"Dulces
Espíritus"
Basado en Beyblade
By Roquel
Capitulo 5
AMIGOS O ENEMIGOS
- ¿No podemos terminar con esto, Tenshi? - inquirio Altha recargando su cuerpo contra el tronco de un árbol - Tantos guardianes cerca me ponen nerviosa.
- Deja de quejarte; debemos vigilar la aldea.
- Lo sé. Me lo has dicho un millón de veces, pero eso no facilita las cosas. No me gusta, esta inactividad me asusta.
- Todo terminara pronto, se paciente.
- ¡Lo soy!; pero estar rodeada de guardianes no ayuda. Es escalofriante verlos por aqui y por allá. No dejo de pensar en Gennou, una y otra vez.
- Si no lo estuviera
escuchando, no lo creería - terció una profunda y divertida voz.
Altha saltó de su
lugar con una alegre sonrisa. El hombre joven que llegaba les sonreía con
confianza; sus ojos verde mar combinaban con su cabello rubio. Era esbelto, y
alto, aun más que Tenshi, con una piel ligeramente aceitunada. Sus facciones
exhibían una descomunal belleza cada vez que sonreía; llamarle atractivo era
decir poco.
- ¿Qué haces aquí, Anku? - pregunto Tenshi ladeando ligeramente su cabeza - Pensé que estabas vigilando.
- Lo estaba; pero creí que te interesaría saber lo que descubrí...
- Entonces no pierdas el tiempo y habla de una vez.
- Siempre con prisa, tsk, tsk - chasqueo la lengua y sonrió - Cuatro presencias poderosas se acercan; a una velocidad asombrosa si me permites añadir. Se mantienen alertas y son muy cautelosos; saben que estamos aquí. Tratan de comunicarse con la aldea, sin éxito hasta ahora.
- ¿Quienes son? - intervino Altha por primera vez.
- Los cuatro Lideres de los cuatro Clanes restantes. Y dado que la Tortuga y el Lobo se encuentran en este lugar, y que la Salamandra fue destruida hace días, me imagino que quienes se acercan son el Dragon, el Carnero, el Oso, y la Gacela.
- Los Kinomiya; los Mihailovna; los Yegorovich; y los Igarashi. - recitó Tenshi con una sonrisa. - Vaya, vaya; me parece que tendremos una linda reunión... ¿Cuándo llegaran?
- Si continúan con ese ritmo dentro de poco, ¿cuál es plan?
- Tendremos que esperar, son ordenes; pero no deben llegar, complicarían todo.
- Podemos retrasarlos - propuso Altha - Puedo ir si me lo permites.
- Será peligroso. - observo Tenshi enderezándose de su lugar. - Cuatro líderes iracundos no son algo que me gustaría enfrentar.
- A nadie. Pero qué más podemos hacer. Sí, sí - bufo con impaciencia - 'No somos de valor para ellos, nos desvanecerán sin titubear, y no tenemos ordenes de atacar'. Me sé de memoria el discurso, Tenshi; ahorra saliva; pero ordenes son ordenes.
Tenshi finalmente cedió - Ve por los chicos.
YY YY YY YY YY YY YY
- Tu no eres un guardián. - fue lo ultimo que pronuncio Takao antes de recibir una mortal mirada del chico Ivanov.
- No; no lo soy...
- ¿Algún problema con eso? - cuestiono Yuriy con una leve advertencia en su tono, indicando que si Takao no cuidaba su lengua iban a tener problemas.
- No estoy hablando contigo - respondió Takao sin mirarlo
- Yo te hice una pregunta, quiero que me la contestes.
Takao lo ignoro. - Si
no eres un guardián, por qué tu energía es diferente a la de todos los
humanos que conozco, ¿qué es lo que eres?
Kai, quien comenzaba
a notar la exasperación de ambas partes y empezaba a sentirse ligeramente
mareado, abrió la boca para protestar por el poco tacto que el chico estaba
mostrando para con él. Pero Yuriy, enfadado y ofendido en su lugar, fue mucho
más rápido y con voz gruñona dijo:
- Él no es ninguna cosa. Su nombre es Kai, y no te importa si es un guardián o no. Síguele hablando asi y voy a dejarte sin dientes.
Takao emitió lo que podía considerarse como una risita condescendiente y despectiva. Yuriy gruñó, y los ojos de Takao se posaron en él; el pelirrojo le devolvió esa mirada terca y enfurruñada que tantas veces Kai había visto. Aquella mirada que indicaba peligro. El Hiwatari quiso intervenir pero se sintió abrumado por la antipatía que ambos chicos despedían. Un amargo y descompuesto sabor subió por su garganta.
Takao gruñó, Yuriy contestó, Takao respondió; y sus voces le llegaron a Kai, distorsionadas y lejanas. Supo, por el tono que usaban, que ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder. Sabía que Yuriy no era de las personas pacientes, y casi podía asegurar, aunque no sabía cómo, que el peliazul no pertenecía a las personas prudentes...
El resultado de un enfrentamiento era fácil de adivinar.
Una suave y sosegada voz llamando a Yuriy interrumpió los pensamientos de Kai y detuvo el espectáculo. Tanto Takao como Yuriy se giraron para enfrentar a la pequeña niña, de su misma edad, que observaba desinteresadamente la escena. Su inexpresiva mirada color ciruela le daba a su rostro un aire mucho más maduro y serio, ajeno a la apariencia infantil que su cuerpo mostraba; y su corto cabello color vino resaltaba su piel lechosa.
Cuando la pequeña
llamó de nuevo, Yuriy se encamino hasta plantarse frente a ella. Sustituyo su
rostro enfadado por uno sin expresión. Pese a ser pocas las veces que hablaban,
Yuriy estaba acostumbrado a tratar a Dasha con cortesía.
- ¿Qué sucede Dasha? - pregunto Yuriy en tono neutral. - Nuestras lecciones de Historia no serán hasta esta tarde.
Dasha agito la cabeza. - Madre dice, - Yuriy no pudo evitar una leve mueca; no se acostumbraba a la idea de que su madre se convertiría en la madre de Dasha. - que regreses a casa; que lleves a Kai y al huésped Kinomiya contigo.
- ¿Por qué?
En respuesta, Dasha se encogió ligeramente de hombros antes de dar media vuelta y alejarse. Gruñendo en resignación y llevando sus manos detrás de su cabeza, Yuriy le siguió.
- ¿Quién es ella? - cuestiono Takao sin dirigirse a nadie en particular pues la escena le había pillado desprevenido.
- Dasha Mihailovna,
la prometida de Yuriy.
Un "Oh"
carente de entusiasmo fue la seca respuesta por parte de Takao. Durante ese
breve instante, la antipatía mostrada para con Yuriy pareció esfumarse y una
franca curiosidad se dibujo en sus rasgos. Kai estaba a punto de hablarle cuando
la imperiosa voz del pelirrojo llamó su atención.
- ¡Kai! - llamo
Yuriy desde la entrada de la casa - ¡Date prisa! - y fulmino con la mirada a
Takao.
El Kinomiya le regreso la desafiante expresión y su antipatía regreso con tal rápidez como si nunca se hubiese marchado. Kai frunció el entrecejo; el chico era demasiado temperamental. Un pequeño problema teniendo a Yuriy cerca, cuyo carácter tampoco era estable.
YY YY YY YY YY YY YY
- ¿En verdad no
necesitan comer, ni dormir, ni nada de eso? - pregunto un curioso Max caminando
lo más a prisa que podía para mantener el paso del infatigable Falborg - Se me
hace difícil de creer, digo, ¿no lo extrañan?. Mi Papá suele decir que los espíritus
tienen otro tipo de necesidades; pero jamás entendí que quería decir con
eso...
Cuando estuvo a punto
de perder el equilibrio, emitió un débil quejido de cansancio y apresuro su
marcha. El terreno era árido y pedregoso. Las piedras, grandes y pequeñas,
constituían un peligro para su persona, pues se veía en serios aprietos para
seguir el paso ágil y rápido de Bryan. Max decidió aprovechar la ocasión
para charlar un poco, olvidando por completo la advertencia del joven.
- Michael me dijo una
vez que los espíritus no necesitan nada y que prefieren no saber nada...;
Caminando sobre una
larga y angosta hilera de rocas puestas una sobre la otra, Max se apresuro para
darle alcance a Bryan manteniendo el equilibro con los brazos estirados y sus
ojos puestos en el movimiento de sus pies.
- ...pero Miura,
quien por cierto es el líder de mi aldea, afirma que muchas veces los espíritus
sólo desean tener contacto con los vivos. Según Miura los espíritus son, la
mayor parte del tiempo, inofensivos, pero causan muchos estropicios cuando se
enfadan...
Max se quedo callado
al enfrentarse con el salto, de aproximadamente un metro, que tenía que hacer
para llegar a tierra después de que la hilera de rocas se hubiese acabado. No
tenía tiempo que perder, asi que sin pensarlo dos veces saltó, cayendo a
tierra con ambas manos y una rodilla apoyadas en el suelo. Sin herida alguna se
apresuro para no quedarse atrás. Cuando estuvo una vez más junto a Falborg
continuo hablando, sacudiendo sus manos y su ropa en el proceso.
- ¿Te conté que Michael es el hijo de Miura? - Bryan emitió un ligero siseo - Pues Michael es todo lo contrario a Miura. Miura es algo asi como mi Tío segundo, es muy callado, y son raras las veces que sonríe; pero siempre tiene tiempo para contarnos una historia antes de dormir. Yo lo quiero mucho.
Bryan rodó los ojos
en exasperación, y apresuro el paso; pero Max se limito a seguirlo, sin detener
el torrente de información.
- Miura sólo tiene
una hermana que se caso con un Mihailovna hace ya muchos años. Mi Papá es el
tercer hermano de Megami Igarashi, la líder del Clan Igarashi. Megami es muy
cariñosa y divertida; su hijo es mayor que yo por dos años. Me llevo muy bien
con él, y quiero mucho a mi Tía. Son pocas las veces que veo a Megami, pero
cuando vamos de visita, ella siempre nos lleva a cazar. Es una excelente
cazadora. Ella dice que los espíritus son volubles, y Hanna, la prometida de
Michael, suele decir... ¡Wooo... aaahh!
