"Dulces Espíritus"
Basado en Beyblade
By Roquel


Capitulo 1

LA MARCAS DEL GATO

 

Los guardianes eran humanos comunes y corrientes, con defectos y virtudes, mortales como cualquier otro. Aunque se decía, que eran capaces de hablar y poseer a los espíritus errantes que vivían en las profundidades de los bosques y las cuevas, además de controlar magia y ciertos elementos. Pero estaban atados, por un pacto de sus antepasados, a usar sus dones únicamente en beneficio de las personas a quienes servían. Vivían en armonía con la gente de su pueblo, y sus soberanos les querían.

Su vida era tranquila.

No obstante, es común entre los humanos caer después de que se ha probado un poco del poder que puede llegar a tenerse. Su hambre de codicia jamás se vera satisfecha, y será capaz de matar incluso para saciarla.

Uno de los guardianes más poderosos, cayó tentando por la ambición humana. Empezó a usar sus dones en beneficio propio, algo que estaba terminantemente prohibido y que le acarreo el ser expulsado de los suyos. Sin embargo, eso no lo detuvo, se dio cuenta de su capacidad para otorgarle forma física a los espíritus errantes, lo cual le daba control sobre ellos y sobre sus habilidades, convirtiéndolos en sus sirvientes y lacayos.

La gente temía. Y ese temor avivaba los deseos más crueles y perversos de Daisuke, el guardián que cayo ante su propia avaricia.

Fueron años tristes y tétricos. Los guardianes se negaron a servirlo, y uno a uno fueron asesinados por sus sirvientes. Los habitantes del pueblo evitaban el bosque, tanto de día como de noche, pues decían que alguien los vigilaba, extrañas criaturas rondaban el bosque. Desconfiaban de los forasteros, al no saber identificar a los humanos, de los espíritus bajo la forma humana que les habían otorgado.

Mientras más tiempo pasaba, Daisuke perfeccionaba sus poderes, sus capacidades aumentaban, él mismo fue capaz de disfrutar la vida inmortal... Asi que el temor que le tenían permanecía, y sin embargo muchos de sus sirvientes comenzaron a cuestionarse. Maravillado con él mismo, dejo de prestar atención a todo lo demás, pasando por alto muchas de las extrañas conductas de aquellos que le servían. Vivía en el bosque, donde nadie se atrevía a molestarlo, si quería noticias enviaba a sus dos más fieles sirvientes, pero ni siquiera ellos lograron prever lo que se avecinaba.

El reino que lo desterró, y al cual aterrorizaba, recibió a su nuevo gobernante, el primogénito del rey que convaleciente permanecía en su castillo.

Esa misma mañana, una preciosa y llamativa águila, de plumaje oscuro, y ojos amenazadores sobrevolaba al pueblo, viéndolos recibir al nuevo rey. En una de las murallas más altas, un gato blanco e imponente, permanecía sentado sobre sus cuartos traseros, moviendo la cola despreocupadamente, y clavando sus ojos fríos en el recién llegado.

Para ambos, no significaba nada más que un otro humano. La águila agito una vez sus poderosas alas, y desapareció en las copas de los árboles. El gato, sin embargo, movió su cabeza ligeramente, mostrando dos machas negras, una en cada oreja, y agito su cola una vez más para mostrar la franja negra que brillaba en su punta, antes de dar media vuelta y desaparecer.

Como era de esperarse Daisuke tomo la notica a la ligera. Lo único que supo de aquel hombre fue su nombre: Kensuke Hiwatari.

Y ese fue su error.

 

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Kensuke era joven, pero frío y estricto. Expulso a todos aquellos que tuvieran relación con la magia, y ordeno la muerte para cualquier guardián que creciera en el reino, o cualquiera que practicara la magia. Y después de muchos ruegos, advertencias, y consejos, accedió a ir en busca del único grupo capaz de detener a Daisuke.

Los Ivanov llegaron una semana después del ultimo ataque al reino. La familia de guardianes más respetable y poderosa que existiera. Los únicos de su especie a quienes permitió la entra a su reino. Los únicos a quienes les permitió hacer magia en sus dominios.

- Mi señor - dijo uno de ellos, el líder - Hemos traído lo que ha pedido.

Hizo una reverencia, y detrás de él, dos hombres aparecieron sosteniendo sobre una tela extendida, una piedra espectacular; despedía una sensación de pureza y tranquilidad. Su color rojo brillaba con una dulzura inigualable, y al frente, tallado con delicadeza, el dibujo de un fénix extendiendo sus alas resplandecía ante la luz del sol.

La piedra representaba El poder del fénix, y era la única capaz de absorber los poderes de Daisuke, y dejarlo en un estado mortal, vulnerable a sus armas.

- Pero existe un problema - anunció el mismo jefe - Los espíritus seguirán sirviéndole, no importa que haya perdido sus poderes. La lealtad que le deben será eterna, a menos que él misma la rompa.

- ¿Y si él muere? ¿Los espíritus desaparecerán? - pregunto Kensuke sin hacer caso del comentario anterior.

- En efecto

- Bien.

Para Kensuke, los espíritus no merecían la mas mínima atención ni consideración, si morían defendiendo a un bastardo, para él eso no tenía importancia, haría todo lo que estuviera en sus manos para eliminarlos. No eran humanos después de todo, ni tenían corazón, alma, o algo que le inspiraran compasión.

Dos semanas después, el grupo de los Ivanov se dirigió hacía lo profundo del bosque, acompañados por Kensuke y un grupo numeroso de sus soldados. En silencio, revisando constantemente sus espaldas, escudriñando en la oscuridad, el grupo se detuvo al escuchar el crujir de unas ramas.

Un hombre, el líder, de cabello oscuro, y profundos ojos grises se inclino justo para ver dos ojos dorados en lo profundo del bosque, antes de que un grito de batalla se escuchara.

La pelea fue sangrienta, brutal, y muchos de sus hombres cayeron abatidos por los lacayos de Daisuke. No eran humanos, y sus capacidades, lógicamente, tampoco lo eran. Los espíritus tenían la ventaja, estaban en su bosque, bajo el manto de la noche... No obstante, ellos no contaban con la piedra del fénix.

Mientras la batalla se desarrollaba, Kensuke y Atsuko, el líder de los Ivanov, habían logrado escabullirse hasta llegar a una de las cuevas a los pies de la montaña más cercana. Sin pensarlo dos veces entraron en ella, y escucharon murmullos y risas a lo lejos. Con cautela se acercaron y a pocos metros divisaron la sombra de un hombre en las piedras iluminas débilmente por la luz de algún fuego.

- Daisuke - dijo Atsuko

Las risas se detuvieron... Escucharon pasos y momentos después la figura de Daisuke se acercó lentamente.

De piel pálida, ojos brillantes y oscuros, y una sonrisa torcida, Daisuke alabo sus agallas para llegar hasta ahí. Atsuko no se digno a contestarle, y le miro desafiante. Kensuke en cambió.

- Te ordeno ahora mismo que dejes mis tierras. - le espetó - Como señor de todo lo que te rodea, te exijo que te marches.

Y lo único que hizo Daisuke fue reír, y clavar en él sus ojos crueles...

