"Dos Perfectos Conocidos"
Basado en Shaman King 
HoroHoro x Ren
By Mochita-chan

 

Advertencias: Este fic es Yaoi (hombre/hombre), así que insisto a los homo fóbicos alejarse. Total, sé que no me harán caso, así que no me vayan a tomar a mal y demás cosas.

 

¿Tenemos que separarnos tan pronto?

Durante el camino, Ren y Horo Horo no se habían dirigido la palabra ni para decirse un “Salud” en caso de que alguno estornudara.  

–Señorito... ¿Está peleado con el joven Horo Horo? Es que no se han hablado desde que regresé con usted – le preguntó su espíritu acompañante.

–No te incumbe, Basón. El raro es él.


Por otra parte, Horo Horo estaba tan confundido como lo estaba su compañero de viaje.

Por fin llegaron a un hotel muy grande y lujoso, lugar donde estaba hospedándose Jun, ya que ésta sabía que Ren había llegado hacía poco gracias a algunas fuentes en el aeropuerto. Pasaron a la suite presidencial que ocupaba la hermana mayor del sucesor de los Tao, la cual estaba sentada en un amplio sofá y su fiel Lee Pyron de pie junto a su taoísta.


–Qué bueno que por fin te encontré, Ren – sonrió su hermana al ver al muchacho de ojos dorados.

–¿Por qué me estabas buscando, hermana? – preguntó respetuosamente.


Horo Horo no entendía nada del diálogo entre hermanos, ya que estaban hablando en chino. Después de una larga charla entre los dos, en la que Ren estaba algo molesto y su hermana había dejado de lado su sonrisa para dar paso a una expresión severa, finalmente hubo algo que Ren contestó en japonés:


–¡No lo haré, Jun! ¡Aunque seas tú la que me lo pide!

–Por favor, Ren. Tienes que...

–¡No es mi problema!


Sin que nadie pueda evitarlo, el joven Tao abandonó la habitación. Horo Horo se preguntaba qué era lo que estaba ocurriendo con él.


–Jun, disculpa... ¿Qué ocurrió con Ren? – se decidió a preguntarle el ainu.

–Lo que pasa es que papá no se ha sentido muy bien y... Pues, creo que le queda poco de vida.

–Lo siento mucho, Jun.

–No te preocupes por eso. Lo que pasa es que tal como se ven las cosas, Ren tendrá que regresar a la casa para que mi padre le de su última voluntad y que asuma el mando de la familia Tao.

–Creo entender a qué va todo esto... – murmuró Horo Horo al entender por qué Ren se marchó tan molesto.

–Esto me apena mucho, sobretodo el recordar que hace tan solo dos semanas que Ren y papá se pelearon y ahora estén en una situación como ésta.


Antes de que Horo Horo se marchara, Jun le detuvo de nuevo:


–Horo Horo... Gracias por cuidar de Ren todo este tiempo.

–No lo agradezcas, Jun. Él es mi mejor amigo – después de darle una sonrisa, se marchó.


A solas, Jun aún seguía extrañada por la frase de Horo Horo: “Él es mi mejor amigo”. Eso era muy extraño si consideramos que hablaba del mismísimo Ren.

 

* * *

 

Ya no iba a flaquear ésta vez. Estaba muy decidido y se lo iba a decir pero ya. Tragó algo de saliva y respiró profundo.  

–Hola, Anna ¿No crees que hoy es un hermoso día? – dijo alegremente al entrar a la habitación, pero no había nadie – ¿Cuándo fue que salió?


Recorrió la habitación con curiosidad y pudo ver que no había nada en los cajones del armario. Alarmado, corrió a todos los rincones de la casa, pero no había ni una pista sobre la itako.


–Joven Yoh... – dijo Tamao al verlo correr por los pasillos.

–Buenos días, Tamao ¿Dónde está Anna? – preguntó Yoh.

–¿No se lo dijo? – se veía algo confundida.

–¿Decirme qué?

–La señorita Anna decidió regresar a Izumo con sus padres. Dijo que la gerencia del negocio se la dejaba a usted.


Eso fue bajo. Yoh pudo sentir cómo el techo le caía encima. Sin más preámbulos, corrió presuroso a alcanzarla. Llegó a la puerta, donde se encontró con Horo Horo, Ren y Manta.


–¡Yoh! ¿A dónde vas? – le preguntó Manta al ver el desespero que tenía el muchacho.

–Anna se fue. Tengo que alcanzarla.

–¡¿Cómo que se fue?! – exclamó Horo Horo.

–Esta mañana no estaba y Tamao me lo dijo todo – no tenía tiempo para contarles todo el problema, ya que tenía que llegar donde la joven.

