"¡OH,
DIOS MIO!"
Fan Fic yaoi basado en Dragon
Ball Z
By Berusaiyu
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Nota
de la Autora: Este fanfic
yaoi es una secuela del fic “LA LLEGADA DE CHIBI VEJITA”. Para su mejor
comprensión, les recomiendo que lean este último, antes de comenzar con el
siguiente.
Además, este
fanfic YAOI posee escenas de sexo explícito, por lo tanto, se reiteran las
advertencia al respecto y quedan bajo su propia responsabilidad.
------- o -------
Enmadaioh
estaba muy ocupado buscando el nombre de un alma en su libro. Luego
sentenció, golpeando con el martillo, y
con esa voz grave tan característica del otro mundo: “Irás al
paraíso”. El alma comenzó a dar saltitos de puro gusto repitiendo varios
“¡gracias!” chillones, a medida que se alejaba de su presencia. En eso
vio a Gokú.
- ¡Ah! Hola Gokú ¿cómo estás?- le dijo mientras volvía al libro buscando la siguiente alma.
- Muerto- responde con su típica sonrisa que Enma no vio.
- Ya veo- le hace una señal con la mano- Gokú dale la pasada a esa alma ¿quieres?
- ¡Claro, Enma!
Gokú
se hace a un lado y la siguiente
alma flota hacia la presencia del imponente juez. Comienza a impacientarse
luego de unos minutos. Enma sigue con su trabajo sin tomarlo en cuenta,
entonces salta y asusta a la tercera- ¿o cuarta?- alma que toma su lugar.
- Esteeeee, Enma, ¿te falta mucho?, es que tengo prisa- dice con la mano en la nuca, los ojos cerrados y una boca abierta: “deformada”.
-
Gokú, ¿cómo?, ¿todavía estás aquí?- lo mira sin expresión.
-
Sí, estoy esperando que me busques en el libro.
-
¿Para qué?
A Gokú se le cae el cuerpo hacia un lado y rápidamente vuelve a su
anterior postura.
- ¡Cómo que para qué!, ¿acaso no es ese tu trabajo?- sus ojos se
achican.
- Sí, pero no es necesario en tu caso- Gokú lo mira extrañado- tú
siempre mueres por lo mismo: Por proteger a la Tierra, o por proteger a
alguien. Generalmente haciendo lo primero, haces lo segundo. ¿No es verdad?
Gokú está asombrado con la sabiduría de Enma. En realidad, así era,
y sin darse cuenta hace una señal afirmativa con la cabeza al juez. Edma le
muestra orgullo y sigue con su trabajo. Entonces se dirige al alma que está
al lado del “ex” guerrero.
-
Irás al paraíso- golpea Enmadaioh con su martillo. La diminuta alma comienza
a dar saltitos de puro gusto repitiendo varios “¡gracias!” chillones, a
medida que se alejaba de su presencia- ¡El siguiente!
A pesar de lo confuso que estaba, Gokú reacciona.
- ¡Oye, necesito pasar a...!- comienza a decir.
- ¿Y qué esperas que no lo haces?- fue la rápida respuesta del juez-
¡Gokú!- le grita enfurecido- ¡me estás haciendo perder el tiempo, todavía
me queda mucho trabajo por hacer!- Gokú encoge los hombros. Enma se suaviza y
muestra su imponente presencia- tú tienes “Pase Liberado”, así que anda
hacer lo tuyo.
-
¡¡¡¿¿¿PASE LIBERADO???!!!- repiten los empleados cachudos en completo
asombro.
Enma
vuelve a enfadarse, pero esta vez, es hacia sus ayudantes y los acusa de ya
saber el hecho. Los empleados del poderoso juez se sonrojan. Gokú mueve la
cabeza hacia todos lados con signos de interrogación por encima de ella y de
su aro celestial.
-
Esteee- se pone en posición firme cuando Enma le lanza una mirada
asesina- disculpa...- junta las palmas de sus manos- pero... ¿podrías decirme qué es
eso?, ¿sí?
- ¿Cómo?, si se supone que ya lo sabes.
- Es que...- todos lo miran en suspenso-... se me olvidó.
Enma
se cae de la silla hacia atrás. El ruidoso golpe hace que tiemble toda la
sala. Luego se levanta de forma lenta, apoyándose en su escritorio, y cuando
mira a Gokú, sopla una nube de vapor: “Debí sospecharlo- piensa- Ese
Vegeta...”
