"Dos
Perfectos Conocidos"
Basado en Shaman King
HoroHoro x Ren
By Mochita-chan
Advertencias: Este fic es Yaoi (hombre/hombre), así que insisto a los homo fóbicos alejarse. Total, sé que no me harán caso, así que no me vayan a tomar a mal y demás cosas.
Sorpresa, Sorpresa...
Manta aún estaba
paralizado por la sorpresa. Nunca esperó encontrarse con Horo Horo y Ren como
pareja... menos el verlos así. No era que fuera mojigato o algo por el estilo,
pero nunca se imaginó llegar a ver una relación homosexual.
–Manta... estoo... –
trató de decir Horo Horo.
–Por eso peleaban
tanto... Pero siempre lo descarté... – dicho esto, Manta se fue corriendo,
dejándolos con la palabra en la boca.
–¡Espera! – Horo
Horo se vistió rápidamente, al igual que Ren. Ambos tenían que hablar con
Manta sobre este asunto.
* * *
Mientras tanto, en el
parque, Yoh aún caminaba a lado de Anna, sintiendo la brisa fría de finales de
otoño. Dentro de pocas semanas sería la graduación y, por ende, también la
fecha de su boda. El paseo se parecía a aquella ocasión en la que Yoh y Anna
recorrieron la misma ruta en la víspera del viaje a América. Yoh sólo llevaba
puesta la ropa de siempre y una chaqueta marrón, mientras que Anna estaba mucho
más abrigada que su prometido: suéter cuello de tortuga, verde, de lana
gruesa; falda negra hasta más arriba de las rodillas; botines cortos de gamuza
negra, panties negras y un largo abrigo beige hasta las rodillas.
–Se siente bien... –
dijo Yoh.
–¿Cómo se puede
sentir bien con tanto frío? – Anna tenía la mirada en el lago del parque, aún
refugiada en su chaqueta.
–Me refería a tu compañía...
Feliz cumpleaños, Anna – después de decir esto, sacó una cajita sencilla y
sacó de ella un anillo muy simple – Perdóname por no conseguirte algo
mejor...
–No te disculpes. Era
lo único que estaba dentro de tu presupuesto.
Yoh sabía que esa era su
manera particular de decir "Gracias". Rió como de costumbre y
continuaron con el paseo. Aún habían muchas cosas que quería decirle, pero
todo se le mezclaba y se volvía confuso. Finalmente pararon en una de las
bancas del parque y se quedaron varios instantes callados.
–Yoh...
–¿Qué pasa, Anna?
–¿Estás seguro que
quieres continuar con la boda? Es algo muy grande...
Esto lo confundió. Anna
rara vez se dejaba ver tan insegura. La ultima vez que la vio así fue hacía
dos años cuando casi rompen su compromiso definitivamente.
–Sí quiero, Anna.
Pero... ¿Por qué me lo preguntas?
La joven itako sacudió
la cabeza y sonrió ligeramente.
–No me hagas caso.
Admito que estoy nerviosa... Tú y yo nos casaremos pronto... pareciera que fue
ayer cuando nos conocimos. En ese entonces yo pensaba que eras un tonto.
–Es que ese tiempo me
gustaba fastidiarte, Annita – rió el menor de los Asakura.
–Pues sólo bastaron 12
años para conocerte mejor...
–Valió la pena la
espera, ¿no?
Yoh llevó la mano por
los hombros de Anna y la hizo descansar sobre él. Minutos viendo el lago. Parecían
eternidades. Para la pareja, el tiempo no existía. Simplemtente se quedaron
sentados, únicamente viendo el lago.
–Creo que deberíamos
regresar. Los demás deben estar preguntándose por nosotros – dijo la joven
Kyouyama, viendo en el reloj del parque que ya eran cerca de las 11.00 pm.
–La noche es joven.
Pero creo que va a pasar algo en la casa si no volvemos, así que tienes razón.
Vamos a casa.
Para cuando regresaron,
todos estaban ya en sus habitaciones. Sin embargo aún hay personas despiertas.
Cuando Yoh y Anna fueron por el corredor, pudieron ver a Horo Horo y Ren
buscando algo. A ambos se les veía algo alterados, ya que se veía que la ropa
se la habían puesto a la volada (simplemente camiseta y shorts, algo
arrugados...)
–¿Qué sucedió? –
preguntó el menor de los Asakura al ver a ambos shamanes algo inquietos.
* * *
(Hokkaido, 29 de diciembre del 2000)
9.30 de la mañana, Ren aún
estaba dormido. Se encontraba muy cansado por lo de anoche. Claro, había sido
su primera experiencia sexual, así que eso era comprensible. Entonces sintió
que le arrebataban las cobijas.
–¡Despierta! ¡Hoy es
un gran día! – dijo un alegre Horo Horo, quitándole las sábanas de un tirón.
–¡Anou Baka!(1) –
exclamó Ren cuando el ainu lo despojó de sus sábanas, dejándolo
completamente desnudo.
