"Cosa de Chicos o Chicas... "
Basado en Shaman King
By Mochita-Chan

 

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Es una costumbre y tradición necesaria el advertir al inicio de cada episodio que este material contiene Yaoi, Shounen-ai, Lime, Lemon y Crossdressing. Así que sería recomendable que si no eres mayor de edad no lo leas, pero como de costumbre nadie hace caso, léanlo nomás, pero sean más disimulados frente a sus papás

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Pruebas de Tiro

Sólo habían pasado 5 horas y ya se habían vuelto populares en un tiempo record en toda la historia del campamento. Según algunas encuestas que se hicieran, el orden de popularidad entre las siguientes chicas:  

1er Lugar: Lyzzeth Bryce (Lyserg)

2do Lugar: Yohko Miyama (Yoh)

3er Lugar: Meilin Tang (Ren)

4to Lugar: Hiromi Kanda (Horo Horo)

5to Lugar: Anna Kyouyama  

A Lyserg le avergonzaba estar ahí, todavía como primero en la lista (le indignaba muy en el fondo que le consideraran “linda”), pero parecía que Anna se lo había tomado muy en serio, como si se tratase de una competencia más. A Horo Horo y Yoh simplemente se les hacía chistoso el estar entre las cinco chicas más populares, ya que lo único que hacía era lucirse en deportes. El único inconforme con la situación era Ren, ya que no solo le asediaban las chicas, sino que también le buscaban los chicos del campamento de varones del otro lado.

Por fin pudieron habar los cuatro en calma cuando llegó la hora de dormir. Cada uno se quitaba sus disfraces y se colocaban ropa normal. Después de todo tenían la cabaña para ellos solos.

–No entiendo por qué seguimos vestidos como chicas si al costado había un campo de varones – se quejaba Ren, aún molesto con sus otros tres amigos.

–Yo qué iba a saber que el campamento de hombres estaba tan cerca. Así que no es mi culpa – Horo Horo se acomodó la banda de la frente – Y ya es muy tarde para salirnos de esto.

–Horo Horo tiene razón – intervino Lyserg, aún con su actitud reflexiva – Si nos marchamos y abandonamos la farsa, los demás van a comenzar a sospechar de nosotros.

–Si ya nos hemos metido en esto, entonces tendremos que seguir hasta el final. Hasta puede que ocurra algo divertido... Puedo presentirlo – rió Yoh, terminando de quitarse los listones del pelo.

–Yo aún estoy esperando a que Pilika haga algún papelón para poder reírme bien – dijo el ainu.

–Cómo se nota que quieres a tu hermana – Ren se acomodó en su camarote.

–Ya, chicos. No empiecen. Si seguimos hablando así, la maestra se va a dar cuenta de todo esto – les advirtió el joven Diethel al darse cuenta de que estaban alzando mucho la voz.

–No creo. Nadie sale de las cabañas a esta hora... Y el baño está muy alejado de aquí.

–Entonces me tengo que ir ya – Yoh cogió su cepillo de dientes y se dirigió hacia la puerta, aún con el relleno debajo de la ropa para disimular en caso de que alguien le viera – Ya regreso.

–No te detengas a coquetear con alguna chica de la otra cabaña o van a pensar que eres lesbiana – le despidió Horo Horo, bromeando como de costumbre.

Tanto el ainu como el muchacho chino empiezan estallar en carcajadas ante esta broma, Yoh también lanzó su risilla; incluso Lyserg, aún leyendo en el camarote del segundo nivel, no evitó dejar libre una pequeña risa ante el comentario.

Como respuesta, Yoh lanzó una sonrisa juguetona.

–Si me tardo, entonces saben que me encontré con Anna.

–¡Uy! Te va a dejar seco – se burló Ren.

Desde una rama cercana, una sombra observaba con detenimiento a los cuatro amigos. Vio a Yoh salir del bungalow con dirección al baño. Saltó del árbol y se dirigió hacia unas prendas colgadas fuera de la cabaña 5, pertenecientes a otras chicas.  

* * *  

Después de hacer su aseo personal, Yoh se estiró para aflojarse un poco y se disponía a volver a su cuarto. Grande fue su sorpresa cuando, al abrir la puerta, se encontró cara a cara con la mismísima Anna. Al parecer también iba a entrar por las mismas razones que el menor de los Asakura.

–Buenas Noches, Miyama – se limitó a decirle la itako.

–Igualmente, Kyouyama – respondió la alegre Yohko.

