"Solo tu y yo"
Basado en Yu Yu
Hakusho
By Selene Dark
Capítulo 5: entregándose a las sensaciones
Comenzó a mezclar rápidamente, tendría que haber preparado todo antes, pero que mas daba, las cosas ya estaban echas, y si querían algo para merendar tendrían que esperar.
Mientras tanto Hiei lo observaba desde el marco de la puerta, veía cada movimiento que este realizaba, le causó gracia cuando el pelirrojo se manchó la nariz con un poco de harina, y hacía todo por limpiarse y no podía. Dejó de pensar un instante, porque sentía esa imperiosa necesidad de mirarlo a toda hora, porque no podía hacer otra cosa más que detener su vista en su bien formado cuerpo, porque no podía resistirse a ese embrujo que la figura de Kurama lanzaba sobre él.
El Youko intentaba limpiar la pequeña cantidad de harina que se había quedado en la punta de su nariz con la manga de la camisola blanca que llevaba puesta. Al ladear la cabeza notó la pequeña figura oscura, distraída, observándolo.
- ¿qué sucede? ¿Demasiado tumulto con los muchachos?- le dijo cortando los pensamientos, en que se había sumido Hiei.
- No, solo quería decirte algo- pronunció seriamente
-¿qué es?- dijo Kurama volteándose y apoyando sus manos en la mesada, recargándose sobre ella
-Sé que la situación es complicada para todos, que esto es peligroso, y también sé que somos capaces de asesinarnos entre nosotros, antes de que lo hagan nuestros enemigos- aseveró ladeando su rostro, para esquivar la penetrante mirada del Youko.
-Aha, y esto nos lleva a... (N.A: típica frase mía)-agregó Kurama, incitándolo a que continúe
- ¿No tienes inconveniente en que nos quedemos aquí? No tienes miedo que te destrocemos la casa, ¿y si llega tu madre y nos encuentra?, yo no tengo problemas en eso, pero tu debes mantener las apariencias de tu vida Ningen- terminó Hiei, para pensar unos segundos, y por fin agregar- y además tu no elegiste esta situación, Koenma por poco te obligó-
-Puede ser... al principio yo no quería, por que pensé en mi casa, pero luego...-sonrió, no pensaba decirle que la situación le sería muy útil para poder tratar algo con él, pero debía decir algo- pero, luego creí que la situación lo ameritaba, si puedo ser útil en algo, y mas si ese algo me involucra directamente, pues lo haré- terminó su frase y se giró para seguir cocinando, Hiei se sonrojó, es que al darse vuelta, se centro en los ajustados pantalones que el pelirrojo llevaba puestos, eran de color negro, y le hacían verlo irresistible. Bajó la vista. Como para que su cuerpo no reaccione imprevistamente.
Unos gritos se escucharon desde la sala, parecía que Yusuke y Kuwabara habían comenzado a discutir, Hiei sonrió por lo bajo, y le dijo:
-Ves a lo que me refiero, no se cuanto podremos aguantar sin matarnos los unos a los otros- ante esto Kurama se dio la vuelta, sin soltar el paquete de harina que estaba por utilizar en ese momento, y señalando al Jaganshi con esa mano le dijo:
-Pero tu vas a ayudarme a mantenerlos controlados, ¿verdad?- pero cuando terminó de decirlo, Yusuke paso corriendo, no sin antes abrir la puerta de forma brusca , dando solo unos segundos a que Hiei se adelanté un poco para que esta no golpee su espalda, quedando solo a unos pocos centímetros del pelirrojo, se miraron a los ojos, todo desapareció por unas centésimas de segundo. Pero cuando Kuwabara pasó, y rodeó a Kurama, lo empujó haciendo que soltara el paquete de harina, que tenía en su mano derecha. El fino polvillo blanco voló por todos lados, manchando la ropa de Kurama, Yusuke y Kuwabara, pero el que mas se vió perjudicado, ya que el paquete se vació completamente en la cabeza fue Hiei.