- “Pase Liberado”- explica con infinita paciencia- quiere decir,
que tienes plena libertad de moverte, dentro y fuera del otro mundo, a
tu completa voluntad. Todo porque eres
“El Dios Dragón”.
-
¡Pero cómo lo sabes!- visiblemente confundido- acaso el Gokú de este mundo
también es El Dios Dragón- con la mano sujetando la barbilla- ¡qué
extraño!, me pareció que él no sabía nada cuando estuve en la Tierra.
Un
segundo golpe se escuchó por todo el palacio de Enma. Esta vez, no sólo el
juez yacía en el piso, sino también, todos sus ayudantes. El rostro de Gokú
se ilumina.
- ¡Aaaahh!- exclama con entusiasmo- ¡por casualidad pasó Vegeta por
aquí!
Ahora
Enma se levantó muy rápido del piso y enfrentó a Gokú con un grito feroz.
-
¡¡¡¡PUES CLARO QUE PASO, SI SE MURIO PRIMERO QUE TU!!!!- el huracán
arrasó con los papeles que estaban encima del gigantesco escritorio.
- ¡Y dónde está Vegeta!- pregunta muy entusiasmado, mientras la
lluvia de hojas caen por encima de su cabeza (y de su argolla angelical).
- ¡DIJO QUE TE ESTARIA ESPERANDO
EN EL LUGAR DE SIEMPRE Y...!- sus palabras se cortaron con la inesperada
partida de Gokú. Enma quedó con la boca abierta y en suspenso.
Un grito desesperado sacudía por tercera vez el palacio, cuando El
Dios Dragón se teletransportaba al lugar de ese, más que familiar ki.
Y Vegeta estaba convertido en Súper Sayajin Nivel 4 (Ssj4), gruñendo
por lo bajo, cuando Gokú apareció frente a él.
- ¡Idiota! ¡Por qué te demoraste tanto!- rugió, mientras agitaba su
cola al igual que un felino furioso.
- Disculpa Vegeta, pero me entretuve, sin querer, con Enma- lo mira
feliz.
Vegeta también lo mira y luego corre la cara hacia un lado: “¡Naaa!,
seguro el muy idiota trató de hacerse pasar por el otro Kakarotto”- pensó.
Enma debía saber quiénes eran en realidad, porque no sacaban nada con
ocultarlo si esos dos terribles niños no lo lograban. Por otra parte, si
ellos lo lograban, no afectaba en nada que Enma supiera la verdad, porque
después lo olvidaría.
Así estaba el Ssj4 perdido en sus pensamientos. Éstos iban dirigidos
a esos mocosos que le quitaron la vida, tratando de protegerlos de ellos
mismos. Ésos quienes lo llamaban
“abuelito” con tanta admiración y cariño que lograban derretirle el
corazón.
Sí, esos poderosos seres estaban en la Tierra, pero no en la suya,
sino en otra paralela, donde tratarían de evitar sus muertes: la de Kakarotto
y la de él, con esa técnica mortal.
- No te preocupes- le dijo Gokú sabiendo, exactamente, donde estaban
sus pensamientos.
Vegeta le dirigió la mirada otra vez y esbozó una sonrisa torcida.
- ¡Total!- adquirió una posición vanidosa, borrando la anterior
sonrisa de Vegeta- ellos nos han visto muchas veces “entrenando” esa
técnica, ¿no?- terminó acercando su rostro hacia él y con una sonrisa
lujuriosa.
La entonación que le dio a la palabra “entrenando”, junto con esa
sonrisa y sus ojos bailarines, hizo enrojecer a Vegeta hasta la punta del
cabello, donde salió un hilito de humo,
que pasó por al medio de su aro celestial.
- Oye, por qué no aprovechamos de “entrar”, ¡ah! ¿No es a eso, a
lo que se viene al planeta Kaio?, y estamos aquí ¿no?- siguió con la misma
sonrisa, pero esta vez la acompañó con un guiño de su ojo derecho.
No aguantó más, el maldito se le estaba insinuado, ¡qué!,
¡lanzando! Su orgullo le dictaminó tomar el control, pero era demasiado
tarde.
