"No lo siento..."
Basado en Las
Crónicas Vampíricas de Anne Rice
By Vampira Horchatera
Antes de leer:
Informar que contiene Spoilers del libro "Merrick" de las Crónicas Vampíricas. Más detalladamente, se situa DENTRO del libro, durante los momentos de la muerte de Louis, son sus pensamientos y lo ocurrido después, cuando se quedan solos Lestat y Louis, momentos que el libro no narra, porque David no lo conoce! Pero quise plasmarlos a MI MANERA!
Quejas o aplausos a condenado_cain@hotmail.com
Clan Anti-Mayfair
Siempre recordaré esos momentos. Estoy seguro. Por muchos siglos, o quizás milenios, que pasen. Siempre recordaré la sensación que aún no soy capaz de describir.
La sensación que uno advierte cuando, después de muchas décadas de soledad, tristeza, incomprensión y falta de esperanza, crees encontrar al fin el descanso eterno. La luz celestial que llega a ti, abarcando cada uno de los poros de tu piel hasta llegar a tu corazón.
La sensación de libertad, de flotar en el aire y alejarse de todo y, sin embargo retrobar todo aquello de que ha sido formada tu vida.
Poder. Riqueza. Felicidad. Tristeza.
Melancolía. Compañía … Miedo y temor. Angustia … Amor.
Pero no es hasta que no abres los ojos, no los de la faz, sino los del alma, que te das cuenta de que la luz es oscura, tu cuerpo pesa y no sientes nada.
El vacío.
Entonces encuentras la ansiada respuesta, que siempre has sabido pero no querías ver. Nadie espera por ti, nadie te tiende la mano con amor conduciéndote a un refugio. Te das cuenta que tu vida no debería ser igual, que no era como querías.
Falso poder. Falsa riqueza. Falsa felicidad, tristeza y temor.
Falso todo … y falso amor.
Nadie vela por ti. Nadie te ama. Nadie necesita de ti.
Entonces sientes la desesperación.
Deseas volver atrás en tus pasos, volver a los inicios y forjar un nuevo camino, sin cometer errores. Pero sientes que es demasiado tarde. Quedarás eternamente en este lugar, oscuro y siniestro, donde ni tus manos logras ver. Donde tu mente ira desquebrajándose al pasar los años. Hasta perder la cordura y recaer en un olvido peor.
Eternamente.
Exactamente eso se siente. Aún ahora se me escurren las lágrimas al pensar, y temo que el recuerdo estará aquí, en mi corazón, para siempre.
El egoísmo se apoderó de mí. Quería volver atrás, aún sabiendo que quizás me odiasen por lo que había hecho.
Había pasado muchas horas, y mi desesperación por volver era tal que la locura penetraba en mi mente. Porque aún no había muerto. El Sol no me había consumido, ni consumido en cenizas. No como mi Claudia.
Cuanto deseaba volver atrás en el tiempo. Haber abrazado a Merrick y haberme quedado con ella en el sótano. Dormir abrazados hasta el ocaso y evitarme este dolor. Haber pedido perdón a David. Mi querido David, que había puesto toda su confianza en mí, y yo la había roto egoístamente.
Y cuanto deseaba haberme sentado en esa cama de grandes doseles, al lado de Lestat, tomarle la mano y contarle todo lo que se me pasase en mi mente. David se lo había contado todo.
No importa.
Quería que lo oyera de mis labios. Sabía que me oiría. Sabía que me escucharía y entendería. Quería que supiera la verdad, aquella que guardo siempre conmigo y que apenas en los momentos de oscuridad entendí. Entendí los por qué de mi tristeza en vida.
Mi soledad.
Me gustaría haberlo sabido con anterioridad y decírselo.
Habría llorado en esos momentos, si no fuese porque mi mente no poseía los ojos necesarios, mi cuerpo se había consumido, y yo ya no formaba parte de él. Ya no podía llorar.
Tan sólo la sensación de que algo cálido se adentraba en mi corazón que no poseía. Como lágrimas penetrándome en lo más profundo de mi conciencia. Lágrimas, llenas de amor, desesperación y temor. Las lágrimas me pesan sobre la piel que no siento, escurriéndose por una cara que no poseo, hasta mis labios.
