"La
leyenda del niño Prohibido"
Basado en Yu
Yu Hakusho
By Keiko Cvl
Dicen que cada 500 años, en el país del río helado nace un niño prohibido, un niño de fuego. Un niño que nace para ser sacrificado, arrojado al río helado asegurando su muerte.
Sólo de ha sabido de uno de estos niños años después de ser lanzado y repudiado. Un niño que volvió a reclamar su venganza.
Hiei.
En algún rincón de Makai, Hiei se entrenaba para intentar olvidar sus problemas. Llevaba horas descargando su furia sobre todo cuanto se le interponía. Su jagan estaba utilizando todo su poder.
Estaba agotado. Ya casi no podía más pero una fuerza dentro suyo le incitaba a seguir. Sacó su katana y empezó a destrozar todo lo que vía. Demonios, arboles, animales y hasta rocas. Su katana se rompió.
- ¡Mierda! Estúpida katana… No sirve para nada.
Hiei decidió entrenar ahora con la onda del dragón negro. Lo lanzó una y otra vez contra todo cuanto vía. Estaba agotado pero lo extraño era que no se dormía. Un nerviosismo en su interior se lo impedía.
Hiei estaba desesperado, nada le servía. Ni las duchas, ni la patrulla, ni siquiera entrenarse que era un remedio que siempre le funcionaba.
Pero por mucho que lo intentaba, no podía deshacerse de esas imágenes que le asaltaban cada segundo. No sabía muy bien el motivo pero últimamente no podía dejar de pensar en ello.
Esas imágenes. Esa mujer. El río.
"Ahora hace 500 años… 500 años justos… Malditos recuerdos…"
Hiei ya no se entrenaba, solo se dedicaba a maldecirse él mismo y cualquier ser viviente que se le ocurriera.
Hiei pensó en hacer un viaje a Ningenkai para intentar olvidarse, aunque
fuera por un minuto de esos recuerdos que le perseguían sin cesar.
"Iré a ver que hace Kurama, no se porque pero siempre que me pasa algo en
el primero en que pienso es en él. Quizás sea porqué es lo más parecido a un
amigo que he tenido nunca."
Hiei partió en ese mismo instante hacía la casa de Kurama y como siempre trepó por un árbol cercano a la casa para ver si localizaba a el zorro. Kurama estaba en su habitación estudiando, como siempre.
Kurama estaba sentado en una silla y mirando unos libros que tenía sobre el escritorio. Llevaba una camisa azul cielo y unos pantalones blancos. Que no llevaba su habitual uniforme indicaba que tenía vacaciones. Estaba muy concentrado pero Hiei pronto lo sacaría de su tarea.
El demonio de fuego picó suavemente en los vidrios de su ventana. Kurama alzó la mirada y le abrió al instante.
- Hiei… ¿Pasa algo?
- ¡No! ¿Tendría que pasar algo para venir?
- No… Pero tú no sueles venir así como así.
- Pues he venido y punto.
Kurama sospechaba que algo le había pasado a Hiei pero sabía que nunca se lo diría, así que decidió seguirle la corriente para intentar averiguar algo.
- Bueno… Me tranquiliza que no pase nada pero… ¿Entonces para qué has venido?
A Hiei se le pasaron mil excusas por la cabeza pero no fue capaz de pronunciar nada mínimamente creíble.
- Es que… Yo solo… Venía a… A ver si teníais problemas.
Kurama sabía que Hiei nunca había venido porqué si y menos para esa tontería, pero algo le dijo que su amigo tenía problemas.
- Hiei… ¿Quieres comer algo?
- No… ¿Yukina está con Genkai en el templo?
- Supongo que si.
En cuanto el youkai escuchó a Kurama se dirigió a la ventana y desapareció por donde había venido. Kurama, intrigado decidió seguirle para averiguar algo. Hiei no solía ir al templo de la maestra sin un motivo de peso. Además a ver a Yukina… Eso sí que era raro.
Fuera lo que fuera Kurama estaba dispuesto a llegar al fondo del asunto quisiera Hiei o no. Aquello tenía mala pinta y la intuición del zorro pocas veces fallaba.
Kurama siguió silencioso a Hiei hasta el templo y vio a Yukina en el jardín regando las plantas de Genkai. Hiei la observó un rato y se acercó. Yukina se giró y lo vio.
- ¡Hiei! ¡Cuanto tiempo! ¿Qué haces por aquí?
- Yukina…