–Tonto. Ni siquiera sabes dónde está – dijo Ren.

–Sí sé. Va a tomar el tren.

–¿Cómo lo sabes? – preguntaron los tres.

–A Anna le gusta el paisaje de camino a Izumo y ella prefiere los obentos(1) que sirven en la línea SD-0014. Además a ella le gusta ahorrar y, aunque el tren demora más que el vuelo, el camino en tierra es más seguro según ella.


Ante estas explicaciones, los otros tres chicos se quedaron con los ojos en punto al comprobar cuánto conocía Yoh a Anna con detalles tan insignificantes.


–Ahora hay que conseguir un buen medio de transporte – dijo Horo Horo, pensando en una manera de llegar rápido.

–Sí. Corriendo no vamos a legar – indicó Manta.


Entonces escucharon la voz de Ryu, que recién llegaba en su motocicleta.


–¿Qué hacen todos aquí afuera? – preguntó el más alto al verlos a los cuatro en la entrada.

–Ryu, préstame tu moto – dijo Yoh apuradamente.

–Claro, don Yoh... ¿Pero qué pasa? – preguntó confundido.

–Te contamos cuando regresemos – Horo Horo se subió a la moto y Ren se sentó detrás de él.

–Ahora no tenemos mucho tiempo – Yoh se subió al anexo lateral para el acompañante, compartiendo el espacio con Manta.

–¡Yahoo! ¡Aquí vamos! – anunció Horo Horo bien animado, encendiendo la motocicleta y dejando las marcas humeantes de los neumáticos tras de sí.

 

* * *

 

A pesar de que Ren se había alejado bastante, Horo Horo logró encontrarlo sin mayor dificultad. Resulta que el muchacho de cabello en punta estaba de nuevo en el parque sobre una de las ramas del árbol donde se habían besado esa tarde.  

–¿Hay lugar para uno más? – preguntó el ainu, ya cerca de él en otra rama.

–¿Qué quieres? ¿Acaso vas a preguntarme por qué me marché?

–No, Tu hermana ya me lo dijo todo.

–Ella siempre tiene que hablar de más – suspiró el muchacho chino.

–Ella está preocupada por ti. Lo que quiere es que vayas a ver a tu papá y hagan las paces. Y según lo que he escuchado, a ti no te apena tomar el liderazgo de tu familia.

–¿Y por qué estás tan empeñado en que me regrese a China? Sabes que si me voy es para ya no regresar.  

Como respuesta, Horo Horo golpeó la rama y la sombra de su banda cubrió sus ojos.


–¿Tú crees que quiero que te vayas y me dejes solo de nuevo? Recuerda que me hiciste una promesa. Tú y yo buscaremos el terreno perfecto para cultivar el campo de plantas.

–Horo Horo...

–Pero tu familia es lo más importante... – a pesar de lo que sentía, el muchacho de cabello bicolor mostró su sonrisa habitual – ... Por eso lo dejaré pasar y te daré permiso para irte.


El silencio reinó durante los próximos 10 segundos, los cuales empezaron a convertirse en una eternidad.


–Ya. Deja de ponerte sentimental, chinito – Horo Horo lo atrajo hacia él y se abrazaron. Sabían que después de eso no se volverían a ver en mucho tiempo... Tal vez nunca más.

–Admito que... te... te voy a extr... – cuando Ren iba a terminar la frase, apareció Basón.

–Señorito. La señorita Jun se preocupó por usted cuando se fue sin avisar.

–Sí, ya voy, Basón – dijo completamente sonrojado.

–Señorito... ¿Por qué el joven Horo Horo está en el suelo?


Espíritu acompañante y shaman vieron hacia abajo y se percataron de que el ainu estaba de cara al pie del árbol. Fue entonces que Ren recordó que lo había soltado de la impresión y Horo Horo se había caído de la rama.

 

* * *

 

Volviendo al drama que giraba en torno a Yoh, Horo Horo era el único que se divertía con la moto de Ryu. Hacía tan solo tres semanas que el ainu había aprendido a manejar una de esas y ya estaba quemando las llantas. Por su parte, Manta ya estaba considerando la idea de bajarse a medio camino, a pesar de que iban a más de 180 km/h. Ren, además de estar algo en shock por la velocidad del vehículo, estaba aprovechando la situación para abrazarse más a Horo Horo. De Yoh ni se hable, ya que el menor de los Asakura sólo pensaba en llegar a tiempo donde Anna.

Estaba parada frente al tren que la llevaría a Izumo. Tenía sólo un maletín de mano y un pasaje de sólo ida.  

–Yoh... – murmuró la joven itako, tratando de convencerse de que lo que hacía estaba bien.