Antes de separarse, Anna no evitó lanzarle una de sus miradas furtivas a la “muchacha”. A pesar de que se trataba de Anna Kyouyama, una de las personas que mejor lo conocían en el mundo, Yoh se mantuvo tranquilo, aun frente a los ojos de sospecha que tenía la rubia.

–Se te iba a caer una cinta – Anna llevó su mano hacia la oreja de Yoh y le cogió un listón suelto.

–Debió desatarse... Gracias, Kyouyama.

En cuanto Anna cerró la puerta, Yoh se fue corriendo hasta adentrarse en el bosque. Después de respirar profundamente y recuperarse de la tensión de esos interminables dos minutos que pasó con la itako, el shaman de Amidamaru se apoyó sobre el tronco de uno de los árboles.

–¿Qué le habrá pasado? ¿Se habrá dado cuenta? – dijo Yoh para sí mismo.

–No lo sé, Amo Yoh – Amidamaru apareció – La manera en la que miraba la señorita Anna tenía algo más que suspicacia... Hasta diría que pude percibir celos.

–¿Celos? No podría entender por qué... Lleva menos de un día de conocer a Yohko... – Yoh miró inocentemente hacia arriba, tratando de encontrarle una explicación lógica al comportamiento de su prometida.

–Amo Yoh. Está viniendo alguien. Tiene que regresar a la cabaña – le advirtió el samurai a su shaman, al ver luces de linternas.

–Sí, ahora voy. Te llamaré cuando sea necesario, Amidamaru.

Cuando su espíritu acompañante se desvaneció, Yoh se acomodó la ropa y regresó a su cabaña.

* * *

Al día siguiente, el campamento empezó realmente: Primero el desayuno a las 7.00 am en la cabaña central; después le siguió la clase de artes manuales, en la cual los únicos que tenían problemas con el curso eran Ren y Anna (Yoh, Horo Horo y Lyserg estaban haciendo unas pulseras de hilo muy bonitas); y como tercera actividad, estaba la clase de arquería.

–Recuerden. Tensen el arco y fíjense en el centro del blanco – seguía indicando la profesora.

Una de las encargadas llegó y le dio un mensaje a la profesora.

–Ya regreso. Tengo una llamada. Sigan practicando hasta el cambio de hora – dicho esto, se retiró.

Muchas de las chicas ni se acercaban al punto rojo del centro. A Tamao se le escapó un tiro durante la prueba y casi le arranca la cabeza a Horo Horo. Afortunadamente la flecha se clavó en el tronco que estaba detrás del ainu, sólo a tres centímetros de su cabeza.

–¡Lo lamento, señorita Kanda! ¡No fue mi intención! – dijo una apenadísima Tamao.

–Descuida. A cualquiera le pasa, Tamao – a pesar de conservarse sonriente, por dentro el muchacho estaba más que petrificado – Llámame Hiromi, pero también me puedes llamar Hiro.

–Disculpe, Hiro-san – Tamao estaba aún apenada por lo que pasó con la flecha.

Son interrumpidos cuando se escucha el ruido de una flecha en el blanco. Ren logró dar en el centro exacto de su blanco y los miró a los dos con sus ojos serios.

–Están aquí para trabajar. Pueden charlar en otro momento – las calló Ren, quien era admirado por las demás chicas por su destreza en el arco – Con todo su parloteo no puedo concentrarme.

–Lo siento, señorita Tang – Tamao miró hacia el suelo completamente apenada.

–Antipática... – murmuró Hiromi.

–Te oí – contestó la china.

–¿Y qué vas a hacer?

–Voy a hacer lo que Tamamura no logró hace un rato...

Sus miradas hostiles desaparecieron cuando Lyzzeth y Yohko contuvieron a Meilin y Hiromi, respectivamente. Tamao miraba asustada, mientras que más chicas interrumpían sus rutinas para ver el espectáculo.

–No vale la pena que peleen en estos momentos – dijo Lyserg, tratando de razonar amablemente con Ren.

–No voy a permitir que siga diciéndome tonterías – exclamó el sucesor de los Tao, viendo con enojo a Horo Horo.

–Vamos, Hi-chan. Ya sabes cómo es Mei-chan, por eso no deberías decirle esas cosas – le decía “la” sonriente Yohko a la chica norteña.

–Eso fue el inicio... Además ese es uno de mis hobbies – contestó el ainu, lanzando una de sus sonrisas maliciosas contra Ren.

Pilika y Anna estaban viendo lo que pasaba desde otro ángulo.