Sabe dulce. Lágrimas dulces.
Entonces es verdad. En la muerte, en el camino hacia la luz, las cosas se vuelven dulces.
Pero no existe tal camino ¿Entonces? ¿Qué sucede? ¿Por qué empieza a pesarme el cuerpo, repleto del dulce sabor de esas lágrimas?
Me asusto.
En seguida, como en una pantalla que se corre, me son mostradas rápidas imágenes que no entiendo.
Gente que me sonríe. Algo que me persigue. Un violín que suena estridente pero hermoso, y su melodía me llena los oídos, el joven me sonríe y se gira para marcharse ¿Es él? ¿Ha venido él a buscarme? No, porque tampoco Akasha tiene motivos para hacerlo, y Marius no está en ese lugar.
Entonces se suman más imágenes, y más rápidas. Muchas caras, rostros sonrientes. Árboles y mucha selva. El desierto …
Mi miedo aumenta y deseo abrir los ojos que, llenos de lágrimas, me escuecen. Entonces noto mis ojos. ¡Los tengo! ¡Si los abro veré más allá!
Cumplo mis deseos.
Todo está oscuro, pero una tenue luz es captada, es un resplandor. Con todas mis fuerzas intento enfocar. Es una estatua. Una figura de mármol reluciente. Sobre mí.
Me observa. Sus ojos resplandecientes sobre los míos. Un vago recuerdo, hebras doradas por su frente.
Un ángel.
El tiempo debe haber efectuado su magia sobre ella, pues posé una capa de polvo y telarañas ¿Nadie ha limpiado tan bella estatua en mucho tiempo?
Entonces se mueve. Sus ojos se abren más y me sonríe.
¡Lestat!
¡Sí, es él! Mi Lestat. Mi amado Lestat me sonríe. Tan bello como siempre. ¿No se ha siquiera dignado a lavarse? Me hace gracia y quiero sonreír. Sonrío. Mis labios se curvan y le devuelven la sonrisa. Quiero llorar, pero no puedo, no poseo lágrimas. Pero él me las da de su muñeca.
Las saboreo.
Y no son lágrimas. Es su dulce sangre. Entonces entiendo. Lestat ha oído mi llamado. Ha venido en mi ayuda. Y ahora me da fuerzas para volver. A él. Con él, porque se ha despertado por mi y me desea a su lado.
Con gusto lo haré.
Deseo levantarme y abrazarlo como nunca antes. Decirle que jamás volveré a abandonarlo. Que no quiero volver a la oscuridad absoluta.
Acerca su muñeca a mis labios y con gusto la acepto. Su sangre es tan deliciosamente dulce… la siento correr por mis venas, recomponiendo mi interior a su paso.
Vuelvo a sentir el placer de la sangre. Estremecimientos de lujuria se apoderan de mi cuerpo y el saciable deseo de más sangre me incorpora del ataúd en el que me encuentro.
Quiero abrazarle, el abrazo mortal, no soltarlo y compartir su sangre. Saciarme de ella hasta que me quede satisfecho.
Como si me oyera, alarga sus brazos para sostenerme y me acerca a su cuello, donde su yugular me espera.
- Bebe, Louis.- me ordena.
No oigo más que su voz, parecida a susurros roncos por la falta de uso.
No debe repetirlo dos veces y mis labios se posan sobre su vena de la vida y perforo su fina piel con mis caninos. Y succiono con gloriosa excitación todo su ser.
Me es imposible describir la sensación que me abarcó durante esos momentos. La infinita agitación de los sentidos, que estallaban en oleadas de placer.
La sangre brotaba con toda su historia y la sabiduría acumulada con los años. No es que Lestat sea sabio, al contrario, es más bien ingenuo, pero todas las aventuras vividas y la mezcla de las sangres que le había sido donada daba a su líquido vital un total poder que notaba con todos y cada uno de mis sentidos.
