Aclaración,
X no me pertenece (+Gracias al cielo, yo no escribo historias
enfermizas que no terminan en nada ¬¬U+), es de las chicas de CLAMP (+Las
cuales sí lo hacen -_-U+).
Ésta
idea, aclarando, yo no la tuve, a decir verdad, se la robé a mi editora (+Que
ya ha de estar queriendo matarme XD+), pero sé que no se enojará tanto
conmigo (+O_O Espero -_-U+).
Celes-chan,
arigatou por la idea (+Sí, lo sé, no tengo vergüenza -_-U+), no sé qué
habría hecho sin ti ;_;.
Y
como me quedé sin palabras, entonces vamos a leer ^^U.
Pareja: Fuuma X Kamui
Clasificación: NC-17
** TSUKI **
(+
Luna +)
Basado en X de Clamp
By Meyka Tanimoto
~+~
~+~
¿Por qué tenía qué ser así?
¿Por qué tuvo qué ser él el Kamui? ¿Qué fue lo que hizo para merecer una
niñez lejos de sus seres queridos por temor a que les lastimaran? ¿Por qué
tuvo qué ser destruido lo que más amaba?
Miró
por espacio de unos segundos a Fuuma, quien yacía dormido tranquilamente en
sus brazos. Todo parecía tan irreal, había estado a punto de morir, lo
sabía, pero algo extraño pasó, una luz les iluminó cuando pensó que daba
el último grito y de pronto aparecieron ahí.
Parecía
como si estuviesen flotando en el espacio, pequeños fragmentos de lo que
parecía ser la torre de Tokio recorrían el lugar lentamente, al igual que
ellos, que estaban sobre los escombros, iluminados por una luna llena que se
alzaba en el cielo.
Dejó
escapar un pequeño suspiro mientras acariciaba los cabellos del otro. No
sentía dolor, a pesar de que sus ropas estaban rasgadas y tenían rastros de
sangre, pero no tenía heridas, al igual que su amigo.
Él
era todo lo que tenía, Kotori había muerto, su madre también, todos sus
seres amados, pero aún quedaba Fuuma, a pesar de que éste había intentado
matarlo. Ahora que lo veía... el destino se estaba encargando de separarlos.
Cuando él no sabía si debía ser bueno ó malo y quería alejar a todo el
mundo para no lastimarles, su amigo era bueno, pero ahora, que había decidido
intentar salvar el mundo él se había puesto en su contra. Era injusto, lo
sabía, pero en el fondo de su corazón pensó que las cosas serían mejor
así, porque si él no hubiese existido como el otro Kamui, entonces no
habría tenido ninguna razón para luchar, aunque el vengar a su madre era una
muy buena razón, pero talvez vacía.
Sí,
Fuuma y Kotori llenaban un vacío en su alma, un espacio que nadie más podía
llenar. Y cuando murió Kotori el único que se quedó en ése espacio era su
amigo, alguien que siempre le había acompañado a lo largo de su vida, un
compañero fiel, que debido a las circunstancias tan crueles de la vida y a
los caminos que se separan, se había alejado y elegido un rumbo diferente,
sin importarle si le dañaba ó mataba. Matar... él no quería destruir a la
única persona que llenaba por completo su existencia.
Sintió
un movimiento que lo alertó, Fuuma se estaba incorporando mientras abría
perezosamente los ojos. Por unos momentos tuvo la impresión de que el otro le
atacaría y que le destrozaría para terminar con lo que había comenzado
antes de aparecer misteriosamente ahí. Pero nada sucedió, el más alto sólo
se incorporó y lo miró, con esos ojos tan cálidos, con esos ojos tiernos
con los que lo miraba cuando eran ambos unos niños. Sonrió levemente ante el
gesto de Fuuma, se sintió tranquilo y en paz.
-Pensé que nunca despertarías... –dijo con pesar, mirando a su
amigo, el cual volteaba hacia todos lados intentando saber en dónde estaban-.
Pensé que era el fin...
Pero
no obtuvo respuesta alguna, pues el que había sido un mejor amigo parecía
desorientado.