- ¿Tu me ordenas, mortal? - dijo burlonamente - No sabes quien soy.

El crujir de una rama los hizo voltear. Detrás de ellos, un inofensivo gato los miraba expectantes, con un ligero brillo en sus ojos dorados.

- Drigger - susurro Daisuke con una mueca

Y el pequeño y dulce gato creció lentamente hasta adquirir el tamaño de un amenazante y enorme tigre blanco, que les impedía la retirada mostrando sus filosos colmillos. El viento les trajo el sonido de un batir de alas, y un águila vino a posarse sobre su lomo, agitando las alas furiosamente y emitiendo grandes chillidos, mientras sus ojos brillaban ferozmente.

- Tranquilo, Falborg - dijo el guardián riendo - Espera un poco.

Atsuko no lo pensó dos veces. Sacó la piedra, que en ese momento brillaba como fuego, la extendió hacía el guardián, la arrojo a sus pies y hablo en una lengua extraña y vaga.

Todo paso tan rápido, y nadie fue consciente de lo que sucedió hasta que ya había terminado...

Un grito desgarrador devoro el silencio de la noche. La espada de Kensuke atravesó el corazón de Daisuke, al momento en que una neblina cubría el cuerpo del guardián, despojándolo de sus poderes, trayéndole la vida mortal. Sus ojos brillaron con malicia, retrocedió, enderezándose, temblando, pero obligando a Kensuke a soltar su arma y retroceder...

- ¡Mortales! - rugió con voz enloquecida - ¡Inútiles e ingenuos!... Solo es principio. Si creen que me han detenido son más estúpidos de lo que pensé... Poseo más vida de la que ustedes son capaces de entender... - su mirada se fijo en los ojos oscuros de Kensuke y lo apuntó con un firme dedo - ¡Te maldigo! ¡A ti y a toda tu estirpe! ¡Morirás viendo morir a los tuyos! ¡Toda tu sangre estará condenada! ¡Tus hijos morirán en mi nombre! ¡Y el ultimo de los tuyos me pertenecerá!

Giro rápidamente su cabeza para buscar los ojos dorados que permanecía impotentes detrás de la barrera de protección que Atsuko había convocado.

Un entendimiento sin palabra se dio entre ellos. El águila inclino su cabeza antes de emitir potente chillido y batió sus alas ferozmente al alzar el vuelo de nuevo. El tigre también se agacho, mostrando las manchas negras de sus orejas, encogió hasta la altura de un pequeño gato, y ágilmente desapareció.

Con un ultimo alarido, Daisuke exclamó:

- Volveré... Volveré para ver morir a tu ultima sangre... Y reclamare lo mío... - y como sombra desapareció con el viento

Atsuko y Kensuke regresaron al campo de batalla, solamente para descubrir que eran los únicos sobrevivientes de aquella masacre. Sentían ojos detrás de sus espaldas, alientos en sus cuellos, los vigilaban, pero dado que su amo se había marchado, no tenían ordenes que seguir...

Regresaron al castillo, pero mientras caminaban, Atsuko se detuvo. Miró hacía arriba frunciendo el entrecejo, y reviso los alrededores. Había creído ver al gato blanco mirándolo fija, casi descaradamente, solo que cuando parpadeo, el animal se había marchado.

 

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Los años que siguieron se conocieron como los más prósperos del pueblo, y del reino. En homenaje a los caídos de aquel día triste, un amplio cementerio cuidaba sus cuerpos en una de las colinas, al este del pueblo. Atsuko Ivanov regreso a su tierras despues de que Kensuke hizo oídos sordos a sus advertencias...

El Rey Hiwatari se negaba a creer en semejantes patrañas de magia. Daisuke estaba muerto, no regresaría del más allá, y su estúpida maldición no era más que un intento desesperado por librarse de su destino, eso era lo que él creía, y no dejo que nadie le hiciera cambiar de opinión.

Mantuvo como trofeo la piedra roja, guardándola en una de las torres más altas, custodiada y protegida por un hechizo que Atsuko sugirió, y que Kensuke aceptó solo por petición de su esposa.

La fortuna Hiwatari se incremento, y sus tierras se extendieron. Todos los pueblos bajo su protección se consideraban dichosos, afortunados pues todo era paz y felicidad...

Solo una sombra nublaba aquella alegría.

La maldición que Kensuke se negó a escuchar.

Poco a poco, ella comenzó a actuar. Sus hermanos cayeron muertos. Algunos en guerra, otros por enfermedad... Su numerosa familia se desvaneció lenta e implacablemente.

Los hijos de su hermano menor murieron envenenados, misteriosamente, dos años después de la muerte de su padre. Otros de sus sobrinos fueron acribillados cuando cruzaban por el bosque muy lejos de su reino... Pasaban meses de una muerte a otra, pero no existía descanso para la familia. Se decía que el ángel de la muerte rondaba sus cabezas, y no descansaría hasta tener a la ultima de ellas.

Pero no fue rápido... Mientras Kensuke se consumía lentamente por el transcurso de los años, todos sus hermanos, sobrinos, primos, todo aquel que llevara su sangre, falleció. La amargura lentamente lo fue invadiendo... Pero la esperanza pareció renacer cuando su esposa quedo encinta de nuevo. En sus últimos tres embarazos, el bebe nacía y moría durante la noche, sin explicación alguna. Pero su esposa no parecía dispuesta a demostrar su dolor, y ella se había convertido en el apoyo moral de su esposo.

La preciosa reina hizo que sus temores se disiparan, al confirmarle la noticia. Y en sus propias palabras ella dijo:

- Cuando nazca la sangre de tu sangre, tu familia sobrevivirá.

Y nueve meses después... Kensuke no sabía si debía reír o debía llorar. Su primogénito había nacido con excelente salud, a salvo, pero su esposa había muerto...

Deshecho emocionalmente, Kensuke rogó por una salvación.

Un día de lluvia, meses después de la muerte de su esposa, sentando en su cama, ebrio y afligido, creyó escuchar el ronronear de un gato.

Se levanto aturdido, y después de ver que se había equivocado, se dirigió mansamente hasta su cama, donde se desplomo dormido, no sin antes escuchar el susurro del viento colarse por su ventana, y murmurar...

 

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Una semana después despertó con la noticia de que Atsuko había vuelto. Contentó, sintiendo su corazón ligero, Kensuke le explico la situación, deseoso de aligerar el peso de su conciencia. Cuando Atsuko adujo todo a la maldición, Kensuke replico con la misma testarudez:

- Te equivocas... Mi esposa murió, y mi sangre no corría por sus venas. Además, eso solo son patrañas.

Atsuko movió negativamente la cabeza.

- Ella decidió morir - le respondió firmemente, y al ver una expresión de total desconcierto en el rey aclaró - Cuando te dijo que tu familia sobreviviría al nacer tu hijo, ella misma otorgo su vida. Tu primogénito sobrevivirá a la maldición, hasta que el peso de los años hagan su trabajo, solo porque su madre murió en su lugar.

Kensuke se dejo caer en una silla abatido, triste y confundido.

- ¿Entonces ha terminado? - pregunto temiendo la respuesta.

