"Solo tu y yo"
Basado en Yu Yu Hakusho
By Selene Dark



Capítulo 2: reencuentro
 

Subió las escaleras a toda prisa, su cara expresaba una gran felicidad, cuando iba de camino a su casa, había logrado sentir una fuerte presencia, que se deslizaba como una sombra por las copas de los árboles. Pero no había hecho caso de ella, debido a que pensó que se estaba autosugestionando, y que de seguro vería a Hiei por ese motivo, y en todas partes. Pero al ver a sus dos amigos, supo que era realidad.

Llegó a la puerta de su habitación, se detuvo y respiró hondo, estaba muy agitado. Abrió, y se dirigió directamente a su placard, sacó un pantalón y una remera muy cómodas. Giró para sentarse en su cama, pero pudo presentir una penetrante mirada, disimuladamente miró de reojo hacia la ventana, pudo ver dos pequeños rubíes destacar del denso follaje del árbol. Conocía a la perfección esos cautivantes ojos rojos, como la mismísima sangre. Lo observaban sin perder detalle de sus movimientos.

Haciendo uso de toda su sensualidad, comenzó a caminar. Con movimientos casi felinos, se puso de frente al espejo, dejando la ventana a sus espaldas. Muy lentamente comenzó a desabrocharse la camisa. Los movimientos sensuales no se detuvieron, no eran muy exagerados, mas bien parecían naturales en el pelirrojo. Dejó caer su camisa al piso, permitiendo ver una ajustada musculosa debajo de ella, la cual marcaba muy bien sus pectorales, y su abdomen. En ese momento no perdió detalle de lo que sucedía con el Jaganshi, el cual no se había movido un centímetro desde que Kurama había comenzado a desvestirse.

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Hiei miraba desde la copa del árbol, no podía creerlo, sabía desde hace tiempo que le sucedía algo con su compañero de batalla, ya había dejado de creer en la excusa de que estaban juntos por conveniencia, ya que así no deberían enfrentarse entre ellos. Él estaba con Kurama por que sentía cosas muy fuertes por el pelirrojo.

No podía dejar de deleitarse con ese bello cuerpo frente a él, que muy lentamente se iba despojando de sus ropas.

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Kurama continuó sacándose la ropa, tomó su cinturón y lo hizo deslizarse por las presillas del pantalón negro, que estaba vistiendo. No perdió detalle del brillo que se formo en los ojos del Youkai de fuego. Tomó la remera y se la sacó muy lentamente, dejando al descubierto su firme vientre, y su blanco pecho. Vio como la figura en árbol se sobresaltó, era el momento justo para el golpe final, debía hacerlo, era ahora o nunca. Dirigió sus manos hacia el botón del pantalón, y lo desabrochó, luego bajo el cierre, y se lo sacó, estaba muy nervioso, no sabía porqué teniendo la experiencia que tenía, no podía controlar sus nervios. La respuesta apareció de inmediato, tenía experiencia en sexo, relaciones ocasionales, pero lo que sentía por el amo del Jagan era distinto, era amor.

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Hiei se sonrojó, Kurama era tremendamente hermoso, su belleza era inexplicable, e indescriptible. El tiempo que habían pasado sin verse lo había favorecido. Notó en él pequeños cambios, su rostro era un poco mas masculino, tenía unos rasgos muy varoniles, pero otros muy delicados. Por ejemplo sus ojos, esas esmeraldas profundas, que pueden convencerte de hacer cualquier cosa, con tal de verlas una vez mas. Sus labios delicadamente finos, que eran una invitación a ser probados. También era dueño de una melodiosa voz, que era increíblemente excitante, y que nunca se sobresaltaba. Podría morir en ese mismo instante, que por tener esa vista un segundo mas, lo haría con gusto. Lo único que llamó su atención fue su pelo, estaba aún mas largo que antes, le llegaba mas debajo de la cintura, como se sentiría al tocarlo, a simple vista parecía ser muy sedoso.

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Kurama seguía de pie, buscando algo para atarse el pelo, lo tenía tan largo que le molestaba. Pero le daba lástima cortárselo. Sabía que estaba jugando sucio, por que lo único que quería era ver como reaccionaba Hiei ante sus avances, no quería tirarse a la pileta, y que ésta, estuviese vacía. Mientras buscaba una cola para el cabello, no se había percatado de que estaba vestido solo con un pequeño bóxer negro, bastante ajustado y que no dejaba mucho a la imaginación. Rápidamente se puso una remera de color verde claro, que hacían juego con sus hermosos ojos, y un pantalón de vestir, blanco. El cual le marcaba sus delicadas caderas, y su estilizada cintura.

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Salió a toda marcha de la habitación, cuando bajó se encontró con que Yusuke y Kuwabara, habían comenzado a pelear de nuevo por puras trivialidades, pero antes de continuar con su atención en la absurda disputa, se concentró en la pequeña figura vestida de negro, que se encontraba de pie junto a la puerta.

El pelirrojo se acercó lentamente a Hiei, dispuesto a saludarlo, el Jaganshi extendió su mano derecha, esperando que Kurama la estrechara de forma cordial. Pero parece ser que el pelirrojo no pensaba conformarse con eso. Depositó su mano en la mejilla izquierda del Jaganshi, y acercó su rostro a la otra, dejó un delicado beso, que hizo sentir a Hiei descargas electricas en todo su cuerpo, o como miles de agujas se clavaran en todo su cuerpo. Pero todas la sensaciones empeoraron cuando Kurama acercó su rostro hacia el oido del Youkai de fuego, y susurró:

-Pequeño Hiei- emitió un suspiro, el cálido aliento del pelirrojo golpeaba de lleno contra la blanca piel del mas bajo, prosiguió- No se debe dejar abandonada por tanto tiempo, a las
personas que quieres-

El youkai quedó perplejo, sabía que el pelirrojo era un Youko lujurioso, pero él no quería ser su próxima víctima, no quería ser una presa mas de la pasión del legendario Kurama, el incansable amante, no quería ser uno mas de todos los que sufrían por él, quería guardar su amor para la persona indicada, pero este parecía haber tomado una desición equivocada, eligiendo a Kurama como la persona que mas quería en el mundo.

Lo único que atinó a pronunciar fue su típico:

-Hn- intentó hacerlo con su mayor cara de indiferencia, como si Kurama no causará ningún efecto en él. Pero el pelirrojo sabía que e Jaganshi sentía algo por él, o que por lo menos le agradaba, sino ya hubiese intentado matarlo, o mínimo atravesarlo con su espada por la "insolencia" que osó cometer, pero nada de eso había ocurrido, sino que lo había dejado acercarse, y sumado a esto, había presenciado mientras se desvestía. Esto alimentaba las esperanzas que Kurama tenía en su corazón.

Continuará...