-¿Dónde estamos? –preguntó fríamente, él nunca cambiaría, aún
cuando la tierra se destruyera. ¿Habría sucedido eso?-.
-No lo sé... –Kamui no mentía, ni él sabía en dónde se
encontraban-.
-¿Qué pasó? –Fuuma miró con desconfianza a Kamui y después una
furia ciega se apoderó de él-. ¿Qué demonios hiciste?
-¡Yo no hice nada! –el más pequeño intentó defenderse, pero el
ataque seguro de su antiguo mejor amigo lo tomó desprevenido, lanzándolo al
suelo, cayendo de espaldas-.
-¡Tú nunca haces nada! ¡Dices que te preocupas por los demás cuando
en verdad te preocupas por ti mismo! ¡Eres un maldito egoísta! –apretó
sus puños con furia, acercándose peligrosamente al que estaba tirado en el
piso-. ¡Eres un maldito idiota! ¡Tú fuiste el causante de que ella muriera!
Ella...
¿se refería a Kotori?, ¿a su mejor amiga? Cuántos momentos no vivieron
juntos, los tres, como hermanos de sangre, como verdaderos amigos, y después
un escape. Por su culpa, por haber sido el Kamui, la madre de Fuuma y de su
amiga había muerto a sangre fría, y todo por querer conseguir una estúpida
espada que lo hacía merecedor de ése título. Un título que de haber podido
decidir, no habría aceptado.
Y
él estaba igual, talvez Fuuma entendería su posición.
-¿En qué piensas, Kamui? –el más alto le miró, pero ésta vez de
una manera que no pudo descifrar-.
-¿Por qué me culpas de todo, acaso tú no eres también el otro
Kamui?
-El otro Kamui... –le dio la espalda y se sentó sobre un
escombro-... el que tendría qué matarte.
-¿Por qué tenemos qué odiarnos, no éramos amigos hace tiempo?
¿Qué ha cambiado entre nosotros? –intentó acercarse, pero el más alto le
detuvo-.
-Tú lo dijiste, éramos, ahora no somos más que dos enemigos que
estamos destinados a destruirnos.
-¿Por qué?
-Porque es nuestro destino, ¿qué no entendiste cuando dije que “estamos
destinados a destruirnos”? –bufó de mala gana-.
-Pero... ¿no podemos detener ésta masacre?, ¿ésta pelea que no
tiene sentido?
-Talvez para ti no la tenga, pero para mí tiene un significado
especial. –se quedó callado por unos instantes, después de todo, no podía
decir lo que pensaba en esos momentos, no podía dejar al descubierto sus
verdaderos sentimientos-.
-¿Qué significado?, tú no ves más allá de tus ojos, lo único que
quieres es conseguir tu objetivo.
-Matarte... –giró su cabeza hacia el más pequeño-...
-Sí, matarme y destruir el mundo.
-No es sólo eso... –murmuró por lo bajo, pero Kamui alcanzó a
escucharlo-.
-¿Ah, no, y entonces qué? ¿Qué es lo que buscas a parte de eso?
-¡Eso no te importa! –apretó los puños con fuerza, la misma furia
ciega que lo poseía comenzaba a flotar desde su interior-.
-¿Por qué me tratas así? ¿Por qué demonios me miras de ésa manera
tan fría?
-¿No lo hacías tú? –se irguió, avanzando lentamente hacia Kamui,
el cual se hizo para atrás, pero topó contra un pedazo de escombro
gigante-... ¿no dañaste el corazón de mi hermana muchas veces? Y todo por
intentar alejarnos de éste destino cruel.
-Ella quería creer que nosotros dos... –pero no pudo terminar,
porque las manos de Fuuma se cerraron alrededor de su cuello-...
-¿Qué podríamos estar juntos? –hizo más presión cuando sintió
la desesperación del otro y cómo sus manos se aferraron a sus antebrazos,
enterrándole las uñas y haciendo que poco a poco emanara sangre de ellos-...
Qué estupidez...
-Detente... –no quería hacerle daño, ya no, quería vivir en paz, a
su lado, como Kotori siempre había querido, como él siempre había deseado,
quería rendirse, cuando comenzó a sentir menos presión en su cuello. Cayó
al suelo, casi sin fuerzas e intentando halar todo el aire posible hacia sus
pulmones-...