Max había estado saltando de piedra en piedra a un costado de Bryan. Gritó cuando una roca, de apariencia engañosamente firme, se ladeo en cuanto salto sobre ella, y de nada le sirvió agitar los brazos para tratar de sostenerse. No había nada a que aferrarse. Cayo irremediablemente...
Su nariz se detuvo a
dos palmos de llegar al suelo. Max parpadeo cuando abrió los ojos y vio el
suelo a tan corta distancia. Lentamente, su cuerpo recupero su posición
vertical con los pies puestos firmemente en tierra. La mano que había impedido
su caída, y que aún le sostenía por la parte trasera de su chaleco, le soltó
y Max se giro para encontrarse con la mirada lavanda, fría e inexpresiva. Se
ruborizo inmediatamente.
- Monstruo, - pronunció Bryan friamente - si no eres capaz de hacer dos cosas a la vez, como caminar y parlotear al mismo tiempo, limítate sólo a caminar. La próxima vez dejare que te estrelles en el suelo, y no me importara que Rei se enfade conmigo. Deja de estar saltando como conejo, ¿no puedes caminar como gente normal?. Creí haberte dicho que no hablaras...
- Pero es muy aburrido estar asi.
- Entonces nos aburriremos mucho.
Max hizo un infantil y adorable puchero, pero no logro disolver la mueca irritada de Falborg. Bryan comenzaba a impacientarse, y se controlaba para no soltar una blasfemia.
- Camina monstruo...
- SoyMax.
- EresunMonstruo, y
te estas comportando como tal. Ahora muévete.
Bryan se alejo, y el
pequeño rubio le miro con reproche antes de seguirle sin decir nada... Cinco
minutos después, un irritado Falborg escuchaba a un parlante chico hablar sobre
una tal Hanna, prometida del famoso
Michael. Estaba hastiado y no importaba lo tentadora que fuera la idea de
abandonarlo, sin el menor interés en lo que pudiera pasarle. Tenía la clara
orden de vigilarlo; y la muda petición que Drigger le había hecho lo obligaba
a no perderlo de vista.
Gato necio, gruñó para sus adentros. Sólo él podía considerar la idea de cuidar a un guardián. Sólo Drigger era capaz de hacer algo sin medir las consecuencias. Sólo Rei consentía la posibilidad de encariñarse con un mocoso fastidioso y molesto. Rei era extraño. Pero por mucho que apreciara al gato, algo que no permitiría era tener trato con guardianes.
YY YY YY YY YY YY YY
Saliendo de su
estupor con una rapidez asombrosa, Rei parpadeo una sola vez antes de girarse
sobre si mismo, dispuesto a marcharse, ignorando todo y a todos. No fue sino
hasta que sintió como una férrea mano se cerraba en torno a su brazo, que
detuvo sus movimientos. Todo en cuestión de segundos, mientras un grupo de
hombres comenzaba a rodearlos, apuntándoles con sus arcos.
- Ni siquiera pienses en marcharte. - musito Daisuke con voz tenue y tranquila. Rei contestó en el mismo tono susurrante.
- No puedes
impedirlo. Si quiero irme...
Daisuke esbozó una
casi imperceptible sonrisa, deteniendo a Rei a media frase.
- Me perteneces
Drigger, y nadie, ni siquiera tú, lo cambiara. - Rei alzo tercamente la
barbilla en claro gesto de desafío - No puedes irte si mi voluntad no lo desea.
- su voz se oscureció ligeramente - No necesito recordarte que mi voluntad
está por sobre la tuya, ¿cierto? - Drigger apretó la mandíbula - Me alegra
ver que asi lo entiendas; ahora tranquilízate. Podrás irte cuando yo lo diga.
- su mirada se fijo en la herida de su mejilla.
Lo soltó y Drigger retrocedió
al instante, pasando una mano por su cara sin cuidado; cuando está cayo a su
costado, la herida en su mejilla había desaparecido. Daisuke se volvió,
regalando una amistosa sonrisa a sus atacantes. Yui observo con desconfianza a
los extraños y Reiji pareció encontrar un irresistible objeto de devoción en
una de las altas banderas rojas. Uno de los hombres se adelanto hasta plantarse
frente a ellos.
- ¿Quiénes son, y qué es lo que buscan?. - preguntó con brusquedad en lengua extranjera.
- ¿Eres un Antonovich? - pregunto Daisuke sin borrar la sonrisa - Creo que no hablare contigo.
- Hablaras conmigo o
no hablaras con nadie.
Yui esbozó una
maliciosa sonrisa, y dirigió su mirada hacia su amo; éste asintió, en señal
de aprobación. Antes de que alguno pudiera reaccionar, la chica había logrado
reducir al hombre, ante la atónita mirada de sus acompañantes, sin necesidad
de mayor esfuerzo. Todos los arcos fijaron en ella su objetivo, pero a Yui no
pareció importarle.
- Me temo que sólo hablare con los Antonovich - hablo Daisuke sin cambiar su tono.
- Suéltalo - farfullo Drigger trás él, en voz tan baja que sólo Daisuke le escucho. Su diminuta sonrisa quiso crecer.
- ¿Para qué buscas
a los Antonovich? - preguntó otro hombre saliendo de entre las sombras. Con un ademán
de su mano, todos los arcos desaparecieron.
Era más alto que el
primero y en su rostro se denotaba la experiencia y la decisión, acompañadas
de cierta fiereza. De piel oscura, ojos negros y cabello quebradizo y corto, el
hombre tenía un aire peligroso. Hablaba en un marcado idioma del Este, golpeado
y rápido, acentuando ligeramente las "r". Rei no entendía nada de lo
que decía, pero no asi Daisuke cuya sonrisa no vacilo nunca. El guardian
contesto en el mismo idioma, con una fluidez excepcional, sin titubear un sólo
instante.
- No eres un
Antonovich - le aseguro sonriendo. El hombre entrecerró sus ojos. - Tampoco
tengo porque hablar contigo.
Un ligero ruido hizo
que la cabeza de Rei se volviera hacia su derecha, dejando de prestar atención
a la conversación. Estrecho la mirada, escrutando en la oscuridad, en busca del
causante de tan extraño ruido; y varios minutos después, dos ojos oliváceos
le devolvieron una intensa mirada, que lentamente fue convirtiéndose en una
expresión de incredulidad, para terminar en un gesto de total asombro.
El chico, pues no parecía tener más de quince años, salio de su escondite a una velocidad asombrosa, capturando la atención de todos. Señalo a Rei con un firme dedo, y dirigiéndose hacia el hombre con el que Daisuke hablaba, grito en el mismo idioma que el hombre ocupara. Daisuke se mostró complacido, pero Rei lució confundido.
El revuelo se hizo
presente, y los murmullos flotaron por todas partes. Rei miro a todos lados sin
saber que decir. Yui frunció el entrecejo y dejo caer a su presa, confundida
por la extraña escena sin entender absolutamente nada de lo que se decía.
Reiji aparto su atención de la bandera y la fijo en el chico. Daisuke entornó
sus ojos.
- Un Antonovich - dijo finalmente con una sonrisa bailando en sus labios.
- ¡Andrei!
Pero el jovencito echo a correr sin escuchar a nadie y rápidamente se perdió
de vista.
YY YY YY YY YY YY YY
- Espera - el ruido
de cascos disminuyo, y su acompañante se detuvo - ¿Lo sientes? - su caballo
relincho y se giro sobre si mismo formando círculos sobre la hierba - alguien
se acerca.
El primer jinete,
cuyo caballo parecía ansioso por partir, se quedo quieto, escuchando. Fijo sus
ojos azul oscuro en la mujer que acaba de hablar, y asintió lentamente. Los
animales emitieron sonidos de impaciencia y ambos calmaron a sus monturas.
- Debemos esperarlos
La mujer le miro. Sus ojos añil se mostraron levemente centellantes al considerar la idea. Era tan alta como el hombre que le acompañaba, y, al igual que él, su edad no parecía ir mas allá de los 35. De cabello castaño claro, casi rubio sujeto en decenas de pequeñas trenzas, Megami Igarashi poseía un cuerpo esbelto de proporciones muy bien definidas; caderas y hombros angostos, una cintura menuda, y brazos fuertes y bronceados.
El símbolo de los Igarashi era el de la Gacela; pues eran rápidos al tomar decisiones, y rápidos en llevarlas a cabo. De sonrisa fácil, eran audaces e independientes, apacibles y tranquilos, pero no asi cuando montaban en cólera; gustaban de las grandes fiestas que se celebraban al inicio de cada estación, y acostumbraban ser muy buenos anfitriones. Muchos de los suyos murieron en el Reino Hiwatari cuando Daisuke apareció; el recuerdo aun era amargo, y evitaban hablar de él.
Ambos adultos se
apearon de sus caballos y los dejaron descansar.
- Inténtalo de nuevo, Kouji - pidió Megami después de un largo silencio - Puedo ayudarte si asi lo quieres
El hombre asintió
sin replicar en absoluto. Kouji Kinomiya poseía un aire serio y determinante,
con una mirada poderosa capaz de intimidar. En su persona se mostraba la
resistencia y la destreza que caracterizaba a los Kinomiya, y su hijo había
heredado todos sus atributos.
Kouji cerro los ojos y convoco con el viento un mensajero, como en aquélla ocasión en que Shigeru hizo aparecer un lobo de agua. El Dragon transparente, cuyo cuerpo era aire comprimido en una silueta, se agito sobre sus cabezas esperando ordenes. Su largo cuerpo, delgado como el de una serpiente, tenia varias extremidades cortas que se abrían y cerraban. Cuatro bigotes caían desde su rostro, y desde sus cuencas vacías miro a su dueño.
Al recibir la orden de ir con el Clan Mizuhara, el Dragon se movió formando círculos con su propio cuerpo y busco la dirección que tomar olfateando el ambiente. Cuando hubo de encontrarla emitió un breve pero doliente gemido y todo su cuerpo se convulsiono hasta que comenzó a desaparecer, perdiéndose toda la magia que Kouji ocupara.
- Es imposible - dijo el guardián apretando los puños - Ahora entiendo porque Shigeru envió una nota en manos de un chico, en lugar de enviar a su mensajero como es la costumbre. No quería que nadie detectara su presencia y supiera las noticias que éste llevaba.
- ¿Enviaste a tus hombres de regreso a tu aldea?
- No; volvieron a donde el Clan Hitose para averiguar que sucedió - su expresión se volvió amarga - Sigo sin poder creerlo. Ellos...