–Pues no te queda nada
mal "Ese Look" – dijo burlonamente – Vamos. Tenemos que ir a ver
lo que quería mostrarte.
–¿Tan importante es
para que no me dejes vestirme?
–Pues a mí me da
igual. Sólo trata de explicar tu carencia de ropa a mis padres – rió un poco
y le alcanzó su ropa interior – Anda. Estamos retrasados.
Sabía que si Horo Horo
estaba tan entusiasmado, entonces era por algo que en verdad valdría la pena.
Después de todo fue su cumpleaños el día anterior, todavía debía darle
gusto en sus caprichos.
Después de que ambos
terminaran de cambiarse de ropa, salieron a la cocina, siendo Ren arrastrado por
su presuroso koibito. Horo Horo se había puesto una camiseta de algodón gris
con mangas cortas de color azul verdoso, y un conjunto de tela sintética
deportivo anaranjado. Ren cogió lo primero que sacó del cajón (la mamá de
Horo Horo le había insistido a Ren el lavar sus prendas, por eso debía usar
prestadas algunas de las ropas del muchacho norteño) así que se puso una
camiseta azul sin mangas con capucha, pantalones verde oliva y unas zapatillas
blancas, también de su amigo.
–Buenos días, hermano
– le saludó Pilika, que estaba sentada en el comedor, viendo la televisión
junto con Kororo.
–Hola, Pilika. Chau,
Pilika – Horo Horo sólo se dio tiempo de coger una manzana y darle un beso en
la frente a su hermanita.
Al irse de la casa, Ren
pudo notar que Pilika lo veía con una mirada algo acusadora. Trató de ignorar
ese gesto de la hermana de su koibito y también salió de la casa.
* * *
–¿Ya puedo abrir los
ojos? – preguntó Ren, todavía impaciente.
–OK, ya los puedes
abrir – indicó Horo Horo.
Al abrirlos y volver a
ver, Ren se asombró al ver el paisaje que tenía en frente: Un gran valle de
plantas se extendía, al mismo tiempo que se podían ver varias casitas de
Koropocus bajo algunas hojitas y hierbas, y por ahí algunas flores nativas de
la zona. Como fondo se podía ver un cielo completamente azul y grandes montañas
blancas a lo lejos, con frondosos árboles en sus faldas.
–Es más bello de lo
que describo. Te dije que te lo iba a mostrar algún día – el chico nativo de
Hokkaido respiró profundamente el aire puro del valle y miró fijamente el
cielo despejado.
–¿Esto ha estado
siempre aquí? – preguntó Ren.
–Hace pocos años, el
bosque que existía aquí fue incendiado por extranjeros. El pueblo se unió y
reconstruyó gran parte de lo que fue destruido. Ahora los Koropocus tienen un
buen lugar para vivir, pero no es suficiente...
–¿No dijiste que íbamos
a buscar el terreno juntos?
El muchacho de cabellos
bicolor volteó a verle. Aunque el oji-ámbar permanecía en su clásica posición
de "Soy el Señor Fortaleza", el visible sonrojo en sus mejillas, la
mirada perdida hacia cualquier punto en el cielo y el tono en el cual expresó
la última frase le dieron a entender que estaba también dispuesto a ayudarle.
–Después de todo... Un
lugar tan bonito no debería ser el único en el planeta... – después de
esto, el sucesor de los Tao volvió a callarse.
–Eso es verdad... –
Horo Horo se agachó y se puso de cuclillas para poder ver mejor a unos
Koropocus pequeños que jugaban a las escondidas entre las hierbas – Míralos.
Están divirtiéndose.
Kororo salió de atrás y
fue a ver a los otros espíritus. Al voltear, Pilika estaba también en la
entrada del lugar. La chica usaba el estilo de siempre: una faldita rosa, una
casaca azul y elcabello acomodado detrás de su espalda.
–No esperaba encontrármelos
aquí... – dijo la muchachita.
–No pensé encontrarte
aquí – repitió Horo Horo, también feliz de verla también a su hermana
menor.
Entonces Horo Horo recordó
dejar algo en la casa, así que regresó allá, dejando solos a Ren y Pilika. La
niña se acercó a Ren con gesto serio y le dio una cachetada al muchacho chino.
–¡¿Por qué haces
esto?! – le gritó Ren.
–¿Por qué...? –
Pilika miró al suelo – ¡¿Por qué tenías que quitarme a mi hermano...?!
Ante esto, el sucesor de
los Tao se quedó helado.
* * *
Volvamos al laberinto que
se armó en Funbari Oka. Cuando los dos recién llegados se enteraron de que
Manta no estaba, también se pusieron a buscar. Sólo Yoh sabía lo que pasó
para que su bajito amigo se fuera así, ya que había prometido a Ren y Horo
Horo no decir nada sobre su relación, ni siquiera a Anna.
Caminando por el jardín,
Yoh sintió por instinto que debía mirar hacia arriba, encontrando a su mejor
amigo en el tejado de la casa. Subió y se sentó al costado de él.