-Estás llorando... –Fuuma se arrodilló frente a él, limpiándole
las lágrimas que sin querer caían de sus párpados cerrados-... ¿por qué?
-......
-¿Por qué no luchas, Kamui? –el más alto fue pasando lentamente
sus brazos alrededor de su cuello, atrayéndole hacia sí-... ¿Por qué no te
defiendes? ¿Por qué ya no me das motivos para matarte?
-No quiero... –los ojos azules de Kamui se reflejaron en los ojos
color miel, casi dorados de su mejor amigo-... no quiero lastimarte...
-¿Por qué?
-Porque eres mi amigo... –le sonrió cariñosamente-... y Kotori me
encargó que te cuidara.
-Los papeles cambiaron... –Fuuma sonrió cariñosamente,
acariciándole los cabellos-... ahora eres mi niñera.
-Sí, eso parece... –sonrió quedamente cuando sintió los cálidos
brazos del otro abarcar su espalda. Cerró sus ojos, sólo por unos momentos
podría volver a estar en paz, como cuando eran niños, como cuando no tenía
la preocupación de tener qué defender la tierra, de pensar si lo que estaba
haciendo era o no lo correcto. Estar con él, ahora, era su prioridad-.
Ambos
se quedaron así por unos momentos más, aspirando el aroma del otro,
respirando la tranquilidad que ahora les envolvía.
-Kamui... –el más alto rompió por unos instantes el silencio,
haciendo que ambos se separaran-...
-¿Sí? –irguió la cabeza, encontrándose reflejado en los ojos del
otro, con una mirada que aún no acababa de comprender, llena de sentimiento,
un sentimiento que comenzó a asustarle-.
Pero
no obtuvo respuesta, tan sólo podía verse en esos ojos que eran como el
día, tan brillantes, ya no fríos. ¿Y cómo resistir ése deseo de mirarse
en ellos, de saber que lo miraban sólo a él?
Era
igual que cuando peleaban, tan sólo él estaba en la cabeza de Fuuma, lo
sabía, porque él tenía en sus pensamientos al otro, aunque sólo fuese por
unos instantes, unos momentos que ambos compartían a solas.
El
hechizo no se rompía, ninguno de los dos podía dejar de mirarse, de
reflejarse en el otro. Y no supo ni qué, cuando sintió la cercanía del otro
y el rozar de su aliento sobre sus labios.
-Fuuma... –fue lo único que alcanzó a decir, antes de que el otro
le besara suavemente-.
Kamui
abrió los ojos totalmente, no se lo esperaba, realmente no se lo esperaba.
Fuuma era tan frío, ¿cómo podía compartir algo así con él? Pero por unos
instantes que parecieron eternos le correspondió, con la misma ó mayor
intensidad, pasando suavemente sus brazos por sobre sus hombros, atrayéndole
más hacia sí, dándole la aprobación para que penetrara más a fondo en su
boca, para que lamiera y degustara lo que quisiera. Y el otro así lo hizo,
arrancando gemidos quedos del más pequeño, que se contorsionaba por el
placer que comenzaba a sentir.
El
más alto dejó de besarle, lamiendo sus labios y bajando por su quijada,
hacia su cuello, dejando un rastro de saliva por todo el recorrido.
-Fuuma... –Kamui gimió cuando sintió las manos del más grande
abrirle las piernas para situarse entre ellas, acariciándolas suavemente, sin
llegar a la entrepierna-... ¿por qué? –era estúpido preguntar, no quería
alejar al otro, pero quería estar seguro de algo... sólo por unos instantes
quería sentirse feliz-.
Fuuma
sonrió suavemente, volviendo a pasar de su cuello a su quijada, pero
desviándose a uno de sus oídos, para lamer y morder con ternura el lóbulo
de su oreja izquierda.
