"Dos
Perfectos Conocidos"
Basado en Shaman King
HoroHoro x Ren
By Mochita-chan
Advertencias:
Este fic es Yaoi
(hombre/hombre), así que insisto a los homo fóbicos alejarse. Total, sé que
no me harán caso, así que no me vayan a tomar a mal y demás cosas.
Cuando alguien se mete en lo que no
debe...
–Tienes razón. Ellos
son los que deben arreglarlo y en algún momento volverán a estar juntos. Tal
como tú y yo, querida.
Entonces escuchan algo
desde el jardín. Los dos van a ver por la ventana qué está pasando.
Cuando se fijan bien en
la escena del jardín, Fausto y Eliza se quedan en sus lugares con grandes gotas
sobre la cabeza frente a la curiosa escena que se había armado: Horo Horo y
Chocolove estaban haciendo un gran cartel rojo en forma de corazón y varios
focos que formaban un gran “Te Amo. Cásate conmigo”.
–¿Creen que esto
funcione? Yo lo veo como una pérdida de tiempo – se quejó Ren, que desde hacía
unos momentos estuvo observando la situación.
–Ya verás que sí, Ren.
Anna pensará que Yoh lo hizo y así se convencerá de que la quiere – dijo
Horo Horo, pasando con pintura un último rincón.
Ren vio a su koibito(1)
con las fachas de obrero: Overol de jean, una banda negra en la frente y la
mejilla derecha manchada con una línea de pintura roja. Ren en verdad estaba
alucinando al verlo con fondo rosado, nubes y demás cosas.
–¡Corazón, corazón!
¡Si tú te vas...! – cuando Horo Horo iba a empezar una cancioncita, es
fulminado por Horo Horo y Ren.
–¡Déjate de esas
cosas! – dijeron ambos a la vez, después de darle una “propina”
Fausto sólo rió ante la
escena junto con Eliza.
–Mira eso... En verdad
quieren ayudar a Yoh... – suspiró el doctor y luego volteó hacia el botiquín
– Eliza, prepara la sala que van a haber pacientes.
* * *
De vuelta a China, Horo
Horo por fin despertó con una fuerte resaca. A penas pudo darse cuenta de que
se encontraba en un cuarto de hotel.
–Chss... Es la última
vez que mezclo ron con wisky... aunque en ningún momento lo había hecho, pero
es una buena comparación – bromeó para sí mismo.
Estaba solo en el cuarto
y eran cerca de las 9.00 pm, por lo que afuera estaba iluminado por las luces de
la calle. Kororo se le acercó, visiblemente feliz porque su shaman despertó.
–Hey, Kororito... –
le saludó Horo Horo – ¿Hay hielo? Mi cabeza va a explotar...
–Kukuruku – asintió
el pequeño Koropocus, produciendo una bola de hielo.
El joven cogió el pedazo
de hielo y se lo pasó por las sienes y la frente. Notó que su banda de la
frente estaba en la mesa de noche y traía puesta una camiseta negra y
pantalones de algodón.
–¿Cuándo habré
llegado aquí? Lo último que recuerdo es que le gané al sujeto... – es
interrumpido cuando se abre la puerta del cuarto y Ren entra con una abundante
cena.
–Ya era hora que
despertaras – fue lo único que le dijo al ver que despertó.
–¿Cómo es que estamos
aquí? ¿El tipo tenía tanto dinero?
–No, tonto. El dinero
va a ser para nuestro viaje en avión. Este hotel está a nombre de Jun – le
contestó el muchacho chino.
–¿Tu hermana es la dueña
de este hotel?
–No te sorprendas. Ella
tiene hoteles en Beijing y Shangai y yo recibí tres terrenos en el sur.
–Presumido...
–Agradece que si no
fuera por eso, ahora estaríamos durmiendo en el callejón – abrió una
bandeja y le mostró el gran banquete – ¿Tienes hambre?
En seguida Horo Horo se
puso tan alegre como si hubiera ganado la lotería y se puso a comer.
–Me leíste la mente,
Ren. Me comería un caballo – decía con la boca llena de fideos.
–No me extraña. Lo
vaciaste todo ayer...
–Oye, Ren... ¿Hice
algo ayer de lo que me pudiera arrepentir? – le preguntó Horo Horo, una vez
que terminó de tragar.
Ren se quedó un rato
pensativo y, después de abrir su botella de leche, dijo:
–No. Sólo vomitaste
dos veces y te tuve que cambiar de ropa – el muchacho omitió la parte del
beso.
–Ah, qué bueno –
mientras sonreía y tragaba, por dentro era todo lo contrario.
«¿Cómo le hago ahora?
Si no me lo dijo él mismo significa que no le gustó. Aún no sé cómo fue que
lo besé» pensó Horo Horo, yendo por la mitad de su sopa.