–No sé por qué Hiromi me recuerda a mi hermano. Ambos tienen la misma actitud pedante... Aunque mi hermano generalmente se comporta así cuando está con Ren Tao... – decía la peliazul al ver el espectáculo formado por esas cuatro chicas.

–¿Será...? – Anna murmuró en voz baja, preguntándose si sus hipótesis eran las acertadas.

Entonces sonó la campana que marcaba el término de la rutina. Sin detenerse, Lyserg y Yoh se llevaban a rastras a sus dos histéricos amigos. Eran observados por las fulminantes miradas de la itako rubia.

–No te quedes ahí meditabunda – le llamó Pilika, ya a dos metros adelante.

Se sacudió la cabeza y continuó caminando. Era ridícula esa hipótesis ahora que la pensaba mejor. De repente era una coincidencia que existiera una chica idéntica a él, pero Yoh no sería tan tonto... ¿O sí?

* * *

Después del almuerzo y las demás actividades del cronograma, se les dio a las chicas un recreo para que fueran a explorar el bosque, a nadar o cualquier distracción constructiva. Yoh, Horo Horo y Lyserg habían planeado aprovechar ese tiempo para dar una excursión por el monte.

–¿En dónde se metió Ren? – se preguntó Yoh.

–¿No estaba con nosotros hace un momento? – preguntó Lyserg.

–Será mejor que vayan ustedes. Yo voy a buscar al cabeza de aguja – Horo Horo se separó de ellos dos y fue de regreso a la zona del campamento.

–¿Estás seguro? ¿No quieres que vayamos contigo? – el menor de los Asakura aún lo miró.

–Claro que sí. Tengo que hablar unas cosas con el tonto de Tao.

–Pero trata de no hacerlo enojar de nuevo. Mira que nosotros no estaremos de nuevo para detenerlos de hacer alguna tontería, Horo Horo – dijo el joven inglés.

–¿Cómo crees? No le voy a hacer nada... Todavía – dicho esto, el ainu

Cuando se hubo alejado lo suficiente, Lyserg le preguntó a Yoh:

–¿Crees que debamos ir con él?

–No creo. Ya vas a ver que a esos dos les va a ir bien – sonrió y los dos continuaron con su paseo.

* * *

Otra flecha justo en el blanco. Ren era el único que seguía en la zona de prácticas. Aún tenía mucho que pensar, para lo cual se puso a practicar más. Al lanzar otra flecha, esta vez había dado al borde del blanco.

–¿Qué me está pasando? – renegó el muchacho chino.

–Pero debo admitir que no está nada mal, Cabeza de Aguja – esa voz pertenecía a Horo Horo, que estaba recién llegando.

Ni siquiera volvió la cabeza para verlo. Bufó una pequeña risa de presunción y tensó el arco nuevamente.

–Desde pequeño me adiestraron en todo tipo de armas. Personalmente prefiero mi lanza, pero esto está bien para variar.

–¿Eso es lo mejor que puedes hacer? – se acercó hacia él y cogió otro arco de la cesta, también otras flechas.

–¿Acaso estás insinuando que puedes hacerlo mejor que yo?

–Claro que sí. Tú no eres el único que sabe usar estas cosas – tensó el arco y disparó en el blanco perfectamente – Agradécelo a tres años de cacería con arco y flechas en las montañas de Hokkaido.

Ren sonrió al ver la destreza del peliazulado y cogió otra flecha.

–No me digas... He visto mejores técnicas de lanzamiento que las tuyas – lanzó otra flecha, la cual partió por la mitad a la que estaba clavada en el centro.

–¿Quieres apostar? – Horo Horo le pasó un Frisbee – A ver, ponme a prueba, Chino.

Comprendió el juego y le hizo caso. Al lanzarlo a una altura y distancia considerable, el ainu preparó el arco y flecha y le atinó al objeto volador.

–Nada mal...

–Vamos a hacerlo más interesante – Horo Horo le pasó una carga con 10 flechas, cogiendo también 10 flechas para sí mismo – Pongamos una apuesta...

–¿Qué propones? – sonrió al darse cuenta que podría ser interesante – Hoy estoy con ganas de jugar.

–Un 10 a 10. El que falle en un solo tiro, hará lo que el otro le mande.

–Vas a perder, bobo.