-Porque... –murmuró sensualmente, haciendo estremecer al otro-...
porque cuando te veía te deseaba tanto, te amaba tanto que ni yo mismo podía
comprenderlo, y al darme cuenta de lo que sentía y que no sería
correspondido te odie, porque sabía que ambos estábamos destinados a estar
juntos, pero a la vez tan lejano el uno del otro que en mi total
desesperación quise acabarte. Quise terminar con todo, porque no soportaba al
concebir la idea de que serías de alguien más. Porque eres mío, sólo
mío... –sonrió posesivamente, las cartas estaban echadas, ya no habría
vuelta atrás. Ahora sería suyo, sólo suyo y de nadie más-.
Kamui
se quedó sin palabras, pero sonrió, sabiendo de antemano que ambos tenían
el mismo sentimiento hacia el otro.
Fuuma
siguió degustando la carne que poco a poco se mostraba frente a él, y era
ofrecida tan inocentemente, como el dueño de ésta, tan hermoso. Siguió
bajando por su cuello, hasta lamerlo y morderlo, sabiendo de antemano qué
estaba haciendo.
Era
como en sus sueños más íntimos, en donde poseía a Kamui, mientras entraba
en ése pasaje estrecho y caliente, mientras agitaba sus caderas y gritaba su
nombre al sentir el clímax, pero ninguno de sus sueños era tan excitante
como la realidad, como el saber que lo tenía frente a él y que ahora lo que
tanto había deseado se realizaba.
No
supo cómo, pero cuando acordó Kamui ya tenía desabrochada su camisa, la
cual caía por sus hombros desnudos, y él seguía bajando, hasta encontrarse
con uno de sus pezones, el cual se irguió al sentir la cálida lengua
envolverle suavemente, haciendo círculos imaginarios a su alrededor. Su otra
mano acarició el otro pezón, haciendo que también se erectara al contacto,
como el sexo del más pequeño, que quería escapar de la prisión de los
pantalones. Sonrió complacido, dejando de lado el pecho del otro, el cual
gimió en protesta, pero no dijo nada más, no cuando sintió al otro bajar
aún más, desabrochando sus pantalones, para poder lamer su ombligo.
-¿Esto te gusta? –preguntó Fuuma, sin dejar de hacer su trabajo-.
-Eh... –su respiración se cortó cuando, por encima de su ropa
sintió que el más grande le acariciaba su sexo-... sí... sí...
Arqueó
la espalda y se sonrojó furiosamente cuando el otro casi le arranca los
pantalones y la ropa interior de las piernas, para seguir más abajo, y lamer
su ingle, mordiendo delicadamente entre sus piernas, pero sin llegar a tocar
su pene.
Impaciente,
le agarró la cabeza y la dirigió hacia su entrepierna, pero el otro hizo
caso omiso, siguiendo de largo, bajando por entre una de sus piernas, hasta
llegar a la parte de atrás de la rodilla, donde descargó una oleada de
placer al cuerpo del más pequeño. Lamió por unos segundos más, hasta subir
y hacer lo mismo con la otra pierna, viendo cómo se llenaba de sangre el ya
de por sí enrojecido miembro de Kamui.
Volteó
hacia arriba para ver la expresión del otro, pero no pudo contenerse al verlo
sonrojado y con los ojos cerrados, la respiración entrecortada y el cabello
totalmente desordenado y medio pegado al cuerpo por el sudor que estaba
recorriendo y mojando una parte de su cuerpo, así que se acercó a él y le
besó, calmadamente al principio, apasionadamente después. Ambos se
separaron, con la respiración agitada por el beso tan candente y demandante,
que les había robado el aire.
El
más alto, quiso quitarse una parte de su ropa para poder sentir el calor que
emanaba del cuerpo del otro, pero Kamui lo detuvo.
-Déjame a mí... –sonrió, sonrojándose aún más, si era posible,
para deleite del otro-... quiero hacértelo...
-Sólo no te tardes... –murmuró-.
Kamui
lamió los labios del otro, bajando sus manos hasta su camisa, la cual fue
desabrochando, ni muy rápido ni muy lento, para no molestar al otro.
Totalmente azorado bajó la cabeza en busca del cuello que se le ofreció al
instante para ser besado, lamido y mordido.
