"Dark Poison"
Basado en Yu Gi Oh!
By Anasaky

 

 

CÁP. 1: El primer paso.

Cierto día Yami iba caminando de regreso a su casa, solo. Y murmurando con enfado.

-¡Maldito Kaiba! ¡A veces quisiera que desapareciera de una vez por todas! - al parecer, Yugi había tenido otra discusión con su máximo rival y no se cansaba de maldecirlo en cada tramo de camino. Pero no valía la pena, después de un rato simplemente se calmó.

Era una tarde bastante agradable así que decidió tomar un atajo que pasaba justo frente a predio baldío, que más parecía un basurero puesto que sólo dicho material estaba esparcido por el suelo seco y polvoriento. Cuando Yami pasó por esos rumbos como siempre solía hacerlo, se encontró con semejante sorpresa; el predio estaba limpio y arreglado como si nunca hubiese existido un basurero en ese lugar. Una pequeña casa con una fachada extremadamente llamativa ocupaba el espacio del lugar. La curiosidad llamó poderosamente al Faraón. Dispuso acercarse a la casa con cierto temor y a la vez, ansías corroentes. Al estar frente al umbral de la puerta, tocó el timbre pero al ver que nadie atendía al llamado dispuso irse aun en contra de su curiosidad insatisfecha.
La puerta, de pronto, se abrió lentamente justo al momento que Yami se marchaba. Una figura fantasmal asomó la puerta causando estrépito en el pequeño

-Si???- la voz que habló era áspera y lapidaria mas con claro tono femenino

-Buenas tardes, yo sólo quería…- Yami mostró su seguridad característica pero no pudo evitar sonrojarse al ser cortado por la estoica mujer.

-Pasa…- no le quitaba la vista de encima mientras se hacía a un lado para darle paso a su inesperada visita.

La repentina acción causo un poco de susto en el chico pues la mujer era una total extraña que además le miraba con desconfianza y frialdad. Sin embargo, dispuso entrar en al vivienda.

-toma asiento- la mujer dejo relucir su voz con un pequeño tinte autoritario y tosco haciendo que su visita se pusiera en extremo alerta.

El lugar era pequeño con un suelo cubierto de futones desgastados, una rustica mesa de centro y un caminando un poco más a al derecha, estaba la cocina. A pesar de ello, el lugar ofrecía ser acogedor y el aire estaba invadido por un leve olor a incienso que se hacía muy relajante.
Yugi perdió un poco su desconfianza, pero no demasiada pues la identidad de la mujer aún era un misterio.
La mujer camino hacía al sala y tomó asiento frente a Yugi. Ahora que estaba más cerca pudo observar que la mujer poseía no más de 25 años, un cabello lacio de color caoba que llegaba justo por los hombros, tez pálida casi sepulcral con una nariz respingada que casi desvanecía por su finísimo puente, una esbeltez espiritual y sus manos se veían delicadas con cuidados inherentes. Pero lo que llamaba la atención fueron sus ojos, unos ojos taciturnos, misteriosos y más oscuros que ébano más puro de tras fondo a una frialdad casi hermosa, casi sobrenatural.

- ¿Qué te trae por aquí? - la mujer sacó de sus observaciones a Yami quien la miraba fijamente creando cierta incomodidad en ella.

- Este lugar es muy solitario… - Yami se dio la libertad de murmurar su opinión de manera casi imperceptible.

- Mi padre era el dueño de este terreno, cuando murió me lo dejo de herencia pero cuando viene a reclamarlo lo encontré como un basurero.- la mujer miraba hacía la ventana perdida en sus pensamientos y Yami, perdido en sus palabras. La forma en como lo relato todo parecía no importarle mucho la muerte de su padre pero, le sorprendió más ver como respondía sus interrogantes sin haberle siquiera insinuado explícitamente alguna de ellas.

- Dígame, señorita…- él quería saber más sobre la extraña y misteriosa persona que estaba frente a sus ojos.

- Mi nombre es Aiko, Aiko Hido.- la mujer alzo su mano y le dedico una sonrisa leve mientras esperaba que su invitado tuviera la misma cortesía de presentarse.

- Mi nombre es Yami. Mucho gusto Aiko - san- Yugi tomó la mano de Aiko estrechándola con la suya sintiendo su piel fría y suave.

Rato después ambos platicaban como si fuesen amigos de toda la vida, se reían entre carcajadas con toda confianza mientras tomaban un poco de té verde. La mirada de Aiko no era ya taciturna dejando ver la belleza natural de sus ojos ébanos con un brillo increíble lejos de toda frialdad.
Después de un rato, ambos quedaron en silencio sepulcral. Aiko tomó un sorbo de su té con calma prudencial y vacilante.

- ¿Sabes?...mi profesión es algo fuera de lo normal…por eso vivo tan alejada. Antes, cuando vivía en mi antiguo hogar en al Isla Amakusa, mucho antes que mi padre se fuera de mi lado y me abandonara, sentía que no había algo normal en mi…conforme fui creciendo esa sensación fue aumentando hasta que pude deducir de que se trataba…- Aiko giraba la taza de té nerviosamente en sus delicadas manos y Yugi pudo ver como la inseguridad manchaba su voz profunda.

- ¿De que se trata? ¿Puedo saberlo? - cuestionó el muchacho.

- Ya lo verás - susurró levemente.

Yami no retiró su vista del rostro de la joven mujer. La inseguridad cobro fuerzas en su ser impidiéndole pronunciar palabra aún. Pero su necesidad afloró antes que sus ganas de escapar de aquel lugar.
Caminando unos cuantos pasos más para estar frente a frente con Aiko. Esta tomó las manos del joven, que estaban más frías de lo usual a causa del nerviosismo.

-Cierra tus ojos…siento que hay algo que te perturba dentro de tu alma…alguien quizá - la mujer dejo a un perplejo Yami esperando en la alfombra mientras entraba a una habitación y sacaba una botellita de líquido negro - tómalo - le ofreció. Hubo cierta duda pero al fin decidió tomarlo. Era amargo y frío - vuelve a cerrar tus ojos - ordenó y el otro obedeció sin chistar.

Aiko cerró sus ojos también y comenzó a proferir en lenguas extrañas algún hechizo antiguo y su rompecabezas del milenio despidió una luz segadora. Un huracán de pánico se apoderó del joven duelista ante su nueva experiencia. La habitación se llenó de ráfagas de viento y todo caía en un abismo inhóspito, cubierto de silencio. Después todo fue oscuridad.

 

CONT

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