"The
7th Kizuna Writing"
Basado en Kizuna
By Brenda
Cap 2- All That You Can't Leave Behind
(Todo Lo Que No Puedes Dejar Atrás)
I believe there is a distance
I have wandered
to touch upon your fingers
Laying in a hazy bed there's
Kai llegó temprano a su antigua casa. La encontró tan reluciente como
siempre y con la misma mezcla de calidez y sobriedad que sentía desde niño.
Los hombres de su padre y las dos criadas eran complacientes con él desde que
ponía un pie adentro, y los encargados de los coches le habían vuelto a
preguntar porqué no había pedido por ellos para llegar hasta aquí en lugar de
ir en la motocicleta.
Había pasado una semana desde su último encuentro con su padre. A Kai le
pareció extraño verlo tan pronto, porque nunca acostumbraba a suceder eso aún
cuando él vivía allí. De todas formas el Sr Sagano, al igual que se segundo,
Masa, no habían regresado de un trámite que hicieron por la mañana en Nara.
El menor de los yakuza paseó una vez más por el fastuoso comedor y la sala de
estar. Todo estaba igual que tres meses atrás y eso lo alegró mucho. En el
fondo quería regresar... la ventana inmensa mostraba una visión muy bonita del
parque y la bóveda azul cayendo la tarde; los vidrios jugaban con las luces que
de a poco se extinguían. Kai suspiró. En dos meses llegarían las vacaciones
de primavera y podría regresar a casa. Continuó mirando en la gran ventana
apoyado en la pared lateral y sonrió. "No seas estúpido; Por qué habría
de extrañar casa después de todo este tiempo?! No soportaba estar
allí!", había dicho días atrás a su medio-hermano.
"No, no es casa
lo que extrañas.... es al Sr Araki!".
Se acomodó desprolijamente en su sofá favorito, de los seis de aquella sala.
Cuando era un niño pequeño le encantaba llegar corriendo hasta el y lanzarse
como si volara. Masa siempre se enojaba con él por eso. Sintió el impulso de
hacer lo mismo, pero otra cosa le llamó la atención. El piano. El piano de su
madre.
Kai se incorporó y fue hasta la habitación contigua. Era una cómoda salita de
estar, mucho más reducida. Las paredes eran verde pastel y estaban decoradas
con ribetes dorados al estilo victoriano, obra de su madre. Minami Sagano era
una amante de las artes y la belleza. Su mayor afición era el visitar galerías
de pintura y tocar el piano. Sus actividades siempre habían estado a tono con
su temperamento y la manera en que se movía adonde fuera. La Sra Sagano era
sumamente delicada, refinada, grácil. Poseía una inocencia que a menudo hacía
creer que era mucho más joven y su rostro siempre estaba sonriendo. Kai
recordaba haberla visto reír aún en sus días más tristes, aquellos en los
que ignoraba que moriría pronto debido a una súbita enfermedad.
No es que
tuviese un claro recuerdo de ella... Kai tenía menos de 3 años cuando su madre
murió. Pero en su mente había quedado perfectamente delineada la pieza
favorita que tocaba todas las tardes de los viernes. Y sus pinturas predilectas.
Y su voz suave, melódica. Y sus manos, sobre las finas tazas de porcelana,
tomando el té a la usanza occidental. En aquella sala muy poco visitada,
escondida, pequeña y soberbiamente adornada, en aquella sala en donde el tiempo
no transcurría y la calidez era percibida como un perfume innato, en aquella
sala Kai cerraba sus ojos y podía oír lejanos los compases de 'Scarlet'
mientras pensaba que no había un sitio donde su madre estuviese más que allí.
Se sentó frente al piano y se preguntó si estaría aún afinado. Él mismo se
encargaba de hacerlo 3 meses atrás, cuando vivía en Osaka, y ahora parecía
darse cuenta de cuánto extrañaba al viejo instrumento. Nadie más en la casa
(al menos nadie que pudiese acceder a él) sabía tocar el piano. Con sorpresa
descubrió que sus notas se perfilaban con bastante sonoridad y decente
armonía. Deslizó sus finos dedos por la superficie de las teclas y suavemente
las presionó. Sin pensarlo ni quererlo deliberadamente, comenzó a tocar los
primeros compases de 'Scarlet'. Por qué? No lo sabía, no le importaba. La
música era un alivio secreto para Kai, había heredado las dotes de su madre y
aunque no les prestara suma atención, sabía la importancia de aquello.
Pensó en Masa. No podía dejar de pensar en Masa. Masa y su rechazo, Masa y su
frialdad. La relación entre ambos había cambiado; cuándo? no podía decirlo.
Luego se le ocurrió que no era rechazo lo que sentía en su guardián, sino
distancia. Lejanía, la lejanía que traen paradójicamente las cosas cuando se
vuelven más cercanas o profundas. Él siempre lo vería como a un niño, como
al niño que había criado; Masa era su tutor, su mentor, su hermano. Masa nunca
sería igual a él.
Kai lo amaba, ahora lo sabía.
"Crees que puedes mejorar mi ánimo con una
bolsa de caramelos? Soy un estudiante universitario ahora, sabes?",
"No, esa no era mi intención..." Pero él amaba todo lo que había en
el jefe yakuza. Él amaba todo lo que conocía de él. Incluso, sin inmutarse,
pensó que lo había amado desde su más tierna infancia, en todo momento y que
el crecer no suponía para él más que el paso de ese amor inocente a un
sentimiento profundo.
" - Masa, no te gusto?! - preguntó el pequeño Kai mirando fijamente
los ojos de su tutor, a la salida de la escuela.
- Oh, no es... - empezó el yakuza aún sorprendido por el beso inesperado que
su 'pequeño maestro' le había dado segundo antes. Sonrió - Qué dices? Tú
eres lo máximo! Cómo si no lo supieras...
- Entonces...
- Aún si el Sol sale en el Oeste, Masa ama a Bon más que a cualquier cosa en
el mundo. "
Mientras sus dedos continuaban marcando notas, Kai suspiró cerrando los
ojos. Scarlet era una melodía triste. No triste por definición, ni gris, ni
azul, ni fría. Era triste por la gama de colores que desplegaba al sonar,
triste por la secuencia de sus notas, triste de una forma melancólica. Pocas
veces la melancolía le había parecido tan confusa y misteriosa. Scarlet no le
despertaba sentimientos de angustia, más bien de nostalgia. Y todos saben que
las melodías más hermosas, son siempre las más tristes.
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- Ran... aún lo tienes verdad?
Ranmaru miró atónito a su amante, sentado en la silla que lo transportaba
hacia el final del corredor y el lobby del hospital. Supo a qué se refería y
le dio una mirada dulce pese a que no podía confrontarlo.
- No me lo he sacado en ningún momento...
Kei sonrió y acarició la mano de su compañero. Se dejó conducir por él
cerrando los ojos y apoyando la cabeza a un lado, sumido en un placer extraño
que sabía no surgía de la combinación de sus golpes ya curados y los
narcóticos. Era la cálida felicidad perfecta que Ranmaru le ofrecía, sólo
con su presencia.
- Te sientes bien?
- Siempre - puntualizó Enjouji alardeando. Quería regresar a su departamento, ver sus cosas, sentarse en su sofá. Quería regresar a la pacífica vida que llevaba con Ranmaru, pronto. - A qué hora es la cena...?
- A las 7:30
- Ow.... Crees que podamos llegar más tarde?
- ¡Por supuesto que no!
Kei sonrió maliciosamente. Debía aprovechar el que Ranmaru no lo estaba mirando. Le encantaba molestarlo.
- ¿Te sorprendió la invitación de tu padre?