- ¡¡¡¡¡Bakas!!!!!- fue lo único que se escuchó en la casa. Gritó tan fuerte como aguantaron sus pulmones y su garganta, estaba cubierto completamente por el blanco polvo, de pies a cabeza. Los otros tres muchachos se quedaron estupefactos, sus caras eran casi de pánico, Hiei de seguro los mataría, los cortaría en pequeños pedacitos, y los esparciría por todo el Makai.
Tomó el paquete de harina, que todavía estaba en su cabeza, se sacudió un poco, y cuando comenzó a dirigir su mano para empuñar la Katana que siempre llevaba consigo, Kurama lo detuvo:
-Hiei por favor, no te muevas, sacúdete en el lugar, y no desparrames la harina por toda la casa, hazme ese favor, luego nos asesinas a los tres si lo deseas, pero no quiero tener que limpiar la casa completamente, acabé de hacerlo hace una hora- decía Kurama, intentando detener los impulsos homicidas que comenzaban a aparecer en el Jaganshi.
Hiei respiró hondo, intentó tranquilizarse, pareció que estaba contando hasta mil para no cometer una masacre. Lo hizo, se quito la capa intentando que la harina cayera a su alrededor, no muy lejos de él.
- Ustedes dos mejor alejense, si no quieren que Hiei los mate, y yo deba encargarme luego de lo que quede ambos- les dijo a los dos Ningen, estos se fueron apenados, pero apenas cruzaron el umbral de la cocina y cerraron la puerta de esta, las risas se escucharon, parecia que si seguían riendo morirían. Hiei apretó los puños, odiaba que se rieran de él.
Kurama extendió la mano pidiéndole la capa, que Hiei mantenía hecha un bollo entre sus manos, se la entregó, Kurama sonrió, lo acercó a él, de manera brusca, y le sacudió el cabello, el fino polvillo se tranformo en una pequeña nubecilla blanca sobre ambos, Hiei intentó cortar el contacto que tenía con Kurama, haciendose para atrás. El Youko notó la maniobra de evasión por parte del Jaganshi, así que comenzando a caminar le dijo:
-Quítate la cantidad de harina que puedas, iré a prepararte el baño, tengo algo de ropa que ya no me entra, pero me parece que te quedará grande-
-No te preocupes, en la mochila negra (que extraño ese color en él..., se parece a mi) traje mi ropa, si me la traes la sacaré de allí-
-Ok, llevaré la mochila a mi habitación así puedes cambiarte tranquilamente allí, voy a prepararte la bañera- subió las escaleras, prepararía el de arriba, así Hiei no tendría que pasearse desnudo por toda la casa, aunque la idea no le pareció tan mala después de pensarlo bien. Igual antes de subir se encargó de regañar a los dos humanos, por hacer lo que hicieron, y encima reírse, solo recibió un puchero como respuesta.
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Se metió en la bañera, se memorizó cada una de las indicaciones que Kurama le dio para entender de que maldita forma se regulaba el agua, igual, este le había llenado la bañera, así que se sumergió en el agua viendo como esta se ponía blanca debido a la harina que todavía llevaba en el pelo, comenzó a fregarse y lavarse bien los cabellos, mientras se concentraba en maldecir nuevamente a los dos humanos, se había vuelto a enojar, es que esos dos tenían el poder de ponerlo muy molesto, aunque el trataba de mantenerse tranquilo, ya que había comenzado a considerarlos sus amigos, pero igual podían volverlo loco, todo lo contrario con Kurama, el le impartía una calma, una serenidad, que el nunca poseyó, que nunca pensó poseer, todo él irradiaba un hermoso aire de paz que contagiaba a los que estaban alrededor. Su hermoso rostro era el reflejo de esa calma, su tranquilidad, tan acorde a su belleza, tan complementaria la una a la otra, era tan impensada la una sin la otra. Con ese pensamiento se sumergió en el agua, quedando tapado completamente por el semi-transparente líquido.