- Lo sé - aseguro Megami con melancolía - El hombre que enviaste a mi aldea, me dejo inquieta. Después de que se marcho trate de comunicarme con Miura, pero todo intento fue en vano. Alguien bloqueaba mi contacto y cuando identifique su presencia... Salí lo más rápido que pude, y olvide traer una escolta.
- Me sucedió algo parecido.
Varios minutos después, notaron dos figuras cabalgar a gran velocidad, atravezándo la llanura y dándoles alcance. Para su decepción, ellos también venían solos. Los caballos resoplaron cuando los jinetes les detuvieron abruptamente. Una mujer de hermosa complexión les devolvió una expresión ansiosa.
La belleza de Lizaveta Mihailovna era extraordinaria; sus ojos verdes despedían un brillo imposible de definir, y clara y peligrosa era su energía. El Clan Mihailovna, representado por el Carnero, era especial debido a su temperamento. Eran calmados y entusiastas la mayor parte del tiempo, pero agresivos e irascibles cuando se les provocara. Consideraban que el daño hecho a los Clan Igarashi e Ivanov, era un daño hecho a ellos. Y eso demostraba cuan solidarios eran.
Megami montó, dejando que Kouji explicara brevemente lo que sucedía; incluyendo la noticia de que el Clan Hitose, representado por la Salamandra, fuera destruido hacia varios días. El Kinomiya se dio prisa para informar la razón de su visita.
- ¿Cómo es que Shigeru lo supo? - tomó la palabra la recién llegada, y su voz se escucho ligeramente alterada.
- Lo averiguaremos cuando lo veamos.
- ¿Han intentado comunicarse con él? - cuestiono el otro recién llegado.
De ojos zafiros y cabello cenizo, Shigaliov Yegorovich poseía un aspecto levemente amenazante. Pese a ser uno de los Clanes más antiguos, los Yegorovich eran los únicos que no habitaba entre humanos; su aldea estaba oculta más allá de las montañas. El Oso era el simbolo que los identificaba, y aunque no poseían ni el aire feroz de los Ivanov, ni el agresivo de los Mihailovna, no dudaban en defender sus convicciones y proteger a quienes amaban.
Tampoco poseían la percepción de los Mizuhara, pero eran lo suficientemente capaces de ver más allá de lo que las personas mostraban; y su tenacidad era superada únicamente por los Kinomiya. Los Yegorovich eran cálidos, pacientes, amables y fiables, sin que eso implicara que fuesen blandos. No olvidaban fácilmente y las acciones de Daisuke se mantenían en sus recuerdos, frescos y tristes.
- Lo hemos hecho - contesto Megami - Un espíritu nos lo impide. Y sin decir otra palabra reemprendieron la marcha.
YY YY YY YY YY YY YY
- ¡Jenrya! ¡Jenrya!
La jovencita sentada junto a una mesa, trabajando afanosamente en el bordado que intentaba terminar, levanto la cabeza al escuchar su nombre y dejo a un lado sus cosas. Al salir al pasillo vio al chico de ojos oliváceos correr hacia ella.
- ¿Por qué has vuelto Andrei? - pregunto ella en idioma del Este, con voz dulcemente grácil. El chico se inclino sobre si, intentando recuperar el aliento. Ella espero pacientemente.
- Esta... aquí. - jadeo él, en el mismo idioma.
- ¿Y Émile?. Pensé que te quedarías con él...
- Esta aquí - corto Andrei levantando la cabeza y mostrando excitación en sus ojos. Jenrya le devolvió una mirada incomprensiva. Ambos de piel acanelada y ojos oliváceos, ambos de facciones parecidas. Hermano y hermana. El cabello castaño con destellos rojizos era corto y ondulado por parte de Andrei, y largo y rizado por parte de Jenrya.
- ¿De quién hablas? ¿Los extranjeros han llegado? - pregunto ella dando unos cuantos pasos que resonaron en el piso de madera.
Andrei sacudió la cabeza y aspiro profundamente.
- Los extranjeros han llegado, el guardián esta aquí. - declaro rápidamente - Pero con ellos viene el gato.
- ¿Cuál gato?
- El gato con el que soñé hace casi dos semanas. El gato blanco de ojos dorados. El gato que vi consumirse entre las llamas...
Jenrya frunció el entrecejo - ¿Estás seguro?
- No podría confundirlo. Sus ojos, Jen; debiste ver sus ojos. Créeme, es él. Émile viene con ellos, no deben tardar en llegar.
- ¿Y qué haremos entonces? Madre no nos permitirá acercarnos.
La sonrisa del chico se esfumo.
YY YY YY YY YY YY YY
- Tienes muchas explicaciones que darme - le susurro Drigger a Daisuke haciendo a éste sonreír.
Caminaban trás el hombre llamado Émile, con todos sus acompañantes marchando delante. Eran sus pisadas las que Rei vio al entrar, y ahora les conducían por una vereda sinuosa y angosta, alejándose del castillo. Cuando las enormes rocas, que cubrían la vista trás el castillo Kuznetzov, quedaron atrás, Rei contemplo el precioso valle bajo sus pies. Quedo mudo de estupefacción ante la vista tan llena de vida y esplendor que se extendía frente a sus ojos, olvidando ya toda la desolación y la aridez de antes.
El verde de los pastos y los árboles brillaba de manera casi irreal cuando los rayos solares lo tocaban. El riachuelo que atravesaba la montaña descendía con rapidez hacia un lago al fondo del valle, despidiendo brillos blancuzcos. Rei casi retrocedió, y comenzó a rezagarse, dejando que Yui y Reiji se encargaran de custodiar a Daisuke. Cerro los ojos dejando que una profunda desolación se marcara en sus rasgos. Ese lugar no le gustaba, era demasiado conocido...
Abrió los ojos escuchando el lejano murmullo de voces. Vio a lo lejos otro pueblo, de aire menos tétrico, bastante alegre y bullicioso. Banderas azules con una marca blanca en la parte superior izquierda ondulaban en las cuatro torres que se veían, apostadas en cada punto cardinal. Los hombres fueron recibios con alegres saludos que correspondieron con igual efusividad. Caminaron a través de la plaza, donde no pocos comenzaron a señalarlos y murmurar.
Ese lugar pertenecía a una realidad totalmente ajena a la que acababan de dejar. El aroma, el ambiente, el calor, el paisaje... Todo era inexplicable. Apartando la mirada de cada rostro sonriente, y de cada mirada curiosa, Rei apretó la mandíbula. Esa felicidad le trajo el recuerdo de una sóla cosa: Traición. Y ese recuerdo inevitablemente se asocio con Bryan.
Con Boris.
Aparto el cabello de su cara, pasando sus dedos por sus ojos... Boris Kuznetzov, y no Bryan Falborg le había mentido...
- Mi Señora les espera - anunció la jovencita de la entrada. De pie, frente a la casa que indudablemente pertenecía a los Antonovich, Rei fijo su mirada en las chimeneas semejantes a torrecillas, en las innumerables ventanas, y su majestuoso exterior, que le hacía pensar en un pequeño y magnifico palacio; y sin embargo le daba cierto aire de sencillez al pueblo.
Era una curiosa contradicción.
Los hombres fueron despedidos, y Émile se marcho junto con ellos. Daisuke siguió a la jovencita, Yui y Reiji no tardaron en ir trás él. Rei espero un poco más pues creyó notar una sombra trás una de las ventanas. En cuanto llegaron a una especie de vestíbulo, con puertas por todas partes y escaleras al fondo, Rei se topo con la figura de una mujer, de pie, esperándolos. Una suave, pero firme orden en idioma del Este hizo que la jovencita se retirara.
La mujer miro a Daisuke, y después fijo su vista en Reiji, entornando levemente sus ojos. Cuando miro a Yui, la chica le devolvió la cruda expresión, sin pestañear siquiera. Cuando poso sus ojos en Rei, el gato notó que lo estudiaba en silencio. No se veía peligrosa, su cuerpo menudo y su rostro agraciado le conferían una belleza casi juvenil, aunque madura. Sólo sus ojos desmentían su aspecto; eran fieros, fríos y calculadores.
- Nuestra presencia no ha de sorprenderle, - comenzo Daisuke hablando en el idioma que Rei entendía - mi señora...
- Circe Antonovich - se presento ella en el mismo idioma, con un acento aun más pronunciado que el de Émile. Fuerte y vigorosa, su voz tenía un matiz de acero poco visto en las mujeres. - Y su persona no es bien recibida en mis tierras.
- Lo sé; - informo Daisuke con cortesía - ningún guardián es bienvenido aquí. Ni guardián alguno se atreverá a pisar este Reino, se consideran tierras prohibidas; ¿por qué crees que he venido? - sonrió - Me ofende, mi estimada Señora. Tu familia y yo tuvimos trato mucho antes de que tú nacieras. Sé que fue uno de tus antepasados quien impuso esa ley. Lo conocí personalmente.
- Mientes - refuto ella con voz gélida, olvidando modales y hablando en incomprensible lengua del Este - Eso sucedió hace más de doscientos años...
Daisuke rió con la impaciencia de un niño, y una sutil mueca condescendiente se dibujo en sus rasgos.
- Si has estudiado cuidadosamente la historia de tu familia, - continuo el guardián; impasible ante el desplante de la mujer - entonces has escuchado el nombre de Daisuke. - la única reacción de Circe fue abrir los ojos.
- El guardián Daisuke murió hace más de un siglo - susurro la mujer, recuperando su aplomo
- Es natural que hayas escuchado tal noticia, pero yo no lo llamaría morir; perdí mi cuerpo, eso es todo - sacudió la cabeza con una sonrisa casi imperceptiblemente - No es tiempo para hablar sobre eso. En este momento necesito un lugar donde los guardianes no puedan encontrarme. Los bosques, lugares donde viví por muchos años, no son seguros ahora - dirigió una breve mirada a Drigger - No deseo que los guardianes me busquen y me encuentren; ellos saben que he vuelto, y harán todo lo que puedan para reducirme a la sombra que fui entonces. Sin duda sabrás que tu familia tiene la obligación de recibirme cada vez que lo necesite.
Un imperceptible rubor asomo en las mejillas de Circe, como muestra de indignación y furia. Su menudo cuerpo se tenso, y sus ojos brillaron con ferocidad. La mujer retrocedió, y Drigger le vio abrir los labios; sus oídos alcanzaron a escuchar su voz como un suave y siseante murmullo.