«No pienso decirle nada.
De repente no sabía lo que hacía por estar ebrio... Si sabe que me gustó,
creerá que soy una especie de tonto...» pensó Ren, viendo su botella de
leche.
Nadie sabía lo que
pensaban los dos muchachos, ni siquiera Basón y Kororo.
* * *
Durante la noche,
mientras Ren dormía, Horo Horo fue a hacer un paseo nocturno, ya que había
dormido lo suficiente. Como no había algún lugar interesante, pensó en ir a
la azotea del hotel para ver las luces y la actividad desde arriba.
–Aquí se está bien
– respiró aliviado y sintió cómo el viento chocaba contra su rostro – ¿Qué
fue lo que me pasó? ¿Por qué besé a Ren? Acepto que me agrada mucho, pero
esto en verdad es confuso ¿Y si piensa que soy un maldito gay? No quiero que me
odie...
Un avión pasó por el
cielo y el sonido llamó su atención.
–Si nos vamos a Japón,
supongo que todo esto quedará en el olvido. Ya sé. Mañana temprano nos iremos
al aeropuerto y continuaremos con el viaje sin complicaciones como si no hubiera
pasado nada. Sí que soy un genio.
Sí, viajarían a Japón
y los dos serían compañeros de viaje, sin embargo Horo Horo no sabía que ese
viaje le cambiaría la vida, y el llegar a Japón nuevamente le traería más
situaciones confusas.
* * *
Al día siguiente, los
dos muchachos se embarcaron en el vuelo R-320014 con destino a Japón. Como el
dinero que tenían era limitado, los boletos eran de clase comercial, por lo que
el servicio no era tan bueno como en la clase avanzada.
Una vez que despegara el
avión, sirvieron la comida al poco rato.
–¿Pollo o pescado, señor?
– preguntó la azafata.
–Pollo – respondieron
los dos a la vez. Tenían entendido que la comida del avión no era la mejor del
mundo, lo cual significaba que era muerte segura pedir pescado (NA: ¿Acaso no
les ha pasado alguna vez? Créanme, pescado pasado es lo peor...)
–De aquí hay un largo
viaje... – suspiró Horo Horo, viendo por la ventana de su asiento.
–Un largo viaje en el
cual podremos hablar de varias cosas.
–¿Qué sucede ahora?
–Sabes a lo que me
refiero.
–No, por eso te estoy
preguntando de qué se trata todo.
–Quisiera preguntarte
si en verdad no recuerdas nada de lo que ocurrió en el bar.
–Claro que no. Esos
tragos fueron mortales, con las justas puedo recordar que no se me cayó la
cabeza – mintió, era claro que lo estaba haciendo, así que decidió
voltearle el tema – ¿Por qué el interés? ¿No me dijiste que no había
hecho nada?
–Pues no. Es que es un
mal signo si no recuerdas nada, significa que mataste la décima parte de tus
neuronas – el muchacho se cruzó de brazos y evitó mirarlo, ya que su rostro
estaba completamente sonrojado.
–Te preocupaste por mí...
– una parte de él sonaba algo burlona y con ganas de verlo enojado
nuevamente, mientras que la otra mitad de su conciencia estaba al borde de la
alegría al saber que le había importado, siquiera unos instantes, a Ren Tao.
–¡Claro que sí,
Cabeza de Chorlito! – le regañó Ren – Tenía miedo que te pasara algo
peor. Pudiste haberte intoxicado o esos matones te hubieran hecho cosas que no
quiero ni imaginar.
Con esto, los dos tenían
una cara de asombro increíble. Horo Horo nunca esperó que Ren lo dijera en
verdad. Por otra parte, Ren se había sincerado por primera vez, así que eso en
verdad no era nada fácil. Aún confundido, se desabrochó el cinturón y fue
corriendo al baño.
Al ver la reacción de éste,
el joven ainu no sabía qué pensar de su compañero de viaje, ya que Ren era
demasiado complejo como para poder entenderle.
Después de media hora,
el muchacho de Hokkaido se extrañó de que Ren no hubiera regresado. Fue al baño
y encontró una larga fila de gente aguardando en la puerta.
–Disculpe. Conozco al
que está ahí adentro – se excusaba el shaman de hielo, abriéndose paso
entre la gente del avión – No se preocupe, que yo hablo con él.
Trató de abrir, pero la
puerta estaba cerrada con seguro.
–¡Abre, Chino! ¡La
gente también tiene que usar el baño! – le llamó Horo Horo desde el otro
lado de la puerta.
–¡Lárgate! ¡Estoy
ocupado!
–¡No seas necio y abre
la maldita puerta!
–¡Deja de insistir,
cerebro de hielo!