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Kurama se dirigía por el pasillo hacia la puerta del baño, llevaba un toallón y una bata, para que Hiei pudiese secarse, y salir decentemente después del baño. Había dejado la ropa preparada sobre su cama, el traje que mas le gustaba, el azul, con cinturón blanco (¿o era amarillo?, en este momento no recuerdo), que Hiei había lucido cuando iban a marchar hacia la isla Kubikukuri, donde se realizaría el Bujutsukai.
Caminaba pausadamente, de forma lenta y tranquila, ¿qué haría de ahora en adelante? ¿sería capaz de decirle todo lo que sentía por él? ¿cómo le respondería?, intentaba no pensar en eso, pero era lo único que podía hacer. Estaba seguro que esa noche no dormiría en lo absoluto, y como recompensa tendría la hermosa vista de Hiei al dormir, o eso esperaba, porque el Jaganshi parecía tener una hipersensibilidad, que lo hacía mantenerse alerta en todo momento. Siguió su camino.
Llegó a la puerta del baño, tocó un par de veces, pero nadie le contestaba, se preocupó. ¿Qué podría estar haciendo Hiei que no le contestaba? Abrió la puerta, y se sorprendió al no encontrar a nadie.
De repente, sin que Kurama todavía lo haya visto, Hiei se levanta al oir que tocaban la puerta. Quedó de pie, con el agua escurriéndole por el cuerpo, cayendo nuevamente a la bañera. Su pelo caía hacia los costados, por la acción del agua, dándole, casi, un aire angelical. Giró su vista al hacia la puerta, y vio a Kurama en el umbral, se sorprendió, pero no hizo nada para que se valla, o para taparse, quedó demasiado impactado como para hacer algo.
El Youko observó el cuerpo bien formado de Hiei, su rostro sereno, su boca entreabierta, como si fuese a decir algo, pero las palabras murieran allí; sus fuertes músculos pectorales; su abdomen plano, y bien marcado; abrió la boca al ver sus duros y bien redondeados glúteos, hizo todo para controlarse, y no lanzarse sobre él, pero la tentación era demasiada, casi triunfaba por sobre su autocontrol. Sentía que era invitado a que lo acariciara, y si la invitación se diera realmente de seguro no la rechazaría.
Kurama no podía creerlo, se quedó atónito ante lo que veía, nunca creyó verlo así, de ese modo (por lo menos, no tan pronto), el cuerpo húmedo, perlado por las pequeñas gotas que se pegaban a su piel, irradiando tanta belleza, se concentró por el tiempo que pudo, antes de parecer estúpido, en registrar cada pequeño detalle (o no tanto...) del cuerpo de Hiei. Hasta que dirigió su vista al rostro del Jaganshi, y se encontró sus ojos, allí se detuvo, sus miradas se cruzaron por un tiempo. Por unos interminables segundos, ninguno pronunció palabra alguna, es que no había lugar para ellas en la situación. Era como si ambos estuvieran bajo un hechizo. Pero lamentablemente este terminó, cuando Hiei busco refugio en el agua, de la mirada del Youko. Ante esto Kurama se volteó y le pidió perdón:
-¡¡Por favor Hiei, perdoname!! Es que toqué, y... no me contestaba nadie... realmente lo siento.- decía apresuradamente Kurama, totalmente rojo por el bochorno, y la vergüenza.- me preocupe...y entre sin darme cuenta, realmente lo siento-
-No esta bien, no hay problema- decía Hiei metido hasta el cuello bajo el agua. -Podrías salir del cuarto...y...-
-si, claro, te traía un toallón y la bata, para que te secaras y vallas hasta la habitación, allí esta tu ropa- cuando terminó de hablar, salió de la habitación y cerró la puerta.