Lestat sigue susurrándome que siguiera, que le tomase toda la sangre, en su francés que yo tanto amo. Me ofrecía toda su sangre, y yo no tenía intención de dejarla.
Abro los ojos y me incorporo del ataúd, notando al fin otras presencias. David y Merrick estaban estirados al suelo, pálidos como la muerte y débiles.
Me preocupo.
- Más Louis, bebe más…
- Pero David y Merrick …
- No les ocurrirá nada.-
Y sigo bebiendo, creyendo en sus palabras.
Cuando me parece suficiente dejo de beber, descansando mi cabeza en su hombro.
- Te quiero, Lestat.
Murmuro en apenas un susurro que un mortal no hubiese podido captar.
Me rodea con sus brazos, abrazándome tiernamente y con inusual delicadeza me ayuda a sostenerme.
Me cuesta mantenerme sobre las piernas, pero él me mantiene abrazado. Desea cogerme en brazos y llevarme como si fuese una damisela herida. Se lo prohíbo con una gélida mirada, pero divertido.
Nos dirigimos a David, que se levanta
con dificultad y ayuda a Merrick. Todos se cogen a Lestat y en cuestión
desaparecemos del ojo mortal.
El balcón del salón está abierto de par en par, vía rápida de escape de Lestat.
¿Sería estúpido decir que nada es como antes? ¿Qué todo es diferente y que nada ha cambiado a la vez? ¿Qué mis ojos ven distinto?
Mas me fijo en una débil vela encendida en el salón, que tiembla despavorida bajo la corriente de aire que acecha en estos momentos de la llegada. La luz que irradia. Las sombras que proyecta, la llama que tiende a esconderse y que me impulsa a resguardarla del viento.
Las sombras, más vivas que nunca, más luminosas que siempre, y a la vez tan sombrías.
Olvidando todos estos detalles vuelvo a observar a mis acompañantes. Me siento en paz. Aún habiendo intentado inmolarme, aún habiendo roto la promesa que hice a David, aún habiendo vuelto a nacer apenas momentos antes.
Recuerdo entonces, en un pequeño
destello de lucidez, que sigo desnudo y cubierto por una fina capa de sangre que
poco a poco voy absorbiendo.
Sonrío y río interiormente mientras me ayudan los tres a bañarme y vestirme, de la manera más delicada que puede haber, ropas de fino algodón que me seducen con su sutil tacto y caricias.
Odio las gafas de sol.
Noto así un atisbo de mi mente quejarse, realmente no me gustan. Oscurecen la vista, aún para bien, distorsionan la realidad y ocultan los ojos.
Sólo me agradan en Lestat. Sí. A
él le quedan perfectas, siempre y cuando las retires esporádicamente para
mostrar esos luminosos ojos sonrientes tan propios.
Debo beber más sangre. Más de Lestat, y darle la mía. Seguir con el ciclo dar y recibir.
Ser suyo y él mío. De nuevo. Para siempre.
Me informa de esto y leo en sus ojos un miedo a ser rechazado de mi parte.
Observo su rostro serio y compungido a la vez. Sentado a mi lado, ya cambiado y pulido, sin esa capa de tiempo con la que había ido en mi busca, peinados sus rubios cabellos y sus ojos más vivos que nunca.
Se le ve cansado. Mucho.
David y Merrick se marchan a
alimentarse. No sé como sentirme. Mal, muy mal. Por David, por Merrick,
condenarla para siempre, por Lestat, siendo una carga de nuevo.
Un suspiro inesperado se escapa de entre mis labios. Quiero ordenar mi cabeza. Quiero llorar. Quiero reír… entonces pienso de nuevo en Merrick.
- ¿Estás enfadado?
Me acaricia con ternura la mano que he posado sobre él y con la otra me retira los oscuros anteojos, tal como hizo él anteriormente. Me besa ambos ojos.
- Louis, mi Louis… Nunca me enfadaría contigo.
Lo susurra mientras me contempla el crispar de la vela de un rincón.
- Mentira.
Me enfado repentinamente. No entiendo por qué.
