La
noche era tranquilizante a su manera y un leve rocío refrescaba su piel, ni un
solo ruido se escuchaba y el cielo estaba libre de estrellas. Seto Kaiba se
permitió una ligera sonrisa aprovechando que no había nadie para dar
testimonio de ella... hacía demasiado tiempo que no caminaba solo por la noche.
“Muchacho...”
Kaiba
se detuvo al escuchar una voz ebria y su guardia subió inmediatamente.
El sabía que había peligros en la ciudad pero un borracho no iba a
detener a Seto Kaiba de ir a recoger a su hermano.
Kaiba
pasó al lado del hombre sin incluso notarlo.
“Te
estoy hablando mocoso”
Kaiba
siguió caminando, su mirada fija en su destino
“Maldición..”
Murmuró el hombre
Seto
se detuvo al sentir la mano del borracho en su brazo y se atiesó enfocando sus
ojos con una mirada furiosa al sujeto por su osadía.
“Ahora
si me prestas atención, verdad?”
El
hombre alrededor de los 40 años sonrió mostrando cuatro dientes amarillos y
sarrosos.
“Qué
hace un muchacho así de bonito y bien vestido por la noche”
Kaiba
no se dignó a contestar al hombre cosa que hizo al sujeto enfadarse
inmediatamente.
“Yo
te enseñaré respeto a tus mayores”
El
cuerpo de Kaiba fue empujado a una pared con violencia pero él se recuperó rápidamente,
y enfocó su mirada en la tienda del abuelo de Yugi, las luces de arriba aun
estaban prendidas por lo que él imaginó que aún estaban despiertos.. jugando
video juegos o haciendo cualquiera de las cosas que Mokuba le contaban que hacían
ahí.
El
podía imaginar sus sonrisas y a toda la banda junta en la mitad de la noche
comiendo palomitas y viendo películas.
“Qué
miras!!?” Aulló el sujeto antes de lanzar un golpe a Kaiba que fue fácilmente
rechazado dejando al hombre en el suelo
Kaiba
dejó al sujeto tirado antes de sacudir su ropa y dirigirse a la tienda.
El
borracho se levantó viendo la figura de Kaiba retirarse, su furia era
gigantesca.. él había sido menospreciado toda su vida y ahora le enseñaría a
ese muchacho un poco de humillación aunque fuera lo último que hiciese... Con
algo de trabajo se levantó agarrando un ladrillo y corriendo a toda velocidad
detrás del chico para luego golpearlo fuertemente en la cabeza.
El
muchacho pareció sentir su presencia pero fue muy tarde.