Bien mencionado aquel nombre, un fuerte ruido llamó la atención del público en genera. Anna se quedó en blanco al ver que una motocicleta con cuatro locos a bordo había entrado por las escaleras, en la cual tres de ellos gritaban por el susto y el conductor era el único histérico.  

–Eso fue toda una aventura – dijo un burlón Horo Horo, quitándose los lentes.

–¡Idiota! ¡Si quieres suicidarte no arrastres al resto! – le gritó Ren, aún con el corazón en la boca.

–... no volveré a decir cosas malas, iré al templo todos los días y haré que todas mis calificaciones sigan siendo 100... – continuaba rezando Manta desde su sitio, mientras que Yoh estaba hecho estatua de parque en el asiento.  

Apenas vio a Anna, pareció derretirse y fue hacia ella.


–Yoh... – la joven Kyouyama aún no salía del asombro al ver a su ex en la estación de trenes con una moto bajo techo.

–Hola, Annita.


Los dos interrumpen cuando Horo Horo vuelve a arrancar de nuevo a máxima velocidad, seguido de varios policías.


–¡No de nuevo! – maldijo Ren.

–¡No quiero morir tan joven!– lloriqueó Manta.

–¡Te lo dejamos todo, Yoh! – Horo Horo levantó el pulgar y guiñó un ojo.  

Después que se fueran, Yoh y Anna se miraron por largo rato.


–Tonto ¿Por qué viniste? Mi tren sale dentro de poco – se limitó a decirle la chica. En el fondo, Anna quería decirle más cosas, pero los nervios se lo impedían.

–Justamente se trata de eso, Anna – el menor de los Asakura la abrazó – No quiero que te vayas todavía. Aún no te lo he dicho...

–Cállate, Yoh – dijo Anna, separándose de él.

–Pero Anna...

–Sólo cállate – lentamente le acarició la mejilla y le dio un beso suave en los labios. El primer beso que se daban desde que se conocieron – Eso es todo. Sólo quería que lo supieras antes de irme.


Volvió a coger su maletín y se dirigió a su tren, pero Yoh, aún con la mirada en el suelo, le dijo:


–Anna, no entiendes. Eso era lo que yo quería decirte.


Al escuchar aquella frase tan simple, su corazón palpitó y volteó lentamente para volver a mirarlo. Seguía sonriendo igual que siempre, pero en el fondo sentía que todo era diferente.  

–Originalmente había planeado algo como “Me gustaría decirte en palabras cuánto te puedo querer” o algo como “Me tardaría mucho en mencionar cada palabra de lo que siento por ti”, pero no es mi estilo, además que eso tiene muchas palabras para mí. Así que iré al punto... ¿Aún tenemos esperanzas? De ser por mí, me gustaría que sí la hubiera – dijo Yoh con su gran sonrisa.


Aún en su lugar, Anna soltó un suspiro breve y sonrió levemente.


–Tonto... Siempre la ha habido para ti.


Sin aguantarlo más, los dos corrieron a abrazarse y besarse nuevamente, ante las conmovidas miradas de los presentes en la estación, incluyendo a Horo Horo, Ren y Manta, que eran llevados por los guardias desde otro lado de la estación.


–¿Regresamos ya a la casa? – preguntó Yoh.

–Primero vamos a sacar a Manta, Ren y Horo Horo de la cárcel – le recordó Anna.

 

* * *

 

Volviendo a la escena del hotel, Ren estaba frente a su hermana, con Horo Horo en la puerta para ver todo lo que pasaba.  

–Ren... ¿Ya tomaste una decisión? – le preguntó su hermana.

–Pues sí... y yo... – Ren vaciló un poco y volteó a ver a Horo Horo, quien le estaba dando una señal afirmativa.

–Vamos, Ren. Dime lo que vayas a decirle a papá antes de que vayamos... – le dijo Jun.


Cuando Ren iba a decirlo, pudo notar que había un cable que iba desde el sillón de su hermana hasta el armario.


–¿Qué es eso? – preguntó el muchacho con cara de sospecha.

–Desperfectos – su hermana mayor seguía sonriente, mientras pateaba el cable debajo de su sillón.


Después de unos momentos de silencio, Ren y Horo Horo notaron algo particular.


–Ese ruidito... – el ainu murmuró al escuchar un casi imperceptible sumbido.

–¿Ruido? Yo no escucho nada – Jun aún estaba sonriente, mientras Pyron no podía estar más azul.

–Pues yo también lo escuché – el rostro de Ren cada vez se veía más suspicaz – Hermana. Voy a ver en tu armario – Ren sacó su espada y caminó hacia el closet.


