"Cadenas"
Basado en Hunter x Hunter
Kurapica x Leorio
By Jakito

 

Kurapica colgaba contra la luz de un nuevo amanecer, colgaba de sus propias muñecas. Lo ojos se le llenaron de lágrimas. Su cuerpo desnudo estaba frío a pesar del ambiente cálido. Unos labios mojaron su hombro produciéndole un escalofrío. Su cuerpo azotado comenzó a doler. Al menos seguía vivo. Movió los dedos de los pies, atados por los tobillos al suelo, y unas manos abrazaron su cintura. Bajaron. Kurapica trataba de no pensar en las manos que lo ahogaban. Trataba de no sentir la lengua que recorría su cadera mientras las manos bajaban por sus piernas, y las lágrimas inundaban su garganta. “Leorio” pensó. “¿Qué estará haciendo ahora? Me imagino que estudiando. ¿porqué me acuerdo de él ahora?” nuevas lágrimas empezaron a ser vertidas. Recordó el rostro de sus amigos sonriendo. “Gon, Kilúa” murmuró. Atrás ya se estaban moviendo. Las asquerosas manos bajaron sobre su cuerpo. Se frotaban contra él. Las manos de otros se frotaban contra él. Recordó la mirada de Leorio, mirándolo como si fuera un dios en un altar. Recordó que ni siquiera lo había tomado. Le había dicho, “Otro día, cuando estemos solos sin éstos chicos molestos.”

Quien hubiera estado esta vez, lo soltó. Sintió una manguera bañándole sin demasiado cuidado ni sutileza, preocupado sólo por borrar ciertas huellas. La manguera de plástico le azotó la espalda un par de veces. La horrible voz que solía llamarlo cuando lo poseía rió como por milésima vez desde su cautiverio. 

-¿Aún no te entregas, hermoso? Pues ya lo harás.


Azotó nuevamente la dulce espalda que una vez percibió caricias. Las asquerosas manos le tomaron el rostro, y le forzaron a abrir la boca. Sintió un lengua recorrerla. Vomitó.


-¡Asqueroso muchacho! ¿Te atreves a ensuciarme?-Tomó un poco de estiércol, y se lo restregó por la cara. –Así está mejor –Se carcajeó horriblemente, y le escupió. –Para que aprendas.


El verdugo se fue cantando. Kurapica volvió a vomitar. Sus lágrimas le empezaron a ahogar el pecho, y comenzó a llorar en voz alta. De las sombras apareció alguien. Kurapica lo miró sin ver, pues cayó inconsiente. Unas manos suaves le soltaron las cadenas en silencio, y lo cargaron. Lo último que sintió es que era depositado entre suaves frazadas, y que estaba sobre algo que se movía.

Despertó con la luz de sol bañándole desde una ventana. Su piel le indicó que estaba entre sábanas. Estaba tibio, y desnudo. Abrió los ojos. Una habitación de hotel, seguramente. Sintió una ducha correr en la habitación del lado, tras una puerta. Sospechó que debía ser el baño. Había solo una cama, sobre la que estaba él. Supuso que su salvador había dormido junto a él todo el tiempo que llevaba allí. La ducha dejó de cantar, y por la puerta apareció Leorio.


-¡Leorio! –Gritó alegre Kurapica. Tenía lágrimas en los ojos.

-Así que ya despertaste, ¿Eh? Por poco te baja una pulmonía. –Puso su mano en la frente del rubio – ya te bajó la fiebre. ¿Cómo te sientes?

-Me… Mejor. –comenzó a llorar sin mover un músculo de la cara, sin expresión.-Gracias.


Leorio limpió las lágrimas con ternura y delicadeza.


 –Tranquilo –susurró.- los chicos ya están por entrar, deja que te vean alegre como siempre. –besó su corazón.

-¿Los chicos? ¿Te refieres a Gon y Kilúa? –Se alteró un poco –No, no los dejes entrar, no quiero que me vean así…

-¿Así como? –Leorio se había levantado, y tenía los pantalones puestos y sin abrochar totalmente. –Escucha Kurapica, sólo les dije que te capturaron, golpearon, y maltrataron. Los llamé apenas pude rescatarte. De lo demás puedes estar tranquilo, mantendré tu honor a salvo.-Y le cerró un ojo. Fue a abrir la puerta donde ya se escuchaba un Hola.

