"Otra noche
sin dormir"
Como no quiero aburrir, todos los derechos y personajes son propiedad de las CLAMP y de nadie más. Yo sólo los utilizo sin animo de lucro, sólo por diversión y entretenimiento (que bonito ma quedao (^.^))
NOTA: os aconsejo que leáis este fanfic con música romántica (que os guste) de fondo, creedme, funciona (^_¬)
El chico miró exhausto la cama. Realmente necesitaba dormir. Hacia días que no dormía por el miedo que tenia a soñar con su hermana, o con el hombre al que amaba. Realmente quería volver a verlos pero no en un sueño. Si los veía, al despertar, se hundiría de nuevo en la tristeza de su corazón y no podría soportarlo. Se quitó la camisa, de nuevo manchada de sangre. Había luchado contra ese tipo muchas veces i su retorcida cabeza no dejaba de sorprenderle. De nuevo, su cara le había recordado a su amado. Sus palabras, sus gestos, se lo había recordado dolorosamente. Pero esa vez era distinto. Las cosas habían cambiado y él ya no era tan inseguro. Su amado estaba muerto y, tras morir, le había dicho las palabras suficientes como para no volver jamás a dudar. Tiró la camiseta en un rincón de la habitación desierta. Se acercó a la mesilla donde reposaba tranquilamente el teléfono. Nadie lo había llamado aquel día, excepto su abuela. El mensaje empezó cuando apretó el botón del contestador: "Hola Subaru... como estas? Me he enterado de lo de... del Sakurazukamori... Subaru se... lo siento... se que esto no te aliviara el dolor pero... no te preocupes... pasará... todo pasará... con el tiempo. También me he enterado de lo que a ocurrido esta tarde en Tokyo. Espero que estés bien. Subaru... se que no contestaras por mucho que te lo pida pero... por favor... cuídate. Te quiero... soy tu abuela y te deseo lo mejor... pese a todo... ten en cuenta la gente que te quiere y... aunque ya no estén en este mundo... siguen amándote Subaru. Se que eres el nuevo Sakurazukamori y... en el fondo... me alegro." En ese momento el chico se sorprendió. Esperaba que su abuela estaría angustiada, triste, enfadada por su decisión. Pero no, se alegraba, seria eso cierto? "Me alegro porque... de este modo... supongo que tienes algo de él... algo que os une. Subaru... me alegro mucho de ti. Estoy muy orgullosa de ti. Como he dicho antes... espero que te encuentres bien y... Subaru... respetaré cualquier decisión que tomes, de acuerdo? Adiós Subaru." - Fin del Mensaje -. Subaru, al oír eso, se quedó petrificado. No se podía creer lo que su abuela decía pero... le alegraba al mismo tiempo.
Yo también de quiero, abuela. – susurró. Entonces, paró la atención en una foto al lado del teléfono y no pudo evitar que le inundara, otra vez, la angustia y la desolación. Era la foto que se habían hecho, años atrás, su hermana, él y Seishiro. Después de la excursión del parque Ueno. Realmente se había divertido mucho ese día. Pero lo recordaba con dolor. Ese día, Seishiro y Hokuto habían vuelto ha hacerle de las suyas. Y ese día, también, Seishiro le había acompañado hasta casa para que no fuera solo, ya que Hokuto tenía una cita en un local. Habían estado hablando hasta tarde. De muchas cosas, no recordaba muy bien cuales. Pero, para Subaru, había sido una noche muy especial. Al final Seishiro se había quedado a dormir en su casa. Y ni siquiera había intentado nada. Fue el Sei de siempre, amable, comprensivo, con esa sonrisa tan dulce que le caracterizaba. Todo eso había sido mentira? Sólo había estado actuando, entonces? Sus sonrisas, sus caricias... todo?
Por las mejillas de Subaru cayeron un par de lágrimas, que se secó enseguida. No debía llorar ahora. No tenía sentido llorar. Cogió la foto y la abrazó contra su pecho – Hokuto... Seishiro... gracias por todo. – se la guardó en un bolsillo de los pantalones y se estiró en la cama, cerró los ojos y se durmió en pocos segundos. El agotamiento empezaba a notarse en su cuerpo y esa noche reposaría para el resto de sus días hasta el día prometido. El día del fin del mundo.