Se quedo con la espalda apoyada en la puerta del cuarto de baño. Respirando un poco agitado, ahora caía en cuenta de lo que había sucedido, no podía creerlo, sentía como si hubiese tocado el cielo con las manos, esa noche realmente no iba a poder dormir. En ese momento notó que su cuerpo había reaccionado a ese fuerte estímulo, comenzó a reir mientras intentaba calmarse, y caminó hacia las escaleras pero se detuvo en el primer escalón, quería dirigirse a la cocina. Después de mucho logró tranquilizarse (se entiende ¿ne?) y bajó las escaleras para encontrarse con los otros dos muchachos, que debían estar preocupados por que ya hacía tiempo que había subido.
Mientras tanto en el baño...
Hiei no podía salir se su estupor, estaba atónito, ¿por qué demonios no había actuado mas deprisa?. No, en vez de actuar como debía, se había quedado como un estúpido, mirando a Kurama, mientras él se encontraba completamente desnudo. Pudo notar la mirada lujuriosa que el Youko le había lanzado. Era obvio, sabía que Kurama se calentaba con cualquier cosa que se le ponía delante, le habían advertido como era, la fama del zorro era mas que conocida en todo el Makai, pero igual el lo necesitaba para poder robar esos tres tesoros sagrados, para poder hacerse un nombre, que al final había logrado, pero que no lo dejaban en una buena posición ante los otros youkais, ya que era por unirse a los humanos, y por todo lo que había vivido con ellos. Podría haber elegido a otro, pero no él quería a alguien de experiencia, y no hubo advertencia que valga.
Se paró y tomó el toallón, comenzó a pasarlo por su cuerpo, arrastrando
con él todo el agua, que aún permanecía en su cuerpo. Se quedó pensativo,
¿porque tuvo que elegirlo a él?, había tantos. Le habían comentado que era
irresistible, pero estaba seguro que para él no, se pensaba tan frío, y con
una barrera mas gruesa que el metal sobre su corazón, que la perfección del
Youko no lo afectaría en nada. Toda su belleza sería nada para él.
Fue mas como una prueba que se hizo, pero obviamente había desaprobado, porque
cayó rendido a sus pies, aunque nunca lo había demostrado, ya que siempre se
lo guardó para si. Creía que el Gran Youko Kurama nunca lo tendría en cuenta,
es mas creía que nadie lo tendría en cuenta, nunca. Y para él así era,
quería encontrar alguien con quien pasar el tiempo, pero siempre había estado
solo. Nunca había encontrado a alguien de su altura (no es ninguna broma sobre
la estatura de mi precioso Jaganshi, eh), en verdad le tenía miedo al rechazo,
al abandono. Si lo habían hecho cuando era un recién nacido, por que no lo
harían ahora, cuando obviamente había desarrollado un carácter horrible,
frío y duro, caracterizado por el sarcasmo, y las frases hirientes. Cerró los
ojos, y lanzó un pequeño suspiro, recién hacía un día que había llegado, y
las cosas se le estaban saliendo de control.
-Eres un estupido Hiei, mejor deja de pesar en eso, y comportate como siempre- se dijo en voz alta tratando de autoconvencerse.
Sintió frío, ya había terminado de secarse, pero se había quedado con la toalla en la cintura, así que la sensación cálida del agua caliente, ya hacía tiempo que se había marchado de su cuerpo. Tomó la bata y se la puso, rápidamente recuperó algo de temperatura. Ahora debía salir, y rogaba no cruzarse con Kurama. Por suerte así fue, y pudo cambiarse tranquilo, en la que sería su habitación por un tiempo, era cálida, le gustaba, muy a su pesar le gustaba. El Youko estaría demasiado cerca por las noches, y eso le incomodaba de sobremanera, pero no importaba, era una misión mas, como lo habían sido todas las anteriores.