- No. Recuerda que esto solo es el principio. Una venganza personal... La muerte de todos los miembros de tu familia solamente será una de las tantas cosas que los espíritus leales a Daisuke no dejaran inconclusa. Y no permitirán que nadie se sacrifique de nuevo solo para que los tuyos sobrevivan.

- ¡Tu dijiste que ellos desaparecerían cuando él muriera!. - exclamó el rey furioso

- Y es cierto - replico gravemente - Pero él no ha muerto. Duerme, sus poderes permanecen encerrados en la piedra. Se volvió mortal, pero la vida que posee lo ha salvado.

Kensuke movió la cabeza en exasperación. No queriendo creer lo que escuchaba. Y algo de su incredulidad debió de reflejarse en su rostro porque Atsuko dijo:

- No me creas, y ve morir a los hijos de tu hijo. - Kensuke se alzó colérico - No estoy contra ti, solo intento ayudarte pero si crees que no me incumbe, me marchare ahora mismo - le espeto - Pensé que habrías cambiado de opinión cuando me hiciste venir.

Eso esfumo la cólera del rey.

- ¿Como has dicho? - le preguntó - Yo no...

Y fue como si el tiempo retrocediera. Se vio a si mismo una semana atrás, ebrio, acostado en su cama, escuchando a alguien susurrarle... "Ivanov...", y entendiendo que ellos era su única salvación. No tenía opción.

- ¿Que tengo que hacer? - preguntó de pronto, tomando por sorpresa a su acompañante.

Atsuko lo pensó por un momento y luego dijo:

- Cuando tu hijo crezca lo suficiente como para entender, cuéntale lo que ha sucedido, y explícale la razón por la cual su familia corre riesgo. Cuando tome una esposa, y ella quede encinta del primogénito, enviare a alguien de mi familia para salvarlo.

Sabían que solo los Ivanov serían capaces de enfrentarse a los espíritus que Daisuke, tan tontamente había despertado. Cuidarían de los descendientes, hasta el momento en que tuvieran regresar al reino, y ofrecerían su vida para protegerlos... Harían todo para detener la muerte de su sangre.

Y esa misma noche, Atsuko partió dejándolo con el corazón oprimido.

 

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Pasaron los años. Y mientras estos consumían lentamente a Kensuke, su hijo crecía orgulloso y arrogante, igual a su padre en aquellos años. Escuchó y creyó la historia, y acepto cumplir la promesa de su padre. Kensuke vio a su nieto nacer... Lo vio partir. Vio a su hijo morir, y lo enterró con honores. Y fue el momento en que vio a su nieto regresa bajo la protección de su guardián, un descendiente de la familia Ivanov.

Las vejez poco a poco lo consumía, pero estaba condenado a vivir viendo a los suyos morir. Cuando ya no pudo caminar, se encerró en su habitación, y nadie, a excepción de sus cuidadores, se atrevía a entrar... Se limitó a existir, pues ni él mismo consideraba vida a su estado, no veía, no oía, no sentía, no necesitaba comer para mantener su pulso, y su sangre corriendo por sus venas. Esa sangre a la que habían maldecido... Finalmente, después de cien años de condena, un espíritu se apiado de su alma y lo libero de su sentencia...

Lo único que la doncella explico fue que había escuchado a un gato maullar.

Muchas décadas pasaron y su estirpe mantuvo la riqueza y la prosperidad de su reino. Los descendientes de Atsuko mantuvieron su palabra, y se encargaron de cuidar a los primogénitos, hasta el momento en que tuvieran que regresar a su reino. La familia real poco a poco desaparecía, pero estaban decididos a mantener su linaje, gobernando con sus guardianes a su lado, y cumpliendo la promesa para salvar a sus hijos... La piedra fue hereda de padre a hijo para evitar que alguien más la tocara. Para evitar que los lacayos de Daisuke la robaran.

No obstante, Daisuke sabía que eso no podía durar... Y espero pacientemente, dormido bajo tierra, dentro de la oscuridad, a que su venganza, y su maldición se cumplieran...

Y su espera fue recompensada.

Cuando Voltaire Hiwatari regreso a su reino, después de enterrar a su padre, lo primero que hizo fue expulsar a su guardián, y prohibirle la entrada de nuevo. Había heredado el escepticismo a la magia, y el desprecio a aquellos que la practicaran, y eso incluía a su guardián. Frío e inexpresivo, Voltaire negó escuchar las advertencias.

- Tonterías - era lo único que decía al escucharlas.

Pero no por ello su reino decayó, por el contrario, creció y se considero esplendoroso. Admirado por sus súbditos, orgulloso por sus logros, e incapaz de creer en la maldición de su sangre, Voltaire se negó recibir al mensajero de la familia Ivanov, pidiéndole entregarle a su hijo.

No obstante, los Ivanov no olvidaban tan fácilmente una promesa. Cuando supieron que la esposa de Voltaire había quedado encinta, enviaron por el primogénito. Les resulto fácil entrar en el castillo, y presentarse al parto... Cual no sería la sorpresa al saber que habían nacido gemelos.

Después de suplicas, advertencias, y consejos, la madre accedió a que se llevaran a uno de ellos. Y las doncellas aceptaron callar sobre aquella decisión. El pequeño que se quedo en el castillo, murió dos días después, y la madre destrozada, decidió guardar el secreto por muchos años más...

Como es lógico, cuando Voltaire lo supo, encolerizado envió por él. Los Ivanov le advirtieron que el primogénito no podría pisar el castillo hasta que fuera necesario que él regresara. Haciendo oídos sordos a las advertencias, envío por su hijo, su nuera, y el pequeño nieto al que no veía, de aproximadamente 6 años de edad.

Jamás llegaron al castillo...

Aquella noche, mientras atravesaban el bosque, escucharon el chillido de un águila. Los caballos se detuvieron instantáneamente, y se negaron a dar un paso más.

De los arbustos cercanos, un imponente lobo salió gruñendo lentamente, y derribo a uno de los guardias en un parpadeo. Subió sobre él, y cuando su hocico estuvo sobre la del hombre, la boca del soldado dejo escapar una débil neblina blanca, que inmediatamente fue tragada por el lobo... Cuando el animal se apartó de él, el soldado había muerto.

Detrás de ellos, un oso rugió, levantándose a la vez que derribaba el carruaje. Cuando los tres ocupantes intentaban salir, algo parecido a un leopardo salto ágilmente y lanzo un zarpazo directo al brazo del hombre. La mujer chillo... Y otro hombre golpeo rápidamente a animal para que se alejara.

Y más felinos fueron apareciendo lentamente. El águila emitió de nuevo su chillido...

- Llévatelo - rugió el hombre con la herida de su brazo, intentando proteger a su esposa, y entregando a su hijo al hombre alto, de intenso cabello pelirrojo, y profundos ojos grises, que hasta ese día había sido su guardián.

La escolta que los acompañaba, fue desapareciendo entre los arbustos lentamente, sus gritos fueron apagándose, y el hombre pelirrojo tomo al pequeño y escapo entre los árboles.

- Papa! - gritó el pequeño intentando zafarse para regresar con ellos, sin entender la intensidad del peligro...