Tokyo estaba arrasada. Las calles levantadas con grietas que no alcanzaban su vista. Los edificios derruidos. Tokyo se había convertido en un desierto de escombros. Pero todavía había algo que se mantenía en pie. La Torre de Tokyo. Alta, majestuosa, con aquella elegancia que había representado siempre. Y en ella, catorce personas estaban allí, vestidos con capas negras. Una de ellas era él. Subaru Sumeragi, un dragón del Cielo y, ahora, un dragón de la Tierra. Subaru miró a sus compañeros Arashi seguia allí, con Sorata también estaba, vivo. Le sonrieron como lo había hecho siempre y se alegró mucho de verlos. Yusuriha también estaba allí, junto a Kusanagi, y Aoki, a su lado, estaba Karen, y más allá, estaban Yuto y Nataku, al lado de Satsuki y de Kakyo. Casi en la otra punta, estaban Kamui y Fuma, quienes también le sonreían. – Esto... – susurró Subaru a punto de llorar. Era un sueño hecho realidad. Todos en paz, sin luchar, junto a él. Ya no estaba solo, de echo, nunca había estado solo.
¿Esto es lo que deseas ahora Subaru? – una voz conocida le susurró al oído, haciendo que se estremeciera. Subaru se giró observando al hombre que tenía delante de él. Sus ojos verdes se agrandaron a más no poder y las pupilas se le dilataron.
Seishiro... – de repente la ciudad en ruinas desapareció, junto con la Torre de Tokyo y sus compañeros. De repente estaban en una sala completamente negra, donde podía ver sus siluetas reflejadas en el suelo. Este le miró y le acarició la cara con suavidad y ternura. Subaru se dejó llevar un instante por aquella caricia. La piel de sus manos era suave y había deseado tanto eso. Durante noches, durante meses, deseando una simple caricia.
Tu deseo más profundo... era que te matase verdad? – Subaru reaccionó de repente y le miró a los ojos. Aquellos que le volvían loco, uno ciego y el otro de color miel. Eran preciosos. Pero la pregunta era otra cosa. No quería responder ahora a eso. No quería más dolor. Pero asintió resignado, sin decir nada. Seishiro sonrió franco y esa sonrisa todavía le turbó más.
Sei... tu... eres un fantasma? – le miró suplicante. No deseaba que lo fuera.
Soy una alma. Al igual que cuando viste a Hokuto. Solo que yo... prefiero verte en sueños, Subaru – Seishiro sonrió, como si todo eso fuera lo más divertido del mundo. Pero Subaru no. De repente todos sus temores se hicieron realidad. Cuando despertara, Seishiro ya no estaría y se encontraría solo otra vez. Dos lágrimas cayeron por sus mejillas coloradas e incendiadas. Quería llorar mucho más pero no deseaba que Seishiro lo viera así. Tan débil. No quería. Pero era demasiado tarde. Este ya se había dado cuenta de que algo no iba bien. - ¿Qué te ocurre Subaru? – le levantó la barbilla y le miró preocupado. Desde cuando el Sakurazukamori demostraba preocupación?
Porque... porque me mentiste Seishiro... porque no me dijiste las palabras que realmente deseaba oír?
¿Realmente te hubieran hecho feliz si te las hubiera dicho? – Subaru miró a Seishiro sorprendido. – No te las dije porque no eran la verdad. – Subaru rechazó la mirada de Seishiro.
Me mentiste de todos modos... no me dijiste la verdad...
No es cierto... esa era la verdad – cerró los ojos, resignado.
¡No! ¡El Sakurazukamori no siente emociones! ¡No podía ser la verdad... no podía... – más lágrimas afloraron por sus tristes ojos melancólicos. Ya no podía retenerlas más. Seishiro lo vio y de nuevo se preocupó.