- Bien,… entonces es mentira, pero no estoy enfadado, mon cher. Quizás simplemente… sorprendido. Sorprendido de la familia Mayfair, debo confesar que jamás me interesé en ello, ni tan siquiera creo recordar haber oído de ella, pero no estoy seguro.
- Pero David te contó, ¿verdad? Te dijo que Merrick Mayfair es una mujer extraordinaria, inalcanzable,… y yo la alcancé, a costa de la amistad de David. Yo la alcancé, y no sé ahora de dónde saqué las fuerzas para hacerlo, de dónde saqué el valor.
- Louis, mon cher, esa mujer es una bruja.
Lestat me contesta con el ceño fruncido, como pidiendo comprensión y a la vez mostrando molestia.
- Es una bruja. Pero aún no sé qué es una bruja, y creo que nada bueno.
Está molesto.
Lo noto. Al fin se ha mosqueado, al fin deja estar toda esa serenidad que me empezaba a descolocar. ¿Por qué no se enfurecía conmigo?
Yo quería decirle que lo hice por Claudia. Que quería ir con ella. Como me había pedido.
Que mentiroso.
- No oíste a Claudia, Lestat. No estabas allí. Me lo pidió, con esta picardía de la que poco a poco se había alimentado cuando estaba viva. Yo lo sabía, Lestat. Que me mentía, que me odiaba, que deseaba mi muerte por sobre de todo, por sobre de la tuya.
Eso sí era cierto. Pero…
- Pero aún así lo hice. Y no entiendo por qué.
Desesperación.
Lágrimas de frustración ruedan mejillas abajo, las noto deslizarse y caer, no las detengo.
Quizás quería asegurarme de que nadie me retenía. O que nadie me llevaba.
- Quien sabe… quizás quería comprensión. Pena. Dolor. Que alguien llorara.
Si Lestat en estos momentos estuviera en plena facultad de sí mismo, sé que me hubiese arrojado contra la pared.
Le aguanto la mirada, viendo la suya vacía y enmascarada.
- Quizás quería que la única persona que ha llorado lo hiciera.
Merrick.
- Sí. Quería verla llorar. Desesperada. Temiendo por mí, por una vez, que fuese yo su centro de atención. Que viese que no se puede jugar con los corazones… No sé lo que estoy diciendo.
Lestat se levanta de golpe hastiado y rápido como se ha levantado vuelve a sentarse de nuevo. Esta vez con los brazos cruzados y con una mirada de rabia.
- ¡Dilo, Louis! ¡Maldita sea, dilo! ¡Di que querías que odiara a Merrick! ¡Que te odiara a ti! Dilo, por el amor de dios, que me sintiera culpable de no estar contigo mientras sufrías con Claudia y que odiara a Merrick por hacerte ver la realidad, que quieres que me enfade contigo por ser tan estúpido como siempre.
Una gran risa sarcástica sale de mis labios sin ser contenida. Escondo el rostro tras las manos lleno de confusión.
Lestat, mi Lestat.
- Te odio. ¡Te odio! Tu maldita serenidad, tu inmutabilidad, la manera en que me sonreíste ahí fuera como si nada hubiera pasado, como si siempre supieras que todo va a salir bien. ¿Es que acaso no temiste por mí? ¡Ódiame aunque sea solo un momento! Por lo menos dímelo. Quiero sentir tus gritos contra mí, contra Merrick por haberme empujado contra el atroz suicidio…
- ¡Cállate! ¿¡Cómo puedes ser tan egoísta!? ¿¡Cómo puedes culpar a una mujer sólo por haber deseado creer que fue ella quien te empujó a esto!? ¿Por qué sigues mintiéndote?
Y así, tras un golpe brutal contra el diván noto sus colmillos en mi cuello. Fríos y helados como hielos precisos y tajantes como diamantes.
Ahogo un grito de sorpresa mientras noto mi sangre ser retirada con rapidez, tanta que me asusta e intento zafarme sin resultados.
Todas mis ilusiones y palabras las noto arrebatadas sin piedad poco a poco, notando cada vez más mi cuerpo pesante y ya apenas sin movimiento.