-
BACK...- en un segundo, sus
manos subieron, estiradas a ambos lados, hasta permanecer cerca de su rostro-
...WARD- Gokú le tomó el rostro entre sus manos- MOOO...- juntó sus labios
con los suyos y comenzó a besarlo lentamente- ...tiiooonmmm- terminó en un
suspiro ahogado por la profundidad del beso.
Y Gokú estaba en otro mundo, aparte, incluso, del de los muertos y del
paralelo, porque en su larga existencia había conocido infinidades de mundos:
mundos de todos tipos, formas y tamaños,
pero que ninguno se comparaba con aquél transportado por Vegeta.
Sus manos comenzaron a
recorrer la piel peluda de su Súper Sayajin 4, llegando hasta lo prohibido.
- ¡Un momento!- dijo separándose bruscamente de Gokú. Este último
todavía no volvía del beso.
- ¡Yo soy el más poderoso aquí!, ¡así que harás lo que yo
diga!-
lo enfrentó Vegeta.
Ahora sí, Gokú no entendía a qué se estaba refiriendo. “¿Más
poderoso?”- pensó- y mientras lo miraba confundido, Vegeta hizo un
movimiento con su cola: acaricio su barbilla con la punta, para subir
después, por un lado de su
rostro. Gokú quedó con los brazos caídos a ambos lados, paralizado por
dicha acción, sin poder moverse. Entonces, la cola de Vegeta le amarró
brazos y cintura por igual, y lo atrajo hacia sí, donde lo tomó de su traje
celeste, ese de entrenamiento, para luego besarlo con pasión descontrolada,
tanto así, que Gokú sintió quebrárseles las piernas. Sin embargo, no cayó
porque el Ssj4 lo tenía sujeto, hasta que lo empujó al suelo, donde se dio
por concluido con el “entrenamiento de esa técnica”, para dar paso con lo
que realmente deseaban los dos.
Ni el sonido de la cascada allá, no tan lejos, pudo acallar los
quejidos de placer de Vegeta, porque los de Gokú no se escuchaban. Estos
estaban ahogados con la cola del Ssj4, que entraba y salía de su boca, al
igual como lo hacía el miembro de su amante por su trasero.
A Vegeta le fascinaba golpear esas grandes nalgas con sus embestidas,
mientras Kakarotto estaba en cuatro patas balanceándose de espaldas hacia
él. Asimismo, decidió que ya era hora de escuchar a Kakarotto como lo
llamaba por su nombre y esas tonterías que tanto lo excitaban. Retiró la
cola lubricada de esa boca, la arrastró por la columna arqueada y desnuda de
su amante, dejando una línea húmeda, y luego se la introdujo por atrás de
forma lenta, placentera. Aumentó el ritmo.
Minutos después, una explosión de ki junto con un gran grito
fusionado, se escuchó por los cercanos alrededores de la cascada. Aquí el
agua caía majestuosamente hacia una pequeña y hermosa laguna, pues la
cascada no era tan grande, pero sí, había el agua suficiente para darse un
buen baño y nadar a gusto. También la vegetación era abundante, y unos
árboles daban una exquisita sombra a los pies de un verde prado. Debajo de
uno de estos árboles, reposaban Gokú y Vegeta estirados uno al lado del
otro.
Su respiración comenzaba a normalizarse cuando pensó, el cómo su adorado Kakarotto se lo había llevado consigo
para compartir la eternidad.
Y
es que Vegeta estaba viejo y enfermo, sólo con la única alegría de las
visitas de sus nietos, los hijos de Trunks y Bra, quienes iban de vez en
cuando a verlo con sus respectivas familias e hijos también. Tampoco Bulma
estaba. Ella había muerto hace mucho y no tenía nada más que hacer, salvo
esperar la muerte.
Así apareció de la nada Kakarotto y le ofreció la juventud eterna.
“Ahora soy El Dios Dragón”- le dijo- “y te concederé tres
deseos”.
- ¿Qué no eran dos?- preguntó Vegeta divertido.
“Es que hice algunos cambios”- respondió riendo con la mano en la
nuca.
Y estaba igual como la última vez que lo vio: Joven, fuerte y tonto
(era Kakarotto después de todo)
Aceptó, no los tres deseos, pero sí la juventud eterna. Juventud en
plenitud, ya que lo retrocedió hasta la época de la pelea con Buu. Para qué
quería más. Si hubiera deseado alguna cosa, hace tiempo hubiera ocupado las
Esferas del Dragón cuando existían. Quizás ahora, que estaba viejo y si
existieran las Esferas, a lo mejor se aventuraría a buscarlas para cumplir
este mismo deseo, pero eso no era del todo cierto.