Las lagrimas se deslizaban por sus mejillas blancas y limpias, y sus ojos oscuros brillaban con tristeza. El pequeño de cabello bicolor vio espantado como el bosque se tragaba a sus padres.

- Papa!... Mama!

- Shh... - susurro el hombre tapándole la boca.

Pero sus gritos habían sido suficiente para atraer la atención de uno de ellos. Una enorme pantera, feroz y despiadada le cerro el paso y mostró sus colmillos antes de abalanzarse sobre ellos. Shigeru saltó y soltó a Kai al instante que lo empujaba y le ordenaba correr.

- Sigue y no te detengas. - el pequeño lo miro con grandes ojos de sorpresa pero no se movió - VETE!

Kai dio media vuelta y regreso por donde había venido. No escuchaba nada, ni siquiera sabía si alguien lo seguía. Corrió hasta que pudo ver el lugar donde se había separado de sus padres.

- Papa! - llamó felizmente, deteniéndose y mirando anhelante el carro volteado y los cuerpos a su alrededor.

Se acercó con cuidado, temiendo hacer ruido, y hacer que alguien fuera a molestarse. Cuando vio el brazo de su madre, corrió para verla, y se quedo de pie, contemplándola. La mujer yacía boca arriba, con los ojos cerrados, y los brazos extendidos, como si la muerte la hubiera sorprendido de pie. Vio que su padre permanecía junto a ella, también con los ojos cerrados, pero boca abajo, como si hubiera caído después de haber muerto.

- Papa... - murmuro débilmente.

Ninguno de los dos se movió.

Se acercó e intento zarandearlos....

Y fue cuando notó que alguien lo veía. Un águila estaba posada sobre el carruaje y tenía fijos, en él, sus dos ojos ambarinos, feroces, y con un ligero toque de alegría... Kai retrocedió, y el águila movió su cabeza, sin perder aquella mirada. Cuando el animal extendió sus alas, Kai retrocedió y corrió sin detenerse a mirar atrás.

Cuando sus pulmones comenzaron a reclamarle detenerse, tropezó y resbalo por una cuesta, cubierta de hojas y tierra, provocándose rasguños y heridas. Al llegar al fondo se golpeo la cabeza y se quedo boca bajo, aturdido, y adolorido. Con los ojos cerrados, respirando dificultosamente, con la mente revuelta, y un nudo en su estomago, todos sus sentidos parecían maximizarse. Sus oídos escuchaban el correr del agua, el viento susurrar, las hojas moverse...

Lagrimas volvieron a correr por su mejillas, y se levanto con dificultad. Tambaleándose peligrosamente avanzó sin importarle el camino, la sangre fluía de su frente, y sus costillas le dolían horrorosamente. Se apoyo en un árbol, y cerro los ojos para limpiar las lagrimas.

Su piel se erizo al escuchar el crujir de ramas frente a él.

Al alzar la vista, vio con horror a un tigre blanco, enorme, y feroz acercarse a él. Saltó y se vio atrapado por el árbol que tenía detrás. Los ojos del animal eran fríos y secos. Pero al recordar al tigre anterior, Kai pensó que este no eran tan agresivo.

Dudo al dar un paso hacia el frente, pero se mostró firme para inclinarse y saludar. Al levantar la cabeza le sonrió.

Y el animal se detuvo en el acto mostrase confuso, y aturdido. Sus ojos brillaron por un segundo. Retrocedió y se sentó tranquilamente frente al pequeño. Kai, decidido a ser amable con un animalito tan lindo, saco parte de una galleta que guarda dentro de su bolsillo.

Destrozada, y sin buen aspecto, el pequeño extendió su mano para que el animal comiera.

- Sabe bien - afirmó risueñamente al ver que su invitado no mostraba el más mínimo interés por su ofrecimiento - Si, bueno, tiene mal aspecto - farfullo riendo - Pero...

Calló.

Había escuchado el batir de alas. Volteo asustado a todos los árboles pero no encontró nada.

Cuando regresaba sus ojos hacía el animal blanco, vio brillar los ojos dorados, y antes de que Kai reaccionara, una garra lo empujo al suelo. No obstante, el felino no tenía intenciones de atacarlo a él, sus ojos se fijaron en el águila que planeaba peligrosamente detrás de ellos, lista para atacarlos, y su mirada brillo peligrosamente. El animal se batió en feroz combate con una águila blanca, diferente a la que había visto hacia unos momentos.

Kai retrocedió asustado, y sintió como agua caliente se deslizaba por su mejilla. Al tocarla se dio cuenta de que no era agua, pues tenía cierta consistencia viscosa, y al ver sus dedos comprobó que era sangre. Emanaba lentamente de la herida que el tigre le había inflingido al intentar protegerlo. Levanto la vista para ver al gato proclamando victoria sobre el ave, que ahora se marchaba volando con dificultades.

Kai lo miró y el animal le regreso la mirada si mostrar la más mínima expresión en sus ojos. Sin embargo, cuando se fijaron en su herida, camino lentamente hacia él, ignorando como Kai retrocedía asustado. Cuando el árbol le impidió moverse más, cayo sentado sin dejar de mirar los ojos dorados. Estaba aterrado.

Después de algunos momentos, en que ninguno de los dos apartó la mirada, Kai escuchó arbustos moverse. Sus ojos se abrieron con espanto al notar que el oso que los había atacado aparecía detrás de los arbustos. El águila blanca con la cual había peleado se posó sobre una rama alta, y chillo furiosamente, batiendo sus alas. La pantera saltó junto a ellos, y no muy lejos el leopardo los miró fijamente. Cerrando la retirada, el lobo los contemplo con sus profundos ojos grises.

Kai notó que algunos otros ojos los miraban en la oscuridad del bosque, y sus cuerpos rozaban las ramas y hojas cuando pasaban. Tembló y se aferró al pasto bajo él. Vio al tigre volverse hacía ellos y gruñirles amenazadoramente, al mismo tiempo que mostraba sus afilados dientes.

La pantera avanzo y se miraron fijamente. Cuando quiso dar otro paso, el felino blanco gruñó, y al parecer eso hizo recapacitar al otro. Kai se levantó temblando, y apoyándose en el árbol con dificultad. En cuando sus pies le respondieron, echo a correr hacia donde creyó no ver a nadie.

El leopardo fue mucho más rápido y saltó ágilmente frente a él. Kai cerro sus ojos justo en el momento en que una garra se levantaba para atacarlo. Algo lo empujo al suelo, y choco con la tierra, emitiendo un débil 'auch'. Apretó fuertemente los ojos, esperando sentir las garras sobre su cuerpo, pero estas jamás llegaron. Al contrario solo escuchó como el leopardo emitía un débil gruñido...

Abrió los ojos parpadeando, y notó que permanecía boca abajo. El felino blanco estaba junto a él, en posición alerta y desafiante, gruñendo en advertencia. Cuando giro su rostro para ver al leopardo notó que este había retrocedido, con una marca roja y sangrante en su pata delantera.