Y es entonces, cuando noto estar en el linde, Lestat se incorpora quedándose observando con los ojos brillando de placer.
- Eres egoísta, Louis. Te haces la víctima de las circunstancias que tu mismo te imaginas. Víctima innecesaria de dolores que no debes sufrir. Y también me das la culpa de tu soledad. ¿No podía acaso dormir tranquilo? ¿No sabes vivir solo? Necesitas siempre a alguien que te cuide, aunque sólo sea su rabia. Por eso prometiste en vano a David, y por eso en un arrebato de locura tomaste a Merrick sin pensar en los demás.
Sí, venga, ahora dilo tú. Di que soy débil, el más débil. Di que te molesta me debilidad y que odias tenerme a tu lado. Que te molesto.
Lestat se lleva la muñeca a los labios, cortándolos con estilo y sin manchando la camisa. Con tranquilidad la dirige a mí, que no tardo en aceptarla y empezar de nuevo a succionar con fuerza. Por tercera vez.
- Louis, eres tan predecible. Tan sencillo en realidad, tan ingenuo y tan,… caprichoso. Maldito el momento en que me desperté. ¿Sabes? Todos nosotros, los bebedores de sangre, llevamos esta maldición encima. ¿Crees que alimentarse de la vida de otros es una maldición?
"¿Vivir eternamente haga frío o calor, viendo muerte y tiempo pasar?… no, mon ami, la verdadera maldición es estar solo. Vivir sintiéndote de ningún lugar y perteneciendo a nadie. Sientes que nada te pertenece y que quizás algún día despertarás de la pesadilla, o simplemente morirás, pero sabes que no lo harás.
"Eres un estúpido, y tu deseabas morir para que nosotros que te debíamos dejarte en paz llorásemos por ti. No he derramado una sola lágrima por ti, Louis. Ni una sola. Esta mañana noté que te ibas, simplemente note que no estabas, como un sobresalto a lo lejos. Y entonces pensé: Ahora será feliz, ahora será nada y así no sufrirá, le comprendo. Me removí entre sábanas, mon cher. Y este atardecer al comprender que seguías aún aquí, simplemente me levanté. Para buscarte y ayudarte, porque una vez intentado, volverlo a sufrir no debe ser un camino de rosas.
Realmente alguna vez había puesto en duda que Lestat fuese capaz de pensar y hablar tan rápido de algo tan profundo.
Me ayuda a incorporarme tras retirar el brazo y me tiende sobre sus faldas para acercarme su yugular que penetro en cuestión de segundos mientras lo abrazo con fuerza sentado sobre sus piernas.
Tras unos instantes noto simultáneamente sus colmillos de nuevo sobre la mía, creando un circulo sin final, por donde sólo su sangre pasa una y otra vez.
Sólo su sangre. Llenándonos a los dos. Corriendo por entre las venas, cada vez más poderosa.
Así pasan los minutos, interminables, sin final. Esta vez no me bloquea su mente y la deja abierta cual telón alzarse, para así poder contemplar cada rincón de su escenario, casi formando parte de los actores.
Sin tapujos.
Es tan horrendo, tan… repelente. En pocos momentos ser testigo de toda una vida de siglos y siglos y pensar que nunca tendrá final, que aún cunde en su interior como el principio de un largo viaje sin destino.
- Lestat…
Un pequeño murmuro sale de mis labios. De placer. De delicia. De gozo.
Sentirlo tan cerca, después de tantos años. Abrazarlo, como pocas veces. Oír su corazón latir con fuerza bajo mi pecho y el suyo.
- Lestat, te quiero…
Le oigo reír, ambos brazos alrededor de mi cintura. Tan íntimo.
- Yo también te quiero, Louis.
Se inclina y me besa los ojos con ternura. La frente. Las mejillas. Los labios y de nuevo los ojos.
Noto una opresión en el pecho.
La misma de siempre.
Que me anuda la garganta y me estremece las entrañas. Sí, la misma de siempre. Un sentimiento de tristeza, de falta de cordura, de total desplazamiento en la realidad.
Duele.
Duele por ese tono siempre tranquilo. Por esa voz cantona con todas sus tonalidades sentimentales.