- No realmente... Parece de repente interesado en mí desde hace un tiempo.
Ranmaru se detuvo despacio. Estaban cerca de la recepción del hospital y debía
asegurarse de que nada quedara sin arreglar. Kei respiró aliviado al alejarse
del olor característico de los centros médicos y percibir la esencia del
perfume de su amante, mientras le tendía una mano para incorporarse.
- Puedes esperar aquí? Iré a llamar al doctor para despedirnos.
Enjouji asintió.
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Kyosuke estaba sumergido en papeles y libros, caracteres sin sentido y muchos
números entintados por doquier. La organización administrativa siempre había
sido su fuerte como ayudante del jefe Masanori, pero la última semana, después
del caos liderado por Koga y los Shouhoukai's, todo parecía haberse desordenado
solo.
La oficina Sagano en Osaka estaba situada en el ala oeste de la gran residencia
Sagano. En esa parte de la imponente casa trabajaban los miembros de la alta
Yakuza y de quererlo también vivían allí; la oficina donde Kyosuke
acostumbraba a organizar los trámites y próximas gestaciones era bastante
amplia y poco frecuentada por el Jefe Sagano.
El teléfono sonó liberándolo de la tensión y el maldito interrogante de
"¿Por dónde comienzo...?" frente a las carpetas sin archivar. De
todos modos se sobresaltó debido al timbre y lanzó un grito nervioso que hizo
acercarse a tres hombres yakuza de protección a la puerta entreabierta y mirar
con recelo hacia adentro. Con una seña, el hombre los apartó de su vista y
atendió la llamada.
- Oh, jefe... me alegra escucharte - tenía cierta confianza graciosa con
Masa, producto de los años que llevaba asistiéndolo - Como están las cosas en
Nara? El Kijon-gumi otra vez? Ow... Era previsible... Si... es cierto, hoy es la
cena. Di las órdenes que dio el Jefe antes de irse. Sí, también envié un
auto por el Sr Kei. El Sr Samejima me dijo que se encontraba casi completamente
repuesto... aja, cierto... - hizo una pausa sonriendo con delicadeza - No, Bon
aún no ha llegado. Quieres que le diga algo de tu parte...? Ow, no, no pidió
ningún auto que lo trajera hasta aquí... imagino que vendrá por su cuenta,
sabes cómo es. Bien... oh, necesitaré ayuda aquí - usó un tono suplicante -
esto es un caos... Vamos, no es gracioso! De acuerdo - dijo de mala gana - A las
7; nos vemos. - cortó y buscó rápidamente sus lentes.
Masa era un verdadero hermano para él. Hacía años que estaba a su lado,
algo así como veinte. Como aniki*, Masa lo había salvado en varias ocasiones
del castigo de los jefes superiores y la ira del Sr Sagano. Ahora, las cosas
eran mucho mas tranquilas ya que el propio Masa era un alto miembro de la yakuza
y comandaba todas las gestiones y asuntos vinculados con el Jefe Sagano.
Tranquilas en un sentido figurado, porque por supuesto aquello implicaba más
riesgo y responsabilidad, pero al menos Kyosuke podía estar seguro de que
ninguna de sus extremidades, en especial sus dedos, rodarían ante un vago
error. Sonrió ante el recuerdo de una amenaza de castigo de uno de los kanbu**,
tras proveer al grupo de información errónea sobre unas revueltas en el área
de Kansai. Masa lo había defendido alegando que no había terminado de
enseñarle cómo operaban en el grupo Shoryu-kai y solicitaba su perdón y no su
dedo. El kanbu desistió en el castigo pero, sorpresivamente, la disputa se vio
interrumpida por Bon... que había regresado sólo de la escuela. Kyosuke rió,
que tierno le parecía todo eso ahora. Recordó también la preocupación de
Masa y cómo corrió atrás del pequeño niño de grandes y enojados ojos
verdes, abandonando el importante asunto yakuza para ir a disculparse por
olvidar su salida de la escuela.
Desistiendo de poner orden en el papelerío, el simpático asistente de ojos
café y cabello claro se recostó en la silla de trabajo, reflexionando. Algunas
cosas nunca cambian. No es que fuese su asunto, pero estando tan cerca de ambos
no podía ignorar la reciente tensión entre el jefe Masa y Bon.
Kyosuke había percibido los profundos sentimientos de su jefe hace tiempo. En
verdad, no podía precisar un momento exacto, porque pensó, siempre estuvieron
allí. Desde cuando? Oh... habían pasado 16 años desde que el Sr Sagano
encargó a su pequeño hijo a Masa tras la muerte de su madre, y desde entonces,
el asistente había notado, cada expresión tierna, cada palabra dulce, cada
levísimo cambio en el tono de la voz del estoico yakuza, eran producidos y
dirigidos por y para nadie más que Kai.
Pero Bon no tenía idea de ello, claro que no. No sabía si el propio niño, el
niño que había crecido tanto (porque Kyosuke lo sabía, Bon tenía 19 años
ahora…) también experimentaba sentimientos para con su tutor... aunque no le
parecería extraño. Habían sido muchas las veces en que se había mostrado
presa de los celos, ante las numerosas amantes de Masanori, o había llorado en
rabia frente a las obligaciones de éste en el trabajo, en su empeño por
apartarlo del peligroso mundo yakuza. Existía otro factor también, uno que
había descubierto hace poco, durante el caos acontecido por Koga. Ambos eran
capaces de arriesgar sus vidas, el uno por el otro, sin ningún tipo de
medición. Esta era una actitud muy previsible en el jefe Masa, ya que la causa
central por la que el Sr Sagano le había entregado el cuidado de Kai era
precisamente, para asegurar su protección. Pero... por qué Bon tendría que
asegurar la de Masa también? Kyosuke había visto con ojos descreídos cómo el
joven heredero se lanzaba frente a su tutor, escudándolo y protegiéndolo del
disparo de J.B. que, de seguro y si no hubiese sido por la oportuna intrusión
de Tashiro, lo hubiera matado. Bon tenía que saber aquello cuando corrió a
proteger a Masa, pero ni siquiera lo consideró.
"Pobre niño, aniki lo debió castigar mucho… estaba tan triste", pensó evocando la desorientada mirada del heredero del Clan una vez que todo había terminado, y el galpón se extendía sólo para los que habían quedado a salvo de Koga, que yacía inerte. Kyosuke acordó para sus adentros en la acción irresponsable de Bon cuando Masa lo reprendió mirándolo someramente (y luego con quién sabe qué palabras más…), pero había que reconocer un significado mucho más pasional que el del riesgo del momento en la protección que Kai le había otorgado a su tutor, un significado cálido y dulce que el joven había esperado, latiera en Masa también. Y aquello, sería así? Kyosuke lo ignoraba. Todo lo que pudo llamar por respuesta acudió a él como un recuerdo; dos meses atrás, mientras iba camino a buscar a aniki a su habitación.
" - Jefe… listo? - la voz del asistente de Masanori se oyó desde la
puerta entreabierta. El yakuza de alto rango estaba peinando superficialmente su
cabello, oscuro y brillante y se había alistado con rapidez para una de las
reuniones habituales del Clan.
- Esto es tan aburrido… - murmuró como si fuese un niño. Kyosuke rió con
ironía.
- Por qué el Sr Sagano adelantó la junta?
- Necesita alguna razón para hacerlo? - Masa suspiró. Su asistente lo miró
extrañado.
- Tú necesitas una mujer… -
Masa alzó una ceja y vio través de la imagen
del espejo la figura liviana de Toshi acercarse - Lo digo en serio… para
despejarte! Hace un tiempo que no veo a alguna de esas bellezas por aquí… Las
extrañamos, Jefe!
