"El
diablo disfrazado
Basado en la
Saga de Vampiros de Anne Rice
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Te
ves como un ángel
Caminas
como un ángel
Hablas
como un ángel
Pero
he aprendido
Eres el diablo disfrazado
Terminó de colocarse el aceite que oscurecía su piel a un tono mucho mas “humano” y se colocó sus gafas oscuras con la elegancia tan característica en su figura.
Se miró al espejo por vigésima vez, asegurándose de que no faltaba ninguna parte de su cuerpo que no estuviera cubierta con el aceite, de que la ropa le venía a la perfección, de que su cabello estaba bellamente arreglado y de que, por supuesto, su belleza no se había desvanecido.
Sonrió seductoramente, con el debido cuidado de no hacerlo muy notorio para que los colmillos pasaran desapercibidos. Estaba listo para salir.
Abrió la puerta y bajó los escalones con calma y elegancia, y pronto se encontró en la calle, cuando los últimos rayos del sol se ocultaban para dar paso a la noche, a su ambiente como solía llamarle.
Estaban en Nueva Orleans... su ciudad, su dominio y donde pocos se atrevían a entrar... todos lo conocían. “El Príncipe Engreído”, “El Príncipe malcriado”, “El arrogante rubio pagado de si mismo”... oh si, todos los vampiros lo conocían, pero nadie mas que Marius usaba esos nombres para dirigirse a él, los demás simplemente lo llamaban Lestat.
Lestat, el inmortal que había desafiado a los padres cuando no era más que un novato. Lestat, el inmortal que había bebido de la misma madre y que había estado con ella. Lestat, el inmortal que había cambiado su cuerpo por el de un mortal y que casi muere en el intento. Lestat, el que había hablado con el mismísimo demonio y había bebido de la sangre de Cristo.
Lestat, una amenaza para el mundo de las tinieblas.
Cuantas veces no le habían dicho que debía dejar de pavonearse como pavo real por todos lados. Que debía de obedecer las leyes de su especie. Que debía dejar de crear vampiros como si fueran extensiones de si mismo.
Pero no, Lestat nunca haría caso de aquello, si lo hiciera no sería Lestat.
Aquella fresca noche, el vampiro de ojos azules caminaba por la ciudad buscando una buena víctima para alimentarse, la ciudad siempre estaba llena de criminales como para alimentar a todos los vampiros por unos buenos cientos de años.
De acuerdo, tal vez menos.
Pero el caso era que Nueva Orleans era su ciudad, así que todos los maleantes eran suyos y nunca sobrarían.
Caminando sin un rumbo fijo, se dirigió a los callejones más pobres de la ciudad a esperar. Lestat deseaba un criminal poderoso, alguien que le diera suficiente pelea como para mantenerlo entretenido un tiempo, alguien a quien la policía llevara buscando varios meses sin poder echarle el guante.
Así les ahorraría trabajo y no tendría que deshacerse del cadáver del pobre diablo.
Pero cuando logró visualizar un criminal, cuando se dio cuenta de que ese era el hombre perfecto. Una señora de edad se cruzó en su camino.
Tenía un vestido viejo floreado, medias y zapatos cómodos. Nada muy ostentoso.
La bolsa de su mandado colgaba de su brazo, mismo que ya mostraba unas cuantas arrugas. Su largo pelo estaba recogido en una trenza, dejando ver retazos del color que tuviera en su juventud. Un relicario colgaba de su arrugado cuello y sus ojos verde aceituna miraban a la calle, tratando de distinguir algo en la oscuridad de la noche.
Por una extraña conveniencia, Lestat decidió seguir a la señora en lugar del criminal, parecía mucho más interesante, su mente estaba llena de cosas que había hecho en su pasado. Veía aquella falda azul que tanto le había gustado cuando joven y aquellos zapatos que le combinaban tan bien. Veía su cuerpo esbelto y joven en vez del arrugado que ahora tenía.