Suabru... – le obligó a mirarle otra vez, sin que este estuviera muy de acuerdo. Se lo quedó mirando largo rato y a Subaru no dejaban de caerle las lagrimas continuamente. Seishiro se las secó dulce y cuidadosamente con los dedos de una mano. – lo siento... siento todo por lo que te he hecho pasar pero... era mi deber hacerlo... era mi trabajo y... no tenia sentimientos por nada ni por nadie. Pero recuerda que no existe ningún ser vivo que no sienta emociones porque... es parte de nuestro ser, estamos vivos y eso conlleva... tener emociones. – le sonrió y esa vez, la sonrisa era franca – Gracias Subaru. Gracias por hacerme sentir importante, por el mero hecho de creer que pensabas en mi. – lo abrazó con fuerza y Subaru no hizo nada por impedirlo. – Fuiste el único que me enseñó que era el odio y que era el amor y... – le miró a los ojos otra vez, los de Subaru ya no lloraban y estaban abiertos de par en par – la diferencia que había entre ambas cosas. - Ocultó su cara en el hombro de Subaru quien seguía con la cabeza alzada y las lágrimas volvían a recorrer, de nuevo, sus mejillas.
Porque... – gimió – porque tuviste que hacerlo? Porque, si realmente esas palabras eran ciertas, porque dejaste que te matara? Porque Seishiro... porque? – Subaru también acabó por ocultar su cara en el cuello de Seishiro y, con ambas manos, estrechar fuertemente su cuerpo.
Porque ese era mi deseo, Subaru. Quería morir en los brazos de la persona que más amaba. – a Subaru se le volvió a cortar la respiración. No dejaba de sobresaltarse cuando le oía decir a Seshiro que lo amaba. En cambio, este, cada vez lo pegaba más a él, reteniéndolo, tenia miedo que en algún momento su alma tuviera que regresar al mundo de los muertos. Ahora ya no le importaba nada, tan solo Subaru. Ni su orgullo, ni su trabajo, ni su destino, nada impedía decirle todo lo que sentía. – Durante años vagué por muchos sitios de Japón, matando a mis víctimas sin sentir nada, ni dolor, ni remordimientos, nada. Tokyo se convirtió en mi ciudad predilecta para matar. Allí, por mucho que mataras, nunca se investigaba nada, podía matar libremente. Y, poco a poco, empecé a entender el porque. Tokyo es una ciudad hermosa vista desde fuera pero, una vez has entrado en ella pueden ocurrirte dos cosas. Una, encontrar amigos y ser feliz, y la segunda, es quedarte solo para siempre, encadenado a eso ciudad. Las personas de la primera opción son muy felices, demasiado felices como para preocuparse por algo. Las personas de la segunda opción, si desaparecen, nadie se preocupa por ellos. Me gustaba estar en Tokyo por estas razones. Una ciudad que vive individualmente. Sin preocuparse por los demás. Pese a todo, la gente que me encontraba era amable y buena y me respetaban pese a mi corta edad. Me reía de ellos por dentro porque no dejaban de parecerme ridículos. Me daba igual matarlos porque no creía que fueran merecedores de la vida que se les había dado. Pero... al final, no podía dejar de aburrirme todo eso. Y entonces... te encontré a ti. – en ese instante Seishiro miró a Subaru con una sonrisa – en el fondo, tengo que reconocer que tu me salvaste en aquel momento. Me salvaste de convertirme en algo mucho peor de lo que ya era. Eras un niño puro e inocente, incapaz de ver la maldad que yacía en el corazón de las personas. Por eso no tuviste miedo de mi y me confiaste tu sonrisa, tu maravillosa sonrisa Subaru que, pese al todo, aún puedo verla. – sus finos dedos acariciaron delicadamente los labios de Subaru y este no pudo evitar estremecerse. – Me gustaste, me divertiste mucho en aquel momento y por eso hice esa apuesta contigo, para no aburrirme. Te fuiste y desapareciste de mi vida y seguiste con tu mediocre vida. Durante aquellos largos siete años no había ningún día en que no pensará en ti. Iba a dormir pensando si al día siguiente te encontraría para saldar nuestra apuesta, hasta que al fin te encontré de nuevo. De verdad que me sorprendiste Subaru, descubrí que eras mucho más fuerte de lo que pensaba y vi la pureza de tu corazón que seguía intacta. Y me gustó, me gustó tu vida. Eras feliz, pese a ser diferente a los demás, vivías tu vida junto