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Caminó hasta el comedor, alli se encontraban Yusuke y Kuwabara, logró ver como hacían todo lo posible para no reirse, sonrió tranquilamente, hecho que preocupó a los Ningen. Pensaron que ante la menor referencia a lo que había ocurrido el Jaganshi los mataría. Pero se cercioraron por que Hiei estaba tan tranquilo, antes de hacer una broma..., es que tenía la mano en la cintura, tomando el mango de su Katana, haciendoles entender que el enojo persistía.
De repente la puerta de la cocina se abrió, y Kurama comenzó a disponer la mesa ya que iban a cenar, se movía rapidamente, mientras denegaba la ayuda de Kuwabara. Nunca levantó la vista hacia Hiei, no quería mirarlo, es que todavía estaba demasiado abochornado, y aún persistía la imagen del Jaganshi completamente desnudo. No sabía lo que era capaz de hacer, si tuviese de nuevo esa oportunidad, de seguro la escencia del antiguo Youko apareciera, y realmente lo tomara para si, sin importarle nada, pero en ese momento, no era mas que un simple Ningen avergonzado.
Comenzaron a comer, la charla amena era compartida por ambos Ningen, y por el Youko, Hiei participaba muy de vez en cuando, y solo para contestar preguntas que le hacían Yusuke o Kuwabara. Todo transcurrió tranquilamente hasta que los dos Ningen se enfrascaron en una peles verbal, pero que parecía que iria mas alla. Kurama se estaba preocupando, pero la discusión acabó cuando Hiei, el cual había seguido cenando tranquilamente, dejó su espada, con un sonoro golpe, en el centro de la mesa, dándoles a entender que tenía muy presente lo que había sucedido hacía unas horas. Los animos se calmaron, y todo continuo con tranquilidad
Entre charla y charla, el tiempo pasó, ya era tarde, y aunque Kurama no debía ir a la facultad al día siguiente quería dormir, ya que se encontraba extenuado. Habían pasado demasiadas cosas ese día, y el cansancio le vencería, sino descansaba bien. O por lo menos eso quería pensar él, ya que recordó que dormiría cerca de cierta personita, que no podría sacarse de su mente.
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Ya todos estaban en sus respectivas habitaciones, los humanos ya se habían quedado completamente dormidos, ayudados por la comodidad de sus camas. Mientras tanto Hiei se había acomodado en el sillón, este era cómodo y mullido, tomo la sábana y se tapó, ya se había cambiado para dormir, utilizando una musculosa negra y unos comodos y sueltos pantalones azules, se encontraba relajado mirando el techo y con los brazos detrás de su cabeza, cerró los ojos pensando que, realmente la noche sería larga...
Mientras tanto en el baño...
Kurama no dejaba de probarse ropa, se había llevado toda sus prendas de dormir, mientras Hiei lo miraba extrañado, utilizando como excusa que debía dejarla en el lavadero, para mañana a primera hora ponerla en el lavarropas. Pero en realidad quería llamar la atención del Jaganshi, tanto como él había atraído la suya.
Luego de unos minutos optó por solo ponerse la parte inferior del pijama, y nada mas. Se había recogido un poco el pelo, ya que la noche era calurosa, y su cabello se quedaba adherido al rostro. Se miró en el espejo y se dio por satisfecho ante su reflejo. El pantalón blanco le quedaba muy bien, y debido a que la tela era muy fina, la ropa interior (un pequeño y ajustado boxer negro) se llegaba a notar.
Llegó a su habitación, y vió a Hiei tendido en el sillón, sonrió ante la bella vista, asegurando que si hubiese sido el antiguo Youko Kurama, el Jaganshi en ese momento, estaba siendo suyo. Sus mejilla enrojecieron ante la idea.
Se acercó al sillón e hizo despertar al Jaganshi, este lo hizo muy aprisa, ya que no estaba completamente dormido, pero la confusión que presentaba en su rostro cautivó a Kurama.