Lo siguiente que la gente
escuchaba era un intercambio tras puerta de insultos en dialecto ainu y algo de
mandarín de parte de los dos chicos (es obvio a quiénes pertenecen esos
idiomas respectivamente)
Ya hartándose de la
situación, Horo Horo cogió un sujetador de papel y abrió el seguro de la
puerta con un alambre. Cuando lo hubo conseguido, en lugar de sacar a Ren, él
entró también y cerró la puerta con seguro. Los dos estaban con las justas en
ese espacio tan angosto, pero en ese momento sólo importaba hablar.
–No seas infantil. Esto
es muy de niñas. Pilika se escondía en el sótano cuando le decía
“Moticuco” – el joven trató de hacer reír a su amigo, pero eso no tuvo
el éxito que esperaba –No entiendo porqué estás así. Simplemente te
abriste un poco. Eso no es malo, Ren.
–Cállate... No he
hablado así con nadie excepto con Jun.
–Pero no tiene nada de
malo que te sinceres de vez en cuando. Mostrar los sentimientos no tiene nada de
malo, tontito. Además me dijiste que yo era tu mejor amigo, así que es normal
que me digas estas cosas.
–No te vayas a
ilusionar tanto. Te lo dije y ya.
–Como si quisiera tus
preocupaciones. Por ti es que estoy aquí. Si no, no hubiera venido a hacerte
entrar en razón y sacarte de ahí.
–Pues déjate de
parloteos y salgamos. No me está gustando la idea de conversar en este espacio
tan pequeño.
–¿Qué va a ocurrir?
Como si fuera a besarte...
Aunque sonaba como una
broma, los dos sabían que la verdad era otra. Decidieron que lo mejor era
continuar con la conversación en otro lugar. Sólo hubo un pequeño problema...
–¡Quita tu brazo! –
le ordenó Ren, atorado en el espacio angosto con Horo Horo.
–¡Lo haré si quitas
tu rodilla de mi pierna!
–¡Me tocaste!
–¡Qué más quieres!
¡No puedo mover la mano! ¡Miren quién habla de mañosos!
–¡Como si quisiera
tocarte ahí!
Después de varias
maldiciones en chino de Ren y bastantes ruidos y movimientos de los dos para
tratar de salir, los dos shamanes finalmente salieron del baño del avión con
mucho esfuerzo. Toda la gente de la sección estaba viendo a esos dos salir del
diminuto cuartito con la ropa desarreglada. Aguantando todas esas miradas raras
que se les venían encima, Ren y Horo Horo continuaron con dignidad y volvieron
tranquilamente a sus asientos.
* * *
Cuando Chocolove y Horo
Horo terminaron con su “pequeño” proyecto de arte, Manta y Ren miraban
resignados. Conociéndolos el tiempo suficiente, sabían que algo terminaría
saliendo mal.
–Ahora sólo hay que
traer a la Annita, ‘pe – dijo Chocolove, ajustando unos últimos focos de
los kanjis.
–Yo voy a traerla –
se ofreció una entusiasmada Tamao.
Mientras Tamao corría,
Manta le siguió con la vista por unos instantes, pero luego volvió su atención
hacia el proyecto de sus amigos.
–Oye... ¿Han revisado
si todas las conexiones están seguras? – preguntó el más bajito – Es que
lo hicieron a la loca y dudo que esto vaya a salir bien.
–Te alarmas demasiado,
Manta – dijo un despreocupado Horo Horo – Este plan es a prueba de fallos.
–¿Y qué piensa Yoh de
esto? – volvió a preguntar Manta.
–Lo que no sabe, no le
hace daño – dijo Chocolove, poniendo el último foquito.
En cuanto conectaron la
cuestión, no trabajó para nada bien. Después de unos breves instantes, empezó
a haber fuego, mucha conmoción y los intentos de los cuatro muchachos para
apagarlo. Viendo que estaban en una medida desesperada, ya que Anna y Tamao
estaban llegando, Horo Horo hizo su posesión de objetos y produjo hielo
suficiente como para apagar el fuego, sin embargo sólo quedaban cenizas y una
gran porción del jardín completamente quemada.
Al llegar, todos se
quedaron helados ante la atemorizante presencia de la joven Kyouyama. Mientras
Tamao no sabía qué excusa inventar ésta vez, pudo darse cuenta por la mirada
asesina de la itako que no iba a escuchar nada de lo que pudiera justificar el
desastre en SU jardín.
* * *
–Esto no es justo. No
tuve que ver con nada de esto – se quejó Ren.
–A mí se me están
adormeciendo las ancas de rana – dijo Chocolove.
–Creo que falta una
hora más – lloró Horo Horo.
–Les dije que había
otra manera – les recalcó Manta.
Los cuatro que estuvieron
en la escena del crimen estaban cumpliendo con el castigo de Anna: Quedarse en
cuclillas por dos horas.
–Después de esto van a
lavar y encerar los pasillos, reparar las paredes y replantar el césped semilla
por semilla – seguía ordenando Anna.