El águila chillo de nuevo, y el tigre volvió su mirada a ella. Después de algunos segundos, esta chillo una vez más y emprendió el vuelo alejándose. Los demás animales le siguieron rápidamente, gruñendo en advertencia al felino, y devorando al pequeño con la mirada.

Kai suspiró aliviado y se giró. Respirando dificultosamente, cerro sus ojos y llevo una mano a su frente, dejando que sus sentidos se tranquilizaran. Su corazón latió furiosamente cuando notó como una mano se posaba en su herida, y abrió los ojos de golpe. Se sorprendió de ver que el lugar del tigre lo ocupaba ahora un joven mucho mayor que él. Y sus ojos dorados mostraban un ligero destello.

El joven que permanecía sentado junto a él, quito la tela que cubría la parte final de su cola, dejando un mechón negro al final, para limpiar la herida que el mismo había provocado. Siendo cuidadoso al colocar la cabeza de Kai en su regazo.

Lo primero de lo que Kai se dio cuenta, era de que aun conservaba ciertos rasgos felinos: Sus pupilas parecían dilatarse para que pudiera ver en la oscuridad, y sus orejas terminaban en una ligera punta. Sus mismos rasgos se asemejaban al imponente tigre que había sido... E incluso, su piel pálida era muy parecida al pelaje del gato, y el largo cabello negro le recordaban las manchas de sus orejas, y el de su cola.

También notó que un largo rasguño brillaba en su cuello, y sus brazos mostraban arañazos. Probablemente el resultado de su ultima pelea.

Una ligera presión le hizo despertar de sus cavilaciones. Vio que el joven le sonreía, cerrando sus ojos. Sintió algo caliente sobre su mejilla, evitando que siguiera sangrando. El chico frente a él se levanto, y le extendió una mano para ayudarlo. Cuando Kai la tomo, no pudo evitar el pensar:

"¿Quien es?"

El chico lo miro fijamente antes de ladear su cabeza, muy al estilo felino. Clavó sus ojos dorados en las pupilas oscuras, y al hablar, lo hizo tan lentamente, que a Kai la pareció que no quería que nadie más escuchara.

- Drigger - fue lo único que susurró

El pequeño levanto una mano a la altura de su mejilla y la toco, haciendo una mueca de dolor al instante. El joven tomo su mano y también toco la herida, delineando con su pulgar un triangulo alrededor de la marca, y otro más pequeño y un poco más abajo en el otro rasguño que tenía. Al momento sintió una fuerza deslizarse por la herida. El joven sonrió y con su otra mano hizo el mismo procedimiento en su otra mejilla, marcándolo con sus pulgares, y dejando a su paso una rara sensación de quemazón.

En ese momento ambos escucharon el llamado de otra águila, y Kai se tenso inmediatamente. El chico lo empujo hasta un árbol, cubriéndolo con su cuerpo, escondiéndose en las sombras.

El silencio tardó varios minutos en regresar, y aun después permanecieron sentados y callados. Kai cerro los ojos para callar la sensación de vacío que comenzaba a llenarlo.

Los abrió cuando notó que la presión había cedido, y ante sus ojos ya no vio al chico que lo había curado. Su lugar lo ocupaba de nuevo el tigre blanco, e imponente que lo había salvado. Sus ojos habían dejado aquel brillo amistoso, y ahora lo miraban con un poco de frialdad.

El animal sujeto con su hocico la ropa de Kai y lo obligo a levantarse, empujándolo insistentemente, logro que el pequeño lo siguiera. Cerca de dos horas después, el pequeño comenzó a tropezar, balanceándose peligrosamente, y tallando sus ojos para no quedarse dormido. Su cuerpo le dolía, sus ojos le escocían, y la única razón por la cual caminaba, era porque el tigre no dejaba de empujarlo.

Cuando el pequeño no pudo dar un paso más, y cayó sentado sin que pudieran obligarlo a levantarse, el tigre se acostó frente a él, y en muda invitación le indico que subiera a su lomo. Kai se desplomó sobre el felino, y quedo tendido sobre él, durmiendo placidamente. Tenía un vago sentido de que se movían, pues percibía como los músculos bajo de él se tensaban. Se arrullaba con el sonido que el felino producía...

Perdió noción de cuanto tiempo caminaron, y el camino que tomaron. A lo lejos notó un llamado que le pareció conocido. Y al parecer los potentes oídos del animal también lo habían escuchado, porque se detuvo, se acostó y obligó a Kai a levantarse.

El pequeño frotó sus ojos, y bostezo. "¿Ya llegamos?" pensó distraídamente.

Y el tigre ronroneo suavemente.

- Kai! Kai! - escuchó por primera vez la voz que reconoció inmediatamente como la de Shigeru. - ¡KAI!

Kai se despertó de inmediato...

- ¡Shigeru! - llamó felizmente, y avanzo para encontrar al hombre que le llamaba - ¡Shigeru!

El hombre apareció al cabo de unos instantes. En cuanto vio a Kai lo levanto en brazos y dio media vuelta dispuesto a marcharse.

- Espera, Shigeru - dijo el pequeño - Él... - y señalo a donde había estado el animal, pero este ya no se encontraba tendido sobre la hierba.

creyó ver una cola manchada esfumarse por las ramas de los árboles.

 

& & & & & &

 

En cuanto llegaron al castillo Shigeru acompaño a Kai hasta una de las habitaciones para atenderlo. Cambio sus ropas, y limpio sus heridas. Cuando intento limpiar su rostro, la doncella anunció que Voltaire deseaba verlo, y él lo dejo a cargo de la muchacha. La mujer limpió sus mejillas, no obstante, lo que sea que tuviera no se desvaneció.

Kai se alejó cuando la mujer tallo vigorosamente su rostro y lo frotó, adolorido. Tomo el espejo y frunció al entrecejo al verse...

En la mejilla donde antes había estado su herida, esta empezaba a cicatrizar, y en su lugar, dos triángulos azules se abrían paso, brotando de su misma piel. Recordó al instante el momento en el que el chico del bosque delineo aquellos triángulos con sus pulgares. Para su sorpresa, su otra mejilla imitó el mismo procedimiento, y pronto ambos lados de su cara poseían los mismos pares de triangules azules, claros y brillantes.

Sonrió, aunque no le encontraba sentido, esos triángulos le gustaban.

Las puertas se abrieron, y tres personas entraron. Shigeru había vuelto.

El hombre se inclino ante Kai, y tomo una toalla para limpiar su rostro. La expresión que mostraba era triste y apagada, y Kai no pudo dejar de preguntarse porque el ambiente estaba tan tenso.

- Kai - dijo el hombre débilmente... "Lo siento" pensó afligido, había perdido a su protegido y estaba a punto de abandonar al pequeño.

- ¿Por que? - pregunto Kai tristemente, casi como si escuchara sus pensamientos - ¿Donde esta Papa? ¿Por que no ha vuelto? ¿Por que Mama estaba triste?

La mujer que había los acompañaba soltó un sollozo y se dejo caer en una silla temblando incontrolablemente. Kai sintió su corazón encogerse, como si compartiera su dolor, aunque no lo entendiera. El hombre junto a ella, torció el gesto, y apartó la mirada sin ver a Kai. Por alguna razón, Kai supo que él también sufría.