Un
largo gemido escapó de los labios de Fuuma cuando sintió sus pequeños
labios sobre su piel, mojándola y mordiéndola, acariciándola y besándola,
aunque no totalmente experto, pero sabía lo que hacía.
-Ve más abajo... –ordenó el más alto, guiando la cabeza de Kamui
no a su pecho, sino a su entrepierna-...
-Pero... –no pudo decir nada más, cuando vio cómo el otro se
desabrochaba el pantalón y sacaba de éste, su sexo erecto, ya con unas gotas
de líquido preseminal resbalando por él-... es que...
-¿Te da pena? ¿A éstas alturas todavía te queda un poco de pena?
–haló los cabellos de Kamui con cuidado para no hacerle daño y acercó su
cabeza a su pene, que palpitaba ya de toda la sangre que se había concentrado
en ése punto-.
El
más pequeño, al no saber qué hacer besó primero el tronco, para pasar su
lengua por éste, hasta subir un poco más arriba y lamer el otro extremo, de
donde salían unas pequeñas gotitas saladas. Quiso meterlo en su boca, pero
pensó que talvez no cabría, era muy ancho y largo, hasta se asustó de
pensar que Fuuma quisiera...
-Espera... –Kamui se irguió y encaró el otro, que lo miraba con los
ojos oscuros de deseo-... no voy a poder, es muy grande y, además... –se
sonrojó ante la risa del otro-.
-Te quejas demasiado, sólo inténtalo, torpe... –ésta vez no le
bajó la cabeza, lo hizo hacia atrás y lo acostó boca arriba sobre el piso,
sorprendiéndole. Pero no se acostó sobre él, sino que se dio la vuelta,
quedando frente a la cara del más pequeño su sexo, y frente a su cara del
miembro del otro-.
-¿Qué... qué haces? –pero al sentir la lengua del otro recorriendo
su propio sexo no pudo reprimir un gemido largo y profundo, como tampoco pudo
detener el sexo del otro, que fue a parar en su boca en una embestida.
Kamui
sintió que se ahogaba, así que tomó con sus manos la cadera del otro,
sacando su miembro palpitante de su boca. Tomó mucho aire, y con un poco de
indecisión probó a meterlo en su boca, vio que no era tan difícil, pero se
dio cuenta también de que no podía contenerlo todo, así que con un poco
más de libertad succionó su cabeza, probando el líquido que seguía
saliendo de él. De repente ya no sintió la cálida y suave boca de Fuuma
lamiendo su excitación, sino que ahora lamía sus testículos, regodeándose
en cada uno, metiéndose uno a la boca y con una de sus manos acariciando el
otro. Pensó que podría hacer lo mismo, pero las constantes embestidas del
más grande en su boca lo detuvieron, parecía que al otro le gustaba, así
que siguió con su trabajo oral.
Fuuma
acarició las nalgas de Kamui, metiendo de vez en cuando uno ó dos dedos por
entre éstas, buscando acariciar el camino por el cual entraría muy pronto.
Dejó por unos momentos su trabajo, y bajando un poco más lamió por entre
las nalgas de Kamui, el cuál soltó un largo quejido de placer, olvidándose
de complacer a Fuuma.
-Oye... –Fuuma dijo desde su posición-... no dejes de hacer lo que
estabas haciendo.
Kamui
no le respondió, pero siguió lamiéndole el sexo a Fuuma, el cual ahora ya
metía su lengua por ésa pequeña hendidura, la cuál comenzaba a dilatarse
por la saliva que estaba dejando a su paso su lengua. Cuando vio que ya estaba
lo suficientemente distendida la saliva probó a meter uno de sus dedos
suavemente por ése conducto. No fue tan fácil como pensaba, Kamui ya
comenzaba a quejarse, pero con sus dedos ávidos y expertos buscó dentro del
cuerpo de Kamui un punto de excitación, encontrándole, masajeándole,
excitando aún más al otro. Metió un dedo más, separándoles un poco para
así dilatar aún más la entrada, preparándole para recibir un tercer dedo,
el cual le costó trabajo meter, ya que los músculos de Kamui eran muy
estrechos.
