"La leyenda del niño Prohibido"
Basado en Yu Yu Hakusho
By Keiko Cvl

 

 

- ¡Hiei…!

El youkai se quedó paralizado. No sabía que hacer y, aunque lo hubiera sabido, una fuerza superior a él, le impedía reaccionar.

"Me ha reconocido. ¿Ahora qué hago? Yukina… Al final se va a enterar de todo. No puedo permitirlo. En otra situación ya la hubiera matado. Pero para Yukina es como una madre y nunca me lo perdonaría. ¿Qué va a pasar?"

de pronto, Yukina miró a los dos y dijo extrañada:

- ¿Os conocéis?

- ¿Cómo? Yukina… No… No sabes…

- No, no lo sabe porque yo no quiero.

- Pero Hiei…

- Un momento - Dijo Yukina confundida.- ¿Se puede saber de qué os conocéis?

- Lo siento Hiei pero debe saberlo.

- No te atreverás…

- Yukina… - Dijo Lui temblorosa.- Hiei… Hiei es tu hermano.

Yukina se dejó caer en el suelo. Su respiración se volvió irregular y sus ojos anunciaban inminentes lágrimas.

- No puede ser… ¡Tu no puedes ser mi hermano! ¿Porqué no me lo dijiste? Sabias que estaba sufriendo por no saber nada de mi hermano y has tenido la cara de callar todos estos años. ¡Lo que has hecho no tiene nombre Hiei!

- Yukina… Lo… Lo siento. Pero hice un juramento que no podía romper.

- ¡Y es mas importante para ti un juramento que tu hermana!

- Si hubiera sido mas importante el juramento ahora no estaría aquí contigo. Ni hubiera estado protegiéndote todos estos años.

Yukina no pudo responder, no tenía palabras. Sólo podía limitarse a llorar.
La situación no podía ser más tensa: Yukina aún sentada en el suelo, Hiei a escasos metros de ella, mirándola sin poder decir nada y Lui mirando a los dos hermanos aún sin saber lo que acababa de provocar.

De pronto, Hiei se fijó atentamente en Lui. Un detalle se le había pasado por alto: la época de gestación de las koorime. Lui estaba embarazada, y seguramente la mayoría de las koorime también.

- Yukina… - Hiei se acercó a su hermana intentando ayudarle a levantarse.

- ¡Déjame! - Gritó Yukina entre lágrimas. - Necesito tiempo para aclararme. Esto era lo último que me esperaba, y más viniendo de ti.

Yukina se levantó y se fue. Lui se acercó a Hiei y le dijo:

- No te preocupes. Es igual que su… que vuestra medre, Hina. En unas horas se le habrá pasado todo, créeme la conozco.

Hiei la miró para hacerle entender que si tanto sabía, podría haberse callado.

- Hiei.. ¿A qué has venido?

- Me hablas con demasiada confianza, aún no me he olvidado de mi venganza.

- No vas ha hacer nada.

- ¿Porqué estás tan segura?

- Porqué quieres a tu hermana y no harías nada que pudiera hacerle daño. Además… A mi no me han demostrado que seas tan malvado como dicen.

- Pues no te fíes. - Dijo Hiei mientras se alejaba, perdiéndose entre la niebla.

A pocos metros, estaba Kurama escondido, escuchando todo lo que habían dicho. ¿Qué hacía Hiei en el sitio donde siempre decía que no volvería? Aunque… Por una parte fue bien, ya que Yukina pudo saber la verdad. Ella se merecía saberlo, por mucho que le doliera a Hiei.

De pronto Hiei se paró. Notó un youki, un youki conocido pero que no pudo identificar. Hiei lanzó su nueva katana hacía la fuente de ese ki, pero en vez de escuchar un grito, como el esperaba, se escuchó una voz.

- Tranquilo, soy yo.

- ¡Kurama! ¿Se puede saber qué haces aquí? ¡No me habrás estado espiando!

- Estabamos muy preocupados por ti y…

- ¿Estabamos? - Ahora el tono de Hiei sonaba mucho más enfadado que de costumbre.- No les habrás dicho a los ningen… ¡Pero cómo puedes ser tan imbécil! Esto es un problema mío y no quiero que se meta nadie. Ni Urameshi, ni el idiota, ni siquiera tú. Mis problemas me los soluciono yo sólo, no necesito la ayuda de nadie.

- Sólo pretendíamos ayudarte… Lo siento si nos hemos equivocado por preocuparnos por ti, pero era lo más obvio. Siempre hemos estado juntos en el Reikai Tantei, solucionando los problemas los cuatro y hasta ahora nos ha ido bien.

- Mira Kurama… No es por vosotros, de verdad, pero esto es algo que debo solucionar yo solo.

- ¿Ni siquiera me vas a decir de qué se trata?

- Está bien, pero solo para que te calles de una vez. De todos modos te ibas a enterar… Si hay algo de ti que he aprendido en todos estos años es que no se te puede esconder nada.

- Pues tu lo estás haciendo muy bien.

- ¿Hasta donde has averiguado?

- No mucho… Sé que tiene que ver con éste sitio, con Yukina, pero fundamentalmente con tu pasado.

- ¿Ves como no se te puede esconder nada?- Dijo Hiei con una risa sarcástica.- Han pasado 500 años desde que nací.

- Si… Mas o menos ya sabía tu edad.

- Dicen que cada 500 años nace un nuevo niño de fuego en el país del río helado.

Kurama se sorprendió. Sus ojos se abrieron como platos, parecía que hubiera visto un fantasma. Ahí fue cuando Kurama empezó a atar cabos y relacionar todo lo que había visto. Todo era como un rompecabezas, ahora todas las piezas encajaban. Todas menos una…

- Hiei… ¿Y eso que tiene que ver con qué vengas? ¿Tú tienes algo que ver con ese niño?

- Bueno… No.

Hiei ni siquiera sabía porqué estaba allí. Solo se había dejado llevar por las circunstancias.
No sabía lo que le empujó a hacer aquella locura, pero ahora que estaba allí, tenía que averiguarlo.

- ¿Entonces? - La voz de Kurama sacó a Hiei de sus pensamientos.

- No lo se… Supongo que cuando llegue el momento de hacer algo, lo sabré. Quizás solo vine aquí empujado por el deseo de acabar con los recuerdos de mi pasado… Ahora mismo no lo se.

- Está bien… Yo me voy a ir a Ningenkai. Si necesitas algo ya sabes donde estamos.

- Kurama…

- Tranquilo, no les diré nada.

Hiei se quedó mas tranquilo. Sabía que podía confiar en Kurama, y por otra parte, hablar con alguien y desahogarse le fue muy bien.
Ahora sólo lo faltaba saber porqué estaba allí…

Yukina seguía llorando, pensando en cómo la persona en que tanto confiaba, le podía haber ocultado un secreto tan importante durante tanto tiempo. Yukina era incapaz de comprender las razones de Hiei. Si no hubiera sido por Lui, la cual habló con ella y le contó la anterior visita de Hiei, Yukina aún seguiría reprochándole a Hiei su silencio.

Pero Hiei tenía ahora cosas más importantes en la mente. Ya era muy tarde, y cómo casi cada noche, a Hiei le costó mucho trabajo poder dormirse. Pero una vez dormido, tubo un sueño muy oportuno, un sueño que le rebelaría el porqué de muchas de las cosas que estaban sucediendo…