–Entiendo que estés así,
Manta. A nadie le cuadra encontrarse algo así – le dijo mirando al cielo de
la noche.
–¿Tú sabías de esto?
–Lo descubrí yo mismo
hace dos años cuando vinieron de visita. Perdona si no te lo dije, pero prometí
no decirle a nadie. Comprende que es difícil su situación, Manta.
–No puedo tolerarlo...
–Ellos lo sabían. Están
ocultos porque saben que el mundo no acepta la relación que tienen los dos.
–No lo digo por eso,
Yoh – Manta volteó a verle – Creí que ellos tendrían la confianza para
decírmelo. Nunca pensaría mal de Horo Horo y Ren, aunque ellos tengan una
relación homosexual.
–Manta...
–Lo que pasa es que me
impresioné al encontrar algo que nunca esperé... Estaba tan impresionado que sólo
atiné a correr. No quiero que piensen que mi imagen de ellos cambió a mal.
–Entonces bajemos y
vamos a decirles – el menor de los Azakura sonrió y le invitó a bajar con él.
–Pues no tienen que ir
a decirnos porque ya escuchamos – dijo Horo Horo, subiendo las escaleras que
daban al techo, seguido por Ren.
–En verdad lo siento.
No quise atraparlos en mal momento – se disculpó Manta.
–También es culpa
nuestra por no controlarnos – Ren se sonrojó un poco.
–Por un momento
pensamos que también lo verías de la manera mala... Ya sabes lo que
generalmente piensa la gente sobre la relación que tenemos Ren y yo – Horo
Horo ocupó un sitio al costado de Manta.
–Nunca pensaría mal de
ustedes. Los tres son mis mejores amigos...
Los cuatro guardaron
silencio y miraron hacia arriba.
–Promete que no se lo
vas a contar a nadie todavía, Manta. Ni siquiera a Tamao o a Anna – le hizo
prometer Yoh.
–Descuiden. No lo haré.
* * *
Ren estaba impactado con
las palabras de Pilika. La bofetada fue una cosa menos grave, pero la frase hizo
que le doliera más que aquel golpe.
–¿Qué demonios estás
diciendo? – preguntó Ren.
–¡Que no quiero que me
quites a mi hermano! – le insistió la chica.
–¿Y qué es lo que estás
insinuando con eso? – el muchacho trató de acultar el miedo que sentía al
ver así a la hermana de su koibito y ante la clara evidencia de que ella ya
estaba enterada sobre el asunto.
–No te hagas el
desentendido, Ren Tao. Sé que tú y mi hermano tienen una relación.
Después de analizar la
frase, Ren se conservó sereno y se cruzó de brazos.
–¿Y se puede saber cuándo
te enteraste, niña?
–Anoche regresé a la
casa para sacar unas cosas que me pidió mamá y terminé escuchándolo todo lo
que ocurría el cuarto de mi hermano – estaba muy molesta con ellos dos, más
con el que tenía en frente. Agradescan que ni mamá, ni papá, ni Kororo me
acompañaron.
–Ya veo. Pues déjame
decirte que pierdes tu tiempo al decirme que lo deje.
–¿Aún si se lo
contara a todos? – esta vez la mirada de Pilika era una expresión casi
maliciosa, como si quisiera chantajearlo.
Tal como ella lo supuso,
ahora el inseguro era Ren. Él nunca dejaría a Horo Horo, pero ¿Qué pasaría
con el nombre de su familia? ¿Qué había sobre los prejuicios por loq que
pasaría Horo Horo frente a sus amigos y su pueblo? A Ren no le importaba lo q
pudieran pensar de él, pero de la gente que lo rodeaba era lo único que le
preocupaba.
–Voy a darte dos días
para que termines con él. Sabes que lo de ustedes dos está mal, y el más
perjudicado será mi hermano.
Tenía que pensarlo. En
ese momento, Horo Horo llegó con una cámara, así que Ren y Pilika hicieron
como que no pasaba nada.
–¿Oigan, de qué
hablaban? – les preguntó el recién llegado.
–Nada importante – en
cuestión de segundos, Pilika se volvió muy alegre y se aferró al hombro de su
hermano, mientras Ren la miraba con disgusto.
Fin del Episodio
Continúa
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Notas:
–(1) Anou
Baka: Grandísimo tonto!
–No sé si lo han
notado, pero en este episodio me he desplayado en detallar la ropa de los
personajes. Además de hacer una mejor imagen mental, eso llena espacio (además
tengo la manía de fijarme en la ropa de un chico)
–Clgunos se preguntarán
cómo es posible que haya convertido a Pilika en una odiosa. Me parecía que la
situación lo ameritaba, pero ya verán que no quedarán así las cosas. Por
otro lado era imposible que Manta pensara mal...
–Gracias a todos y
disculpen por demorarme con este episodio. Seguiré continuando la historia
cuando disponga de tiempo y más inspiración.