"La leyenda del niño Prohibido"
Basado en Yu Yu Hakusho
By Keiko Cvl

 

 

- Yukina… Yo quería… Quería preguntarte qué es lo que sabes de… De los niños prohibidos.

Yukina se sorprendió, nunca nadie le había preguntado por ese tema y menos en su país natal, ya que era un tema prohibido.

- Bueno… Dicen que hay una leyenda acerca de los niños de fuego. Dicen que cada 500 años justos, nace uno de ellos y que el mismo día de su nacimiento es lanzado al río helado. Por lo que he sabido, mi hermano era uno de esos niños. Lui, que fue quien me hizo de madre después de que mi verdadera madre muriera por haber perdido a mi hermano, me dijo que ella misma fue la encargada de lanzar a el niño al río. Dijo que en el momento de lanzarlo, le puso el colgante con la gema de la lagrima de mi madre y que sabía que ese niño sobreviviría. Aunque hasta ahora nunca se ha sabido nada, yo también creo que ha sobrevivido y que algún día lo conoceré.

Kurama seguía escondido, escuchando todo lo que los dos hermanos decían. Pero nunca se imaginó qué era realmente lo que perturbaba a Hiei. El zorro decidió ir a hablar con Genkai y advertirle de que algo pasaba con Hiei, además tenía que ver con Yukina y con el país del río helado. Esto no era una simple historia de lucha, como lo eran normalmente las historias de Hiei.

Mientras, los dos hermanos seguían hablando.

- Ya… ¿Has sabido algo de ello últimamente? - Preguntó Hiei bajando la mirada.

- No… Tampoco lo he querido saber.

- Ahora hace 500 años… - Dijo Hiei caso en un susurro.

Yukina cambió su expresión de golpe. Ahora sí que estaba intrigada. ¿Y cómo Hiei podía saber que hacía 500 años? En todo caso… Ya se lo preguntaría en otro momento.

- Hiei… Yo no he vuelto allí ni tenía intención de hacerlo pero… No quiero que vuelva a pasar, si es que pasa. Yo no quiero ir sola pero… Si tu vinieras conmigo…

- ¿Me estás pidiendo que te acompañe a ese sitio?

- Bueno… Sí. Si quieres, claro.

Hiei se quedó un rato pensando. Quizás si le veían aparecer le reconocerían, en especial Lui, la cual ya le vio en una ocasión. Y si eso pasaba… Yukina se enteraría de todo. Pero… ¿Valía la pena arriesgar tanto? ¿Así desaparecerían esas pesadillas? ¿Podría enfrentar su pasado?

Miles de preguntas pasaban por la mente de Hiei. No sabía lo que hacer pero… La verdad es que con Yukina ahí delante… Pidiéndoselo con tanta dulzura… ¡¿Qué diablos?! Tenía que intentarlo por lo menos.

- Est… Está bien. Mañana vendré a por ti y partiremos a Makai.

Yukina sonrió tan dulcemente que Hiei casi se derrite, pero solo pudo sonreír una vez se giró para irse.

- ¡Hiei! - Le llamó Yukina justo cuando ya se iba.- Gracias. - Le dijo con una sonrisa.

Hiei estuvo recordando esa sonrisa durante toda la noche. Cómo Yukina ablandaba a cualquiera con esas angelicales facciones, con sus palabras, con sus gestos, con su dulce voz… ¿Como podía ser que dos seres tan diferentes fueran gemelos?

Por su parte, Kurama se encargó de avisar, no solo a Genkai sino también a los demás chicos del Reikai Tantei y a Koenma. No sabía lo que podía pasar y tenían que estar preparados para lo que fuera. Aunque Hiei nunca les pediría ayuda, tenían que hacer lo posible para ayudarlo en todo lo que estuviera a su alcance.

Esa noche, Hiei no pudo conciliar el sueño. Los pensamientos eran mas fuertes que el cansancio.

"No se lo que me encontraré mañana… Lo peor no creo que sea tener que luchar contra alguien… Que Yukina se enterara de la verdad sería lo peor que me podría pasar… Y si se entera… ¿Como se lo va a tomar? ¿Y qué se supone que haré yo?"

Cuando Hiei se dio cuenta, ya eran las seis de la mañana. Había quedado con Yukina para las ocho, así que ya no valía la pena intentar dormir. Intentó prepararse para cualquier cosa que se pudiera encontrar y fue a buscar a Yukina.

Mientras, en casa de Kurama todo el grupo estaba reunido.

- Bueno..- Dijo Kurama cansado.- Llevamos toda la noche y todavía no hemos encontrado ninguna forma de averiguar nada. Genkai dijo que Yukina le contó que hoy se marcharía con Hiei a Makai, pero no le dijo a qué.

- Y justamente al País del río helado… - Añadió Koenma pensativo.- Pero si Hiei se ha pasado años diciendo que no volvería ni muerto… ¿Y si alguien le retó a luchar?

- ¿Lucha? ¿Quien ha dicho lucha?- Dijo Yusuke que se despertó de repente.

- Tranquilo Yusuke. Koenma sólo hizo una suposición. Pero no creo que Hiei se llevara a Yukina a una lucha…

- Con lo idiota que es ese enano… - Dijo Kuwabara entre bostezos.

- Mirad chicos, yo me voy a Makai, vosotros os quedáis aquí por si pasa algo. Yo estoy mas acostumbrado a pasar desapercibido en mi mundo… Y me muevo mejor solo. Si pasa algo os avisaré enseguída.

Y dicho esto, Kurama cogió una bolsa en la que metió a toda prisa lo primero que vio en su armario, y se fue a Makai.

Hiei llegó al templo de Genkai donde Yukina le esperaba impaciente para volver a su tierra natal. El demonio de fuego a penas saludó a su hermana y se fueron al país del río helado tan de prisa cómo pudieron.

"Es la primera vez que me quedo sólo con Yukina. Que inocente que es… ¡Si supiera la verdad! Es esa inocencia lo que hace que quiera protegerla cada segundo. La misma inocencia que yo perdí en el momento de nacer. Dos vidas tan cercanas y tan opuestas…"

"No se porque dicen que Hiei es tan malo… A mi me gusta cómo es. Siempre intenta protegerme y nunca me ha negado nada. La verdad es que es la primera vez que nos quedamos solos…"

- Ya llegamos.- La voz de Hiei rompió un silencio que había durado horas.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Hiei sólo de poner un pie en ese lugar tan horrendo para él.

- ¿Qué te pasa Hiei?

- ¿Eh? No… Nada…

- Mira - Dijo Yukina señalando a lo lejos.- Aquel es el precipicio por donde tiraron a mi hermano.

Hiei se quedó embobado mirando, de repente, esas imágenes volvieron a su mente. Ahora las vía con mayor claridad, como si estuvieran pasando en ese mismo instante.
De repente, una voz conocida irrumpió como un trueno.

- ¡Yukina!

Yukina se giró y rápidamente fue a los brazos de esa mujer.

- ¡Lui!

Hiei se quedó paralizado. ¿Lui? No podía ser. De repente, la voz pronunció unas palabras que hicieron estremecerse al demonio de fuego.

- ¡Hiei…!