- También quieres a David, a Gabrielle, a Armand, a Marius, a Maharet… a todos los amas. Siempre a todos. Siempre amor para todos.
Lestat se sacude un tanto sorprendido por mis palabras.
Quizás le haya herido. Quizás no eran las palabras adecuadas.
- Louis, os amo a todos. Lo sabes. Y a ti también. ¿Por qué sufres? Aún no entiendo porque querías dejarme.
Me agarra de la mano, acariciándola serenamente.
- Nos amas a todos y cada uno de nosotros. No soportarías la muerte de ninguno, lo sabes. Y jamás quieres que te abandonemos. Como siempre. Que egoísta.
Cansado seguramente de mis estupideces, apoya la cabeza hacia atrás, echando un suspiro de resignación y paciencia.
Lo conozco.
Y aún así siento algo de morboso en molestarlo con mis filosofías y tonterías.
- Louis. ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué esperas de mí? ¿Que me vaya solo a ermitar a lo alto de una montaña sin nadie que pueda dañar mi capacidad mental? ¿Que me vaya a la Luna para amar el polvo?
Otra vez ese dolor incesante.
- Sólo te quiero a ti.
- Ya me tienes, mon cher, ¿acaso no lo ves? ¿Temes que me vaya entonces? Yo también te quiero, ya lo he dicho.
Un repentino impulso me hace levantarme y caminar hastiado por la habitación. El dolor y la rabia luchan en mi interior sin poder salir.
Frustración.
-¡No, Lestat! ¡No así! ¡Yo te amo! ¡Te amo! Y no lo ves y duele. Porque tu amas a todos y no ves la diferencia.
"Veo ese brillo en tus ojos cada vez que abrazas a David, que besas a Gabriell y que acaricias a Armand. Siempre para todos y siempre con gran amor.
"¿No lo ves? ¿No me entiendes? Ese no es el mismo amor que el mío, Lestat.
Abruptamente me callo, dejando paso al silencio.
Lestat sigue sentado en el diván, observándome desde allí. Sonría y se levanta.
.- Louis, Louis. Mon cher. Siempre tan humano. Siempre tan predecible e impredecible a la vez.
Se acerca de mí con pasos lentos.
.- Tú y tus libros mortales. Tú y tus ilusiones, tus miedos y fantasías. ¿Crees que el amor es diferente entre mortales y bebedores de sangre?
Le corto tajante.
- Me dices te quiero y suenan a palabras vacías. No lo entiendes. Yo te amo. Como un mortal a otro, como un amante a otro. Un amor doloroso y piadoso. Pero tú amas a todos como un vampiro a otro, con devoción, respeto y compasión.
Termina de acercarse y me abraza de nuevo. Quiero rechazar, pero mi cuerpo no responde.
- ¿Suenan en verdad vacías mis palabras? ¿Acaso crees que no tengo corazón mortal, que lo he aparcado en un callejón oscuro y que no lo reconozco? Te quiero. Te quiero. Te amo. Mil veces. Dos mil. ¿Siguen sonando vacías? Te deseo, mi Louis. Te deseo completamente, eres mi Louis, mío, yo te encontré y tú me sedujiste.
"Oh, como me sedujiste. Sin palabras. Sin miradas. Solo tú presencia. Tan perfecto, tan delicado y tan testarudo. Te di una oportunidad y elegiste. Me elegiste a mí. Entonces más te amé.
Un suspiro desorientado se me escapa, inconscientemente.
Sus palabras van directas a mí, como destellos de racionalidad y cargadas de un peso que me hace respirar profundamente.
Me dejo rodear en su tibio resguardo. Que irónico, es sólo apenas una imagen sensorial. Su cuerpo frío como el hielo.
Frunzo el entrecejo, parece como si nunca llegara lo esperado.
Soy tan caprichoso. No me comprendo.
Dejando caer mi cabeza sobre su hombro miro por el balcón la noche oscura recién empezada en un par de horas.
Poco tiempo y muchas palabras.
- Siempre terminas dejándome, me siento alejado de ti. Siempre.