Lestat estaba fascinado con todas las imágenes que estaban en la mente de la señora y en silencio la siguió, con toda la intención de morder aquel hermoso cuello, frágil y aromatizado. Con un deseo irrefrenable de perforar aquella sensible piel y saborear la dulce sangre caliente que albergaba en su cuerpo.
Y lo hubiera hecho, de no ser porque otro vampiro lo estaba siguiendo de cerca.
Lestat se detuvo en seco, sabía quien lo seguía... era muy decente como para cerrar su mente y así le permitía a otros vampiros (excepto a su pupilo claro esta) sentir su presencia.
-¿que quieres Marius?... ¿vienes a salvar a esa dulce señora de mis garras?
-no voy a detenerte Lestat, se que no podría, si no la muerdes hoy lo harás mañana, no es la señora lo que me preocupa.
Lestat volteó mientras reía alegremente. Marius era tan decente.
-¿entonces que te trae por aquí... hijo de los milenios?
-no juegues conmigo Lestat, yo solo estoy de paso.
-Armand no esta.
-no lo busco.
-¿entonces?
Marius se le acercó lentamente, caminando como cualquier humano normal y haciendo sonar sus pasos sobre la acera del piso, a Lestat le pareció eterno pero tuvo que admitir que había cierta gracia en los movimientos del vampiro. De no ser por la tez tan blanca, Marius pasaría por un ser humano común y corriente.
-vengo a responder mis preguntas.- mintió Marius con tranquilidad.
-¿tu tienes preguntas?
-sigue con lo que hacías.
-¿me crees idiota?, no haré nada si me observas como halcón, sabes que no me gusta que me espíen.
-te estoy avisando para que lo sepas, ahora que si no te parece puedo desaparecer y cerrar mi mente, tal vez te agrade menos pero haré lo que yo quiera.
Lestat sonrió, no tenía muchas opciones y francamente pelear con Marius no era lo mas sensato del mundo. Sabía cual era su propio poder, pero no estaba seguro del de Marius y no planeaba arriesgarse tanto, no con Maharet vigilándolo.
-de acuerdo, haz como gustes.
Lestat dio media vuelta y siguió su camino, pero esta vez sin escuchar los pasos de Marius, posiblemente el vampiro se había decidido a volar... o tal vez a caminar a una velocidad aterradora.
En verdad, Marius simplemente se había alejado un poco y se había colocado en frente de la casa de la señora que Lestat siguiera minutos atrás, sabía que el Príncipe engreído no resistiría la tentación y la mataría. Era su naturaleza.
Lestat llegó poco después y al parecer sin notar su presencia. Se metió a la casa y coqueteó como siempre lo hacía, platicó con la señora, le sonrió seductoramente, la acarició para atraparla en sus redes y la mordió.
Con eso al menos quedaba comprobado lo que Marius ya sabía. Lestat podía parecer un ángel, caminaba como uno, se movía como uno, hablaba como uno y se comportaba como uno.
Y así sus víctimas mortales caían rendidas a sus pies... sin saber que en realidad estaban cayendo en las redes del mismísimo demonio.
Un diablo que se disfrazaba como un ángel para poder cazar con seguridad.
Me
engañaste con tus besos
Hiciste
muchas trampas
El
cielo sabe como me mentiste
No eres lo que aparentas ser
A la noche siguiente, Lestat supo que Marius se había ido porque otros vampiros lo sabían y no cerraban su mente. El vampiro rubio no le dio importancia, lo que hiciera o dejara de hacer Marius no era de su inconveniencia, siempre que lo dejara tranquilo.
Aquella noche volvió a prepararse para cazar, después de haber matado a esa señora pensaba atrapar a un criminal. Lo que veía en la mente de estos no era tan agradable, pero su sangre siempre sabía mejor.
Al salir de su casa, Lestat volvió a pararse en seco. Armand estaba ahí, al parecer esperándolo.