Al instante se escucharon crujidos, como si el piso se resquebrajara y Drigger notó algo trepando por sus piernas. Al mirar hacía abajo, encontró una enredadera reptando por su cuerpo a una velocidad asombrosa. Frunció el entrecejo e intento liberarse; pero al moverse, la planta creció con mayor premura desplegándose por sus extremidades. El agua se alzo como pequeñas dagas cortando las ramas, y deteniendo sus intentos para regenerarse, al levantar la mirada vio a Reiji, imperturbable, con pequeñas ramas congeladas a sus pies. Detrás de ellos, Yui miraba con desdeñosidad el intento de ataque, y Daisuke permanecía quieto, en silencio...
Circe les miro con sorpresa, incapaz de pronunciar palabra, y Daisuke le regalo una serena sonrisa. Al ver de lo que eran capaces, la mujer dejo aquel aire de insolencia y miro al guardián con una mezcla de reverencia y éxtasis. Sus ojos adquirieron una expresión difícil de definir, y Rei tembló. Daisuke le pidió un cómodo lugar para hablar, y ella titubeo un poco antes de pedirle que le siguiera. Mientras caminaban, Drigger no pudo evitar preguntar.
- ¿De que demonios hablaban?
- Cosas del pasado - contesto el guardián con una sonrisa. A su lado, Yui tuvo que morder su furia en contra de Drigger. Casi imperceptiblemente, Circe giro su rostro para mirar a la chica, notando el desprecio que parecía tener por el joven de cabello negro.
Llegaron a una habitación mucho más cómoda y acogedora; los grandes cojines arrumbados en las esquinas, el dulce aroma a vainilla brotando de todas partes, la única pintura colgando sobre la mesa apostada hasta el fondo, y la suntuosa alfombra mullida de color rojizo con adornos dorados, le daban al cuarto un aspecto esplendoroso. Con una seña, Circe les hizo entender que sólo Daisuke era recibido, y ellos debían de esperar afuera. Drigger sonrió, agradeciéndolo; pero al dar media vuelta, la implacable mano de Daisuke le retuvo a su lado.
- Me temo, Drigger, que tú te quedas - aseguro el guardián regalándole una sonrisa.
Drigger estuvo a punto de vociferar y gritar para que el guardián le soltara, pero consiguió aplacar su cólera y mantuvo su genio bajo control hablando con voz casi indiferente.
- Tienes cosas que arreglar y yo tengo cosas importantes que hacer...
- ¿Consideras importante pedirle una explicación a Falborg? - pregunto Daisuke con mordacidad
- Falborg no me debe ninguna explicación... Tengo que ver a Max.
Daisuke alzo las cejas, incrédulo, e hizo una seña para que Yui y Reiji salieran. Ambos obedecieron, pero Yui dirigió una venenosa mirada al chico antes de retirarse, y Circe entorno sus ojos.
- El pequeño guardián podrá tener tu atención el resto del día, pero en este momento te quedaras aquí - y señalo un cojín al fondo.
Conteniendo a su mordaz lengua, Drigger ignoro el cojín y se quedo de pie, en la entrada. El guardián sonrió, y Circe, quien hasta entonces no había dicho nada, frunció levemente sus cejas antes de cerrar las puertas con total cortesía.
- ¿Debe quedarse? - pregunto ella con voz dócil y servil.
- ¿Te molesta?
La expresión de Circe era cuidadosamente neutral. Drigger tenía la esperanza de que ella se negara a su presencia, que fuera ella quien le obligara a desaparecer; pero cuando la mirada olivacea se fijo en él, Rei supo que eso no sucedería.
- Me voy - declaro dirigiéndose hacia la puerta. En dos segundos Daisuke le bloqueaba el paso, asiéndolo fuertemente. Con rapidez y sin consideración, Rei fue lanzado al fondo de la habitación. Al alzarse colérico, el guardián le sonrió y Rei no pudo más que desesperarse...
- ¿Por qué le permite ese comportamiento? - intervino Circe, y el guardián se volvió hacia ella. Le estudió por varios minutos antes de dejarse caer en uno de los tantos cojines.
- Porque es Drigger; - respondió - pero no he venido a hablar sobre él. Estoy aquí porque necesito recuperar mis poderes... - le relato brevemente lo sucedido cuando perdió su cuerpo, y de todo lo acontecido en los últimos años.
Rei no perdió detalle de cada expresión, de cada mirada; aun sin entender de lo que hablaban, podía ver que la mujer estaba emocionada. Notó que trás sus preguntas serenas e inocentes, existía una fascinación pura, un acalorado embeleso. Para Rei, eso no podía ser bueno.
- Y confío en que no haya problema en recibirnos.
Circe se mostró cordial y, riendo suavemente, negó con la cabeza como una chiquilla ante una maravillosa perspectiva. En definitiva, eso no podía ser bueno.
- En absoluto - contestó - Sea usted bienvenido. He de pedir una disculpa por mi rudo recibimiento; pero debe comprender que los guardianes no son, ni serán recibidos en estas tierras. - el guardián sonrió. - Pediré algo de comer, y me asegurare de que preparen su baño. Debe estar cansado.
La Antonovich se levanto y desapareció trás la puerta, dejando que Daisuke se deleitara con el cielo azul de la ventana.
- ¿Quieres hablar en una lengua que yo entienda? - mascullo Rei, recargado en la pared, con la mirada fija en el techo - Detesto escuchar una conversación que no comprendo.
El repiqueteo de una campanilla y el choque de la porcelana anuncio el regreso de la mujer. Con una asombrosa quisquillosidad, Circe sirvió el té hablando con voz dulce, llena de elogios. A Daisuke le bastaron cinco palabras para comprender que algo quería; con sutileza le pidió que se explicara, recalcándole hablar en lengua común. Ella sonrió con satisfacción y gratitud.
- Durante los últimos meses, - informó con dulzura - la enemistad con el Reino Dostoyevski ha crecido. Su Rey afirma que mi familia no tiene derecho sobre estas tierras y planea adueñarse de ellas. Largas disputas hemos sostenido, pero una guerra parece inminente. No es bien visto que una mujer gobierne sola y usaran eso para vencerme.
"No contamos con la ayuda de los Hiwatari como en tiempos anteriores y mi ejercito no será capaz de hacerle frente. En esta situación, no puedo ganar. Ahora que he escuchado su relato no me queda duda alguna de que usted ha venido a prestarme ayuda a cambio de mi hospitalidad. Por eso me atrevo a pedirle que sus chicos peleen por mi, y ataquen..."
- ¡Por supuesto que no! - interrumpió Rei, indignado, adivinando de inmediato que la intención de la mujer era enviarlos a hacer el trabajo sucio.
- Drigger, cállate.
- ¡Ni pienses en considerarlo siquiera Daisuke! ¡Va más allá de--!
- ¡Drigger!
Rei tenso la mandíbula y fulmino con la mirada a la mujer que le observaba con enemistad y desconfianza; sus ojos despedían irritación y furia. Ahora entendía el porqué de su mal presentimiento. Lo que ella quería hacer iba más allá de lo que podía soportar...
- Vete; - ordeno el guardián con frialdad - busca a tu chico y no molestes más. En cuanto veas a Falborg, dile que quiero hablar con él.
- ¿Vas a considerarlo?
Daisuke no respondió, y Rei entendió que era inútil tratar de insistir. Asi que estrechando sus ojos y apretando los dientes, Drigger dirigió una breve mirada a Circe, que ésta devolvió con altivez y arrogancia, antes de marcharse. En cuanto desapareció, Daisuke hablo en tono gélido y cortante.
- Aclaremos algo, Circe... No tendre la consideración que los guardianes no tuvieron conmigo, ni sentire aprecio por los humanos con quienes se relacionan; pero no atacare a humanos que nada tienen que ver con guardianes porque ellos ni siquiera entienden de la naturaleza de mis chicos.
Circe clavo en él sus ojos olivaceos antes de que las palabras pudieran formarse en su boca. - Los humanos que se relacionan con guardianes son iguales que aquellos que no lo hacen. No existe diferencia entre unos y otros...
- Para ti, la diferencia tal vez no exista, pero es ella la que impide que Drigger se salga de control.
- Eso no es posible. Eres su amo, él no puede hacer nada contra ti; debe obedecerte en todo.
- Asi debería ser, pero con él, las cosas son distintas. Sólo mi voluntad evita que Drigger se rebele. Cuando fui una sombra él hizo lo que se le vino en gana porque en ese estado me era imposible imponermis deseos. Si mi voluntad no es lo suficientemente fuerte para sobreponerse a la de él, entonces él es libre de hacer lo que le plazca. Lo mismo sucede en esta ocasión: Lo que me pides es tu deseo, no el mío, y por tanto, no tengo motivos para cumplirlo. Si no tengo bases para atacar, entonces no tengo poder para detenerlo...
- Si representa un peligro para tus planes, ¿por qué le permites existir?. Puede traicionarte, puede engañarte... Su voluntad, como tú la llamas, es una amenaza. Un sirviente que no obedece a su amo no sirve de nada. Debes deshacerte de él.
Los ojos de Daisuke relampaguearon por un breve segundo.
- Elegí a Drigger por sobre todos, fue el primero y será el primero sin importar lo que haga. Me será leal aunque no le guste, y permanecera conmigo aunque lo deteste; pero su voluntad es importante para mí. Se ha mantenido firme y sin cambios desde que le conozco y eso es algo que he querido conservar intacto. Drigger no es sólo un sirviente, a diferencia de los demás, sus deseos todavía no se cumplen. No está bajo mi control totalmente.
- ¿Deseos?
- Borrar el dolor, vivir en paz. Encontrar a alguien que sea capaz de liberarle.
- ¿Y por qué no le obligas a abandonarlos? ¿Por qué no haces nada?.
- Porque si intervengo, Drigger sufrira más de lo que sufre ahora; algo que no estoy dispuesto a permitir. Él debe entender que la única solución es aceptar mi ayuda; que soy el único que puede aliviar su dolor. Y Drigger, en su propia desesperación, lo sabe, pero se lo niega a si mismo por orgullo y necedad. Se hunde; debo ser paciente y esperar el momento en que decida extender su mano pidiendo ayuda. De una u otra forma él me obedecera.