Hiei estaba a punto de gritarle al idiota que había osado molestar su descanso, epro las palabras murieron en su boca, al ver a Kurama de pie junto a él, notó que este se encontraba realmente hermoso, tenía un aire de virilidad con el pelo atado y sin remera que todo lo que quería decir murió en su boca, nunca lo había visto así. Fue como un momento de intimidad entre ellos, como si fuese mágico.
Kurama se arrodilló junto a él y le susurró que se pase a la cama, que él dormiría en el sillón, ya que Hiei era el invitado. El Jaganshi iba a decirle que no, que estaba cómodo durmiendo ahí, así que no debía preocuparse, pero previendo esto el pelirrojo puso un dedo sobre los labios de Hiei, no dejando siquiera empezar lo que este iba a decirle.
El sentir ese suave contactó sobre sus labios, hizo que se vuelva loco, y Kurama se sintió sumamente excitado al notar el suave roce de que era preso su dedo índice. Ninguno de los dos dijo nada por segundos, se quedaron en esa posición, cada uno intentando saborear lo que el otro le provocaba. Esto se permaneció así, hasta que el Youkai de fuego recobró el sentido, y logró levantarse para dirigirse a la cama, cuando llegó hasta ella se sentó. Notó lo cómoda y mullida que era. Se quedó en silencio, sin mirar a Kurama. Pero el pelirrojo no podía conformarse solo con eso, ambos habían desencadenado algo, y él no se detendría hasta finalizarlo.
Kurama se dirigió a la cama, pudo notar que Hiei había notado su movimiento, ya que vió, aunque este se encontraba de espaldas, como se tensaba. Se sentó en la cama, detrás del Jaganshi, este estaba arrodillado sobre el colchon, y notoriamente nervioso, delante de él. El pelirrojo tenía frente a él la escultural espalda de Hiei, y parecía ser que este no se atrevía mirarlo a los ojos, ya que se encontrado tremendamente excitado, rezaba para que esto terminara de una vez, y volver a ser el de siempre, pero eso parecía imposible, ya que buena parte de su coraza de hielo se estaba derritiendo, y si su amigo continuaba comportándose así, ya no podría sostenerla mas. Hiei había comenzado a aceptar lo que sentía.
Para cuando el pequeño Youkai volvió a la realidad, y se dio cuenta de lo que sucedía, Kurama había pasado una mano, estrechando su cintura, lentamente comenzaba a subirla por su abdomen, y no paró hasta posarla en su pecho. Notó como el Youko comenzaba a ejercer presión, y lo empujaba lentamente hacia él. La espalda del mas pequeño tocaba el pecho de Kurama completamente. Este lo estrechaba contra si, sintiendo el aroma de su cuello, de su nuca y su sedoso cabello. Ante esto Hiei solo emitía unos jadeos ahogados, es que sentía como el aliento del Youko golpeaba su piel, provocándole sensaciones nunca antes vividas. Kurama quiso ir mas allá, bajo su mano y la introdujo bajo la musculosa de Hiei, acariciando su abdomen y pecho. Mientras tanto con la otra mano, sujetó la barbilla del Jaganshi, haciéndolo ladear su rostro, para que por fin sus labios estuvieran solo a centímetros de tocarse.
Hiei no podía dejar de sentir placer ante esas caricias, pero el extasis le llegó cuando unos delicados labios se posaron sobre los suyos. Pudo sentir ese suave roce, que lo llenó de sensaciones placenteras, todo su cuerpo se tensó, este era su primer beso, nunca había dado uno, y por eso no sabía como se sentía. Se maldijo por ser tan estúpido, era la sensación mas cálida que había tenido en su vida, y él le había huido sin ninguna razón.