¿Cuanto tiempo llevaría allí?... para empezar ¿Como es que estaba ahí tan temprano? Sabía por experiencia que Armand no se levantaba con los rayos del sol ocultándose... así que no explicaba que hacía ahí tan temprano.
Se acercó a él y pudo ver un bronceado sobre la piel del vampiro. Bueno, eso si lo explicaba, se había quedado ahí sabrá cuanto tiempo, posiblemente solo escondido en algún lugar para que el sol no le pegara tan duro.
-¿que?
Armand lo miró, sus ojos ámbar vacíos como siempre... su mente en blanco. Lestat se preguntaba por centésima vez que tan terco podía ser el muchacho como para cerrar su mente aún cuando sabía que Lestat podía entrar si así lo deseaba.
-si de terquedad se trata, creo que podría ganarte fácilmente.- declaró el viejo vampiro con cara de niño.
Lo había hecho de nuevo, le había leído la mente con facilidad y Lestat ni se había enterado.
-eres tan poco respetuoso que cuesta creer que seas pupilo de Marius.
-el que mi maestro sea una persona sumamente decente no significa que yo lo sea.
-si, eso lo veo. ¿Que te trae por aquí?
-estoy harto.
-que raro.- dijo Lestat con sarcasmo.
-no encuentro que hacer y David no ayuda para nada a matar el ocio, se la pasa todo el tiempo devorando libros y matando cuando recuerda que tiene hambre.
Lestat no dijo nada, sabía que David era así, pero no le molestaba del todo.
-mi maestro vino a verte ¿cierto?
-¿como lo sabes?
-lo supe por su mirada... no necesita de palabras para que yo me entere de algo, y de todas formas llevaba varios días diciendo que tenía que hablar contigo para hacerte entrar en razón. ¿No te dijo nada?
-insultos muy disimulados... ¿sabes que quería decirme?
-no, sabes que no le puedo leer la mente.
Lestat solo asintió pero no comentó nada. Si Marius hubiera querido decirle algo estaba seguro de que se lo habría dicho de inmediato y sin rodeos, no era una persona que alargara las cosas ni mucho menos que les diera vueltas. Conocía a Marius y era una persona que iba directo al punto.
¿Que motivos habría tenido para no decirle nada?
¿O era que Armand estaba equivocado?
Tal vez si... podría funcionar. Si Lestat lo besaba (y estaba seguro de que Armand no se haría para atrás ni intentaría separarlo) tal vez podría entrar en su mente un tiempo y ver que era lo que Marius ocultaba... tal vez solo lograría que Armand lo odiara de momento.
Pero no perdería nada.
-te ves bien esta noche.- dijo Lestat para seducirlo y que le costara menos trabajo.
-cállate.
-no en serio... te vez diferente, mas sensual. Tal vez sean esos pantalones tan ajustados que traes.- y apenas dijo eso cuando alargó su mano para atrapar al muchacho por la cadera.- sabes que te considero alguien sumamente bello... déjame besarte.
Armand negó con la cabeza pero estaba cayendo ante los encantos de Lestat y ante esa mano tan bien colocada en su cadera... un poco no le haría daño ¿o si?
Finalmente, la voluntad de Armand cedió y concedió a besar a Lestat. Fue algo dulce a pesar de que los labios del rubio eran tan fríos como mármol.
Lestat se felicitó a si mismo mentalmente y comenzó a rebuscar en la mente de Armand, misma que ya no tenía barrera... y pronto, la mente de aquel vampiro con cuerpo de niño comenzó a formar imágenes de Marius, un poco de sonido y en un abrir de ojos, Lestat tenía ante si una escena donde Marius hablaba con Armand... donde le preguntaba por él, por el Príncipe engreído... donde...
Lestat sintió un fuerte golpe y cuando se dio cuenta ya estaba de espaldas al piso, aventado por la fuerza de Armand cuando este se había dado cuenta de lo que le había estado haciendo.