Shigeru detuvo sus pensamientos tristes cuando notó que los triángulos que intentaba quitar no se borraban. Frunció el entrecejo, cargó a Kai hasta ponerlo frente al espejo, mojo sus mejillas con suficiente agua, e intento limpiar de nuevo. El chico se resistió, y agitó la cabeza enfadado.

Sus ojos oscuros centellaron cuando el hombre lo miro a los ojos. Y chispas brotaron del agua, haciendo que esta se derramara, no sin antes formar en el aire la figura de un gato pequeño. Shigeru lo miró largamente, ligeramente asustado. Volvió a poner a Kai en el suelo, se inclino frente a él, al momento en que le susurraba.

- ¿Quien te ha tocado? - preguntó con voz apagada, aunque su corazón se estremeció ante la sola idea que ahora cruzaba por su mente.

Y Kai sintió su preocupación. Explico como el chico del bosque lo había curado, la quemazón cuando delineo los triángulos, y la forma como lo había hecho. Cuando termino, Shigeru estaba pálido y asustado. Lo miraba con temor, y tanto Voltaire como su esposa miraron asustados la escena. El rey exigió una inmediata explicación. Shigueru suspiro.

- Por favor - le dijo a la doncella - Llévalo a descansar. Que duerma un poco.

En cuanto salieron de la habitación, Shigeru se volvió hacia ellos.

- Lo han marcado - dijo el hombre con voz apagada

- ¿Que?... ¿Por quien? ¿Por que? - pregunto la mujer con voz temblorosa

- No lo sé - susurró Shigeru sin entenderlo... - Su vida peligra - declaro al fin

- Nadie va intentar matarlo - explotó Voltaire - Soy un ejemplo claro, aun sin un guardián, nadie, absolutamente, ha intentado matarme

- Porque usted ha marcado el fin de su estirpe, y Daisuke lo perdonó por ello - estallo Ivanov - Cuando despidió a su guardián, y negó entregarnos a su primogénito, permitió que existiera la posibilidad de que Daisuke volviera. Él sabe que el pequeño, y hasta ahora, él ultimo Hiwatari esta aquí. Hará todo lo posible por eliminarlo... Esta misma noche habría acabado con él, de no haberlo encontrado.

Voltaire agitó la cabeza, murmurando cosas como "Inaceptable... Loco... Falso".

- Si no desea creerme, no intentare persuadirlo - exclamo Shigeru después de unos momentos. - Pero con o sin su consentimiento, los guardianes vendrán para asegurarse de que Kai sobreviva. Se lo prometí a su padre, y no voy a defraudarlo.

- Nunca! - rugió Voltaire furioso - Nunca otro de tu raza pisara mis tierras. Y cualquiera que se atreva, será condenado a muerte...

- Entonces Kai no permanecerá aquí. - respondió Shigeru impasible

- Te lo advierto. Si te atreves a llevarte al niño, ten por seguro que ninguno de los tuyos volverá a este reino, y considerare a ese niño como un desterrado, con mi sangre pero sin sus derechos.

Voltaire dio media vuelta y salió arrogantemente por la sala. Shigueru lo siguió con la mirada hasta que el hombre se perdió de vista. ¿Por que la terquedad había sido heredada?... Suspiro tristemente, y se volvió para ver a la reina.

- ¿Puedo despedirme? - le preguntó ella temblando

El hombre le sonrió y asintió lentamente.

- Kai estará bien - musito vagamente - Me encargare de ello

 

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Los ojos dorados siguieron el andar del hombre hasta que desaparecieron detrás de los árboles y tan él como el pequeño, fueron tragados por la oscuridad. El ahora gato, agitó su cola y saltó ágilmente a la siguiente rama. Cuando se disponía a llegar a la siguiente, miró con ligera sorpresa, que alguien ya la ocupaba...

El águila de plumaje oscuro, y ojos ambarinos le miraba fijamente. Una pequeña batalla de miradas de desarrollo, hasta que el gato saltó ágilmente al suelo. Un ligero brillo lo envolvió y cuando sus patas tocaron el suelo, estas se habían convertido en pies, y una cola de caballo se agito en el viento, antes de que el chico se enderezara, y caminara decididamente sin mirar ni una sola vez atrás.

El águila chillo, con cierto tono de regocijo, y extendió sus alas para desplazarse al siguiente árbol. No obstante, cuando llegó, sus alas se habían convertido en brazos, y sus patas en piernas. La rama se agito ante el nuevo peso, pero el chico no le prestó la mas mínima atención, y saltó con agilidad al suelo para seguir al otro chico. A diferencia del gato, este no conservaba signo alguno de su transformación, a excepción, claro, de su mirada fría y despiadada.

- Rei - dijo socarronamente - Tienes problemas

- ¿Por que no vas a buscar ratones para comer? - le preguntó el otro chico con irritación

- Nah!... Prefiero ver como vas a explicar todo esto.

- ¿Explicar que?

- ¿Que? - estallo en risas el chico águila. Cuyo cabello lavanda combinaba con sus ojos del mismo color, y su piel pálida brillaba en la oscuridad del bosque - ¡Salvaste a un humano!. ¡A un débil y patético humano!. ¡Por Dios, dejaste que te montara!... Y te enfrentaste a toda la manada únicamente para que no lo convirtieran en su postre. Oh, si, también hay que añadirle el hecho de que las ordenes de Daisuke habían sido otras. Pero no, el chico gato prefirió salvarle la vida, curarlo, y sacarlo de aquí... ¿Y aun insistes en que no tienes nada que explicar?

No hubo respuesta.

- Sabes, Rei, Daisuke no tolerara esto. Desobedeciste sus ordenes. - replico el chico más serio. - Y no es la primera vez que lo haces.

- Nadie ha probado que lo he hecho - el chico gato se encogió de hombros.

- Se dice, los chicos desconfían. Te vigilaran ahora, Rei. Jamás debiste enfrentarlos.

- Creí que eras tu quien me vigilaba, Falborg.

- Oh, vamos... Deja ese nombre en paz. Solo me llamas asi cuando estas enfadado, y el que tiene motivos para enfadarse aquí, soy yo. En suficientes problemas me he metido, intentando salvar tu pellejo. Ahora seguramente también me castigaran cuando se enteren de esto.

- ¿A ti?

- Si. A mi. Después de todo, se supone que debía estar vigilándote, para impedirte que cometieras alguna estupidez.

El chico llamado Rei se detuvo y volteó a verlo sonriendo. Su acompañante alzó una ceja desconcertado, y torció su gesto al entender lo que quería decirle.

- Si me hubiera entrometido - dijo con rudeza - Habría terminado peor que Yui

- Ella se lo busco - dijo Rei molesto reemprendiendo su marcha - Además, casi me saca los ojos. Es traicionera, y tomó ventaja porque sabía que aun sigo adolorido de mi ultima batalla.

- Ah!... Pero fue un espectáculo digno de ver - rió el chico.

- Bryan - amenazó el otro

- Esta bien, esta bien. Pero si estuvieras en mi lugar, también lo habrías disfrutado. No estaba nada feliz cuando fue en busca de los otros. Gritó y chillo, y exigió que te comieran vivo. Debiste verla... Creí que habías enloquecido, por la forma como nos contó lo sucedido, pero entonces recapacite y me di cuenta de que siempre has estado loco.