Fuuma
volteó a ver a Kamui, el cuál no descuidaba su trabajo, pero que ya movía
sus caderas al ritmo que le imponían los dedos del otro.
-Espera... –Fuuma sacó su sexo de la boca del otro y detuvo un poco
el movimiento de los dedos-.
-¿Qué sucede? –un rastro de saliva corría por su barbilla, bajando
por su cuello hasta su pecho-.
Kamui
vio cómo Fuuma sonreía lujuriosamente y volteaba para estar frente a él,
sacando por unos instantes sus dedos, para volver a acomodarlos después.
-Date la vuelta... –el más grande le ordenó suavemente, haciendo
sonrojar nuevamente al otro, que hizo lo que Fuuma le pedía-... así está
mejor...
Sus
dedos ya no estaban dentro del cuerpo del más pequeño, así que para
distraerle mordió no suave, pero tampoco muy fuerte su hombro derecho,
arrancándole un gemido de dolor, tomándolo como aviso para entrar, así que
le embistió, metiendo casi todo su sexo, haciendo arquear su espalda por la
entrada abrupta a Kamui.
-¡Déjame! ¡Déjame! ¡Ya! –gritó el más pequeño, el cual
quería alejarse para no sentir el sexo que le había lastimado las entrañas,
pero Fuuma no tenía ninguna intención de dejarle ir. Así que muy pronto
sintió cómo todo el miembro del más grande le llenaba por dentro,
haciéndole soltar otro grito de dolor, en donde no pudo detener a sus
lágrimas, las cuáles comenzaron a resbalar por sus mejillas-. Déjame por
favor... –Varios sollozos escaparon de su pecho, el cual se convulsionaba-.
-Tranquilo, si lo hubiera sacado te hubiese lastimado más, tienes qué
acostumbrarte a tenerlo dentro... –besó tiernamente su hombro derecho,
acariciando suavemente su brazo, bajando la mano izquierda por su pecho, hasta
enredar con ella el sexo de Kamui, que estaba flácido al perder la
excitación-.
-Me duele... –dijo casi como un susurro, pero el otro alcanzó a
escucharle-...
-Lo sé, por eso tienes qué calmarte, relájate, acostúmbrate a
mí... –con su mano derecha tomó su mentón y volteó su cabeza hacia él,
para tomar sus labios y besarlos, para fundirse en una caricia abrasadora y
candente-.
Pronto
sintió en su mano la firmeza del sexo de Kamui, y bajó su mano derecha para
tenerlo a mejor disposición, tomando con su mano izquierda por debajo de la
cadera de Kamui, para poder atraerle hacia sí. Hizo un intento de moverse
dentro del cuerpo del más pequeño, sólo escuchó un quejido, pero sólo
eso, así que se movió aún más, metiendo y sacando suavemente, para que el
otro se hiciera a la idea. Podía sentir cómo el pasaje estrecho y caliente
de Kamui le envolvía completamente, haciendo hervir su interior, incitando a
su cuerpo a pedir más, a moverse con más frenesí.
Sus
movimientos se hacían más rápidos tanto fuera como dentro de su cuerpo, era
tan delicioso, tanto como lo soñó. Su mano se movía al mismo compás que
ahora Kamui le daba, al mover hacia su cuerpo sus caderas, intentando tener
más adentro el sexo del otro, sintiendo cómo éste bombeaba directo hacia su
corazón, casi al punto de querer estallar. Sus respiraciones eran uniformes y
ambos lanzaban leves gemidos, perdiéndose entre el sonido de los dos cuerpos,
que sudorosos se mezclaban para unirse en uno solo, por unos momentos.
El
más pequeño sintió que no podría soportar más, y con un profundo gemido
le hizo saber a Fuuma que pronto terminaría, manchándole la mano y hasta
parte de su propio pecho con su esencia. Y el más grande, llegó al orgasmo
cuando sintió las leves pero fuertes palpitaciones que recorrían el interior
de Kamui, haciéndole derramar su semilla en su interior y fuera de éste
debido al fuerte clímax que el otro le había otorgado.