A Kurama no le alcanzaba con eso, así que a con su mano se apoderó de una de las tetillas de Hiei, y comenzó a acariciarla, la apretaba suavemente, el Jaganshi gimió, y el momento fue aprovechado por el Youko. Así sin mas introdujo su lengua, en esa cálida boca, que presurosa lo recibía. Probó cada rincón de esa cavidad, y pudo asegurar que ningun manjar se igualaba a ese sabor. El pelirrojo dedujo que esta era la primera vez que Hiei besaba, debido a la pasividad que éste manifestó en el momento. Esto lo excitó aún mas, ya que si nadie había profanado esa dulce boca, lo mismo sucedería con ese bello cuerpo. Ese pensamiento hizo que volteara a Hiei, para tenerlo de frente, separó sus boca de la de éste, y lo miró a los ojos, el Jaganshi bajó la vista, se sentía avergonzado, de seguro Kurama había notado su inexperiencia y no le agradaba demasiado. Pero ese pensamiento fue desechado de su mente cuando notó como el Youko, lamía sus labios, era como un invitación a un juego que en ese momento ambos querían jugar. Hiei abrió la boca, y el pelirrojo volvió a abalanzarse sobre él, tomó esos labios nuevamente, y esta vez sintió como al introducir su lengua, la otra iba a su encuentro, la lucha duró unos segundos, y lo que antes era una batalla, ahora era un juego de caricias. Kurama bajó ambas manos, y comenzó a subir la musculosa de Hiei, quería arrancársela, pero la situación era mas tranquila, aunque la pasión ya comenzaba a ganar terreno entre ellos. Al lograr su objetivo, comenzó a pasar las manos por sobre el pecho desnudo, sus manos se detenían en una tetilla y aprovechaba para acariciarla, Hiei notó que Kurama volvía a separarse, pero solo unos centímetros, se sorprendió (y se excitó aún mas) cuando Kurama metió uno de sus dedos en su boca, y lo humedeció completamente, luego volvió para tomar por asalto esa boca profanada reiteradamente esa noche. Hiei notó como una de sus tetillas era humedecida, entendió lo que antes había hecho Kurama, la saliva le daba una sensación cálida sobre esa parte, en la cual la piel era hipersensible. Lo estaba volviendo loco.
El Youko comenzó a empujar a Hiei para aprisionarlo contra la cama, sus pechos desnudos se tocaban en toda su extensión, la piel se rozaba, y esto los excitaba, de sobremanera. El moreno estaba entregado completamente entregado a esas deliciosas sensaciones, la lengua de Kurama era insaciable, solo cuando notó que el Jaganshi, su amado, no podía respirar, dejó su boca. Se quedó observando a Hiei y lo unico que obtuvo fue una gran sensación de extasis, al ver la expresión que este poseía, esta era de completa entrega, y se sintió satisfecho.
Hiei contemplaba a Kurama, intentó captar todos sus rasgos, era precioso, no debía haber ser (Youkai, Youko o Ningen) que se compare con su belleza. Kurma acercó su rostro a la del Youkai, y comenzó a lamerle las comisuras, para luego concentrarse en sus labios, levantó la vista, y sus miradas se cruzaron, el pelirrojo estaba feliz, le sonrió, y le dijo:
-Hiei eres hermoso, nadie puede superarte, por eso, y por tu forma de ser, y por todo lo que me haces sentir... TE AMO-
Algo en Hiei se quebró en ese momento, notó que todo lo que había temido, sucedió en esa habitación, se había prometer no caer bajo el hechizo de Kurama, y ahí estaba acostado bajo él, recibiendo sus besos y caricias, y ahí estaba, había pronunciado las palabras mágicas, con la cuales pensó que lo haría caer, pero no, él no era como los otros a lo que convencía tan fácilmente. Empujó a Kurama, y este quedó a un costado, Hiei se paró para dirigirse rápidamente al sillón, pero el Youko le detuvo del brazo.