-¡Hola! Ya estamos aquí. –Entraron los dos niños saltando- ¡Kurapica, ya despertaste! –Gritó Gon. – nos tenía preocupados. –Saltó encima para abrazarlo.- ¿Cómo fue que te dejaste capturar?

-Gon, déjalo, no le permites respirar. –el chico de cabello blanco reprendía a su pequeño compañero. Más parecían… pareja. –En todo caso tiene razón, tendría que ser un enemigo muy fuerte para que o hayas podido acabarlo…

-La verdad es que – Kurapica se recostó un poco- juré no matar. Si lo mataba, yo también moría.

-Bajo ésas condiciones- se sentó en la orilla de la cama, y acarició el pelo de Gon que se le acercaba como un gatito.- Creo que es una estupidez que trabajes solo.

-Así es. –confirmó Leorio, con su camisa ya puesta y abrochada. – Kurapica, como tu amigo y doctor, pienso que no es recomendable para tu salud física y mental que retornes ahora mismo al trabajo de listas negras. Hace unos días estoy de vacaciones y me parecería un honor poder confirmar mis nuevos conocimientos en medicina, si es que no te molesta.

-Ya lo has hecho bastante, ¿No Leorio? -El asesino puso cara de gatito.

-Niño entrometido- la vena era más grande que su cabeza- Bueno, Kurapica, que me dices.

-No lo sé… yo…

-¡Kilúa! –interrumpió Gon- Ya que Kurapica está bien, volvamos a la isla, por favor.

-Está bien, no tienes por que gritar…

-Es que si no nos vamos hoy, no habrá otro avión hasta el mes entrante.

-Esta bien, -Kilúa saltó al suelo- reservaré el vuelo, y tu arreglarás las maletas.

-¡Oye! Siempre te llevas lo más cómodo –Se quejó Gon, Kilúa ya estaba en la puerta, y se devolvió rápido.

-Lo sé –besó ligero la boca de Gon. Éste se quedó sobando los labios, y saltó al piso.

-Bien, debo arreglar las maletas… Adiós, Kurapica mejórate pronto, Leorio, no hagas llorar a Kurapica.

-A qué viene eso – un par de pelos escapaban de su peinado.

-Chicos, parece que nos llevan la delantera. –Cerró la puerta que Gon había dejado abierta. Miró los ojos de Kurapica. –Y dime, qué piensas.

-Creo que no me queda mejor alternativa. Me quedaré un tiempo contigo.

-Me parece bien. Oye, ésta habitación de hotel es para una persona, cuando te traje, Kilúa había arrendado otra, y dormí allí los primeros días. Después llegó Gon. Pero bueno, era para preguntarte si podías moverte, para cambiarnos a otra.-silencio.- digo, no es que me molestara dormir contigo, pero creo que estarás más cómodo y…

-Está bien si me consigues ropa podré caminar.

-Gon te trajo esto.- Puso la ropa al alcance de Kurapica-Si no puedes caminar, te ayudaré.-Salió de la habitación. –Voy a arreglar todo por mientras.  

Kurapica suspiró, y miró sus ropas. Era la ropa con la que dio el examen, pero planchada y lavada. Se vistió con cuidado, a pesar que todas sus heridas estaban en proceso de curación. Todas menos una. La más terrible. Se sintió mareado cuando estuvo sentado, vestido al borde de la cama. Entró Leorio.  

-Tus heridas son un poco graves como para que camines, pero lamentablemente no te puedo cargar. Así que te ayudaré.- Pasó la mano de Kurapica sobre su hombro, y la suya propia sujetó la cintura del débil adolescente. Un camarero entró también, tomó las dos maletas que había en el suelo, y las levantó. –Vamos. Empezaron a caminar muy lentamente. El camarero, frente a una habitación sacó las llaves, y abrió. Entraron. Dejó las maletas en el suelo, las llaves sobre la mesa, y se retiró, cerrando la puerta. Leorio acostó a Kurapica en la cama de al lado de la ventana. Le quitó los zapatos y le cubrió. Se sentó en su cama, viéndolo dormir, y una promesa pareció elevarse frente a ése improvisado altar a la belleza.

 

El tiempo pasa, y en los cuerpos jóvenes las heridas cicatrizan rápido si hay sol. Kurapica sonreía, estaba comiendo una sopa cuando entró Leorio, con sus libros.  