- Búscate tus propias mujeres… - sugirió Kyosuke, divertido.
- Hey, crees que no las tengo? Mírame - dio una vuelta graciosa dándose aires
de grandeza - … pero no es igual que tener alguien a quien amar. Ya saben, ese
es el tipo difícil de conseguir… - bajó la expresión y se dirigió a Masa,
que buscaba un reloj de mano en su mesa de noche - Pero con tu look estoy seguro
de que tienes docenas… Jefe… admitelo! Al menos hazlo por uno de nosotros!
Escoge a alguien de tu corte… - pidió con tono de simulado desespero. Sus
ojos claros reflejaron picardía y sonrió con astucia a la callada figura de
Masa. - A menos que… aja!!! Entiendo!!!
- Qué haces?! - exclamó Kyosuke a su lado, en cuanto sintió el abrazo de su
compañero. Parecía un colegial con todos aquellos movimientos y las pseudo
acusaciones que lanzaba.
- … el Jefe ya tiene a quien amar! Es Eso! Ya tienes a esa persona no..?! Dime
quien es…
Masa no respondió y se colocó cuidadosamente el reloj bordeando su muñeca.
Kyosuke notó que sus ojos lucían perdidos, como si acabara de recordar algo
muy remoto.
- ¡Dime quien es, Jefe! Queremos saber… no, no, espera… déjame adivinar…
¿Yoko? ¿La muchacha del Ryokan? ¡Esa sí era bella! O.. no, no… su primo?
Tenía el cabello color café y estaba perdido por ti… Jefe, te detesto…
(no, no cariñosamente), creo que se llamaba Saniki o algo así… es él?
- Que memoria infernal… no se de qué estás hablando en realidad
- ¿No?, ¿Ninguno de ellos? Oh, déjame pensar quien…
- Menos palabras y más movimiento…
Toshi se acercó a su Jefe y le sonrió otra vez. - Lo debes querer mucho para
protegerlo así, ne…? Bien, bien, no me digas… lo averiguaré, claro que sí…
(espero que no sea el muchacho de cabello café…) - murmuró caminando hacia
afuera y se perdió en el pasillo rumbo a las escaleras.
Masa movió la cabeza incrédulo de la insistencia de otro de sus ayudantes. Le
hizo una seña a Kyosuke, que contemplaba ahora su propia imagen en el espejo
del aparador, para seguir a Toshi y bajar a la junta.
- Jefe… - dijo suavemente - …si lo quieres tanto por qué no llamas? Apuesto
a que espera oír tu voz desde que se fue. - El yakuza de cabello oscuro y ojos
profundos se detuvo un momento y desvió la mirada. Kyosuke continuó
arreglándose la corbata - Ya debe haber regresado de la Universidad para esta
hora…
Se volteó para confrontarlo y encontró una expresión cálida en el rostro de
Masa. Esbozó una sonrisa tenue y dijo: 'Más tarde' ".
En fin… Kyosuke se reclinó estirándose en el amplio asiento. No había
nada que hacer con eso. Miró los papeles con pesa; qué aburridos en
comparación con la acción de los últimos días.
Todo estaba arreglado ya para la cena y según aniki el propio Jefe Sagano
había priorizado la ocasión y regresaría temprano de su viaje a Nara. Miró
el reloj, las seis y diez. Los invitados estaban en camino, de seguro. Nada de
que preocuparse, verdad? Repentinamente oyó un ruido seco en la habitación…
no, no era en la habitación, provenía de la puerta. - ¡Salgan de ahí,
idiotas!,¡¿Qué están haciendo?!, ¡¿Escuchan conversaciones privadas otra
vez?! - gritó enfadado y dramatizando en exceso, pensando en qué maravilloso
era el arte del poder.
Los hombres yakuza que estaban apegados a la puerta,
huyeron disparados y uno de ellos alcanzó a murmurar algo similar a una
disculpa. Kyosuke rió en voz baja, pero oyó algo más. Música, una melodía
familiar. Tardó unos segundos en razonar, porque en su mente se cruzaron ideas
imposibles.
- Bon.
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En la calle 344, afuera de un hospital privado muy frecuentado y alborotado
últimamente, un muchacho alto y muy atractivo pretendía hacerles creer a unas
enfermeras que estaba interesado en que lo buscaran en cierto Club Privado.
- Pregunten por mí....!!
- Deja de flirtear con ellas, es patético... - dijo Ranmaru en tono molesto sin mirar a su acompañante. Subieron a otro auto que los estaba aguardando para ir a la residencia Sagano por esa noche.
- Oh...! Celoso...???
- Ni en sueños... - Ran se había sentado cruzado de brazos mirando por la ventanilla al aliviado doctor y las enfermeras que coqueteaban disimuladamente con Kei. Qué molesto era aquello.
- Bien, bien!!!! Aunque aún no me haya recuperado todos acordaron en que
podía restablecerme en casa... lo que tomara unos días - Ran lo miró abriendo
los ojos descreído - Ya podemos pensar una fecha para el viaje de Kyotooo....
El auto arrancó sin que ninguno lo notara. Kei estaba sumergido en sus propias
fantasías y Ran demasiado preocupado por ocultar la evidente risa perversa que
emanaba su amante.
- Un baño termal alejado de todas las habitaciones....
- El objetivo del viaje es visitar el Cementerio, Enjouji!
- Sí, si...
- Quiero saber sobre ti, tu pasado... No tenía idea de que habías visitado
Kyoto
Kei notó la seriedad del joven. - Yo tampoco lo recordaba muy bien... era muy
pequeño. Sólo hace poco descubrí que mi madre conocía a la de Kai y que
incluso habían compartido vacaciones juntas.
Ran asintió. - Hay muchas cosas que no sé de ti?
Kei sonrió con solemnidad. - No, sabes todo acerca de mí. Puedes tenerlo todo
con una sola mirada, Ran...
Enjouji se acercó con suavidad al rostro de su compañero y beso
superficialmente sus labios. Aún le dolían los golpes y magullones y su hombro
dislocado y ahora vendado tardaría en sanar. Pero nada en el mundo era tan
reconfortante como un beso del hombre que adoraba.
- Hemos estado ocupados, ne...? - murmuró - En Kyoto tendremos nuestro
tiempo y hablaremos...
Ran apoyó su rostro contra la línea del cuello de Kei, como le gustaba. Su
piel era húmeda y siempre olía a madera y cítricos.
- .... y está también ese baño exterior sin importancia....
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Masa descendió del auto con rapidez. Francamente estaba harto. No soportaba
más nada que tuviese relación con la Organización, el Jefe Sagano o
cualquiera de los inútiles grupos menores que se rebelaban. El último tiempo,
los meses recientes, habían sido un Infierno para él. Todo el trabajo previo y
el enfrentamiento con el grupo de Koga, sumado a las exigencias sin sentido del
Jefe y a los jóvenes que constantemente decidían crear su propia e inútil
banda yakuza, lo habían dejado sin descanso.
Sintió una rara punzada en su pecho. Oh si, había algo falso en lo que decía.
También estaba él, por supuesto.
Mientras el automóvil era estacionado en la cochera mayor el Sr Sagano hablaba
con lo que parecía ser una mujer (llamada privada, ne?) desde una de las
ventanillas. Masa se valió de la ocasión para tomar aire verdadero. Sintió el
frío sobre su cara desnuda y la sensación le agradó.