- Oh, Cállate - espetó Rei cerrando los ojos, y atravesando con dificultad unos cuantos matorrales.

- Esta bien... Pero solo si me contestas una pregunta más.

- ...

- Tomare eso como un si.... ¿Por que lo salvaste?

Rei se detuvo un momento y mordió con nerviosismo su labio inferior, sin ver a Bryan. Sus ojos estrechos ligeramente, y una expresión de temor apareció en su rostro, y sin dar un respuesta empezó a andar de nuevo.

- Solo... - se encogió de hombros - No creí que fuera apropiado... Era solo un niño. Y creí... no sé... Que tal vez sería divertido dejarlo ir.

- Pues veremos si Daisuke se traga esa - escupió Bryan de mal humor - Porque si piensas que yo lo hice, estas muy equivocado.

Rei sonrió.

Siguieron caminando, hasta que la densidad del bosque era tal que de haber sido humanos, no habrían podido avanzar más, mientras todos sus movimientos eran vigilados por ojos que los espiaban en la oscuridad. Entraron en una cueva, oculta bajo el follaje de muchos arbustos. Muy cerca de la entrada vieron a dos chicos comiendo algo que identificaron como pescados. El primero era gigantesco, fornido, de abundante cabello negro y pequeños ojos oscuros. A su lado, un chico mucho más pequeño, devoraba hambriento, con sus ojos grises puestos en la comida, y su cabello opaco cayendo por sus ojos.

Al seguir caminando, distinguieron la silueta de una persona sentada en una roca. Al acercarse, vieron a una chica haraganeando cómodamente, hasta que los escuchó acercarse. Al verlos venir, sus ojos dorados se dilataron en advertencia. Su brazo mostraba una herida bastante llamativa. Y miró desafiantemente a Rei...

Cuando el chico abrió la boca para disculparse, Bryan lo empujo para que siguiera caminando. Los ojos de la chica le siguieron obstinadamente.

- Ni pienses que aceptara tan fácilmente tu disculpa - le dijo en tono susurrante - La atacaste...

- Quiso atacar al pequeño - se defendió Rei en el mismo tono

- Ah, por supuesto, su crimen fue obedecer ordenes. Y tu únicamente intentaste estropear todo - replico mordazmente Bryan

La oscuridad total, comenzó a perderse cuando un débil rayo de luz se filtro por el suelo y comenzó a extenderse por las paredes. Rei se mantuvo tercamente con aquella cara inocente... Bryan a su lado negó con la cabeza, y resoplo. No era la primera vez que pasaba eso...

Se detuvieron ante la sombra que se alzaba frente a ellos. Los restos de lo que Daisuke había sido, se agitó furiosamente, provocando que un ligero aire de muerte se extendiera sobre sus cabezas.

Y una voz ronca y fría habló, mientras el aire aumentaba y el frío envolvía sus cuerpos.

- ¿Por que han tardado tanto en regresar?

- Hemos esperado que los humanos abandonaran el bosque - contesto inmediatamente Bryan. Lo cual era media verdad y media mentira, pero no había forma de que nadie lo supiera.

- He escuchado cosas muy interesantes esta noche. Yui, y Reiji me puesto al tanto de la situación.

Y dos siluetas salieron de entre las sombras. Una de ellas, un chico de piel oscura, y cabello intensamente negro, que contrastaba a la perfección con sus ojos claros, los miraba con frialdad, y desafió. A su lado, una chica de cabello largo y plateado, con ojos azul acero que brillaban de ira y rabia. La chica mostraba heridas en todo su cuerpo, arañazos que Rei supo, el mismo había provocado.

- Yui me ha contado sobre cierta pelea de esta noche.

Rei mostró toda una expresión de total impasibilidad. Y Bryan se mordió la lengua para no reírse de la expresión de la chica, que estaba a punto de gritar colérica.

- No se que podría decirle - dijo Rei con toda elegancia - Pues creo que mi relato ya no sería escuchado con la misma atención.

- ¿Por que dices eso? - siseo peligrosamente la sombra

- Porque diga lo que diga, sea verdad o sea mentira, no cambiara nada de esta situación, asi que no veo el caso de que usted me escuche. Puedo ver que ha tomado una decisión, aun cuando las cosas tal vez no haya sido como usted las ha escuchado.

- ¿Es que acaso te declaras inocente? - pregunto la sombra con un dejo divertido en ella

- Oh. ¿Yo he dicho eso? - preguntó Rei con una sonrisa inocente - No, creo que la respuesta que deberíamos escuchar es ¿Usted me cree inocente?.

Los ojos de la chica resplandecieron mortalmente ante tal desafió, y el otro chico lo miro con tranquilidad, como si supiera en que terminarían las cosas. Bryan arrugó el entrecejo para borrar la sonrisa de su rostro, empezaba a creer que Rei se salvaría de nuevo. Y es que el chico podía engañar hasta su propia sombra... Todas las veces que Rei había logrado salvarse, había ocupado una táctica semejante.

- Dime, Drigger - le dijo la sombra - ¿Es cierto que peleaste con Yui? - asentimiento - ¿Y también es cierto que enfrentaste a mis demás sirvientes? - asentimiento - ¿Y que los amenazaste por si se atrevían a tocar al chico esta noche? - asentimiento - ¿Por que?

- No tengo una respuesta para eso.

- Querrá decir, que no logro inventarse una mentira - gruño la chica de mal talante. Daisuke no le hizo caso.

- Tu. espíritu de este bosque - hablo la sombra con frialdad - Eres desobediente, y maleducado, y nuestro primer encuentro no fue del todo agradable. Pero siempre has hecho lo que te he pedido, y hasta ahora tu lealtad jamás me ha fallado. Te has atrevido a desafiarme, aun cuando pienses que no estoy enterado. Y antes de que puedas marcharte - Bryan suspiro levemente - Contestaras una ultima pregunta y decidiremos tu castigo ¿Es cierto que te atreviste a marcarlo?

Rei palideció pero no hizo movimiento alguno, ni tampoco abrió la boca para contestar. Y Bryan supo que en esa ocasión, no habría forma de salvarlo.

- Contesta - replico la sombra iracunda.

- No se quien le habrá dicho eso - inició Bryan en un intento de salvarlo. - Pero estoy seguro de que debe ser una equivocación.

- No he pedido tu opinión, Falborg. Cierra la boca si no quieres compartir su castigo.

- Pero, señor, el ha permanecido conmigo todo el tiempo.

- Te he dicho que te calles.

- Él no pudo...

- ¡Silencio!

Bryan iba a protestar, pero miro la advertencia en los ojos de Rei y se quedo callado.

- ¿No tienes nada que decir? - pregunto de nuevo Daisuke

- No puede. - dijo Yui rebozante de satisfacción - No se atreverá a mentirle.

- Entonces ha aceptado su castigo - sentencio su amo.

Y mientras los tres salían, Rei permanecía de pie, tranquilo, y al parecer indiferente a lo que se avecinaba. Pero Bryan vio que sus ojos no compartían la misma postura.