a tu hermana Hokuto, con un sueño que querías cumplir. Al entrar en tu vida no parecías molesto con ello. Me aceptaste y confiaste en mi como lo habías hecho siete años atrás. Pero cuanto más cosas hacia para enamórame de ti, empezó a aflorar dentro de mi un sentimiento que no había sentido nunca, diferente al amor y descubrí que, en realidad, era odio. Te odiaba cada vez que sonreías, te odiaba cada vez que me mirabas, no podía soportar que me mirases con esa cara y que me contaras tus sentimientos más profundos. Muchas veces me hablaste de tu sueño y descubrí que yo no tenía ninguno y por ese motivo también te odié. – le estrechó contra su pecho mucho más fuerte y Subaru emitió un débil quejido por el dolor que empezaba a sentir en su pecho. Todo eso era demasiado doloroso para ambos. - Te odiaba más y más por no comprender que te estaba mintiendo, que todo eso era una farsa. ¿Como podías no darte cuenta? Eras un maestro del omylui y eras incapaz de percibir la maldad de las personas. Y empecé a sentirme estúpido por haberte hecho esa apuesta. Me volví a aburrir y no encontraba la manera de salir. Hasta que... por ironías del destino, perdí un ojo por ti. Ibas a dejar que esa mujer te apuñalará y, antes que ver a un estúpido Subaru herido y pidiendo disculpas como un mártir, preferí serlo yo. Ser yo quien actuará bien y, también, para dejar de aburrirme. En aquel momento todo cambió. Me sorprendí de mi mismo en el momento que descubrí que realmente quería protegerte. Protegerte de ser otra persona vulgar como las que había conocido y que tan poco me importaban. Decidí que tu serias diferente, quería que fueras diferente a los demás. Perdí un ojo y lo único que me preocupaba eras tu. Saber como reaccionarias a todo eso. Y pensé que en el fondo te alegrarías de no haber perdido el ojo tu. Que no te sentirías culpable por lo ocurrido. Que te enfadarías conmigo y que no querrías verme más. Pero... otra vez volví a equivocarme y lo que yo deseaba fue lo que conseguí. No eras una persona mediocre, eras una persona especial. – En aquel momento Seishiro no pudo evitar sonreír y mirar al cielo negro de su alrededor. – Especial... esa palabra mágica que me sorprendió. Te habías convertido en una persona especial, distinta a los demás y, tendría que haber aceptado esas palabras y aceptar la verdad, habías ganado la apuesta Subaru, me había enamorado de ti. – Seishiro volvió a mirarle a los ojos que lo miraban atónitos. Secó los restos de lágrimas que afloraban por sus ojos y apoyó su frente contra la de Subaru. – Habías ganado la apuesta que yo mismo había hecho.
Seishiro... – dijo fragilmente Subaru, pero Seishiro le cerró los labios con el dedo índice.
No lo acepté Subaru. No acepté mi derrota y, por ese mismo motivo, quise matarte de verdad. Tu hermana estaba más agresiva que nunca y no paraba de repetirme una y otra vez que por favor, no te hiciera daño. Sabía que mi odio hacia ti se había incrementado de una manera inaudita. Ya no era el Sakurazukamori, Subaru, era una máquina de odiar. Y te hice todo el daño que pude pero... al momento de matarte lo vi. Vi que todavía tenias razones para seguir viviendo. Eras una de esas personas felices que tenia amigos y familia y entonces, me pareciste insignificante. Una cosa que no tenia sentido que matase. Algo por lo que no valía la pena sentir tanto odio y... te dejé marchar. Me diste lástima con tus lágrimas y con tus pocas ganas de luchar pero... eso no era más que otra mentira que me había inventado para no reconocer que te amaba. Y me fui de tu lado otra vez y... otra vez volví a huir de ti. Como un animal asustado. Me reí de mi mismo y me sentí ridículo y estúpido pero... cuando vino a verme tu hermana y me pidió que la matase, encontré un final. Un final que uniría nuestras vidas para siempre. Ya me imaginaba que Hokuto haría algún hechizo para impedir que te matará pero tengo que reconocer que ni yo mismo me lo hubiera imaginado hasta que me lo explicó. Fue muy lista tu hermana.
Pero si ya sabías que iba ha hacer... porque la mataste? Dímelo Seishiro... por favor – este cerró los ojos resignado, alguna vez se lo tendría que contar.