-¡eres una verdadera amenaza!, ¿porque juegas conmigo de esta manera, acaso te divierte verme sufrir así?
-no.
-¡eres un mentiroso!... ¡siempre tendiéndome trampas para que caiga rendido a tus brazos porque no puedes soportar que la gente no te diga lo que piensa, no puedes soportar que Marius no te haya dicho nada y ahora me usas a mi para investigarlo!.
-Armand... tu me importas.
-¡te importo para lograr lo que quieres!... la verdad es que no se porque te sigo buscando, porque sigo buscando tu compañía y tus palabras cuando se que solo me mientes y me engañas. Nunca has sido lo que aparentas, un ser lleno de gracia y amabilidad. Eres el mismo diablo Lestat.
El vampiro rubio no pudo evitar una sonrisa ante esa última oración. ¿Cuantos no se lo habían dicho ya?
Y apenas sonrió, Armand dio media vuelta y se fue a una velocidad inhumana, dejando a Lestat solo en Nueva Orleans. Lo había herido de nuevo, pero sabía que Armand regresaría, siempre lo hacía.
Y Lestat siempre esperaba su regreso con ansia.
Creí
que estaba en el cielo
Pero
fui sorprendido
Cielos
ayúdenme porque no pude ver
Al diablo en tus ojos
Pasaron los meses y Lestat estuvo solo en su ciudad, sin molestias de ningún tipo y cazando criminales la mayoría de las noches. Pero el vampiro comenzaba a aburrirse de su soledad, no era divertido si no había otros inmortales a los cuales molestar un rato o hacer enfadar.
Tal vez debería regresar a Europa, donde todos estaban concentrados, siempre fascinados por el viejo continente donde habían sido creados... o simplemente viviendo ahí porque sabían que no estaban solos.
Fuera lo que fuera, Lestat estaba considerando seriamente regresar cuando vio a alguien conocido vagando por las calles... como si lo estuviera esperando.
Una gran sonrisa se formó en su rostro y los afilados colmillos quedaron a la vista. Ya no estaba solo.
Bajó del edificio donde estaba sentado y aterrizó detrás de aquella persona, otro inmortal como él, pero al cual no le podía leer la mente por el lazo que los ataba.
-tardaste mucho.- comentó el hombre moreno.
-estaba pensando.
-¿tú?... me
sorprendes
Lestat.
-cállate
David.
El moreno volteó cuando escuchó su nombre, si bien la palidez vampírica comenzaba a notársele, Lestat estaba seguro de que ese bronceado no desaparecería tan fácil de su cuerpo, lo cual le daba una enorme ventaja a David porque parecía mucho más humano que el resto de los inmortales.
-¿porque no habías venido?
-estaba pensando.
-no juegues conmigo David.
-¿porque no?, tu lo haces cada que puedes y no solo conmigo, sino también con Armand y otros vampiros.
-¿has hablado con él?
-si Príncipe engreído... he hablado con él y he estado con él varias noches... y no te incumbe lo que estuvimos platicando, fue entre él y yo y nadie más, eso por supuesto te excluye a ti... muy a pesar de lo que diga tu ego.
Lestat le lanzó una mirada de odio, pero David la ignoró campantemente y le besó la mejilla, estaba acostumbrado a la furia de Lestat y no le molestaba, siempre podía ignorarlo y Lestat se comportaría mejor solo para que le volvieran a poner atención. Era su juego de todos los días.
Así lo había sorprendido a él cuando todavía estaba en el cuerpo del viejo David. Lestat había jugado con él todas las noches, haciéndole invitaciones a la vida eterna, tentándolo con su cuerpo, con su fuerza y con su poder.
Y cuando había pasado lo del ladrón de cuerpos, las insistencias de Lestat habían sido todavía más fuertes, porque ahora podría vivir la eternidad en un cuerpo joven, sano y esbelto.