- Tu amiguito se cree muy listo, ¿eh?. creyó que no volvería a ser atrapado... Veremos si sigue tan arrogante después de que nuestro amo le de su merecido - se burlo Yui frente a Bryan cuando salían de la cueva.

- Si no cierras el pico, terminare lo que el empezó - le gruñó Bryan

La chica le miro ofendida, y sus ojos brillaron antes de transformarse en el águila blanca y emprender el vuelo para buscar un lugar donde dormir. Los chicos la imitaron rápidamente, y pronto, el único que quedo de pie, esperando, fue Bryan.

Cerca del mediodía, un viento rugió al salir de la cueva, y el cuerpo inconsciente del chico de cabello largo cayo a tierra con un golpe sordo. Bryan saltó del árbol donde descansaba y se acercó a el con premura. Lo ayudo a ponerse de pie, y ambos se alejaron de ahí. En el claro más cercano, volvió a recostarlo y se inclino sobre él para ver que tan mal estaban sus heridas. La mano de Rei lo detuvo.

- No es nada... Estaré bien - dijo al momento en que una mueca de dolor cruzaba su rostro. - Ambos sabemos que no podemos morir por algo tan simple como esto.

- Y también sabemos que no lo hace con el propósito de matarnos... Dolor. Eso es lo único que busca.

Rei rió, pero fue una risa triste y amargada. Bryan se dejo caer contra un árbol.

- Bueno, espero que con esto hayas aprendido la lección - recrimino Bryan en tono frío - ¿Marcar a un humano?. Jamás escuche semejante tontería. ¿Sabes lo que has hecho? - Rei sonrió - Los humanos no saben utilizar magia, le temen y la desprecian ¿Como esperas que un chiquillo pueda entender lo que le ha pasado? ¿En que esperas que la ocupe?. Y ¿Por que demonios tenías que escoger a un Hiwatari?. ¡Maldición!... Creí que estaba claro que tenías que matarlo, no cuidarlo - resoplo y cerro los ojos, en tono más tranquilo añadió - Al menos pudiste habérmelo dicho. Habría pensado en algo para borrar la estúpida sonrisa del rostro de Yui. Detesto cuando se regocija asi... Me dan ganas de retorcerle su pequeño y corto cuello.

- Ambos sabíamos que no iba a servir de nada. Y lo único que habrías logrado, sería que también te hubieran torturado.

- Oh, si, bueno... ¿Sabes? Puedo cuidarme solo - abrió los ojos y miro a Rei con seriedad - Rei, ¿Quieres, por favor, dejar de retarlo?. Ciertamente no me importa verlo enfadado de vez en cuando, y tampoco me agrada servirlo, como se que es tu caso. Pero debes recordar quien es, quienes somos, y el vinculo que nos une... La próxima vez ninguno de los dos saldrá vivo.

- Como digas.

- Bien, ahora a cosas mas importantes. Reiji ha encontrado la manera de franquear la barrera - dijo Bryan secamente - será cuestión de algunos meses entrar por la piedra.

- Solo existe un pequeño problema - dijo Rei con una sonrisa

- ¿Cual? - pregunto Bryan con ingenua extrañeza

- Que la piedra ya no esta en el castillo.

- ¿Como? - cuestiono el chico totalmente asombrado

- Esta mañana, el ultimo Hiwatari ha marchado con ella, hacia las tierras de los Ivanov. Y no regresaran hasta que sea momento de hacerlo.

Bryan se puso de pie de un saltó. Las ideas y los sucesos se agolparon en su mente. Observo como una lenta sonrisa se formaba en el rostro del otro, y entonces todo tuvo sentido.

- Provocaste todo eso - susurro viéndolo fijamente, mientras el chico se ponía de pie dificultosamente - Rei!... Por eso los atacaste, querías que toda su atención estuviera en tu castigo. Dejaste que te castigaran, te encargaste de distraer a Daisuke. Dejaste que los inútiles humanos escaparan.

- Eres perceptivo, pero si no te callas, no serás el único que lo sepa.

- Y ciertamente, no es el único que lo sabe - susurro una voz fría y resentida.

La figura de Daisuke se formo en el aire, y aunque solamente era como niebla, vapor y aire, conseguía imponer respeto e infundaba temor. Un águila blanco vino a posarse en una de las ramas altas, y en un parpadeo, una chica ocupaba su lugar, sentada tranquilamente en el árbol, con una sonrisa satisfecha en su rostro.

- Señor - murmuro Bryan anonadado, mientras Rei palidecía - No es...

- No es lo que pienso... No es lo que he visto y he oído... Falborg, calla antes de que me arrepienta de haberte dado la capacidad de hablar - se volvió hacia Rei - Drigger, ¿Creíste que no me daría cuenta? - le preguntó con voz tensa y cargada de ira - ¿Creíste que sería tan fácil engañarme?... Yui se ha hecho la misma pregunta ¿Porque te atreviste a marcar a un humano, y retaste a los nuestros, aun cuando sabías lo que eso podría acarrearte?... Una pregunta interesante, que ni te molestaste en contestar. Aunque ahora ya se la respuesta. Nadie me traiciona - añadió con voz aterradora - Y me encargare de enseñártelo.

Un rayo de luz broto del cuerpo de Rei, y este cayo convulsionándose. A su lado Bryan, solo pudo apretar sus manos, apartando la mirada para conservar, aunque fuera un poco, el honor del gato. La sombra se inclino brevemente, y con voz siseante dijo:

- Si no has de obedecerme por las buenas, lo harás por las malas. El dolor te enseñara, espíritu estúpido.

Y un alarido escapo de los labios de Rei al mismo que sentía sus huesos resquebrajarse... Su mente giro, pero el beneficio de la inconsciencia, en ese momento le estaba prohibido. Tendría que sufrir y pagar por su desobediencia, tendría que sentir su cuerpo retorcerse bajo el poder que el guardián tenía sobre él, tendría que hacer sangrar sus labios para evitarle la dicha de oírlo gritar... Tendría que jurarle eterna lealtad.

- Y tendrás que probármelo día a día... Una sola desobediencia, y tu y tu amigo desearan morir.

Rei alcanzo a ver a su amigo caer igual que él, compartiría su dolor solo por su causa. Fue consciente de que él mismo se había condenado... Y por alguna razón supo que un futuro eso no le importaría...

Continuara...

 

n/a:

¿raro?

Si, supongo, pero bueno... Me gusto como quedo, aunque creo que divague mucho, pero es para una idea más clara, ¿O es que los confundí más?... Si, sé que en lugar de escribir cosas nuevas, debería terminar con mis otros fics, pero esta idea no me dejaba en paz, y pense que mientras no lo escribiera no podría terminar los otros dos, y bueno... Creo que ahora estaré más tranquila. No hay problema continuare con mis otros dos fics, pronto...

En fin... Es mi primer AU de Beyblade, supongo que por eso esta raro. Asi que espero opiniones, sugerencias, preguntas, o reclamos, o si quieren que cambie algo... ¿Saben ya cuales son las parejas, no?. =^^=... Me despido, cuídense.!