Comenzó a caminar lentamente en dirección a la gran puerta de entrada de la
Residencia Sagano. Hacía años que vivía allí… unos quince al menos. En un
principio le pareció un lugar hermoso, lleno de lujos que de otra forma y no
siendo el yakuza que era, no podría darse; luego poco a poco comprendió que la
razón de su comodidad en aquella gran mansión estaba concentrada en la
presencia de alguien específico. Alguien que a través de los años había
absorbido su vida de una manera aterradora, no en cuestión de tiempo, sino de
atención. Bon. Sonrió, siempre lo hacía cuando evocaba al joven (muy joven!)
de cabellos rubios y ojos verdes, siempre inquietante, siempre inalcanzable. Su
protegido, la persona a la que estaba llamada a cuidar y enseñar, su tesoro
más preciado, lo único a lo que jamás dañaría. Inevitablemente pensó en
Shinji y sus terribles acciones y aquello le ensombreció la expresión. Solía
torturarse recordando una y otra vez el daño que en forma indirecta le había
causado a Bon, como un mecanismo que sabía, tenía por objeto apartar sus
sentimientos por él. Por supuesto eso no ocurría, y la posibilidad de que lo
hiciese era demasiado remota como para considerarla. Se había prometido,
entonces, velar por la seguridad de su protegido apartándose lo más que
pudiese de él. Eso tampoco había ocurrido de la completa e ideal forma, pero
oportunamente el comienzo de clases y la Universidad habían llevado a Bon a una
distancia prudente.
Masanori rió con amargura. Era imposible. De una u otra forma estaba signado a
rodearlo, a estar a su lado, a acecharlo con su oscura y peligrosa presencia. Y
sino se trataba de un designio superior, era la propia voluntad de Bon, un
enemigo mucho más letal que cualquier arma de fuego.("Es que acaso soy una
carga, un peso ineludible para ti?") Kai… ¿Puedes creer realmente eso?,
¿Es que no ves la explosión en mí?, ¿Es esta fatal prudencia mía la que
enmascara tan bien mis sentimientos?
Estaba cerca de la casa. El Sr Sagano había terminado de hablar por teléfono y
le dirigía unas palabras a uno de los empleados de la puerta. La motocicleta de
Kai estaba estacionada ociosamente frente a uno de los pinos; Masa la notó
apenas pisó el jardín y su corazón se estremeció un instante.
Recordó el cuerpo del joven, cubriendo con resolución impensada el suyo del
ataque de Tashiro. "No! No le dispares!", había dicho. Cuando Masa
trató de apartarlo y protegerlo a su vez de lo que estaba dispuesto a recibir,
trató de librarse por la fuerza, lo que obviamente no consiguió, mas volvió a
arremeter "¡¿Quieres a alguien?!, ¡Tómame a mí, yo soy el heredero del
Clan!, ¡Tómame a mí; déjalo a él!". Masa le tapó la boca con
desesperación y rogó al Cielo por una solución, por una súbita ayuda que
librase a Bon del peligro al que se exponía de la forma más estúpida. Kai se
libró y como pudo, balbuceó: "Tú siempre me proteges, tú siempre me
alejas del peligro… Y lo único que quiero es protegerte a ti". Su terror
alcanzó límites indescriptribles, pero se vio respondido por la hábil
maniobra de Tashiro y la torpeza del propio Koga, sumado a un criterio
invaluable del francotirador. No recordaba haber sentido esa clase de alivio en
su vida y si no fuera por su gélida imagen, hubiese derramado lágrimas y
estrechado a su tesoro una y otra vez en sus brazos, y nunca separarlo de allí.
Tomó una bocanada de aire. Ideas estúpidas. Todo lo que había ocurrido,
incluida la pelea posterior a la locura que emprendió Kai (desde ponerse una
katana al cuello hasta servir de escudo para quien debía ser el suyo) habían
confirmado lo que temía. La vida de Bon ardía en peligro a la sola sombra de
la suya.
- Araki… estás ahí?, ¿Pareces en trance, tomaste algo?
- Lo siento, Señor
- En las vacaciones descansarás, lo prometo
(Oh, sí…)
- …oyes eso?
- Perdón, Señor?
- La música, Masanori! - exclamó el Sr Sagano chasqueando débilmente los dedos.
- Es Scarlet… Minami solía tocarla, lo recuerdo… ¿Qué está ocurriendo
aquí?
Uno de los hombres yakuza de menor rango se acercó exaltado a su Jefe. Masa
ingresó en la casa con paso seguro mientras la música lejana crecía hasta
llegar a un apogeo.
- Jefe... han llegado el Sr Kei y el Sr Samejima...
- Oh, oh, enhorabuena! - se expresó el Sr Sagano con términos antiguos.
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Adoro sentir las teclas del piano bajo mis dedos. Tienen una suavidad que no
sabría describir. Por unos breves momentos, cuando la música se apodera de mí
y la melodía que se entreteje de a poco en el aire colapsa en mi pecho, me
siento bien. Olvido la angustia latente de días atrás o los malos recuerdos.
Olvido que necesito verte para realmente dejar atrás la tristeza. Olvido
también que la tristeza es causada por ti.
Scarlet llega a su apogeo. Creo que estoy sentado aquí hace minutos, quizás
media hora. Mi madre perdía el sentido del tiempo cuando interpretaba alguna
pieza; de pequeño a veces yo permanecía aquí aguardando que me enseñara
aquella magia.
Desde el segundo movimiento mantuve los ojos cerrados. Creo que es sólo por
vanidad, pero quizás también sea para focalizar concentración. Hacía meses
que no tocaba este piano y no es tan sencillo. Las cuerdas parecen estar vivas y
moverse a una velocidad incontrolable, pero serena.
Cuando está a punto llegar al final, me inunda una satisfacción extraña, como
si fuera ajena. Siempre descuido la última parte de las piezas, porque nunca
aprendo bien a terminarlas. Pienso que todo esto no tiene sentido.
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Kai sonrió cuando hubo presionado la última tecla del delicado instrumento.
Levantó la vista un tanto mareado y vio una figura alta y sobria a uno de los
costados, apoyada en el marco de la puerta. Supo que era Masa, pero igualmente
se sobresaltó.
- Has mejorado.
Kai le dio una mirada de soslayo. La última vez que se habían encontrado le
había resultado tan dolorosa como esta. El sonido de la voz de su tutor, grave,
profunda y poseedora de una suavidad que no podía comprender, le produjo un
escalofrío.
- Hace tiempo que no toco. No sé cómo puedes decirlo - atacó.
El yakuza esbozó una sonrisa y aquello realzó su atractivo. Tenía el
cabello muy oscuro y brillante y los ojos pequeños; sus labios eran sumamente
sensuales aunque siempre los mantenía en la misma expresión. Su cuerpo estaba
moldeado con excelencia y sobre todo sus brazos, llamaban la atención a todo
quien se acercara. Vestía en forma más casual que de costumbre, lo que agradó
a Kai, que trató de no prestarle atención. Desde que tenía la misma edad que
Bon, Masa había desarrollado un magnetismo del cual no era muy conciente tanto
para mujeres como para hombres. No tenía idea de cuántos habían sido sus
amantes, e igualmente no deseaba recordarlos. Eran un entretenimiento, un
hábito que muy bien iba ligado a su labor como jefe mafioso. Sabía que a Kai
aquello le perturbaba y en un principio creyó que se trataba sólo de celos en
cuanto a su compañía o meramente al no querer compartirlo con otras personas,
como es propio de un niño pequeño. Pero desde los sucesos de aproximadamente
una semana atrás, su perspectiva había cambiado.
- ¿Ya llegaron Kei y Sempai? - preguntó Kai secamente. Su postura era rígida y no había cambiado de la posición tradicional en la que tocaba el piano. En ningún momento enfrentó los ojos de Masa. Simplemente no podía.
- Sí. Tu padre estaba extrañado por la música...