- Louis… mi tormento ¿Hasta cuando seré quien se va por la puerta? ¿No era ese tu papel? No quisiera recordarte las veces que me ha faltado tu compañía, cuando más la necesitaba
- …cuando la necesitas…
-No, siempre te necesito, mon cher. Pero cuando más, tu como un cobarde huyes por la puerta trasera para evitarte dolor, para no sentir ni pensar, como un ser inerte por el cual la lluvia ácida se escurre y pasa de largo.
-¡Nunca te he dejado! ¡Lestat! ¿No lo comprendes? Siempre que te he dejado atrás, ha sido con un gran dolor por mis pasos, con un pesar que debatía en mi interior y que jamás perdonaré, siempre empujado por la incertidumbre de no saber si volvería a verte.
Me volteo para poder abrazarlo, alzando mis brazos por sus hombros y besando su cuello con serenidad, sintiendo su pulsación bajo mis labios.
- Lestat. Siempre me he sentido tan lejos de todos. Erais tan inalcanzables que no podía soportar vuestra compañía, no más que la que cualquiera podía darme individualmente. Siempre y cuando no estuviera completamente solo.
-¿Cuántas veces te he pedido que llegaras a mí? Mi Louis, tú y tus dolores de cabeza, siempre queriendo tranquilidad, siempre deseando volver a tras en cada paso que das. Siempre negándolo todo. Tan testarudo.
"Pero ahora ya no, no te sirve excusa. Sabes que te amo con toda mi locura, que jamás quiero que te vayas… Adoraba los momentos en que venías a leerme una novela, de esas tan complicadas que tanto amas. Como si estudiaras a Freud y a la vez lo odiaras, por que consigue responder a tus males, y siempre quieres uno más para soportar.
Una rabia furiosa me llena de golpe.
Todos nos sentimos así cuando nos dañan el orgullo o la existencia, cuando nos rompen los sueños en pedazos y nos dejan caer de la nube en la que vivimos.
Una nube dulce pero dolorosa cuando se rebusca, y nos deja caer en el duro suelo, pero suelo en fin.
- Te quiero, Louis
Para acallar mis rabias me besa en los labios pasando sus manos por mi cuello y acariciando tiernamente mis hombros.
Me rindo.
No soporto todas esas luchas que me hago interiormente.
Me odio.
- Me siento muy cerca. Os he alcanzado. Ahora llegaran David y Merrick. No sé como mirar a David a la cara, ni a Merrick para pedirle perdón.
- David entiende, lo sabes. Y también sabes que era su tentación la misma que la tuya. Es más, casi te agradece quitarle la opresión que sentía. Y Merrick… esa mujer anhela por todo lo alto poder sobre los demás, de una forma directa o indirecta.
- Siento un profundo respeto por ella, Lestat. Es una mujer muy potente y misteriosa, no deseo su enfrentamiento ni su odio.
Vuelve a besarme con ternura
- Deseaste su amor.
- No. Desee su ayuda, luego su atención y luego su compañía. Y si alguna vez quise su amor, fue para no sentirme vulnerable.
- Si es lo que deseas, estará con nosotros, mon cher.
Esta vez le beso con más entrega y
pasión, para confirmarle así que jamás he deseado más que su compañía y
sus palabras, y que sólo deseo su aceptación para siempre.
Quiero un lugar a su lado. Siempre cerca. Siempre juntos.
Siempre sus labios y su mirada.
… aunque siga doliéndome el
corazón.
FIN
Vampira Horchatera
Más que nada es una crítica al
libro de Merrick... odio a Merrick, a las Mayfair, a Claudia y al estúpido
enamoramiento de Louis por Merrick!!
Y no me gusta que Lestat le perdone todo a Merrick, ni que se quedase en total
tranquilidad por lo ocurrido! Pero bueno, así es Lestat... pero para eso
existen los fics, para hacer lo que queramos! Aunk... si nos pilla la autora, la
Señora Arroz, una grande nos caerá encima... pero bueno, lo intentamos!
Gracias por leer
Atte. Vampira Horchatera