Hokuto era una persona completamente diferente a ti. Sabía lo que yo era desde el momento en que nos conocimos pero, aun así, nos presentó. En una ocasión se lo pregunté y ella se limitó a sonreírme y a decirme que era porque yo era el único capaz de hacerte sentir especial. Vivía sólo para ti y eso era algo que me intrigaba. Quería que amases la vida tanto como ella te amaba a ti. Hokuto también era una persona muy especial y... la respetaba. Por eso respete su decisión y hice lo que me pidió. Tenía que cumplir su deseo. Me sentí obligado ha hacerlo. – Seishiro le acarició delicadamente el pelo corto de Subaru. Y este cerró los ojos, consumido por el placer que le producían esas caricias que tanto echaba de menos.
Seishiro yo... – dijo entre susurros.
Aunque... también lo hice porque sabía que sería imposible matarte. Si no lo había hecho la primera vez, dudaba mucho que en la segunda lo consiguiese. Todos esos años sin ti me dieron mucho en que pensar pero nunca me atreví a buscarte. Aunque mi deseo era morir en tus brazos... también amaba un poco mi vida. Y, entonces, decidí morir cuando la Tierra estuviera en peligro y el fin del mundo se acercará. No queda mucho para esta fecha Subaru, y tu aun tienes cosas que hacer en este mundo. Por eso, y por la gente que te ama, vive Subaru, sigue viviendo. Aunque Hokuto ya te lo haya dicho, prefería decírtelo yo mismo. Aunque sea muy egoísta por mi parte. Quiero que sigas viviendo y que, después de todo esto, tanto si el mundo acabé o no, rehaz tu vida, cumple tu sueño y se feliz. Es lo que yo deseo ahora. – Seishiro sonrió aliviado – No quiero volver a verte en mucho tiempo, eh? – Subaru no pudo evitar sonreír, aunque esas palabras no fueran, tampoco, las que hubiera deseado oír. – Cumple tu sueño Subaru, ahora puedes hacerlo realidad. – lo volvió a abrazar con fuerza, al igual que lo hacía Subaru.
Te lo prometo Seishiro... viviré. Viviré y cumpliré mi sueño de trabajar como cuidador de animales en un Zoo. Pese a todo, no renuncié a ese estúpido sueño.
No es estúpido, es magnífico. Siempre te envidié por ese sueño. Al menos tu tenías alguno...
Seishiro... – Subaru alargó la mano para acariciar el rostro de Seishiro. Nunca antes lo había hecho pero en aquel momento fue el chico más feliz del mundo. Seishiro cerró los ojos suspirando y le besó la palma de la mano, en la cual, la estrella invertida de cinco puntas brilló repentinamente con una cegadora luz roja. A su alrededor apareció el Sakura majestuoso y miles de flores los envolvieron, siguiendo el compás de un viento que hacia aire. Ambos se lo quedaron mirando, dos Sakurazukamoris se encontraban allí, algo que nunca se podía ver. Seishiro, pero, sonrió y miró a Subaru.
No creo que se alegre mucho de verme. – Subaru le miró confuso, había una pregunta que deseaba hacerle desde hacía demasiado tiempo.
¿Por qué el Sakura no... no te devoró? Quiero decir que... mi abuela me contó que tu... que los Sakurazukamoris, una vez muertos, erais devorados por el Sakura... estuvieseis donde estuvieseis... pero tu... tu no fuiste devorado. – Seishiro sonrió, no conocía exactamente la respuesta a esa pregunta pero se la imaginaba. Miró al Sakura y por un momento este se estremeció hasta sus raíces.
Digamos que... al fin y al cabo, no fui un buen Sakurazukamori – sin dejar de mirar al árbol.
¿Por qué...?
Porque me enamoré de alguien, del que no debí enamorarme nunca – los ojos de Subaru se agrandaron y el corazón empezó a latirle con fuerza en el interior de su pecho. – Mi deber era matarte... eras mi presa, la presa del Sakura. Debí matarte en aquel momento, cuando el Sakura te llamó para que vieras como asesinaba a aquella niña y para... matarte después. Nunca debí hacer aquel trato... y menos... vivir con Hokuto y contigo un año entero. Además... no morí porque me mataras... elegí yo morir. Me suicidé. – Subaru miró los ojos de Seishiro que seguían mirando al Sakura – Técnicamente... no fue el Sakura quien eligió mi muerte... sino yo y por eso... no se puede considerar que fuera un buen Sakurazukamori.
Mejor... me alegro... – Seishiro miró a Subaru algo sorprendido.
¿Te alegras?