- …Así que te mandó a ti a inspeccionar - cortó el joven incorporándose. La expresión de seriedad que quería transmitir cuando estaba genuinamente enojado era una de las favoritas del yakuza; levantaba más su rostro indicando altanería y entornaba sus enormes y preciosos ojos claros como si estos supusieran una amenaza. Aún así había ira en sus palabras.
- No, no lo hizo - Masa se apartó de la puerta y enderezó su porte sin
importarle la descuidada caída de su camisa - De hecho nunca lo hace y soy yo
quien actúa libremente... Pero tú deberías saberlo, creo que solicitaste mi
compañía para el viaje a Kyoto con el mismo albedrío.
Kai lo miró inquieto y sintió temor. Era increíble el modo en que había
perdido la confianza y seguridad que siempre había tenido en su tutor y en la
forma en la que se dirigía a él, en los últimos días. Sabía la razón, pero
prefirió no recordarla.
- Lo que yo haga es decisión mía, no? - espetó en su tono habitual, aunque estaba lejos de ser el que utilizaba con Masa con frecuencia.
- Sí, lo sé.
Kai pasó frente a él evitándolo y sintiéndose herido. Creyó que Masa le
reprocharía una vez más su accionar durante el secuestro de Kei pero también
consideró que ya lo había hecho lo suficiente la última vez que habían
hablado. No notó el cambio de actitud a una más relajada en el yakuza, y supo
que en realidad le tenía miedo. Lo mejor sería huir de allí rápido.
Masa observó a su protegido caminar hacia el comedor y respiró profundo.
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El Sr Sagano reía animadamente e incluso daba la impresión, a algunos de
sus empleados en la residencia, de que comenzaba a estar inmiscuido en los
efectos del alcohol.
La cena había comenzado con formalidad y los claros saludos de acuerdo a la
simpatía entre los distintos comensales. El propio jefe yakuza, el anfitrión,
estaba sentado a la cabecera y a su lado Ranmaru Samejima, enfundado en un
sweater gris claro que le daba un aspecto jovial y realzaba su célebre belleza,
asentía a los comentarios del viejo hombre. Kei participaba entusiasmado a la
izquierda de éste. El joven de cabello oscuro cortado elegantemente sobre la
nuca tenía una faz mucho mas saludable pese a aún llevar vendado el hombro
izquierdo, y se sentía a gusto en aquella casa aunque ni él mismo sabía la
razón. De frente a Ranmaru se encontraba Masanori Araki, el hombre de confianza
y segundo a cargo del Shoryuu-kai, que se mostraba correcto y tranquilo como
siempre. El más callado en la escena era Kai Sagano, heredero de su padre e
hijo menor de este, que estaba sentado a la derecha de quien fuera su tutor y
sólo parecía demostrar alegría cuando era Samejima el que hablaba.
- Aquella vez todos brindamos en honor a ello... - relataba el Sr Sagano - ¿Verdad, Masa? Aplastamos a los bastardos rápidamente y nos fuimos de allí con nuestros cuadros...
- Pero no eran todos de ustedes... - dijo Kei suspicazmente.
- ¡Ya lo creo, por algo llevo esta marca, hijo! - declaró el Jefe señalando su propia espalda y el tatuaje yakuza que allí se desprendería.
- Es una historia muy interesante, señor.
- ¡Oh, deja esas formalidades, hijo! Espero que no te importe que no te hable con cortesía, tienes la edad de Kei...
- No, por supuesto, señor
- Sempai es siempre cortés - sonrió Kai con dulzura. Ya no sabía porqué
lo hacía, Ranmaru le caía extraordinariamente bien más allá de toda
atracción que pudiese generarle.
Kei le hizo una seña extraña que parecía indicar que tuviese cuidado al
hablar de Ran. Masa la vio y le causó gracia, pero no dijo nada.
- Bueno, bueno... pero ya es hora de que alguno de ustedes confiese algo... -
prorrumpió el Sr Sagano en ese instante. Ranmaru bebió un poco de agua para
alejar los pensamientos que lo ofuscaron. - Quiero saber con quién se están
divirtiendo... Vamos, tiene que haber alguien, no digas que no Kei...
Enjouji rió y miró relajadamente a su padre. Kai descruzó los brazos y se
volvió hacia la mesa; sin duda esto le interesaba, a ver que excusa pondría su
medio-hermano…
- Ja, ja, realmente no sé qué decirte… - comenzó. No sentía ningún
tipo de compromiso ante su padre, ya que éste había reaparecido en su vida
hace poco y con él sus incipientes deberes para con la familia. Además su
inclinación sexual nunca había figurado como un conflicto; su madre siendo una
verdadera experta en el placer le había puesto el camino fácil. Aún así no
era cuestión de abarcar su relación con Ranmaru tan a la ligera, y más cuando
éste se mostraba tan turbado. Por un momento Kei se vio tentado a darle una
mirada para comprobar cuán tenso (y de cuántos colores impensables se había
teñido su rostro) se había puesto, pero sabiamente abdujo que acabaría
riéndose o en su defecto con irreprimibles ganas de besarlo.
- Vamos, confiesa… ¿Quién es la belleza? Tienes que estar acompañado…
- rió con fuerza.
Ranmaru miró a Kai como si buscara ayuda pero sólo recibió
un movimiento de hombros como respuesta. Masa se mantuvo inalterable y Ran
sintió envidia de su talante. - Muchachos como ustedes no pueden andar solos…
díganme al menos con quién pasan sus noches…
Kai estuvo a punto de decir algo para detener el interrogatorio de su padre,
pero se detuvo. Esperaría a que Enjouji saliese solo del meollo; sonrió con
malicia.
- No quisiera decirlo ahora… pero si te adelantaré que estoy muy bien acompañado…
- A Kei también le gusta la belleza, papá… - sugirió Kai, punzante.
- No lo dudo, ha heredado eso de mí - resolvió el yakuza con orgullo e
ignorando las "advertencias" de su hijo menor - Pero anda, dime que
tal es… Ranmaru? - Ran se giro con los ojos muy abiertos y lívida expresión,
pero Sagano ni lo notó - Ranmaru, tienes idea de quién está hablando Kei?
Ran permaneció callado unos segundos, sumergido en su propia tensión.
- N-no… no lo sé - miró la mesa de roble pulido como si fuese lo más
interesante que había presenciado en su vida. Kei por el contrario, seguía
manteniendo una radiante sonrisa.
- Estoy seguro de que la reserva de Enjouji se extiende al Sr Samejima - intervino Masa, tratando de aliviar al pobre ex kendoka. Kai le dio una mirada de soslayo en el momento en que se llevaba la fastuosa copa de vino a los labios y, como si lo supiera, éste también desvió sus ojos al joven rubio. Como electrizado, Kai apartó la vista sin evitar ruborizarse. Como todos los actos de Masa, sus movimientos controlados y masculinos exacerbaban sus sentidos en una subida furiosa que no podía controlar, aún en medio de la tensión que había entre ambos.
- ¡Oh, por favor! Masa, tú no crees eso… ¡En mis años gloriosos yo era
más activo que ustedes! - dijo el Sr Sagano, casi gritando - Dile a tu padre
con quién te diviertes en la noche… ¡o con quiénes! - esto último lo
expresó como si estuviese hablando de sus propios planes
- No, realmente no es nada de eso… - dijo Kei riendo.
El Sr Sagano se detuvo y lo miró como si tramara algo.
- No me digas que tienes a alguien… en mente. Quiero decir, alguien
especial… ¡No me imagino quien podría ser!
- No tienes que imaginar mucho… - dijo Kai, pero acabó la broma cuando vio la mirada fulminante de Ran al otro extremo de la mesa.
