"Renaciendo"
Basado en la saga de vampiros de Anne Rice
Lestat x Louis / Louis x Lestat
By Alex
El siguiente fic es la continuación de "En un sueño". Puede leerse por separado, al final tiene relación pero no directamente.
Varios días habían pasado desde que Lestat había irrumpido en la mansión de Nueva Orleáns de Marius. Sus ojos azules y perdidos eran la admiración de todos los que rodeaban la sala. Con curiosidad lo miraban, con recelo algunos otros y con amor otros tantos. ¡Ah! Lestat el magnifico vampiro, el príncipe malcriado de los no vivos.
La Appassionata que bella melodía producían las teclas chillantes del piano de cola que había en la habitación. Y su interlocutora. Sybelle. Bello nombre para tan exquisita mujer. Sus bellas manos tocaban con glamour aquel instrumento de percusión, el suave contorneo de sus manos se movían al compás de la música que producía. A petición suya se había estado tocando la Appassionata. Tanto vigor, tanta vida producía aquella lúgubre música. Exquisito. No había otra palabra que pudiera descifrar aquellos sentimientos encontrados.
El corazón del vampiro Lestat rugía de emoción al escuchar cada nota. Divisaba de vez en cuando los ojos de la bella Dama. ¡Ah! Que acertado había sido Armand al escoger a tan bella acompañante. Mortal en un momento, inmortal ahora. Sería su acompañante, su amor por el paso de los siglos hasta completar la inmortalidad.
El corazón se le retorcía de envidia pero a la vez de felicidad. Aquel hombre al que varias veces había rechazado, el que tantas veces le había declarado un amor puro e infinito, ese hombre al cual le había destruido el mundo en el que vivía más de una vez, el por fin podría ser feliz de verdad. Acompañado de dos hermosas criaturas tan magníficamente bellas, dignos especimenes de la humanidad.
¡Benjamín! Otro tesoro incalculable para Armand. Bello rostro, finos trazos sobre su rostro que parecían boca, cejas, nariz, pómulos. Todo bellamente tallado en el hermoso querubín. Le miraba con extrañeza como brincaba y parloteaba por toda la sala. Sus ojos entreabiertos lo miraban. Que hermosura, que belleza de niño.
¡Ah! Si el hubiese tenido a un chico como el. Pero ¿Por qué aclamar algo que se tubo? O ¿No fue el caso con la princesa Claudia? Hermosa niña de cabello largo enrulado con matices rubios. Parte de su dolor de cabeza junto con su amado Louis durante setenta y tantos años, muerta a manos de su querido Armand. Injusticia más vil y despiadada, pero que al final el había sido coautor de su desgracia.
Sus ojos se humedecieron al pensar el la pequeña diablilla. La había amado y adorado como a nadie. ¿Cómo no iba a hacerlo? Si era su creación, de el y de Louis. Trágico su final, la eternidad para lamentarse.
Con escrupulosa mirada, observaba lo que había a su alrededor. Vampiros. Demasiados, todos conocidos en alguna época de su vida. Armand, David, Louis, Pandora, Marius y su adoraba y bella Gabrielle, sin dejar escapar a los pequeños querubines que hacían hasta lo imposible por alegrarle la vida Benji y Sybelle. Hermoso. ¡El! Lestat había logrado reunir a sus dos creaciones y sus más allegados acompañantes. Que alegría, que felicidad. Siempre deseo estar unido de tal forma, pero al pasar los siglos llego a sentir que jamás podría hacerlo. ¡Pero mirad ahora! Su propia desgracia había sido el producto de tan alarmante reunión. Sonreía para sus adentros. Triunfo. Eso era lo que sentía. Victoria, triunfo, todo en un conjunto.
Miro detenidamente a cada uno. Armand. Hermoso demonio con rostro juvenil. Cabellos castaño claro, casi pelirrojo, ondulaciones perfectas. Llevaba un corte de la época. Divino muchacho. Sin embargo ¿Cuántos dolores de cabeza no le había provocado? Muchos. Imposible hacer la cuenta de todos. Un muchacho con semejante vitalidad mortuoria era increíble de observar. Hermoso, lo era. Parecía un verdadero ángel de Botichelli. Sonreía mientras sentía su mirada.
Debía agradecerle con calma por haberlo sacado de su sueño, del trance endemoniado que había sufrido por el Manto de la Verónica, por probar la sangre del Señor. El había sido el elegido, el había logrado beber de su sangre y despertarlo de su sueño eterno.
Sonrió para sus adentros.