Si, me alegro – le miró seriamente a los ojos, Subaru no mentía, lo estaba diciendo porque realmente se alegraba de eso. – me alegro porque... te tuve en mis brazos sin que nadie me lo impidiera. Ni la moral, ni las personas, nadie ni nada me lo impidió. Y estuve feliz... feliz y muy triste a la vez porque... – se agarró a la camisa se Seishiro ocultando su cara en su pecho. – no puedo evitar pensar que... a lo mejor... hubiésemos podido... estar juntos... los dos... eso también lo deseaba. Era un deseo que ni el elegido de los dragones de la Tierra pudo ver. – las lágrimas empezaron a caerle por las suaves mejillas de Subaru. Ya no podía contenerlas más. Todo lo que no había podido llorar en aquel tiempo lo lloraba ahora. Seishiro lo abrazó y le olió el pelo. Ese olor que lo fascinaba y excitaba. Era cierto, él tampoco había podido evitar pensar en eso. Ahí le tenía que dar la razón a Subaru pero comprendía que tampoco hubieran podido estar juntos para siempre. Ese había sido su elección y no se arrepentía de ella.
Pero ahora estoy aquí, contigo, y nadie ni nada nos lo puede impedir – miró al Sakura y este empezó a desvanecerse hasta que desapareció por completo. Obligó a que Subaru levantase la cara para mirarle. Tenía las mejillas encendidas y los ojos enrojecidos pero, pese a eso, seguía llorando. Este le lamió las lágrimas, recorriendo toda su cara y procurando no dejar ningún rincón por lamer. Amaba tanto ese rostro y esas lágrimas. Subaru se estremeció al sentir la lengua de Seishiro. No pudo evitar que eso le excitara y que millones de estímulos en su cuerpo reaccionaran a esas caricias. Se sentía seguro en esos brazos que ahora temblaban nerviosos, recorriendo su espalda. Su lengua llegó a los labios de Subaru y, por un instante, se los quedó mirando. ¿Que debía hacer? Tenía ganas de besarlos, de saber a que sabían. Subaru respiraba entrecortado y podía notar su respiración discontinua que se escapaba por esos finos labios. Seishiro llevó una de sus manos a la empapada cara de Subaru y la acarició con ternura. – Nunca hubiera imaginado que pudiera amarte tanto... – "Me derriten... esas palabras... esas caricias... no hay nada en él que no me provoque" pensó Subaru que, impaciente, aguardaba a la espera de ese beso. Beso que anhelaba desde hacía años, desde el momento en que supo que lo amaba.
Yo también... te amo. Te amo desde hace tanto tiempo... – sus labios se rozaron fugazmente, pero eso bastó para que ambos cuerpos se acercarán mucho más, apretándose uno contra el otro. Subaru alargó una de sus manos y acarició el pelo de Seishiro hasta que este se estremeció de placer y provocará un gemido ahogado en su garganta. Subaru alzó los talones del suelo y apretó sus labios contra los de Seishiro. Ahora era él quien lo besaba. Estaba besando a la persona que más había amado, que más amaba y que siempre amaría. Sus lenguas jugaron intensamente. Ambos habían imaginado, con desesperación y agonía, ese momento. Sus respiraciones agitadas parecían ir al ritmo de sus caricias. "Nadie... nada... existe... ahora... y para siempre... recordaré este momento... siempre... te recordaré y amaré... Subaru... porque... por fin... puedo quererte para toda la eternidad".
¿Me sorprende que hayas hecho esto, Kakyo? – preguntó Fuma a su lado – aunque... puede que te sintieras responsable por todo lo que les ha pasado...
Es lo que hubiera deseado Hokuto. Por eso... he hecho volver el alma del Sakurazukamori...
Pero... – cogió a Kakyo por la barbilla y lo miró a los ojos – también tu... deseabas este final... ¿no es cierto Kakyo? – Kakyo miró a Subaru y a Seishiro besándose, para que luego desaparecieran de su sueño. Kakyo sonrió – Tenían derecho a esto. Al menos... por una sola vez he conseguido cambiar un poco el futuro.
Entonces... será mejor que los dejemos solos. – Fuma sonrió, quitándose las gafas de sol y mostrando sus fríos ojos. – Mientras tanto yo... iré a encontrarme con el elegido y, por fin... matarle. – entonces Fuma desapareció del sueño de Kakyo y este, quedándose solo, finalmente, ahora podría volver a ver a Hokuto... tampoco nadie se lo impediría.