- Siempre dices cosas tontas, niño…
- Oh sí…
- ¿Entonces, tienes a alguien?, ¿Has encontrado el amor, tan pronto!? -
preguntó el Sr Sagano en clarísimo tono de desilusión.
Ran ya no podía más con su nerviosismo, la conversación pasaba ahora de un punto peligroso a otro vergonzoso. Otra vez tomó un graaaaan sorbo de agua.
- Ja, ja, algo así - dijo Kei con afección. Rozó la pierna de Ranmaru
lentamente sin que nadie pudiese verlo. Quería transmitirle confianza en la
controvertida pesquisa de su padre porque sabía que este tema le era delicado -
Sabes lo que dicen… encuentras el amor en quien menos esperas y más cerca
tienes… podría estar a tu lado en este momento - se aventuró, pero Ran no se
turbó como esperaba sino que curvó los labios desde su distancia, en una
sonrisa suave.
- ¿Lo dices por ti? - preguntó Kai, con la cabeza apoyada en una mano y retomando las clásicas rencillas con su medio hermano.
- Oh, niño, ni siquiera has entendido el significado de la frase… - el Sr Sagano rodó los ojos, fastidiado.
- Ja, yo??
- La frase esta clara, es conocida, no es cierto Sr Samejima? - preguntó Masa tratando de desviar el tema. Ran titubeó, pero Enjouji se le adelantó.
- No puede entenderla porque él sólo tiene que mirar a tu derecha, papá… - dijo con una sonrisa sugestiva y haciendo que los tonos rosados pasasen de su novio a su pequeño hermano.
- ¡Ey…! - quiso reprocharle Kai, viéndose descubierto. Pero el apuesto
yakuza que tenía al lado lo enfrentó con expresión comprensiva y aquello lo
ruborizó más. Olvido el insulto que iba a decir con tanto impulso y apartó la
vista, enfadado.
De todas formas los comentarios que se hiciesen en aquella mesa serían
difícilmente percibidos por Takashi Sagano. El viejo líder ahora se encontraba
muy animado inquiriendo en la vida amorosa de Samejima, que por cierto,
resaltó, era igual de enigmática que la de su hijo mayor…
- No, no es que salga formalmente con alguien, yo…
Kei miró a su novio con recelo; luego pensó que el pobre no sabía como
lidiar con la situación y estaba muy nervioso. ¿Y que habría si confesasen la
verdad?, ¿Si se incorporaba en aquel instante y con gestos seguros y palabras
románticas exaltaba en la enorme casa de su padre su inconmensurable amor por
ese joven, su devoción a cada uno de sus movimientos y su obsesión por
adueñarse de todo cuanto él fuese? Enjouji apartó los ojos de Ranmaru,
suponiendo que de ser visto por su padre en aquella actitud, no necesitaría la
escena que acababa de imaginar para que al fin entendiese la naturaleza de su
relación con 'el Sr Samejima'.
- Tú conoces a la novia del Sr Samejima, Kei? - inquirió el Sr Sagano con punzante ímpetu. Le parecía entretenidísimo averiguar esos aspectos sobre los muchachos y estaba esperanzado en haberle 'pasado' su afán por la diversión ilimitada a su hijo mayor.
- Sí, algo... - dijo éste con naturalidad.
- Muy bien, de hecho... - la voz de Kai remató al tiempo en que realzaba la vista y apoyaba su rostro contra la otra mano.
- Pero no es el momento de hablar de estas cosas, verdad? Sabes que Ran es muy tímido - puntualizó Enjouji tratando de salir del tema y a la vez continuando con la pelea secreta con su medio-hermano. Ambos se miraron con un gracioso odio.
- Díganos, Sr Samejima, me imagino que tendrás una relación formal... - el Sr Sagano hablaba como si se encontrase solo con Ranmaru en la sala. Era evidente que había bebido bastante, pese a ser un hombre bien entendido con el alcohol, y a su lado, Masa pensó que de no comenzar a estar sumido en el sake de sobremesa, hubiese notado los temblores y la pálida expresión de Samejima cada vez que reatacaba inocentemente con sus preguntas. - ... no pareces del tipo que le agraden las aventuras - rió copiosamente - ¿Qué tal es tu chica? Puedes decirnos...
- Ah... es, es... realmente magnífica Señor... - se sentía como si estuviese hablando de su hermana. Esta conversación cada vez se volvía más incómoda.
- Oh, me alegro tanto... Esta noche creía que ambos vendrían con
compañía... pero veo que han reservado eso
Kei rió moviendo la cabeza y Ran asintió con mayor turbación.
- Entre ellos, quieres decir...
- ¿Y qué hay de ti, Kai? - dijo Enjouji con suma rapidez - Cuéntanos sobre
tu vida amorosa, hermanito... ¿"aprendes" algo últimamente? -
murmuró mirándolo con astucia.
Ranmaru se llevó una mano a la cara, esto ya era demasiado. Pateó con
fuerza a su amante, pero se confundió a causa del nerviosismo y acabó
golpeando a Masa por debajo de la mesa. Éste levantó la vista extrañado y un
poco alerta, no sabía si Samejima se había confundido, quería algo o si
había sido una insinuación al estilo de las de Kei, que no se le estaban
pasando.
- Nada que te incumba... - respondió Kai, tajante. Se dio cuenta de su rubor en cuanto el verbo 'aprender' se relacionó directo en su cerebro con la palabra 'tutor', tal como su hermano había querido.
- Ahh... Así es este mocoso... tampoco sé nada acerca de él - reconoció el Sr Sagano - Siento mencionarlo Sr Samejima, pero desde su enamoramiento de usted, no he tenido noticias...
- Está bien...
- Debe haberse dado cuenta de que la competencia era devastadora - dijo Enjouji, con cierto reproche y un dejo de orgullo que enfadó a Ran.
- Ow... - dijo éste apartando la mirada.
- Yo no veo a nadie aquí, así que técnicamente aún podría reclamar a Sempai...
- Mmm... Demasiado joven para ti, Kai...
- ¿Pero no para ti, verdad? - los ojos verdes crispaban.
- Eso no importa - Kei hizo una mueca de ironía.
- ¿Ah, sí? Deberías decir ya...
- ¡¡Ahhhhhh!!! Qué maravilla es la familia, no es así Masa?! - exclamó el Sr Sagano en súbito, con un tono semi melódico y los ojos emocionados. En la mesa el sake ululaba en un pequeño vaso cerámico tras el movimiento brusco del Jefe, que apañaba con una palmada a Ranmaru, que hasta entonces había tratado de concentrarse en "El libro de los 5 Anillos" del Samurai Matsukashita Yamari, en un desesperado intento de evadirse del conflicto tradicional que su novio y su seudo-cuñado mantenían por el premio, que no era otro que él mismo. - Qué maravilla....!!!
- Sí, claro Jefe...
- Qué estábamos diciendo? Oh, sí, no sé nada de sus vidas muchachos... no
quieren contarle nada al gangster más codiciado del Japón - dijo pomposamente,
y los cuatro lo miraron con escepticismo, aunque Masa ya estaba resignado. - No
se envuelvan en pesadas relaciones... disfruten cada día, y sobre todo, cada
noche! - rió tomando otra medida de sake - Masa, tú también... puedes
enseñarle algunas cosas a estos chicos, pero tampoco conozco a muchas de tus
amantes... - Kai sintió náuseas - Je, je, quizá deberías conseguirte alguna
definitiva, para radicarte de una vez... - Masa no respondió y miró aturdido
al otro yakuza sin ocultar su desinterés - Oh, yo puedo presentarte a varias!!