Sudoroso
y cansado, Kamui se dejó caer, sintiendo cómo Fuuma se separaba de él, para
sentarse a su lado y atraerlo hacia sí, acurrucándole entre sus brazos,
dejándole descansar entre sus piernas y su pecho. El cansancio lo venció,
quedándose dormido al sentir las caricias del otro en sus cabellos.
Se
removió inquieto, buscando el cuerpo del otro, pero no lo encontró, se vio a
sí mismo desnudo, así que trató de cubrirse con una de sus prendas, pero
cuando quiso erguirse para ir por una, una fuerte punzada de dolor lo hizo
encogerse sobre sí mismo.
-Es normal que te duela... –escuchó la voz de Fuuma delante de él,
el cuál estaba sentado sobre un escombro, ya vestido y como si nada hubiese
sucedido-... era tu primera vez.
Kamui
se sonrojó ante el comentario, casi arrastrándose para cubrir su desnudez.
-¿Aún te queda vergüenza después de lo que acabamos de hacer? –sonrió
divertido, viendo cómo el otro casi se ponía frenético intentando
vestirse-. No es necesario, no hay nadie más aquí, y a mí me gusta verte
así.
-Ya... –sus mejillas estaban calientes por el sonrojo que las
cubría, aunque también sonrió y volteó a ver al más grande, pero al
hacerlo se quedó callado-... Fuuma, ¿qué sucede?
-Es hora, Kamui... –se acercó suavemente y se arrodilló frente a
él, removiendo unos mechones de cabello negro que rebeldes se habían pegado
a su cara por el sudor-...
-¿Hora de qué? –sus ojos mostraban preocupación al ver la tristeza
del más grande-... ¿Qué sucede, Fuuma?
-Antes de irnos... –tomó por los hombros a Kamui-... tengo qué
decirte... - pero cuando quiso decir algo.....
~+~
La
pelea era cruel, violenta, sangrienta, sus ropas estaban desgarradas y
manchadas de sangre. Quería defenderse, pero el otro no le dejaba, era muy
fuerte, estaba decidido a matarle.
-Cuídate mucho, querido Kamui... –abrazó a su ex mejor amigo y
estuvo a punto de matarle...
Kamui
no supo de donde tomó las fuerzas suficientes para zafar sus manos de los
cristales que las retenían en ésa estructura metálica, y con mucho esfuerzo
detuvo el ataque del otro, tomando la espada entre sus manos, arrancándosela
y volteándola, hiriendo con un golpe mortal al otro. Se quedó callado,
mientras ambos caían al suelo.
El
golpe de la caída fue fuerte, pero no lo suficiente para matarle, miró a lo
lejos el cuerpo del otro. Y después fue acercándose para verle.
-Fuuma... –susurró quedamente cuando estuvo lo suficientemente cerca
de él-...
-Lo hiciste... –sonrió suavemente, y acarició los párpados
entreabiertos del más pequeño, que se cerraron al contacto, dejando aún que
las lágrimas corrieran por sus mejillas, cayendo sobre el rostro del otro-...
ahora eres libre, pudiste salvar el mundo que tanto querías.
-Pero... pero tú no vas a estar a mi lado, ¿cómo puede ser el mundo
que tanto he deseado?
-Eres libre, libre de decidir tu propio destino.
-Pero... quiero que tú estés conmigo, porque...
-Adiós, mi querido Kamui... –sonrió, al momento en que su brazo fue
perdiendo fuerza y caía-... te amo...
-Yo también te amo, Fuuma...
~+~
Kamui
se quedó mirando el horizonte, sonriendo levemente. Estaba sobre la torre de
Tokio, que ya había sido reconstruida después de la última batalla que
habían tenido él y el otro Kamui, Fuuma. Era algo sorprendente que ya
hubiera pasado un año desde ése incidente, y aún no pudiera olvidar cómo
ambos terminaron destruyéndose el uno al otro.
La
luna llena se alzaba sobre él, iluminándole, como aquella vez.
-Pronto nos veremos, Fuuma, y también Kotori... –sonrió al ver las
imágenes de ambos como cuando eran unos niños-... y cuando sea el momento,
entonces mi destino estará escrito...
~+~
FIN ~+~