.
–Ahí
estaré – dicho esto, el líder de los Saint Shields se retiró.
Cuando
estuvieron solos, Johnny aún miraba hacia la dirección por la cual se había
marchado el muchacho.
–No
confío en él.
–Tendrás
que hacerlo si quieres ganar, Johnny. Para empezar, tú nos metiste en esto.
–Kai
tiene que saber que de todas maneras yo siempre estaré por encima de él.
–Sabes,
Johnny... Ni tú mismo te crees eso.
Robert
se fue hacia el hotel, dejando confundido al escocés.
* * *
Kai
llegó de la escuela y se recostó en uno de los sofás de su habitación.
Acababa de entrenar y lo que le caería bien sería leer un buen libro y comer
algo. Quizás le haría una llamada a Rei, pero no. Kai Hiwatari tiene una
imagen que mantener.
Llamó
a un mayordomo para que le llevara la comida al cuarto. No tenía ganas de bajar
al gran comedor y cenar solo. Pero, sin que llamara a servicio, el empleado entró
con un paquete.
–Recibió
esto hoy en la tarde – le dijo el sirviente.
–Déjalo
en la mesa. Y traigan la cena aquí. No tengo ganas de bajar.
–Sí,
señor.
Solo
en su habitación nuevamente, trató de buscar qué leer, pero ya todos los títulos
de la repisa habían sido leídos. Entonces le dio curiosidad abrir la caja que
recibiera.
–No
tiene remitente...
Cogió
una navaja y desgarró la cinta adhesiva de la cubierta. Encontró un libro con
el título “Sucesos del Pasado”. No era un nombre llamativo, pero aún así
quiso leerlo.
Cuando
abrió el libro, encontró una pequeña introducción.
“Los primeros amores no son los que se olvidan fácilmente. No hablo del primer novio o novia... Me refiero a aquellos que nos robaron todos los sentidos con sólo tener a esa persona especial cerca...”
Leyó
concentrándose en cada palabra del libro, incluso no lo dejó mientras comía.
Al parecer era una novela escrita a modo de diario, en el que se narraba la
relación prohibida de dos soldados de bandos opuestos, cuya pasión se plasmaba
en la lucha. Llegó a terminarlo a la medianoche. Cuando pasó a la última página,
se extrañó al ver la última línea subrayada con tinta roja.
“...
Cuando nos encontremos en el campo de batalla, sin duda libraremos una ardua
lucha contra nuestros demonios. Yo estaría contigo sin dudarlo... ¿Tú estarás
a mi lado?”
¿Quién
le habría enviado eso? Pensó primero que pudiera haber sido Rei. Pero él no
dominaba tan bien el japonés y no creía que el chino fuera capaz de leer toda
la novela especialmente pensando en él. Quizás había sido Johnny, pero no lo
creía capaz de hacer algo así.
–Si
no me importa... ¿Por qué no dejo de preguntarme quién me envió esto?
* * *
Al
día siguiente, Ozuma fue acompañado por Joseph y Dunga para hablar con los
Majestics. Los tres estaban en el ascensor del hotel.
–Ozuma...
–¿Qué
quieres, Joseph? – le respondió al muchacho de cabello verde.
–Si
esto es un asunto de todo el equipo ¿Por qué Mariam no vino con nosotros?
–Déjala.
Ni hoy ni ayer estuvo de humor... A penas toqué la puerta de su habitación,
estuvo a punto de volarme la mano con su beyblade – dijo el más grande del
grupo.
–No
seas exagerado, Dunga. A lo mejor la cogiste en un momento malo... Ya sabes cómo
son las mujeres – comentó Joseph.
–Todas
están locas...
–Cállense
y dejen de hablar de eso – les interrumpió el líder del grupo.
Los
otros dos no entendían nada de lo que ocurría con Mariam, y ahora el raro era
Ozuma. El elevador se detuvo en el piso 15 y los tres se dirigieron a la enorme
suite que habían reservado los europeos.
Su
sorpresa fue grande al encontrar a los integrantes del equipo ruso Demolition
Boys. Yuriy
(Tala), Ivan (Ian), Sergei (Spencer) y Boris (Brian) también voltearon a
verles.
–Lo
que faltaba... Creo que estaban tan desesperados que llamaron a los desempleados
– dijo un burlón Joseph.
–No
tendremos ocupación como beyluchadores por el momento... Cuando menos no somos
“callejeros” como algunos – respondió Ivan, también sonando despectivo,
ante lo cual Boris y Sergei también sonrieron con malicia.
Estuvieron
a punto de pelearse, de no ser porque Yuriv y Ozuma contuvieron a los de sus
equipos.
–Ya
son lo suficientemente grandes para recurrir a ese tipo de cosas – regañó
Ozuma a los otros dos.
–No
esperaba que fueran ustedes los que vinieran a jugar – dijo Yuriy – Había oído
buenas referencias de los Saint Shields.
–Igualmente...
Ojalá también demuestren ser tan buenos en el baseball como en el Beyblade.
Oliver
y Enrique llegaron al lugar donde estaban reunidos los siete beyluchadores.
–Robert
fue a tratar algunas cosas con “Führer”
– bromeó Enrique, refiriéndose a Johnny – Pero bueno. Oliver y yo tenemos
que decirles que el partido es el sábado que viene.
–En
fin... Creo que eso es todo. La verdad es que no sé por qué se complicaron
tanto si sólo teníamos que decirles esto... – dijo Oliver – Pero al menos
se conocieron ya.
–Con
tal de enfrentarme a Takao Kinomiya de nuevo, yo estoy conforme – murmuró el
pelirrojo.
–Tengo
una pregunta – dijo Boris – ¿Cómo vamos a jugar los siete si con los
Majestics ya pasamos el límite de nueve jugadores?
–Es
sencillo – Enrique sonrió confiadamente – Oliver y yo no vamos a jugar.
–Así
es... Después de todo, Robert tuvo que prometérselo a Johnny, no nosotros dos
– completó el francés.
–¿Entonces
por qué siguen ustedes dos en Japón si ya no tienen nada qué hacer? – le
preguntó Ozuma.
–Porque
si pierden o ganan, Johnny terminará enojado de cualquier forma y siempre es
divertido ver eso – respondió el italiano.
* * *
–¡Rei!
¡Rei! – Mao entró corriendo al cuarto de Rei.
–¿Qué
sucede? – preguntó al ver a la muchacha de cabello rosado.
–Kai
vino a buscarte.
A
penas dijo esto, Rei salió disparado hacia la puerta del edificio.
–Kai.
Es raro verte por aquí.
–Rei...
Tenlo.
–¿Qué
es esto? – preguntó al recibir el libro.
–Algo
para que leas.
Fin
del capítulo
Continúa
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Notas:
–Ok...
este episodio lo hice a la volada (fue una GRAN volada la que tuve que
tirarme...) para complacer a los que me seguían insistiendo “Actualiza,
actualiza” (algunos son unos acosadores de mela ¬¬)
–En
fin... Agradezco a todos los que me siguen el hilo... También a Kory y a
Itzukiai por el albergue en su web...