A todos ustedes... bien, no para ti que tienes novia Samejima, pero que tal para
Kei...? déjame pensar...si, si... habrá algo por allí... Lo siento Kai, no
sé si tendré algo para ti también...
Kai lo miró a punto de decir algo pero Masa lo interrumpió.
- Quizá, Jefe... sería mejor que se acostara. Me refiero a que es tarde y todos deben estar agotados...
- Quiero una aspirina… - murmuró Kai más para sí mismo que para el resto.
- ¿Podría tomar una yo también? - Ran se frotó los ojos y miró al otro rubio buscando aprobación, pero éste no tomó registro de su voz.
- Bien, ya que se acabó la cena ahora podemos decir que comienza la velada…
Todos miraron al Sr Sagano en cuanto articuló la última palabra. Estaba
bien (o era soportable) compartir una cena con el yakuza, pero también habrían
de hacerlo toda la noche? Ran no podía imaginarse sorteando más preguntas
peligrosas…
- Tengo sueño… no pienso ir a ningún lugar ahora.
- Tú siempre de esos ánimos… por eso no se puede hablar contigo, mocoso
- Nadie quiere ir a ninguna parte, por si no lo notaste - dijo Kai con acidez.
- Jefe, quizá…
- Bueno… La verdad es que yo también estoy muy cansado - dijo Kei con cuidado. No le molestaba la idea de su padre, y hasta pensó que podría ser algo divertido, pero Ran estaba claramente incómodo y además jamás le permitiría salir cuando estuviese en pleno proceso de recuperación.
- Sí, necesitas descansar - aseveró su novio con vehemencia.
- Oh, no sean aburridos… ¿Lo dicen en serio?, ¡Tengo muy buenos lugares
para recomendarles!, ¿Verdad Masa?
Masa lo miró con expresión de no saber de qué diablos estaba hablando,
pero igual asintió.
- Si lo que necesitas es descansar nada como una mujer para terminar durmiendo como un bebé… - declaró Sagano con cierto brillo, en parte por el alcohol, en parte por la exacerbación de lo que estaba evocando.
La mesa ya estaba casi vacía puesto que los empleados de la casa se habían
encargado de recogerla hacía varios minutos y el ambiente parecía listo para
que los comensales se retirasen pronto. Kei rió genuinamente y Ranmaru le
lanzó una mirada afectada.
- No creo que Enjouji quiera relajarse de ese modo - declaró con rapidez, y luego se arrepintió. - Quiero decir, apenas salio del hospital esta tarde… - los ojos del ex kendoka se contrajeron, como si estuvieran asustados o furiosos.
- Oh, vamos, vamos… ¡Me parece que al Sr Samejima más que a nadie le hace falta una buena noche!
- A mí también me parece lo mismo… - remató Kei, sonriente. Ran lo pateó, esta vez acertadamente.
- ¿Cómo se llama esa muchacha tan hábil…? Ayúdame Masa…
- Voy por una aspirina… - estalló Kai con el rostro consternado.
- No tengo idea, Jefe... Ni siquiera sé a qué lugar se refiere.
- … podemos arreglar una cita ahora mismo… ¡Oh, pero que maravilla es la familia!, ¿Sr Samejima, le pregunte si tiene novia…?, ¡Masa, Masa!, Cuéntales el estupendo servicio de Paradise-Scort; tienen que ir muchachos… - las palabras le salían de una manera graciosa de la boca, como si se estirasen y de repente recobraran el tono normal.
- No creo que haya quórum para ir - dijo Masa tomando riendas del asunto. Sonrió de costado e hizo una seña a uno de los empleados que estaba frente al aparador del living contiguo. - Todos estamos agotados y necesitamos dormir, ¿no es así?
- Exactamente - concordó Ran por primera vez a gusto. Se dio cuenta de que Masa lucía repentinamente apurado.
- Como quieran… - dijo Kei levantando los hombros, pero aseveró su respuesta con la mirada fulminante que le dio Ranmaru.
Masa se incorporó y le dijo al empleado que vigilase la situación por unos
momentos en la mesa y que se encargase de persuadir al Jefe para acostarse, ya
era casi medianoche y las medidas de sake se acercaban casi al número de las
horas…
Se dirigió a la cocina y el empleado permaneció al pie de la mesa.
- Bien, ya tendremos tiempo de relajarnos… la idea de las vacaciones fue excelente.
- Kei se manejó un poco presionado por la tensión de su compañero.
- Sí, se lo agradecemos mucho Sr Sagano…
- Oh, pero si no fue nada… - el viejo yakuza pareció olvidarse de sus desvaríos anteriores. El sake lo vapulea de una manera inquietante, pensó Kei, preguntándose si tomaría decisiones de 'la organización' acompañándose por el vino tradicinal alguna vez…
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- ¡Diablos!
Kai dejó caer un tarro de vidrio al piso cuando el otro ya estaba
desperdigado por toda la cerámica oscura. Se le había caído el frasco de
aspirinas celosamente guardado en una estantería demasiado alta y todos los
redondeles blancos sobresalían en el suelo junto con fragmentos de vidrio
despedazados.
- No tomes analgésicos - la voz le llegó cauta y firme desde atrás - …
Bon.
Kai giró los ojos, enfadado.
- ¡¿Qué sabes de eso?!
- Lo suficiente después de haberte rescatado de varias 'sobredosis', sin contar las veces en que las tomabas con alcohol… - dijo Masa secamente apartando con el pie varias aspirinas.
- No importa eso ahora, me duele la cabeza - murmuró el joven sentado de
espaldas a su tutor, con expresión cansada. - En lugar de darme consejos sobre
cómo cuidarme, podrías ir a facilitarles detalles del 'lugar de descanso' del
que hablaba mi padre hace un momento…
Masa miró a un punto indefinido un momento.
- No importa eso ahora.
Sus miradas se encontraron, pero ninguno fue capaz de sostenerla.
- ¿Por qué estás aquí?
- ¿Por qué crees?
Kai se volteó y apoyó el reluciente analgésico en el mármol frío de la
mesada. No había nadie alrededor y la casa aparecía sumida en un extraño
silencio. A lo lejos, desde la sala, la voz del Sr Sagano se alzaba en momentos
entrecortados; por lo demás, los empleados y asistentes de su padre se habían
apartado.
- ¡¿Alguna vez vas a responderme algo directamente?! - dijo con tono de evidente reproche - ¿Sin una pregunta o una palabra ambigua de por medio...?
Masa se mordió el labio superior y apoyó su cuerpo torneado en la
contramesada. Su rostro adquirió una expresión relajada que Kai no veía hace
tiempo. Incluso parecía divertido. Se inclinó hacia el joven al tiempo que
entretejía una atmósfera de suspenso y entornó sus labios como si fuese a
decir algo realmente importante:
- No.
Kai abrió los ojos verdes y quiso decir muchas cosas, pero ninguna tenía
coherencia. Además, después de aquella conversación tan dura en el hotel tras
el rescate de Kei, el joven había decidido medir muy bien sus palabras delante
del yakuza. Pero la actitud despojada y resuelta, y el modo sádico con el que
jugaba contínuamente con sus emociones no le daba lugar a su plan. En cambio,
le atraía, y mucho. Masa sonrió con cierta ternura. Kai miró hacia otro lado,
y también esbozó una sonrisa oculta.
- Ahí tienes tu respuesta, Bon...
- Gracias... - murmuró con desdén Kai. Masa suspiró.