Pasó algún tiempo para
darse cuenta de que Kakarotto albergaba un fuerte sentimiento hacia él. Un
sentimiento de más de un siglo,
intacto, puro y muy poderoso. Tanto así, que llegó a asustarlo, pero que se
sorprendió cuando llegó a corresponderlo casi de la misma forma como lo
hacía ese tonto.
¡Ja!, pensó que jamás lo volvería a ver y ahí estaba. Después de
todo, ¿no fue a él, al único de todos, a quien le dio un “Hasta pronto...”?
(aunque se demoró mucho más)
Sí, recordó clarito:
“Hasta pronto Vegeta”- murmuró, con el recuerdo del pequeño Gokú
subido en la cabeza de Shen Long. Desde eso, ya hace tantos siglos.
- ¿Adónde vas?, ¿he?- preguntó la voz a su lado.
- ¿Qué?- alcanzó apenas a decir,
porque cuando se dio cuenta, lo tenían aprisionado contra el pasto, gracias
al cuerpo de Gokú recostado encima de él.
- Todavía no hemos terminado- le aseguró.
Vegeta ya no estaba como Super Sayajin, ni 4, ni nada, simplemente,
sólo desnudo bajo otro cuerpo igual de desnudo que el de él.
Comenzó a acariciarlo mirándolo fijo a los ojos. La piel de Vegeta se
tensó, luego empezó a agitarse. Los dos no quitaban sus vistas de sus
rostros y así continuó Gokú, excitando a su compañero eterno, sin
consideración.
El rostro de ambos se encendió con un rojo rubor en sus mejillas,
mientras que la respiración también cambiaba su normalidad.
Gokú no quitaba su vista de su rostro, al igual que Vegeta, quien
tampoco lo hacía. Estaban como en una lucha, fatigados y resistiendo. Claro
que aquí eran por los deseos, porque ambos luchaban para no besarse,
lamerse, o dejarse llevar por la pasión; cerrando los ojos, mover la cabeza,
o cualquier otro movimiento que los hiciera retirar sus vistas de sus caras.
Sin embargo, esto era lo más fácil, ya que la prueba de fuego
vendría al segundo siguiente.
Gokú elevó las piernas de Vegeta por su espalda, hasta llegar a sus hombros, y lo penetró despacio pero seguro,
mirando las reacciones del rostro de su amado. Éste vio como se abrían esos
ojos, para luego achicarse conteniendo un quejido con la auto mordedura de su
labio inferior. No obstante, Vegeta no se daba por vencido, así que comenzó
a moverse dentro de él, no pudiendo aguantar sus quejidos, pero sí la mirada. El Dios Dragón estaba a punto de tirar la
toalla, cuando por fin Vegeta dirigió su vista hacia el cielo, para luego
cerrar sus ojos y dar un suspiro de placer.
- Perdiste- sentenció Gokú.
- Haz lo que quieras- dijo ruborizado por la excitación y con la
cabeza hacia un lado, sin mirarlo.
Ya sabía de antemano lo que iba a suceder, simplemente, lo torturaría
de placer hasta cansarse. Vegeta resignado dejó que Kakarotto mirara la
penetración del que era objeto. Y es que a Kakarotto le fascinaba eso: ver el
acto mismo cuando lo poseía, obligándolo a darle la posición adecuada para
hacerlo.
Una vez le preguntó porqué lo hacía.
“Para asegurarme de que eres mío y real, no una ilusión”- le
había contestado. Pareciera que aún, después de todo ese tiempo, todavía
no se convencía de su increíble
suerte.
Sintió como levantaban su trasero y sus piernas hasta el tope,
obligándolo a echar la cabeza hacia atrás y a tomar sus piernas con sus
manos. Luego, una mano se posó
en su miembro, para recoger sus testículos y así despejar la visión de
Kakarotto. Después de eso, comenzaron a mecerlo en un placer sin nombre, ni
explicación. Sólo su pecho le respondía con fuertes golpes dados por su
propio corazón.
- Vegeeeetaaaaa, ha, ha...., mmmmh... eres... eres... ha, ha...
maravillosooo... mmmh... ricoooooo- comenzó a escuchar las “tonterías de
Kakarotto”.