- Si le dejas hacer lo que quiera ¿cómo pretendes que te obedezca?.
- Porque todas las decepciones de su vida le harán ver que sólo yo soy de fiar. Al concederle demasiadas libertades le doy a Drigger la oportunidad de que vea que las personas no son lo que parecen; al final no le quedaran ganas de ayudar a nadie ni de intentar algo contra mí.
- ¿No confía en nadie?
- No sabe en quien confiar, y eso le hace sufrir. Trata de convencerse a si mismo de que las personas son inocentes y francas, pero no sabe que pensar. Ayuda a todo aquel que se le ponga enfrente porque esa es su naturaleza; pero ya no puede creer en nadie.
- ¿Por qué lo dices?... ¿Cómo lo sabes?
- Tres veces le han traicionado. Humanos y guardianes que juraron ayudarle, finalmente se desentendieron de su promesa. Y esas desilusiones no hacen más que mermar su confianza, y matar su esperanza. Con esos pequeños engaños ellos hacen más daño a su voluntad que yo con mis multiples castigos. La confianza que tiene es un débil cristal a punto de romperse; cuando eso suceda, seré el primero en saberlo. Se habrá resignado y no tendre nada de que preocuparme. Dejara de buscar alivio en otra parte, entendera que está equivocado y pedira mi ayuda.
Circe le miro esceptica durante largos minutos y con una mueca de desprecio exclamo - Puedes matar su esperanza ahora, puedes encerrarlo hasta que acepte que no tiene otra alternativa. No merece ser tratado con tanta delicadeza.
- Por supuesto que no, pero lo he intentado de todos los modos posibles, y nada ha resultado. Le he castigado cuando ha causado estropicios, y le he torturado para que deje de causarlos, pero no le encadenare, ni le encerrare esperando que cambie de opinión, porque eso jamás sucedera. Drigger se dara cuenta de que tengo razón, él debe descubrirlo. Y mientras no abandone sus deseos no me dare el lujo de ayudarte.
La Antonovich guardo silencio durante largo rato. Hasta que finalmente hablo sin que malicia alguna se detectara en sus palabras - Si Drigger no existiera... ¿me ayudarias?
- Drigger siempre existira sin importar nada. No dejare que alguien le haga daño, y sacrificare a quien se atreva a ponerle una mano encima. - sonrió alejando el ambiente tenso que acaba de instalarse - Siendo sinceros, mi estimada Circe, conquistar reinos no es algo que llame mi atención o hace mucho que lo hubiese hecho, pero por respeto hacia tu familia te ayudaria si estuviese seguro de que Drigger no intervendría.
Ella contesto con un leve asentimiento. Y cortés y atenta, le ofreció a Daisuke su hospitalidad olvidando todo lo sucedido. Sonrió y su mueca fue suave y tranquila, contrariando a la devastadora furia que estremecia su cuerpo. Le indico a Daisuke que le siguiera para comer, mostrandose en todo momento solicita y servil.
Drigger debe desaparecer, penso con una frialdad excepcional sin que la sonrisa abandonara su rostro.
YY YY YY YY YY YY YY
Los cuatro jinetes cruzaron los lindes del bosque sin detenerse, dejando la llanura trás ellos. El sonido de cascos fue amortiguado por la tierra húmeda, cubierta de hojas y ramas secas. El crepúsculo se extendía sobre sus cabezas, y unos tonos violetas, rosados, y anaranjados pintaron el cielo.
La noche se cernía sobre ellos, dejando al bosque en un silencio sepulcral; en donde el respirar de los caballos les traspasaba los oídos. Los pequeños animales huían del camino de los intrusos, que presurosos atravezaban sus dominios. La luna, lenta en su travesía, les ilumino el paso, reflejando su brillo plateado en las hojas verdes. Megami creyo divisar un par de luces brillantes, no muy lejos de ellos, que le intrigaron hasta el punto de disminuir su marcha. La Igarashi se volvió antes de que una impresionante fuerza la derribara del caballo.
Con un estrepitoso golpe cayo a tierra, y gimió brevemente. Arqueo su espalda y rodo sobre sí para ponerse de pie. Jadeo varias veces, tratando de recuperar el aire, y sus innumerables trenzas cayeron sobre su rostro enmarañando su cabello. Salto en el momento en que otra persona caía en el mismo sitio...
En cuanto la miro, supo que ese espiritu era quien acababa de atacarle. Su figura poseía ojos y cabello negro, y la sonrisa que curveaba su rostro ofendió a la Igarashi.
- Lo siento - se disculpo el espiritu con cinismo - Espero no haberte hecho daño.
Megami gruño y ataco, lanzando un rayo azulado que Altha esquivo. El espiritu convoco al viento que produjo un leve corte en el cuello, y los brazos del guardian; cuando ataco de nuevo, Megami levanto una barrera de hojas, devolviendo el ataque. Altha se estrello con un árbol y antes de llegar al suelo, el furioso leopardo salto desde el aire para atacarla. Megami la rechazo sin esfuerzo, pero una nueva fuerza quemó su brazo. Retrocediendo instintivamente, y aferrando su herida, la guardian observo al recién llegado.
- Largo Youko - escupio Altha levantandose
- Tendrías que agradecer mi ayuda en lugar de enfadarte, es la segunda vez que te salvo. - sonrió - Tenshi me envió a buscarte, está demasiado ocupada con el resto de los recién llegados; - se volvio hacia Megami - espero no te importe mi intromisión, pero me envían a decirte que eres libre de marcharte. Da media vuelta y vete, nada tenemos contra ti ahora; pero no puedes pasar, nuestras ordenes lo prohiben. Si quieres hacer algo por tus amigos, te recomendamos que vayas con los Ivanov y recuperes la piedra que por derecho corresponde a mi amo. Entregala y dejaremos a los guardianes en paz.
Megami no contestó y le devolvió una desafiante mirada.
- Pierdes tu tiempo - intervino alguien más apareciendo sobre sus cabezas. - Ella no hablara con nosotros. No nos considera lo suficientemente dignos de recibir una palabra suya.
- Creí que no vendrias Eira.
La aludida se encogió de hombros. - Anku - dijo a modo de respuesta.
Megami entorno sus ojos y su mirada fue como fuego centellante.
YY YY YY YY YY YY YY
- Yuriy - llamó una vez más Kai, y la cobija frente a él se estremecio. Suspirando pesadamente, el pequeño se sento a su lado, con la piernas cruzadas, respetando el espacio de su amigo. - Sal de ahi - pidió sin obtener respuesta. Trás él, Takao miraba curioso la habitación de los chicos. Matsui le había pedido que esperara con ellos.
Dasha apareció, y desde la puerta informó - Madre dice que debes estar en la puerta dentro de veinte minutos.
- ¡No ire!
- Tus cosas estan listas, y Madre dice que tía Shimizu vendra a recogernos - continuo ella como si nada. Después de que se marchara, Kai intento arrebatar la manta de su amigo pero éste la aferro con mayor fuerza.
- Yuriy...
- ¡Ya dije que no! - exclamo el pelirrojo con voz infantil y enfurruñada - ¡No voy a salir! ¡No ire, déjame!
- Sólo serán unos cuantos dias.
- ¿Dias? - se escucho un bufido
- Creo que exagera - se mofo Takao con una sonrisa, cruzando sus brazos detrás de su cabeza.
Indignado por el comentario, un despeinado pelirrojo accedio a salir de su escondite. Los ojos azul aguamarina se volvieron frios y enfadosos, y Takao sonrió más altivamente. Ese despliegue de furor le entretenia de manera que le hacia olvidar la antipatía que sentía por el chico.
- ¡No hables Kinomiya!
- Hablo cuando yo quiero.
- ¡No en mi casa!
- ¿Listos? - llego una alegre voz, y los tres se volvieron para mirar a Matsui - ¿Qué pasa?
Como respuesta, Yuriy volvió a su escondite emitiendo un enfadoso gruñido. Matsui les miro alternativamente, preguntando en silencio lo que sucedía. Takao se encogio de hombros, y Kai suspiro.
- Yuriy no quiere ir - respondio, y miro la manta.
- ¿Por qué?
- ¡Kai no ira con nosotros! - respondio la voz ahogada del pelirrojo.
Y he ahi el porqué de tanto alboroto. Desde la partida de Shigeru, Nakuru había comenzado con los preparativos de viaje. No era prudente quedarse ahi; por seguridad, Nakuru ordenó que Yuriy y Dasha partieran a donde los Mihailovna, mientras que Kai sería llevado con una escolta a un lugar seguro. El resto de los Ivanov se dividirían, y Takao sería enviado a casa con uno de tantos los grupos. Nakuru, el Patriarca, y algunos guardianes más, marcharian custodiando la piedra. Pero a Yuriy le enfadaba no ir con Kai, y no estaba dispuesto a irse sin él.
- Yuriy - llamo Matsui en tono conciliador, acercandose al pelirrojo hasta quedar arrodillado a su lado. Tomó la manta y con gentileza la desprendió.
Un berrinchudo pelirrojo levanto la cabeza y le miro con grandes ojos llenos de reproche. Mat sonrió ante el puchero del chico y Yuriy comenzo a incorporarse hasta quedar de pie frente a él.
- No será tan malo - apaciguo Mat y acerco la ropa que Nakuru preparó para su hijo. - Kai estara bien. Lei y Erkel cuidaran de él, - comenzo a vestirlo sin recibir la menor protesta. - tú viajaras con Shimizu, Yuzuki...
- ¿Con quién iras tú? - interrumpio Kai con curiosidad.
- Con Takao - le sonrió al chico y éste le devolvio la radiante sonrisa. Yuriy frunció el entrecejo al instante y el Kinomiya le devolvió un gesto desafiante.
- ¿Por qué vas con él? - pregunto con brusquedad y Matsui sonrió con gentileza. El ceño de Yuriy se disolvió de pronto.
- ¿No podemos ir contigo? - cuestionó, y fue el turno de Takao para mostrar su desacuerdo arrugando su frente hasta casi juntar sus cejas. - ¡Si! - grito Yuriy mientras Matsui le colocaba una chaquetita azul oscuro que se cerraba a un costado de su cuello y alcanzaba a rozar sus rodillas, cubiertas por unos pantalones negros - ¡Puedes llevarnos contigo! - aferro sus manitas a los hombros de Mat, sonriendo con entusiasmo - ¡Convence a Madre para que Kai y yo vayamos contigo!