-¿Qué sucedió? ¿Podrías explicármelo?- le dijo algo ofuscado y molesto
-No sucede nada- y algo enojado agregó- olvida lo que pasó, no volverá a repetirse, así que no te preocupes, fue solo un error-
-¿De que rayos hablas?- ya se le había formado un nudo en la garganta
-Solo nos confundimos-y suavizando su voz le dijo- somos muy parecidos, pero tu necesitas compañía, yo solo la rechazo, tu no puedes estar solo, y yo soy lo mas cercano que tienes-
-Pero yo realmente te amo- dijo con la voz algo entrecortada
-Te confundes, es solo la cercanía-
-¡¡No!!. Y casi llorando, gritó. Yo realmente te a...
- ¡¡¡Basta!!!, tu no me amas- estalló en cólera, mientras le gritaba- tu no puedes amar a nadie mas que a ti mismo, no sabes hacerlo, y aunque siempre estuviste con alguién, tuviste compañía te sentiste vació por dentro-dijo con un tono hiriente, para después agregar- yo soy lo mas cercano a un amigo que tienes, y eso te confundió-
Kurama levantó la vista, ya que antes esta se centraba en sus manos, y como estas retorcían las sábanas. Sus ojos se hallaban vidriosos, estaba a punto de llorar, no podía entender como del momento mas feliz de su vida, ahora había pasado a esto.
El youkai le mantenía la mirada, estaba luchando contra sus deseos de ir y pedirle perdón, de decirle que quería ser suyo y que quería que el Youko desahoge su lujuria en su cuerpo, de decirle que realmente le creía, pero lamentablemente esto no era así. Ya que si se entregaba, luego le rompería el corazón, como muchos había hecho anteriormente con otros. Kurama no soportó el peso de la situación y estalló en llanto, no quería hacerlo, pero no pudo contenerse. Hiei estaba frente a él, pero lo vio girarse, no vio que lo hizo para que sus lagrimas no sean vistas. Para él lo hacía como una muestra mas de indiferencia hacia su dolor.
Kurama tomó un par de mantas, y salió de la habitación sin decir mas. Bajó las escaleras y se acostó en el sofá que había en la sala. No quería, ni podría pasar un segundo mas en esa habitación, viendo como su corazón era destrozado por Hiei. Volvió a llorar, ahora descontroladamente, total no había nadie allí para verlo.
Hiei se sentía mal, y ¿si había una posibilidad de Kurama sintiera algo por él, y él ahora la había destrozado? Era su oportunidad de amar y ser amado, pero tal vez Kurama no lo amase, pero ¿y si, sí lo hacía?¿Qué sucedería ahora?, todavía podía sentir las caricias de Kurama sobre su cuerpo, y los labios de él sobre los suyos. Pasó un dedo sobre estos, los notó caliente y como si estuviesen hinchados. Nunca había experimentado ese placer, todavía se encontraba excitado, se debatía entre dejar pasar la oportunidad o no, pero para cuando se dio cuenta, estaba en la escalera observando la figura recostada de Kurama. Decidido se afirmó que en ese sofá llegaría al extremo del placer y la lujuria, lo que sucediera después nadie lo sabrá (N.A: claro, excepto yo)...
Continuara...
Después de casi un mes regresé, se que querran golpearme las que seguían
mi historia, así que por eso el capítulo fue largo, y tiene bastante acción.
Les cuento que estaba desaparecida en acción, porque comenzé la facu, voy a
primer año, y se me hizo re complicado, así que apenas tenía tiempo para
vivir. Pero hace instantes me volvió la inspiración y termine el capi, ya que
estaba leyendo el tercer libro de Crónicas vampiricas, exactamente el momento
en que Armand (mi favorito) convierte en vampiro a Daniel, así que si no me
inspiraba ahí, se tendrían que haber olvidado de que termine este capítulo.
Además de que el chico mas lindo de la facultad me dio bolilla, y os pasamos
hablando como dos horas enteras, y ya por eso me habían dado ganas de escribir
antes, pero por la facu no pude. Ustedes me diran a quién le importa eso, pero
a alguien tenía que contarselo.
Bueno besos, se despide Dark Selene
Please Reviews...
D.S