"Encuentros
furtivos"
Basado en
Digimon I
Tai x Matt
By Jakito
Una risa iniciaba su nuevo encuentro. Un chico rubio tendido
en el pasto le miraba sin entender aún. Se incorporó un poco, apoyándose en
sus manos para mirarlo riendo, y le sonrió también, con sus ojitos felices e
ilusionados. Como un niño que acaba de nacer, sus hombros, su expresión, todo
en él denotaba ternura, un impulso de protegerlo, por su misma belleza –parecía
un ángel- daba la impresión de ser alguien mas bien débil, extremadamente
sensible. Sensible si era, pero contestaba los golpes con una rapidez y firmeza
que pillaba desprevenido a todo aquel que le molestase. Sus brazos eran mas bien
delgados, pero al tocarlos se advertía la dura musculatura que los conformaba.
Ahora lucían una maravillosa sudadera verde, con el cuello subido. Sus
auténticos Lee no llamaban mucho la atención, ni sus zapatos, siempre del
mismo tono Café. Con esa impulsividad que le caracterizaba, estuvo a punto de
lanzarse a golpear al atrevido que se reía, aunque no supiera el motivo. Pero
en vez de eso se limitó a observar la risa de aquel chico que tanto admiraba,
sentándose con las piernas cruzadas.
De repente el chico recién llegado al tan esperado encuentro
dejó de reír, y miró al rubio compañero. Suspiró, y se sentó al frente de
él, en la misma pose.
-Tan lindo como siempre.-Le lanzó.
El hermoso ángel que tenía enfrente se le enfadó.
-No vinimos hasta aquí tan lejos a charlar, ¿O si?
-Claro que no.
El moreno sólo rozó la boca de Matt, al principio, sin
tocarse. Cerraron los ojos poniendo toda su conciencia en sólo ese punto, en
sólo esa zona, disfrutando del previo de beso. Después comenzó la lucha entre
las lenguas, entre los dientes, así, frente a frente, nariz contra nariz. Tai
pasó las manos por encima de los hombros de Matt. Su boca tenía un sabor a
carne, a sangre, su saliva le era un manjar exquisito, un chocolate del que no
quería desprenderse por el momento. Se abrazaron, y empezaron a rozarse los
cuerpos. Sus bocas se separaron para seguir, ávidos ya no solo de lengua y
saliva, también de piel, y de sangre, y de sal. Matt le besó el cuello, y
siguió hacia abajo, le bajó el pantalón a Tai, para empezar a lamer su
miembro, desde antes predispuesto.
-Matt, espera, - Se aferró fuertemente al pasto al sentir las primeras lenguateadas – oh, dios, Matt
-Aquí nadie nos interrumpirá, Tai, tranquilo –se
interrumpió un poco para calmar a Tai.
Tai acarició por la columna, bajando hacia la cola de Matt. Al ver que esta caricia le causaba placer, continuó acariciando, cada vez más hacia abajo. Entre los escalofríos de placer sintiendo a Matt comenzó a bajar su mano al trasero, masajeándolo, subió la mano a la espalda otra vez, y trató de meter la mano, pero el pantalón estaba demasiado apretado. Matt se desbrochó, y Tai aprovechó de acariciar sus nalgas. Ya casi llegaba, y tocó el ano de Matt, y empezó a masajearlo, e introdujo dos dedos. Viendo el placer que proporcionaba a su compañero, pues este se detenía por el placer, siguió en esa tortura lenta para ambos.
Tai se aferró al pasto al terminar. Matt tenía toda la cara
manchada. Tai se la limpió con su manga un poco, y lo besó. Fue un beso con
lengua muy corto, pues Matt se separó, para poner las piernas alrededor de la
cintura de Tai, y sus brazos abrazando su cuello. Tai estaba sentado y apretó
un poco la cintura de Matt hacia sí, abrazándolo, y besándolo. Entonces Tai
puso la punta de su pene en aquella acariciada abertura, y Matt subió las
rodillas para facilitar las cosas. Tai de un empujón fuerte lo penetró, y Matt
puso sus manos en puños y echó para atrás la cabeza. Se besaron otra vez, y
Tai lo empujó para atrás, y comenzó a masturbarlo con las manos. Ni para qué
describir el placer que sintieron, reflejado en sus rostros, en sus ademanes, en
sus espaldas que se tensaban al sentirse el uno el otro unidos en tan lujuriosa
forma. Matt, con sus manos libres, acarició el cabello de Tai, y su cara, su
pecho. Pero las oleadas de placer lo desconcentraban, exigían su atención
exclusivamente hacia ellas. Tai acabó primero, Matt sólo unos segundos
después. Se separaron, se iban a lanzar el uno sobre el otro después de
descansar, pero sintieron las voces aunque muy lejanas de los chicos.
-Vámonos Matt –Tai se levantó de prisa.
-No puedo, me duele mucho.
Tai levantó la mirada asustado.
-No me digas que te ha hecho daño.
-Pues sí.
-Déjame ver.
Tai lo puso boca abajo, Matt tenía una disposición nunca
antes vista. Tai agachó su cabeza, y comenzó a lamer ese pequeño orificio
ahora un poco desgarrado. Lo limpió así.
-Matt, vamos al río, los demás no tardan en darnos alcance.
-OK.
Se limpiaron tan sólo en el río, luego vendría la noche,
hacer la fogata, y ellos estaban cansados. Habían corrido bastante para
separarse un poco de los demás, y eso que ya llevaban caminatas. Además
tocaban guardias.
-Bueno, Matt, espero que podamos hacerlo de nuevo en este mundo.
-Así es, Tai.