- Eso no... - comenzo Matsui pero se detuvo al ver la expresión de Yuriy.
Su encantadora mirada era de lo más irresistible.
- Hablare con Nakuru - cedio a regañadientas y Yuriy se lanzo a abrazarlo, riendo con total alegría. El joven no pudo evitar sonreir mientras correspondía el gesto. No le gustaba ver triste a Yuriy.
Una inquietud nubló el corazón de Kai, pero supo esconderla trás una expresión neutral. No muy lejos de ellos, las cejas de Takao formaban una perfecta linea y su expresión era de lo más adusta. Cuando los ojos aguamarina se volvieron hacia él, su mirada color noche le observó con enfado. Yuriy sonrió altivamente.
YY YY YY YY YY YY YY
Max se detuvo cuando examino el lugar a donde Bryan se dirigia. Ladeo la cabeza al verlo desaparecer trás unas desvencijadas medias puertas. El polvo se elevaba por aqui y por allá, y el ruido de voces y el relincho de los caballos se extendían por todas partes. Nadie le prestaba atención asi que no vio nada de malo en inclinarse para espiar por debajo de las medias puertas. Alcanzo a escuchar risas y tintineos antes de que un gruñido le hiciera levantar la cabeza. Un amenazante y barbudo hombre le miraba desde las alturas.
- ¿Qué buscas mocoso? Estás estorbando el paso.
Max se hizo a un lado, negando impetuosamente con la cabeza; un leve carmesí tiñiendo sus mejillas. Cuando el hombre se alejo, Max observo a las personas a su alrededor. Parpadeó al ver que las mujeres vestían con ropa incómoda. Faldas amplias y estorbosas que les obligaban a caminar despacio; velos que cubrian sus largos cabellos aun bajo el ardiente sol del atardecer; y zapatos altos que representaban un peligro para sus pies.
Todas ellas iban acompañadas; sino por una mujer mayor, si por un hombre joven. Tenía panico de estar solo, y la única persona que conocía permanecía dentro del pequeño establecimiento sin preocuparse siquiera por salir a buscarlo. Tuvo que armarse de valor para cruzar la puerta.
El ruido continuó, las risas aumentaron, y nadie se preocupó por el enanito rubio y tímido que caminaba hacia la barra. Con desconcertante asombro, Max contemplo a las mujeres que reían y charlaban; absolutamente diferentes a las anteriores, pero igual de interesantes. Ni el escozor en su garganta, ni el apestoso olor que picaba su nariz, resultaron importantes.
Sonrió cuando su mirada se topo con Bryan, pero el gesto quiso desaparecer cuando notó a la exuberante rubia que reía coquetamente a su lado. Sin pensarlo dos veces, y con cierta dificultad, Max tomó asiento en el banquillo junto a Falborg; la barra quedando por debajo de su cuello. Miro a la bonita rubia que hablaba en una lengua que no entendía.
Su larga melena enmarcaba su exquisito y delicado rostro; dos bucles rubios caían a ambos lados de su cara. Un vestido negro, ceñido en la cintura con adornos blancos, medias negras, zapatillas altas, y un opulento escote que dejaba poco a la imaginación, constituían su vestimenta. Sus labios eran extremadamente rojos, tanto, que no parecían naturales, y un toque de colorete resaltaba sus palidas mejillas. Era hermosa. Y su voz tenía un matiz sensual y entusiasta.
Bryan se mostraba a gusto con su compañía; charlaba con una amplia sonrisa bailando en sus labios. De pronto, los ojos verdes de la mujer se fijaron en él. Sus ojos se tornaron perplejos y la sonrisa se transformo en una mueca confusa. Max compuso una alegre sonrisa para ella. El inesperado interés por el chico provoco que Bryan le mirara. Max amplio su sonrisa, y Bryan alzo las cejas.
La mujer se dirigió hacia Bryan, que parecía familiarizado con la lengua -fuese cual fuese- para después volverse hacía él y regalarle una animosa sonrisa antes de hablar. El pequeño sólo atino a mirarla sin saber que contestar.
- Te preguntó que cómo te llamas - tradujo Bryan con un siseo.
- Max Mizuhara - se presentó, extendiendo su mano con total cortesía.
- Maj - repitio ella con dificultad; su voz, con aquel matiz entusiasta, poseía un extraño acento. - Ailen - se señalo a si misma y sonrió. Señalo a Bryan y preguntó de nuevo. Max asintió, creyendo haber entendido. Ella se rió; no por burla.
Cuando la atención de Ailen se centró de nuevo en Bryan, Max tuvo tiempo para mirar a su alrededor. Contuvo una exclamación cuando se encontro con la infinidad de botellas colocadas cuidadosamente trás la barra. Una, en particular, llamó su atención. Tenía forma cilindrica y la luz que se reflejaba en el vidrio arrancaba destellos iridiscentes, sin mencionar el bonito liquido rojo que contenía. Sin poder contenerse, Max la señalo dedicandole una enorme sonrisa a Bryan.
Falborg le observo, arrugando el entrecejo de inmediato.
- Ni siquiera lo sueñes, enano - gruño, haciendole una seña al cantinero, un hombre de abundante bigote negro, para que se acercara. - Eso no es para ti.
Ailen poso su menuda mano en el antebrazo de Falborg y susurro algo a su oído. Se despidio de Max, o asi le pareció, pues se marcho inmediatamente después.
- ¿Quien es ella? - le pregunto a Falborg volviendo su atención hacia él.
- La dueña del lugar.
- ¡Ah!. - se volvió para mirarla - ¿Y qué hacen aqui?
Bryan estuvo a punto de ahogarse con su bebida. - Nada que sea del interés de un monstruo.
Max no hizo más preguntas, se dedico a golpear la barra con la punta de sus dedos tarareando una canción que Michael le había enseñado. Después de un rato, aburrido y sediento, volvió a señalar la botella. Falborg pareció ceder y llamó al cantinero; pero Max se desilusiono muchisimo cuando vio que su bebida era color naranja y no roja. Bryan pareció darse cuenta de su desencanto.
- Te dije que eso no es para ti. - señalo el vaso con un movimiento de cabeza - Pruebalo, es jugo.
Con dificultad, Max asió el vaso y bebió, dejando que sus enormes ojos turquesas se fijaran en el espejo colgado sobre ellos. Sabía rico y compenso a Bryan con una sonrisa de agradecimiento. Cuando terminó, Max dejo el vaso junto a la jarra que les habían llevado, y miro a su alrededor, notando vagamente que las mujeres aparecían y desaparecían con gran frecuencia.
La algarabía había aumentado, el humo de los puros se concentraba en el techo y el golpe seco del vidrio contra la madera resonaba por todas partes. Unos musicos tocaban al fondo del establecimiento, y una mujer cantaba con voz candenciosamente suave. Nadie se mostró interesado en el recién llegado, algunos le dirigieron una breve mirada por su entrada tan intempestiva.
- ¡Rei! - llamó Max al verlo aparecer. El chico se acerco a ellos. - ¿Quieres jugo? - levanto el vaso y le ofreció de la jarra. Rei meneo la cabeza.
- Daisuke quiere hablar contigo. - anunció al aire con voz apagada.
- No es nada nuevo - bromeo Bryan tomando otro trago. - ¿Qué hay contigo? - le miró. Rei se encogió de hombros y Bryan le estudio inquisitivamente. Era inusual ese extraño mutismo.
Max trepo por el banquillo hasta quedar sentado en la barra; sus piernas balanceandose en el aire. Sin decir palabra, Bryan le ofreció sentarse, y con un pesado suspiro, Rei se dejo caer en el asiento. Max aparto de su rostro un mechon oscuro y Rei le sonrió; pero la mueca fue mecanica, sin significado alguno.
- Nadie va a ir a ningún lado, - anunció Bryan dirigiendose hacia Rei - hasta que nos digas que--
- Lo siento "Su Majestad", - cortó Rei volviendo sus ojos hacia él - no tengo tiempo para esto.
Max les observo detenidamente, pero mantenían la misma conversación de gestos que les viera tener días antes. Uno respondía con una mirada y el otro replicaba con otra expresión. Rei hizo el ademán de levantarse, y la energía de Bryan se congelo en advertencia...
- Err... - intervino Max logrando que ambas miradas se fijasen en él. Con nerviosismo, rascó su mejilla izquierda con su dedo indice y bajó la mirada. - No me gusta que peleen.
Silencio.
- Tendras que acostumbrarte. - replico Bryan con voz gelida - Siempre hemos tenido nuestras disensiones: Uno no aprueba lo que el otro hace.
- Discutir es normal entre nosotros. - añadió Rei con expresión sosegada. - No debes preocuparte por eso. En todo el tiempo que tenemos de conocernos, hemos peleado sólo una vez.
- Si; la vez que Rei decidió que te quería como protegido. - se giro para mirarlo.
- A Falborg no le gustó la idea. - sonrió y se volvió hacia Bryan. - Fue díficil convencerlo.
- ¿Convencerme? - repitió Bryan con una mueca - ¿Quién te ha dicho que lo he aceptado?
Rei se rió, y clara y franca fue su risa. - Te conozco. - aseguro con sencillez, y obtuvo una mueca enfadosa del rostro de Falborg.
Max, divertido por la conversación y animado por el trato tan familiar, se atrevió a preguntar - ¿Hace cuanto que se conocen?
Rei lo meditó un momento. - 146 años. El tiempo que Falborg lleva sirviendo a Daisuke.
Bryan bufo y Rei le miró con cautela. Max le examinó con atención, como si deseara ver algo más allá de él. Se inclino hacia él hasta casi chocar narices; sus ojos expresando su duda.
- ¿Qué quieres enano?
- Nuestros cuerpos no cambian. - informó Rei con calma al adivinar la inquietud de Max - ¿Nadie te lo había dicho?
Max meneo la cabeza. - Comencé mi entrenamiento hace, - levanto su mano izquierda extendiendo sus cinco deditos - cinco meses. Hemos aprendido la historia de los Clanes, los arboles familiares, las religiones humanas, sus dioses y estudiamos sus templos; nos hablaron sobre Daisuke y sobre ustedes, pero...
- Dudo mucho que los guardianes sepan sobre nosotros - gruño Bryan agitando el contenido de su vaso. Max estuvo a punto de replicar, pero se daba cuenta de que las explicaciones anteriores no poseían mucho significado ahora.