–Amargada... – murmuró
Horo Horo para sí mismo.
–¿Qué dijiste? –
Anna volteó a verlo con ojos más fríos que su propio poder.
–¡No, no dije nada!
– trató de mentir un nerviosísimo Horo Horo.
**Técnica especial
secreta #2**
La joven itako cogió de
la cabeza a Manta, ya que seguía siendo enano, y después de levantarlo con
gran fuerza, se lo lanzó al insolente en la cabeza.
–¡Te tienes que
aprovechar porque sigo siendo más pequeño que tú! – le acusó Manta.
–Eso les pasa por
quejarse ¿Acaso quieren otra media hora más?
Mientras Anna iba a ver cómo
estaba todo en la cocina, Ren le dijo a Horo Horo, que estaba con un gran chichón
en la cabeza:
–¿Esta fue tu gran
idea, genio?
–Pensé que iba a
funcionar. Además es algo que llama la atención.
–¿Por qué no te
resignas y dejas este asunto sólo entre Yoh y Anna?
–Es hora del plan B.
–¿Y cuál es ese?
–Primero tengo que
pensar en el plan B...
–¡Baka!(2)
* * *
A lo mejor Horo Horo y
compañía no tenían un plan B, pero Lyserg estaba poniendo el suyo en práctica.
Mientras el resto estaba en su castigo, el joven Diethel y el menor de los
Asakura estaban ocupados en el aseo del piso. Cada uno enceraba con su
respectivo trapeador.
–Yoh...
–¿Qué pasa, Lyserg?
–Quisiera disculparme.
Sé que hice mal hace dos años en dejarlos y...
–Olvídate de lo que
pasó. Tú tenías tus motivos para seguir a los X-Laws. Además has vuelto, así
que podemos actuar como si nunca hubiera pasado – respondió con su habitual
optimismo.
–Lo sé... Sólo sentía
que tenía que decírtelo – luego dio un suspiro y metió el trapo en el balde
– En serio, Yoh... ¿Estás seguro que has hablado bien con la joven Anna?
–Sí. Con lo de esa
noche fue justo y claro, así que preferiría no volver a sacarle el tema a
Anna. Sé que no le gustaría halar al respecto.
–¿Ella fue quien te
dijo la idea de dejar el compromiso? – volvió a meter el trapo en el agua y
lo exprimió.
–Sí. Yo acepté. Ella
tiene razón, aún estábamos a tiempo de retractarnos.
–¿Te dijo las razones?
–No estábamos listos.
Además aún estaba insegura sobre algunas cosas.
–¿Tú también lo
estabas?
–Sí... aún estaba
confundido sobre mis sentimientos por ella... Pero ahora no vale la pena lo
mucho que lo haya pensado. Si se lo digo sólo le causaré más dolor. Anna no
me ama y no puedo obligarle a que me corresponda y un matrimonio se basa en eso.
Lyserg volvió a mojar su
trapo en el balde y se quedó arrodillado frente a éste, aún sin exprimir el
agua.
–¿Ella te dijo que no
te ama? – le preguntó con tranquilidad.
–No necesité que me lo
dijera.
–La incertidumbre puede
hacer que la mente llegue a imaginar lo peor. Si lo completaste con esa conclusión,
quizás ese era uno de tus miedos.
En ese momento la mente
de Yoh se aclaró y Lyserg exprimió el agua del trapo.
–Tienes razón...
Aunque no me corresponda, debo decírselo de una vez.
–Es lo mejor. Lo que
guardas, debes liberarlo antes de que se muera dentro de ti.
–Gracias, Lyserg.
–De nada, Yoh.
Cuando el joven fue a
buscar a Anna, Lyserg esbozó una sonrisa relajada y continuó trapeando.
Morphin aparece y también le sonríe a su shaman.
–¿Qué tal me salió,
Morphin? – en respuesta, su pequeña hada voló en círculos, dándole a
entender que eso era un “Genial” – Qué bien. Me alegra que por fin
pudiera aconsejar bien a alguien.
Fin del Episodio
Continúa
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Notas:
–(1) Koibito
en japonés es “Amante”; (2) Baka
significa “Tonto”
–¿Cómo habrá
influido la breve reflexión de Lyserg con Yoh? ¿Le saldrá todo bien y logrará
que Anna entienda? ¿Ahora qué pasará con Ren y Horo Horo cuando lleguen a Japón?
–Aquí de nuevo con un
episodio más. A lo mejor me demore, ya que empecé con la academia hace poco,
por lo que voy a estar con full tareas de mate, letras y juegos lógicos (no es
tan malo. A mí me gusta geometría)
–Muchas gracias por
todo. Estaré esperando más reviews y mando saludos a los de siempre y a los
demás que están animándose a seguir la historia.