-Vaya, dime cómo está el menú de hoy.

-Muy bueno, Leorio, deberías probarlo.

-Mh, lo haré dentro de poco, ya sólo me falta revisar éstos apuntes, veamos…

-Tengo una pregunta…

-Dime… Mh…

-¿porqué me trajeron aquí y no me llevaron a un hospital?  

Leorio sin mirarlo, ordenó sus papeles, y se sentó en la cama. Se dispuso a contarle toda la historia, desde el principio. Mientras avanzaba, los ojos de Kurapica comenzaron a recordar los sucesos previos a su huida, captura y posterior ultraje y tortura. Mientras Leorio contaba, pareció que todo tenía sentido, la trampa… de su amante, de quien le había enseñado a abrazar el placer en lugar de su deber. No se angustió tanto como creyó que lo haría. La verdad, le pareció que en ésa celda, las cadenas de la muerte habían penetrado muy hondo en su ser.  

-Y bien, Kurapica, espero que me hayas escuchado. Te he visto muy distraído.

-No, por favor continúa.

-Bien, entonces fue uno de los chicos del examen quien me avisó que estabas allí, pero que no me podía revelar su nombre, y que habría que pasar lo más desapercibido posible. Te llevé en un jeep cubierto, el viejo truco de lavandería, tomamos un avión, y te traje aquí. Ésta gente, la poca que te ha visto, son mis amigos de la infancia. No me traicionarán. No sé a qué tipo de organización te enfrentaste, pero sospecho que ya estás a salvo.  

Kurapica de nuevo suspiró. Le faltaba el aire. Leorio no se había enterado de nada. Lo había traído aquí a ciegas. Tenía una suerte increíble. Su honor estaría a salvo… si ese hombre moría. Pero no podía, había jurado frente a él no matar si no era del jenei ryo dan. Una vez escuchó que había sido un miembro. Una vez le dijeron que había sido un asesino a sueldo de la araña. Pero la tribu ya había sido vengada, y él había acudido por su voluntad a ese lugar. No creía que Leorio recordara que era el lugar donde había hecho su práctica del NEM. Entonces…  

-¡¿Kurapica?! En qué mundo te quedas.  

La sorpresa lo hacía mirar de frente. Levantó su cabeza, y vio aquellos ojos adorables.


-En la tribu Puruta. Que ya fueron vengados. –Miraba a la ventana con la mano empuñada. La otra estaba bajo la colcha. Leorio retiró el plato vacío de sopa, y tomó aquel puño furioso. Lo abrió con cuidado, y besó sus dedos, chupó la punta de sus dedos. –Eso es asqueroso.

-¿Te parece asqueroso? A mí me gustaba.

-Es asqueroso.  

Leorio depositó suave a mano en la colcha. Supo que el chico miraba hacia abajo.


-Creo que quieres estar solo un rato. Está bien, total igual tenía ganas de comer un helado. Ah, se me olvidaba contarte que me encontré con Pockles. No, no mires así, no le he contado que estabas conmigo. Aunque si quieres le digo que venga a verte, puede que te ayude con el ánimo.  

-Claro que sí. Me encantaría, Leorio.

-Bien –le miró extrañado, el chico cambiaba de personalidad seguido.

 

Pockles se mostró sorprendido de encontrar a Kurapica. Le llevó postres y souvenir de regalo. Se retiró después de conversar mucho rato. Leorio había estado estudiando. Se habían mirado de reojo todo el rato. Kurapica se había recostado, y Leorio fue a subirle las tapas cuando lo creyó dormido. Pero se encontró con los grandes ojos azules muy abiertos. Se fue a acostar. Iba a ser la primera noche de Kurapica sin remedios para dormir.  

-Leorio…

-Dime

-Es que…

-¿Necesitas algo?

-¿Po… podría dormir contigo… sólo por ésta noche?

-Eh? Leorio se voltea.

 

 

Bien, espero que les haya gustado. Este es el primer fic de Cazador x que escribo. Está bastante Shonen Ai, pero como de costumbre el lemon viene después. La verdad, no me explico cómo pude escribir tanto con trama, la mayoría de las veces soy lemon puro. Me pasa por haberme puesto a ver Yaoi como Gravitation, y Zetsu ai. Una lata. Espero que les guste el próximo… cuando lo escriba.

JAJAJA!!