Jun sólo suspiró resignadamente y se llevó una mano a la frente.


–¡Lo sabía! ¡Eres patético! – en tres movimientos de su espada, Ren terminó convirtiendo la puerta del armario en aserrín, dando por revelado que el papá de ambos Tao estaba tratando de escuchar lo que Ren estuvo a punto de admitir que estaba equivocado.


–Todo es culpa del gran ego que tienes, Ren. Si no fuera por eso, admitirías que yo tengo razón – le insitió su papá.


Mientras ambos discutían, Horo Horo miraba algo confundido.


–¿Acaso tuviste algo que ver? – le preguntó el ainu.

–Admito que fue algo tonto, pero así lo arreglaban de una vez. A papá tuve que decirle que Ren iba a admitir que él empezó, y a Ren... bueno... esa excusa la inventó papá – dijo Jun, aún sonriente.

–¿Y por qué formaste parte de esto?

–Aunque yo quiera mucho a Ren, también tengo que estar de parte de papá. Y parece que ahora están yendo por buen camino. Me alegra que estén llevándose mejor con una charla amena y tranquila.


Horo Horo puso ojos de punto ante esa frase de la hermana de Ren, ya que lo que escuchaba de esos dos era todo lo opuesto «Los Tao son la familia más rara que he visto» pensó al ver y escuchar a En y su hijo pelearse.


–¡Monstruo desnaturalizado! ¡Jamás voy a pedirte perdón! – gritó Ren [Traducción: Lamento haber comenzado la pelea, papá]

–¡¿Ah, sí?! ¡Pues tú eres la vergüenza de la familia! – le respondió su padre [Traducción: No, hijo. Yo debería pedir disculpas]

–¡Para eso me vine a Japón! ¡Así no te tengo que ver a menos de 10 metros de distancia! [Traducción: Los extrañé a todos en la casa]

–¡Por mí te puedes quedar afuera todo el tiempo que quieras! ¡Ni te molestes en escribir porque no me importa! [Traducción: Si quieres continuar el viaje con tu amigo, no hay problema. Procura llamar de vez en cuando]

–¡Gracias por nada! [Traducción: Gracias, papi] – volteó y, después de despedirse correctamente de su hermana, cogió a Horo Horo y su equipaje y se lo llevó a rastras por el cuello de su chaqueta – Larguémonos a buscar tu campo de plantas.

–Adiós, Jun. Adión, Pyron. Fue un gusto, Señor Tao – se despidió Horo Horo, aún riéndose de lo que pasó.

–Cuida bien de Ren, Horo Horo – le dijo Jun desde lejos.

–Espere, señorito – trató de alcanzarle Basón, seguido por Kororo.

 

* * *

 

Una vez en el otro autobús directo a la siguiente ciudad, Horo Horo y Ren contaron lo que tenían en la cartera. Era de noche, por lo que los únicos que estaban despiertos en el vehículo eran ellos dos.  

–1999999, 200000... – contó Horo Horo lo que tenían en yenes – Que tacaño resultó ser tu viejo – Esto no nos alcanza ni para llegar a Tokio.

–Eso no es lo que nos dio mi papá – dicho esto, Ren sacó un fajo con bastantes dólares americanos – Esto es lo que me dio hace un momento.


Al ver el dinero que tenían, al ainu se le cayó la mandíbula de la impresión, la cual volvió a acomodar casi al instante.


–Presumido... – sonrió Horo Horo.

–Dime la verdad... ¿Tenías miedo de que me fuera a ir?

–¿Qué? No, nada de eso. Es que si te ibas, ya no tenía quien me invitara el almuerzo – bromeó haciéndose el desinteresado.

Baka... – bufó Ren.

–Claro que no, tonto. Sólo iba a extrañarte algo.

–Entonces... ¿Qué es esto que tenemos los dos?

–¿Esto...?... Pues... Sólo es esto. Simplemente estamos juntos.

–Con eso me basta. Tenía que ponerle algún nombre a esto. Seguiremos en la búsqueda de ese campo de plantas.

–Sí. Los dos juntos y sin interferencias.  

Los dos se dieron la mano y sonrieron.

Fin del Episodio

Continúa

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Notas:

–(1) obentos son las cajitas de comida que sirven en Japón. Pueden contener diferentes cosas: onigiris (bolas de arroz con relleno), tempura (arrebozados), ensaladas u otros entremeses.

–¿Qué tal? ¿En verdad se creyeron esa de que Ren se iba a ir y lo dejaría a Horo Horo solito en su búsqueda de su campo de plantas? ¿Qué tal la reconciliación de Yoh y Anna? Manden todos sus comentarios.

–Saludos a Kory y a Souyu-chan.