Y a Vegeta se le ocurrió mirar lo que estaba haciendo su compañero
(grave error). La visión le hizo perder la razón del puro éxtasis.
- ¡¡¡OH, DIOS MIO!!!- gritó fuera de sí.
- ¿Diiime?- fue el habla sensual de Gokú, quien logró crispar la
piel de su amante.
Aquí estuvo a punto de explotar en clímax, pero fue cortado por su
“torturador”. Su Dios, se retiró de él bruscamente, dejándolo con todas
las ganas puestas.
- ¡ha, ha...Kakarottooo, noooo!, haaaaaha.... ¡por favor!- suplicó.
Gokú, entonces, lo volteó, puso su pene
en la entrada, pero en vez de entrar comenzó a acariciarlo con él por
todo su alrededor.
-¡Kakarottoooo!..
ha, ha, ¡YA BASTAAA...!- su grito desesperado enmudeció al instante cuando
su Dios entró, de una sola vez con fuerza.
Esto lo dejó con ojos y boca abiertos de par en par por varios
minutos, hasta que de nuevo sintió ese estremecimiento que le anunciaba la
culminación de su dicha. Sin embargo, Kakarotto volvió a cortarlo.
De nada sirvieron las suplicas y protestas de Vegeta, como tampoco, los
gritos de pasión de los dos. Gokú se convirtió en Súper Sayajin Full
Power, para no cansarse (es el estado de Ssj, sin aura dorada, donde “casi”
es normal). Ahora rubio, siguió torturando a su amado y a él mismo,
cambiándolo de posición una y otra vez, hasta perder la cuenta.
Por un momento creyó que no acabaría nunca. Se volvió en algo,
interminablemente placentero. Era como si Kakarotto hubiera estado siempre
dentro de él, y sólo en este instante, sabía que eso era cierto. Que lo
amaba desde quien sabe cuando y que su más profundo deseo era estar con él,
por toda la eternidad, hasta el fin de los tiempos.
- ¡Kakarotto, te amo!- dijo en un arranque fugaz y fuerte.
- Aaahhh, Vegeta, haaaaaa, ¡mi amor! Aaaaaaaaah... ¡no sabes cuanto
yo te AAAAAAH...!- gritó encendiendo su ki y rodeándolo con su aura.
Gokú, ya no estaba con ningún control. Perdió la noción del tiempo,
del espacio y también la cabeza. Sólo existía su Vegeta y el amor hacia
él.
Fue aquí donde vino la increíble culminación. Y ese grito tan
esperado les arrancó la garganta; mientras el exquisito semen explotaba en
las profundidades de Vegeta, llenándolo; como también, mojó la
mano de Gokú y embarró el cuerpo de su amante. De inmediato se
desplomaron exhaustos, uno encima del otro.
Permanecieron largo rato así, ya que ninguno quería separarse. Gokú,
ya en su estado normal, se retiró mucho tiempo después. Y en un segundo
siguiente, necesitó besar, abrazar y decirle a Vegeta cuanto lo amaba.
- ¿Crees que lo logren?- preguntó de repente Vegeta, mientras
descansaba en sus brazos, después del refrescante chapuzón que se dieron
en la pequeña laguna.
-
Eso no importa. De todas maneras estaremos juntos- siguió con su misma
sonrisa de siempre.
- Es que si lo logran, olvidaremos que estuvimos aquí- dijo con un
aire de desilusión.
- Ja, ja, recuerda que soy El Dios Dragón ¿eh?
-
Entonces, ¡¿puedes hacer que este momento no se borre de nuestras mentes?!-
abre los ojos sorprendido.
-
No.
La
boca de Vegeta se deformó, y sus pupilas subieron hasta el tope de sus ojos.
Si hubiera estado de pie, seguramente, se habría tropezado para el lado.
-
Pero sí puedo dejar una sensación especial, que nos hará repetirlo todo-
continuó diciendo- dejaremos a los niños con Kaiosama, como siempre, y
regresaremos aquí.
- Te refieres al Planeta Kaio de nuestro mundo ¿no es así?- preguntó
entusiasmado.
- ¡Pues, claro!, después de todo, nosotros tenemos “Pase Liberado”-
dijo esto último, imitando a Enmadaioh.
Vegeta rió a carcajada limpia.
¿El
end?, no:
El
¥
Nota:
El símbolo “¥”
significa “infinito”.
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