La competencia entre estos dos estuvo muy reñida. Ya llevaban 9 tiros cada uno y todos eran perfectos. Horo Horo dio su tiro perfecto, y ahora le tocaba a Ren. Si perdía, estaba a merced del ainu; si acertaba, el juego sólo tendría un desempate. Se alistó y respiró profundamente antes de fijar su vista en el blanco. Cuando estuvo a punto de disparar...

–¡Ren! ¡Horo Horo! – les llamó Yoh, seguido por Lyserg.

Al percatarse de ellos dos, Ren se sonrojó y dejó salir el tiro, dándole al borde del blanco.

–¡Gané! – festejó su oponente.

–¿P-Por qué tenían que llegar ahora? – les reclamó un enfadado Ren por haber perdido.

–¿Acaso interrumpimos algo? – dijo el desentendido Yoh.

–Lo siento mucho, Ren – se disculpó Lyserg tímidamente.

–No, está bien... No te disculpes – Ren se llevó las manos a la nuca – Anda, “Hielito” ¿Cuál es mi castigo?

Horo Horo lanzó su sonrisa malvada, la cual Yoh interpreta a la perfección.

* * *

Eran las 11.30 pm y estaba helado alrededor del lago. Nadie vigilaba y los cuatro chicos, ya con ropas normales, fueron al muelle del lago. A diferencia de los demás, Ren llevaba en brazos su ropa y una toalla... ¡COMPLETAMENTE DESNUDO!

–Será tu culpa si nos descubre alguien – Ren no podía estar más rojo.

Horo Horo y Yoh seguían riéndose, mientras que Lyserg sólo temblaba, ya que tampoco podía contener las ganas de reírse.

–Estamos sólo los cuatro aquí. Nadie más se va a dar cuenta – Yoh se acomodó en una roca, invitando a Lyserg a sentarse a su lado para ver el espectáculo.

–Así es. Hace mucho que quería ver un panzazo(1) – rió el ainu.

–Algún día vas a pagar por esto – le amenazó Ren por lo bajo.

Dejó su ropa a cuidado de Yoh y Lyserg y se acercó al borde del muelle. Tomó aire y saltó para caer de estómago contra el agua. Lyserg y Yoh hicieron una expresión de dolor al imaginarse lo mucho que debió doler eso. Horo Horo se acercó para buscarlo, pero no se veía nada en el fondo, lo cual intrigó también a los otros dos, así que los tres se asomaron muy al borde para buscarlo. Cuando menos lo imaginaron, Ren salió sorpresivamente del agua y arrastró a Horo Horo, quien por reacción se llevó también a Yoh y Lyserg al agua.

–¡Maldito seas! – exclamó Horo Horo al verse empapado.

–Te dije que me las ibas a pagar – respondió el chino, también burlándose de la pinta de ellos tres.

–Admito que fue divertido – rió Yoh.

–Está fría el agua – tembló Lyserg.

Después de eso, los cuatro se rieron. Salieron del agua y los otros tres se quitaron la ropa mojada que tenían. Por fortuna la cabaña estaba a unos metros del lago.

–Se ven tan bien con esas pintas – los cuatro muchachos se quedaron helados al escuchar una voz entre los matorrales.

¿Quién los habrá descubierto? Vieron que el individuo salió, quien, para sorpresa general, resultó siendo...

–¡Hao! – la ira de Lyserg no se hizo esperar.

–Te ves tan bien “Al Natural”, Lyserg – dijo en tono burlón – ¿O mejor te llamo “Lizzy”?

Ante este comentario, los cuatro recordaron que aún estaban desnudos, lo cual hizo que se sonrojaran completamente.

–¡¿Qué haces aquí, bastardo?! – le respondió Lyserg, cubriéndose con la camisa de Ren. Horo Horo y Yoh cogieron respectivamente la toalla y los pantalones del chico chino, mientras que el muchacho del peinado en punta se puso sus bóxers.

–¿Les parece si hablamos mejor en un ambiente más privado? Por ejemplo... en su cabaña – el gemelo de Yoh sonrió y fue hacia el bungalow de los muchachos

Fin del Capítulo

Continúa

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Notas:

–(1) Panzazo es un clavado en el agua en el que se cae con el estómago (eso duele a horrores)

–¿De qué hablará Hao con los muchachos? ¿Se pondrán ropa? ¿Anna sospechará algo o simplemente está criticando el gusto de Yoh en moda? Todo esto y más en los siguientes episodios...

–Uff... por fin terminé este episodio... Espero que puedan dejarme buenos reviews. Saludos a Kory-kun (Tu fic de HaoHoro está muy bueno, al igual que el de Oro-chan