- No todo lo que dicen de nosotros es cierto. - comento Rei en voz baja - La historia se crea escuchando la versión de todos los implicados. Los guardianes pueden saber de nosotros, pero no nos conocen. Para conocernos, deben escucharnos.
- ¿Qué son ustedes? - pregunto Max con un genuino tono de curiosidad. Rei frunció levemente el ceño, pensando en la respuesta. Pero...
- Todos, guardianes y humanos, poseen un cuerpo y un espiritu - fue Bryan quien contestó; su voz se oía ligeramente opaca como si no se diera cuenta de lo que en verdad decía - El espiritu es la energía que anima el cuerpo, es quien cuida de la conciencia y de las emociones.
- ¿Qué sucede cuando el espiritu muere?
- No lo sabemos - contesto Rei con sinceridad - Algunas creencias humanas dicen que existen lugares para las personas que han lastimado a otras y lugares donde los que han hecho el bien descansan; otros afirman que los espiritus desaparecen. Los guardianes creen, que al morir, el espiritu se transforma y regresa para vivir de nuevo con una nueva forma; por esa razón sienten compasión por los espiritus. Consideran que están atascados en una época a la que ya no pertenecen.
- ¿Pero ustedes...?
- No somos como el resto de los espiritus. Tenemos un cuerpo y eso es algo que los guardianes condenan. Para ellos, lo que Daisuke hace desafía las reglas de la naturaleza. La ley es clara: Cuando el cuerpo muere, el espiritu debe morir con él.
- Pero hay ocasiones en las que el espiritu se niega a morir. - intervino Bryan - Cuando se aferra a una existencia, el espiritu sobrevive. Esos espiritus somos nosotros. Dejamos cosas inconclusas que deseamos enmendar.
- Y cuando las corrigen, ¿qué sucede con ustedes?.
- Vivimos sin ningún motivo para existir; - fue el turno de Rei para contestar - no tenemos el poder para destruirnos. Los únicos capaces de desvanecernos son los guardianes.
- ¿Por qué ellos? ¿Por qué no los humanos?
- Cuando el espiritu se ve libre de las ataduras del cuerpo, su energía es capaz de fusionarse con la energía de la naturaleza, con los elementos que la constituyen; y esa energía es mucho más fuerte que la de cualquier humano, por esa razón, los humanos no pueden detenernos. En cambio, el poder de los guardianes, la magia que reside en su sangre, es capaz de interrumpir la energía que mantiene vivo nuestro espiritu. Por eso los humanos les llaman "Guardianes: Los que custodian la vida después de la muerte", porque son los unicos capaces de dar descanso a los espiritus errantes.
- "Los primeros guardianes, llamados asi por los humanos, - recordó Max emocionado - juraron jamás dañar a ninguna criatura viva, cuidar de los humanos con los que vivían, y dar descanso a toda alma atormentada. Al morir, todo guardian tiene prohibido aferrarse a su existencia. Y cualquier guardian que ocupe su poder en beneficio propio será considerado traidor"
Rei asintió. - Esa es una de sus muchas leyes. Asi como el casarse entre ustedes, para mantener su estirpe, y aumentar sus poderes. Desde entonces se han dedicado a cuidar de los humanos, y dar descanso a todo espiritu abandonado. Cosa que no somos nosotros.
- Pero si ustedes ya no son espiritus, ¿no pueden morir una vez más?. Al conseguir un cuerpo ¿sus poderes no disminuyen?.
- Aunque seguimos siendo espiritus, este cuerpo no restringe nuestra energía, la canaliza. Puede ser herido, maltratado y dañado hasta casi el borde de la muerte, pero nunca morira. Lo más que podemos sentir es el dolor fisico. Un dolor mayor que el de cualquier humano porque tecnicamente es el espiritu quien lo recibe. Sólo morira si un guardian lo desvanece, o si el creador del mismo nos lo quita.
- ¿Y es Daisuke quién les da el aspecto que tienen ahora?
- No. - contesto Bryan con un suspiro - Es un recuerdo; como también lo es el animal en que nos convertimos.
- ¿Un recuerdo?
- Verás; - explico Rei con una sonrisa triste - Los recuerdos son para nosotros como el aire para ustedes. Sin un motivo para existir, los recuerdos son lo único que nos ata a este mundo. Vivimos de recuerdos aunque no hablemos de ellos. Daisuke lo sabe, asi que nos otorga la imagen de nuestros recuerdos para mantener un balance.
- ¿Y el nombre?
- Es una manera de hacernos ver que ahora le servimos - respondio Bryan llamando al cantinero - Un nuevo nombre, una nueva vida.
- ¿Y cómo es que Daisuke logro convencerlos...?
- Tuvimos cierta culpa. - confeso Bryan con una sonrisa ironica - Los espiritus son presas fáciles. Deseosos de vivir y existir de nuevo, de gozar de los placeres que disfrutaron cuando estaban vivos, aceptan el trato que les ofrece: Ser libres con su cuerpo intacto y la promesa de no recibir daño si vencen a su campeón, o servirle para la eternidad con sumisión y respeto si llegan a perder.
- ¿Ambos perdieron? - casi gritó, atrayendo varias miradas, pero al no entender lo que decían pronto dejaron de prestarles atención. El cantinero les miro con total confusión.
- Casi gané; - refuto Bryan con engreimiento. - a diferencia del resto.
- Casi. - puntualizó Rei con una sonrisita - Y los 'casi' no cuentan.
- ¿Quién te venció? - inquirio Max con sorpresa, incapaz de concebir que alguien venciera a Falborg. Ambos le miraron en silencio. Finalmente, Bryan dijo:
- Lo tienes frente a ti.
Max le observó sin entender. Parpadeó varias veces y entonces... lo pilló. - ¿Rei? - se volvió hacia él - ¿Tú?
- No es algo que me enorgullezca. - reconoció Drigger con una mueca - Pero no puedo negarme a una batalla que Daisuke ordene cuando mi oponente ha decidido pelear.
- ¿Estás diciendo que es nuestra culpa?. - cuestiono Bryan levemente ofendido.
- Nadie es culpable aqui; pero si tuvieran un poco más de sentido común sabrían que algo tan bueno no puede ser tan fácil.
De pronto, el ceño de Max se frunció. - Entonces, ¿contra quien peleaste tú, Rei? ¿Perdistes contra ti mismo?
Rei se paralizo, incapaz de contestar.
- Esa es una excelente pregunta - aseguro Bryan con una ligera sonrisa - ¿Contra quien perdiste, gato? - Rei lo fulmino con la mirada, pero nada dijo. - ¿Qué demonios hizo Daisuke para convencerte?
- Nadie me convenció de nada, ¿está claro?. - gruño Rei con enfado - Daisuke hablo y hablo, y no dijo nada. Cuando me negue, él insistio; discutimos y trate de asesinarle... Como podrás imaginarte, nuestro encuentro no fue del todo agradable.
- Sabía que no le querías, - comento Falborg con ligereza, mostrandose bastante entretenido - pero tratar de asesinarlo sin motivo alguno es algo extremista, ¿no lo crees?.
- Fue perfectamente normal. - aseguró apartando la mirada - Si hubieses estado en mi lugar, ¿qué habrías hecho tú?.
Bryan se encogió de hombros, una leve sonrisa curveando sus labios.
- ¿Fuiste el primero? - terció Max absolutamente perplejo, temiendo ser indiscreto. Rei asintió sin mucho ánimo - ¿Desde hace cuanto?
- Cerca de dos siglos, ¿no? - dudó Bryan con una mueca.
- 2 siglos, 43 años, 5 meses, y 18 dias. - recitó Rei de un tirón, acompañado de una sonrisa opaca. - Tengo buena memoria - explico ante los rostros asombrados de sus acompañantes - Reiji fue el segundo, le sigue Tenshi, Anku, Yui..., y podría seguir hasta aburrirlos; pero finalmente llegariamos a Falborg, con 1 siglo, 46 años, 2 meses y 21 días...
La atención de Bryan se desvió hacia la hermosa rubia que se acercaba. Ailen le sonrió y fue entonces que notó a Rei. Le observó con curiosidad y el chico le devolvió la expresión expectante. Bryan atrajó su atención y ambos se enfrascaron en una acalorada conversación; cuando Ailen se marchó, Rei no pudo evitar el sarcasmo:
- ¿Coqueteando de nuevo?
Bryan meneó la cabeza, fracasando estrepitosamente al mostrarse ofendido - Para tu información, gato desagradecido, Ailen--
- ¿Ailen, eh? - cortó Rei con una maliciosa sonrisa - ¿Desde cuando te aprendes sus nombres?
Falborg estalló en carcajadas. - Calla ya y dejame terminar. Ailen, la dueña del lugar, está consiguiendote una habitación en la posada del pueblo. Hay una por si quieres tomarla; utilice todas mis influencias para que fuera gratis.
- ¿Tus influencias? - inquirió Rei con un alzado de cejas y una breve sonrisa - Querrás decir que convenciste a esa mujer, Ailen, de que pagara nuestro hospedaje a cambio de algo.
- Precisamente.
- ¿Y se puede saber qué le prometiste?
- Eso es un secreto.
- ¿Vas a meterte en su cama? - cuestionó Rei sin sorpresa, y Bryan le sonrió - Debes controlar tus impulsos, Falborg; deja de seducir a toda persona que se te cruce enfrente, ¿de acuerdo?
- ¿Por qué? Es divertido; además, tú sabes que sólo te quiero a ti - bromeó, dirigiendole una pícara mirada, y Rei le devolvió el gesto ironico. - ¿Vas a tomar la habitación, si o no?
- ¿Tengo otra opción?
Bryan se encogió de hombros - Hazlo por el enano.
- Aja, ahora te preocupas por él, ¿no será que quieres una excusa para acercarte a ella?
- En parte - sonrió Bryan
Rei suspiró. - Muy bien. - se rindió - ¿Quieres dormir en la posada? - preguntó a Max.
- No sé. - respondió éste con sinceridad. - ¿Bryan dormirá con nosotros?.
- No lo creo. - contesto Rei con una mueca - Tiene asuntos que atender con cierta rubia dueña de un burdel... Y supongo que no tendrás que pagar por eso, - señalo la botella que el cantinero había traido - tu buena amiga Ailen lo cubrira por ti, ¿no?. Tienes muy malos habitos, Falborg.