- Me recuerdas... todo el tiempo me recuerdas los momentos en que jugabas
cuando eras un niño - Kai se volteó, alerta - Ponías esa expresión de enojo
que tienes ahora cuando perdías o cuando algo no te gustaba. Y también te
movías sin cuidado cuando algo te ponía nervioso... - dijo sujestivamente,
cambiando el tono melancólico por uno mucho más adulto - ...como durante la
cena. Me lo recordaste.
El heredero Sagano sintio un escalofrío suave sobre su cuerpo.
- No soporto las palabras de mi padre, cualesquiera que sean - dijo Kai
incorporándose - Además Kei me estaba molestando, ya ves que somos hermanos
porque no podemos dejar de pelearnos - agregó con simplicidad. Quiso decir algo
más, pero pensó que sería demasiado obvio que estaba enumerando excusas. -
Mejor vuelve a la cena, ¿No te están esperando?
- Vine aquí por ti. ¿Querías que te lo diga, no? - Masa lo miró fijamente. No sabía de dónde había extraído el valor para hablarle de ese modo o para alimentar en su mente la idea de aclarar aquella nebulosa entre Kai y él. Tampoco entendía porqué sus resoluciones habían desaparecido como fugaces relámpagos, cuando hace unas horas se prometió no acercarse a Bon... en realidad siempre lo hacía, e inacabablemente terminaba a su lado aunque éste no lo notase. De repente todo el cuadro se impregnó de un significado estremecedor para el yakuza, la sensación de que ya todo estaba intentado y pronto perdería el control del que se había asegurado durante tantos años, precipitándose hacia el final.
Kai lo miró unos segundos, con el corazón acelerado y los ojos brillantes.
No contesto, porque no supo qué decir.
- ¿Por qué decidiste viajar a Kyoto y pediste por mí?
Pareció pensar muy bien la respuesta, pero no era así.
- ... Creí que podríamos... hablar - las palabras se le agolparon en la
mente - Nunca lo hacemos, no ahora - tenía un matiz genuinamente triste.
- Algunas cosas cambian - puntualizó Masa, con cierta dureza.
- Algunas no.
- Siento que te haya dolido esta distancia, pero... - empezó el yazuka. En su voz había un dejo de monotonía.
- No quiero hablar de esto. No quiero volver a escucharlo... - Kai se incorporó, cortante, y pasó a un lado de su tutor. Tenía las mejillas lijeramente sonrojadas y no estaba seguro de si la causa era el enfado o la turbación. Masa lo detuvo tan sólo moviendo el brazo derecho. Bon articuló una palabra inaudible.
- ...?
- ... Por... Por qué...?
Se dejó vencer, y con la rendición de la fuerza acabó en un abrazo. El
perfume de Masa le embriagó los sentidos de una manera en que llegó a pensar
que la esencia del hombre a su lado estaba causándole aquella confusión.
Sintió calor, pero la clase de temperatura que uno adquiere cuando se siente
verdaderamente cómodo, verdaderamente completo.
- No es cierto... - el brazo del yakuza le rodeaba los hombros suavemente,
como si no los tocara - ...lo que dijiste por teléfono. - susurró. Kai contuvo
la respiración. - Lo que hagas, me concierne. Siempre. - lo alejó unos
centímetros para ver la claridad de los ojos de su protegido, esa claridad a la
que tanto temía. - Eres lo más importante para mí.
No era la primera vez que Kai oía aquello, sólo que la anterior era muy
dolorosa como para fijarla en su mente. Atinó a preguntar algo, pero Masa lo
detuvo.
- Hablaremos en Kyoto - dijo posando un dedo en los labios de Bon.
Kai lo miró inciertamente y salió del abrazo.
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- Lamento que sean tan aburridos, muchachos… Ya les dije que en sus años yo
no estaría sentado aquí a esta hora…
Kei rió animado, Ranmaru esbozó una sonrisa terriblemente forzada.
- Es tarde, deberíamos irnos ya… el último tren sale en una hora. Ni
siquiera sé si llegaremos - murmuró con cortesía.
- Oh… pero no se van a ir ahora… - el Sr Sagano regresó a la
conversación sin atisbos del alcohol. Iba y regresaba cual niño poseído. -
Quédense aquí, vamos… Si no van a acompañarme en mi salida al menos…
- Pueden quedarse a dormir aquí, es bastante tarde. - Masa habló caminando
desde el corredor. Ignoró a su Jefe puesto no sabía qué se proponía decir
para incomodar inocentemente a los invitados - No tenemos una seguridad absoluta
sobre la desaparición del grupo de Koga y además aquí hay espacio de sobra.
Parecía una idea coherente. Ambos jóvenes se miraron y asintieron a la
propuesta de Araki. Ran no estaba convencido en absoluto, pero no se atrevió a
mediar palabra. Además, Enjuoji parecía estar retomando el lazo perdido con su
padre, y aquello sería siempre positivo. Penso en Kai, mientras padre e hijo
hablaban. No lo había visto regresar, ni pasar por el comedor para dirigirse a
las habitaciones. "Sería bueno hablar con él de nuevo…"
Últimamente el pequeño hermano de su novio se veía solo, y no había que ser
muy perspicaz para darse cuenta de que la pelea con el Sr Araki lo había
afectado. Ademas, Kai le inspiraba simpatía, pese a cualquier suceso del
pasado.
- ¿Por qué no acompañas al Jefe? - dijo Masa en un tono algo autoritario,
al empleado que estaba a su derecha. - Señor, yo me encargaré del Señor
Enjouji y el Señor Samejima.
Bajo una serie de protestas y saludos confusos, el Líder Sagano finalmente
se retiró a su habitación. Ran estaba tan aliviado que hizo que Masa y un
recién llegado Kyosuke sonrieran.
- El Jefe puede ser muy persuasivo… Siento tu incomodidad.
- ¿Bon está acostado ya? - preguntó Kyosuke con interés puramente organizativo.
- ¡No soy un niño pequeño…! - exclamó Kai desde uno de los mullidos sillones blancos del salón contiguo.
- Pues con tus modismos y ese acento tan marcado cualquiera lo diría… ¡Ahhy, Ran! - se quejó Kei cuando su compañero le golpeó el hombro mucho más suavemente de lo que podría haber hecho.
- ¡Tú tienes el mismo acento, idiota! - estalló el rubio - Gracias Sempai… - Kai le dio una mirada ensoñada que se concentró en guiar hacia su medio hermano, que le respondió con una imitación bastante pobre de su gesto.
Ran sonrió. - Hermanos…
- Los guiaré a sus habitaciones si quieren… - agregó Masa, sin prestar atención a la escena y conduciendo a Ranmaru escaleras arriba. Kyosuke los seguía sugiriendo cuartos como si de un hotel de tratase.
- ¿No vas a pedirle a Ran que duerma contigo, Kai…? - susurró Kei.
- Sempai siempre sabe que puede venir a mi habitación a buscar consuelo, una vez que vea lo espantoso que es el bulto que tiene al lado…
- ¿¿"El bulto"??? - repitió cerca del oído de su hermano - Yo creo que es porque anhelas otra compañía…
- Cállate.
- Cuando te ruborizas así te ves graciosísimo… - Kei le posó una mano sobre la rubia cabellera y dijo en tono conciliador: - Habla con él. Ya te lo he dicho antes y no sé que habrá entendido esa cabezota tuya, pero hazlo ahora. El mejor camino es el de la verdad.
- …
- No tienes idea de qué es lo que piensa, verdad? - preguntó mirándolo
fijamente - Nunca sabes... podrías sorprenderte.
Estaban detenidos a mitad del corredor central, en el segundo piso. Kai le dio una mirada dudativa, y luego desvió la vista hacia las figuras que estaban adelante.
- ...Tu cuarto es el de las arañas - dijo pasando a un lado y regresando al
grupo.
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Continúa…