Espero que... el deseo del elegido de los dragones del cielo... se haga realidad. Porque... el futuro... aun no está decidido.
No debiste hacer eso... – dijo Seishiro sonriendo levemente.
¿Hacer el que? – respondió feliz, abrazándose todavía más al cuerpo desnudo de Seishiro.
Besarme. Y tampoco debimos haber hecho nada... – desvió los ojos hacia arriba, resignado. Se sentía extraño teniendo a un Subaru completamente desnudo, también, entre sus brazos y encima de él.
¿Acaso no te gustó...? Pensaba que...
Claro que me gustó pero... – respiró hondo sin saber que decir. Ese chico le había ganado. Acababa de descubrir algo del carácter de Subaru que nunca hubiera imaginado y eso lo desbordaba. – me siento extraño...
¿De que? – al ver que este no respondía, decidió decir algo él mismo, para tranquilizarle. - Yo... nunca había hecho esto con nadie y... me resultaba imposible, demasiado doloroso imaginar que me pasara algo... maravilloso contigo. – se hundió en su pecho y se lo acarició con los dedos. – Soy muy feliz Seishiro... muchísimo... porque te quiero y porque... eres la primera persona con la que he hecho el amor. – Subaru se enrojeció al recordarlo – soy muy... muy feliz...
Yo... también... también lo soy Subaru. Por... por las misma razones pero... cuando me vaya... esto ha sido muy egoísta por mi parte, Subaru. – Seishiro sintiéndose culpable, eso no se veía todos los días y esa noche ya lo había visto dos veces. Se acercó al rostro de Seishiro y lo volvió a besar.
No te preocupes... esta vez no... esta vez no me desmoronaré. Hay cosas en este mundo que todavía quiero proteger. – pensó en Kamui, en su abuela, en Aoki, en Arashi, en Yuzuhira... y también en los que ya no estaban en ese mundo. – Quiero proteger este mundo porque no quiero que las personas que amo sufran más de lo que ya han sufrido. Aunque... no se que más puedo hacer pero... protegeré a Kamui para que su deseo se haga realidad. – Seishiro sonrió y le miró con ternura.
Como ya sabía... sigues siendo muy amable, Subaru. Pero... quiero pedirte algo...
Dime... – Seishiro lo besó y después empezó, poco a poco a desaparecer.
Vive... sigue viviendo... siempre, porque... te amo.
Te lo prometo Seishiro – desapareció de su vista y supo que su sueño había acabado. Se despertó en su cama removida y se incorporó. – por ti... por Hokuto... os lo prometo a ambos. – Kamui había empezado a luchar contra Fuma, lo podía notar. – Tengo que poder crear una zona protegida con estas manos... – la estrella del Sakurazukamori empezó a brillar intensamente de nuevo – Cuando vuelva tendré que dormir un día entero por que no me aguanto derecho. Maldito Seishiro... no me has dejado dormir en toda la noche. – el amanecer del día prometido se levantaba mientras Subaru corría hacia la Torre de Tokyo, intentado llegar lo más pronto posible.
OWARIIIIIIIII (^_^)
Por fin lo terminé... que alivio (- -_). La verdad es que tengo que reconocer que es un pastelón de fic pero me encanta. Esto es lo que podría haber ocurrido (que no pasa en el cómic) antes de ir a salvar a Kamui. A que es bonito? Me encanta... además, me daba mucha rabia que no tuvieran un final juntos así que lo he apañado de esta manera y me ha gustado mucho. Bueno... cualquier comentario respecto a este fic (bueno o crítico) que me lo podéis enviar a: nuria_17_33@hotmail.com
Adiós a todos y gracias a los que han leído mi fic dedicado a la mejor pareja que han tenido las CLAMP (soy una fanática de ellas(^.^)):
¡¡¡SUBARU Y SEISHIRO FOEVER!!!
PD: Después de esto quiero escribir muchos más fics de X, y no sólo de Subaru y Seishiro. Eso cuando me haya acabado de leer los cómics de X (haber si sacan ya el 19, leches). Bueno, espero que sean tan buenos como este, aunque intentaré mejorar mi estilo.
¡¡¡Bye, bye, (^.^)!!!