- Lo he aprendido con los años. - el alcohol no parecía producir el menor efecto en Bryan, mantenía la mirada frivola y ligeramente burlona, acompañando a la maliciosa sonrisa.
- Ya me di cuenta.
- Yo puedo pagar. - terció la dulce voz de Max; en su mano, las monedas de oro y plata tintineaban - Iba a comprarle un regalo a Michael por su cumpleaños, pero creo...
Durante un breve instante, Rei no hizo nada más que mirarle; un destello amargoso asomandose desde las profundidades de su mirada. Finalmente sonrió, se levanto y lo cargó. Bryan no tuvo ocasión de replicar: Rei se alejaba, con Max entre sus brazos. Tuvo que ceder y dejar atrás la barra. Nadie notó las tres monedas de oro que quedaron sobre ella.
YY YY YY YY YY YY YY
- ¿Vas a decirmelo o pretendes que lo adivine? - Rei le miró, no entendiendo a lo que se refería - Has estado enfadado desde que regresaste. - explico Bryan - No necesito que me grites o me reclames para saber que estas furioso conmigo. Me basta con escucharte llamarme 'Falborg' una y otra vez.
Rei bufó y enfrento a su interlocutor. La discusión había sido postergada, más no olvidada - Conqué Boris Kuznetzov..., ¿eh, Bryan?
Bryan se quedo quieto, mirandolo.
- ¿Eso es todo? - resopló después de un instante - ¿Estás haciendo una tormenta en un vaso de agua sólo por eso?.
Rei meneó la cabeza, su voz tomando tintes dolorosos, - Me mentiste - susurro, y ese matiz hizo que Bryan se olvidara de su propio cinismo y aplacara la colera que deseaba ebullir.
Los pasos de Max resonaron trás ellos y el pequeño hizo su aparición al instante. La reluciente sonrisa de su rostro vaciló por un breve momento mientras contemplaba a sus acompañantes. Rei hablo de nuevo, esta vez escuchandose más consternado.
- ¿Eres o no, el heredero Kuznetzov?
- ¿Qué mas da?... Si lo soy, o lo fui, es algo que ya no importa.
- Sé que no importa. - acepto Rei cubriendo su frente con una mano, con un gesto convulsivo - Pero ese no es el punto..., - frotó su frente con desesperación, sus ojos temblorosos y fijos en el suelo. Max sintió una oleada de temor que no era suya. - Olvidalo..., no debí preguntar, no tengo derecho, "no hablar del pasado" esa es la regla..., si me mentiste es algo sin importancia, ya no interesa...
- Escucha, gato - le cortó Bryan en tono afable no queriendo que aquella conversación se prolongara - Viví por casi 22 años mortales y en todo ese tiempo no hice nada respetable para merecer el apellido Kuznetzov. Abandoné estas tierras mucho antes de morir y desde entonces he sido solamente Bryan. El mismo Bryan carente de apellidos y de familia. El mismo Bryan que falleció hace 263 años. No hablemos de Boris Kuznetzov ahora.
Rei le miro en silencio, analizando todo lo dicho. A su manera, Bryan se disculpaba. Junto a él, Max asió su mano infundiendole ánimo. Sonrió y su mueca fue palida.
- ¿Qué me dices de ti, gato? - inquirio Bryan amigablemente.
- No mucho; tenía 17 años cuando fallecí. Pertenecí a la familia Kon, antiguos guerreros que no eran ni de sangre real, ni poseían titulos nobiliarios, ni servían a reino alguno. Crecí con mi Padre y mis Tías; jamás conocí a mi Madre, murió cuando yo nací, y aún sin ella fui un chico consentido y querido... Desde mi muerte, se han cumplido ya 315 años.
- No puedo creer que seas tan joven - aseguro Falborg incredulo - De hecho, eres demasiado joven.
- Hay de todo. Quienes vivieron mucho y quienes vivieron poco. Por lo que sé, Yui vivió por casi 79 años antes de morir; y Youko falleció a los 15 años, el más joven. Pero eso no significa nada. Soy el más viejo, con más de tres siglos. Youko los cumplira el proximo mes. Anku y Tenshi nos siguen de cerca, y después vienes tú, por lo que ahora me has dicho con 263 años desde tu muerte.
- Bueno, eso explica muchas cosas... ¿Encontraste algo, enano? - preguntó, notando a Max en ese instante.
- ¡Sííí! - y jalo la mano de Rei con emoción.
Después de que Rei les propusiera comprar el regalo de Michael, y de que Bryan no encontrara nada que objetar, se dirigieron hacia el almacén en busca de algo que le agradara a Max. El pequeño los arrastro hasta el fondo del almacén en donde encontraron aquello que provocaba tanta excitación en el chico: Seis cachorritos intentaban escapar de una caja de cartón, todos ellos de pelaje corto y negro, y de grandes ojos cafes. Max se inclino hacia ellos, y uno se levanto sobre sus patas traseras para lamer su mano.
- ¿No son lindos?.
- ¿Qué tienen de lindos? - inquirio Bryan con un vago ademán. - Apestan, babean, y son tan ruidosos. - arrugo la nariz y se cruzo de brazos. Rei, en cambio, extendió una mano hasta acariciar la oreja derecha de uno de ellos.
- No creí que te gustaran los perros. - comento Bryan con asombro.
- Me gustan. - afirmó Rei sonriendole - Aunque no tanto como los gatos. ¿Esto es lo que quieres? - pregunto dirigiendose hacia Max, pero éste lo negó.
El Mizuhara señalo la bonita, pequeña y útil brújula de color plateado que se exhibía en la vitrina junto a ellos, y empezó a saltar, riendo con alegría como era su naturaleza, mientras Rei le escuchaba con atención, sonriendo y asintiendo. Al verlos, Bryan considero, por primera vez, que la presencia del chico no era tan molesta después de todo; el gato disfrutaba de ella, y era posible que fuese de ayuda.
YY YY YY YY YY YY YY
- ¡¡Pero Reiji, Drigger no se lo merece!!
- Te recuerdo, Yui, que tú no decides lo que Drigger merece y lo que no. Si nuestro amo desea que Drigger esté a su lado, entonces Drigger estará a su lado.
- ¡Pero ni siquiera aprecia la amabilidad con la que es tratado! ¡Ese bastardo se atreve a desafiarlo! ¡Cualquiera de nosotros daría todo por ser tratados con esa consideración! ¡Él lo consiente demasiado! ¡Le disculpa todo lo que hace! ¡Nada de lo que Drigger dice parece afectarle! ¡Si estuviese en su lugar...!
- Pero no lo estás. Él ha elegido a Drigger...
- ¡¿Por qué él?! - vocifero Yui golpeando sus costados con impaciencia. Sus ojos azul acero brillaban con ferocidad.
- Eso no es de tu incumbencia.
- ¡¡Drigger ni siquiera debería existir!!
- Eso no lo decides tú. - afirmó, y volvió hacia ella sus implacables ojos claros - Y será mejor que él no te escuche decir eso, o estarás en serios problemas.
- Daisuke te llama, Reiji - intervino una tercera y dulce voz. Al volverse, se encontraron con la figura de Circe observándolos con interés. Reiji hizo una reverencia y cruzó la entrada, dejando a la iracunda Yui detrás de él.
La joven golpeó su pierna con enfado, fijando su mirada en el suelo y frunciendo ligeramente sus labios. Drigger se había ido hacía varias horas, sin dirigirles siquiera la palabra, y Daisuke les había ordenado esperar hasta su regreso. Cosa que ella no podía soportar. Detestaba que Drigger hiciera lo que quisiera sin temer una reprimenda, valiéndose de la simpatía que Daisuke le profesaba. Pero lo que más aborrecía era el aire de superioridad que el gato mostraba sólo por el hecho de haberlos vencido a todos.
- Puedo ayudarte - la frase interrumpió sus cavilaciones. Al levantar la cabeza, se encontró con la escrutadora mirada de aquélla mujer.
- ¿A qué?
- A deshacerte de Drigger...
Continuara...
"Perdí mi felicidad, y decidí no buscarla más.
Olvide la razón de mi tristeza, y preferí dejarla atrás.
Ya no puedo ofrecer nada.
Y mi sonrisa... Es una sencilla ilusión."
n/a
Nos vemos de nuevo!!
Daisuke es un tipo extraño, ¿no lo creen?. Pero como Rei dijo: "Leed entre líneas y entenderaís lo que quiere"... Lo dejo a su imaginación. Ahora ya sabemos más cosas sobre nuestros chicos, ¿las cosas se aclaran? ¿cómo vamos con las fechas?. Pero pareciera ser que otra personita quiere causarle problemas a Rei..., extraña y peligrosa Circe ¿ustedes que dicen?. Por lo que sé, Circe fue una antigua bruja, muy poderosa y algo cruel, asi que me pareció apropiado el nombre.
Max es una adoración ¿verdad?, y parece ser que Bryan comienza a darse cuenta. Yuriy tendra oportunidad de librarse de su castigo, y tendremos cierta rivalidad entre los pequeños. Espero que no se me revuelvan con tanta información confusa. La platica que Bryan y Rei tiene con Max es algo complicada, pero aclara los ultimos puntos que la historia necesita. Puntos que necesitare en proximos capitulos. Y será mejor no hablar de eso porque estoy segura de que a alguien no le gustara.
Tenemos a las nuevas familias, y conocimos a la prometida de Yuriy. Falta ver lo que los hermanos Antonovich quieren. Vamos lentos, lo sé, pero si llegamos hasta aqui, continuemos, ¿de acuerdo?. Me falta ultimar el ambiente en el que creceran nuestros chicos, eso definira su personalidad.
Me despido. Besos. Y agradezco la paciencia. He adelantado al fic y aun voy a seguir escribiendolo pero también voy a seguir alternandolo. No olviden que si hay dudas no teman preguntar, porque asi sabré que esta claro y que no. Las criticas constructivas y sugerencias son bien recibidas, al igual que los reclamos y demás... ¿capitulo largo? intente hacerlo lo más preciso posible, pero no puedo hacerlos más cortos ¡Waa!!. Sorry si alguien se me aburre.
Por cierto ya que estamos por estas fechas. ¡¡Feliz Navidad!!, que la pasen bien y espero verles pronto. Un cordial saludo a todos los que anden por aqui!!!