David se había sentido en el paraíso con su nuevo cuerpo, lo recordaba. Esa sensación de fuerza, agilidad, su perfecta vista, todo. Y había confiado en Lestat pensando que si lo ayudaría quedaría endeudado y así no podría hacerle daño.
Se había equivocado por supuesto, no había notado que el diablo estaba en el interior de Lestat y que sus ojos lo reflejaban.
Lo había transformado en vampiro contra su voluntad.
Ahora no se quejaba tanto, había logrado sacar provecho de la situación y con Lestat no podía enfadarse, era demasiado “Lestat” como para enfadarse con él.
-no me dirás verdad.
David, vuelto a la realidad por el vampiro que caminaba a su lado, negó con la cabeza.
-deja de entrometerte en lo que no te importa.
-vamos David, sabes como soy y sabes que si no me dices te lo sacaré de alguna forma.
-¿que harás?, ¿matarme?... sabes que no funcionaría, no te diría nada y tu te quedarías solo de nuevo.
-no, no te mataría... pero podría encerrarte en una ataúd y no sacarte hasta que confesaras.
-tus amenazas no me molestan Lestat, ya deberías estar acostumbrado a ello.
-¡dime!
David se paró, obligando así a Lestat a detenerse... tenía que ingeniarse algo o terminaría sucumbiendo ante la demanda de Lestat.
-¿para que quieres saberlo?... ¿en que te beneficiaría?
-no se trata de beneficios David... se trata de tener el control, de saber.
Y acto seguido, David tuvo la sensación de que debía correr, pero sus piernas no se movían y de todas maneras Lestat era más rápido que él, lo alcanzaría en un momento y él solo se habría agotado.
El vampiro rubio sonrió mas de la cuenta y dejó ver sus afilados colmillos, David sabia lo que venía. Corrió.
-¡hey!- se quejó Lestat.- ¡no huyas!
Eres el diablo disfrazado.
Tal y como David lo había supuesto, Lestat lo alcanzó en unos cuantos segundos y no esperó a enterrarle los dientes en el cuello. Iba a desangrarlo hasta donde pudiera y con eso, tendría un poco de acceso a su mente.
Lestat disfrutó el néctar como siempre lo hacía, pero no logró lo que quería, tan solo vio unas imágenes, pero nada de sonido. Su intento había fallado y ahora estaba mas que molesto.
-maldita sea.
David se puso de pie con trabajos, ahora tendría que cazar a un par de humanos para recuperar sus fuerzas.
-David...
-no.
-por favor.
-no.
Lestat gruñó, pero aún así le ayudó a pararse... no iba a dejarlo tirado en el suelo, por mas que deseara hacerlo, ya había estado solo mucho tiempo, lo último que quería era que alguien mas lo abandonara.
Cuando David estuvo de pie, y más alto que Lestat para disgusto de éste, se inclinó ligeramente y lo besó en los labios, sin esperar que el rubio le contestara aquel gesto.
-de lo mucho que te envidian por lo que puedes hacer que ellos nunca harán.
Lestat lo miró sin entender, David sonrió y empezó a caminar para buscar algunas víctimas de las cuales alimentarse.
En eso, Lestat entendió lo que la oración había querido decir y volvió a sonreír.
Adoraba ser como era, y esa declaración solo iba a lograr que siguiera haciendo lo mismo.
Seguiría tan incontrolable como siempre.
O dejaría de ser Lestat.
Disclaimer Como todo, los personajes no me pertenecen (lamentablemente), son de
Anne Rice y yo solo los tomo prestados para mis ratos de ocio excesivo frente a
la computadora.
Las críticas
constructivas siempre son bienvenidas y serán eternamente agradecidas (así
como cualquier cumplido XD)
Con esto en
mente les dejo a su disposición mi mail: uyuki_mitsuko@yahoo.com.mx