Un poco más haya y observo a su amado Louis. Hermoso inmortal de cabellos azabache y pupilas verdosas como esmeraldas. ¿Lo amaba? Claro que lo amaba. Adoraba su compañía aunque solo fuese por leves lapsos, aún así lo amaba. Hermosos los años que había pasado a su lado, divinas las peleas que propiciaban ambos por cualquier estupidez que poco después ya no eran recordadas.
Louis, su creación, su hijo prodigo de doscientos años estaba en la sala. Mirándolo de vez en cuando con mirada triste y pupilas húmedas. Lo miro detenidamente. Chaqueta negra de cuero, pantalones vaqueros entallados que no dejaban nada a su imaginación, camisa de seda negra con dos botones libres lo que dejaba ver su piel blanquecina, tersa y suave, sin ninguna vellosidad que usurpara aquellos hermosos pectorales.
Si lo recordaba. Claro que podía recordar a la perfección su cuerpo, cada pequeño detalle asaltaban su mente más de una vez.
Cerro los ojos con fuerza, no era el momento para seguir mirándolo, no en ese estado. Se obligo a girar un poco más sus ojos y miro entonces a su adorada Gabrielle. ¡Hmm! Bella y hermosa como siempre estaba su marquesa. Sus ojos azules y su pelo rubio y tupido con majestuosos rulos que le cubrían su rostro. Hermosa mujer a la que alguna vez le llamo madre. Su vestidura la de un chico del siglo XIX, cazadora caqui y pantalones vaqueros. ¿La había visto vestida de forma diferente? Si. Recordaba a la perfección los hermosos vestidos que usurpaban su cuerpo cuando vivían en Francia, recordaba sus pechos bien formados asomarse por el escote. Pero todo había quedado en el pasado. Ahora ella era diferente, seguía siendo su Marquesa, pero era diferente.
Se sorprendió un poco al observar su semblante. Serio pero podía divisar pequeñas gotas semi secas sobre su rostro. ¿Había llorado? Al parecer si. Y el era el causante de su pena. Siempre fue su hijo consentido. La bella Marquesa que vendía sus joyas cuando era mortal para regalarle primero un fusil y después una hermosa yegua. Increíble su manera de mostrar su afecto. Pero ella era así y no había cambiado en lo más mínimo.
Lo que se reprochaba era que no había permitido que le tocara. ¿Por qué? Si el mismo lamentaba su penosa situación. Ver a su madre mirándolo con tristeza lastimera le partía el corazón. No quería que lo viera de esa forma, derrotado. Razón suficiente para hacerla alejar de su lado.
Siguió mirándola por largo rato. La misma posición que el. El mismo lugar pero del lado opuesto. Los mechones de su cabello sobre su frente impedían que alguien pudiera ver que sus ojos estaban abiertos e intrigados recorrían el salón entero, llenos de vitalidad y energía como siempre habían estado, curiosos y expectantes para absorber el más mínimo detalle del entorno en el que se encontraba. Siempre había sido así ¿Por qué tenía que ser tan diferente ahora? Además, era su momento, su gloria por haberlos reunido a todos. Así que, que más daba observar su más asombrosa creación, teniendo como ingredientes a su capricho y egolatría.
Observo más haya y miro a la bella ex amante de Marius. Pandora. Mujer bella, de melena castaña con rulos encaprichados cubriendo su cabeza, ojos marrones y una altura impresionante. Sus ojos estaban clavados en el. Por instantes se cruzaron pero pronto se evitaron. El solo alcanzo a esbozar una pequeña sonrisa y ella también.
¡Queridísimo! Era su palabra favorita para con el. Hermoso sonaba de aquellos labios tan dulces y encantadores. Todo lo que produjera su boca era melodía para sus oídos. Agacho la mirada y espero a que sus mejillas teñidas de rojo carmesí desapareciera un poco. Efecto tan desgarrador producía ella en su ser. Magnifica mujer del cual nunca escaparía, esperando en algún momento de la eternidad a ser seducido y probar de la exquisita miel que producían sus labios.
Sonrío nuevamente.
Miro un poco más y observo a David Talbot a lado de Louis. ¡Hmmm! Ser misterioso, hombre viejo en cuerpo de un joven. Acompañante en parte de su vida. No insistió más en verlo.
Giro sus orbitas y miro a Marius. ¡Ah! Hermoso hombre inmortal con dos mil años encima. Tan viejo. Perdurable a través de los siglos con su magnifica sonrisa llena de bondad y sus palabras elocuentes y pacientes hacia sus allegados.
Parpadeo un momento. ¿A lado de Armand?. Por supuesto, el era su Amo, su tutor, su creador. Adoraba al joven que estaba a su lado a quien tomaba por los hombros y lo sujetaba fuertemente contra su pecho. Encantadora escena después de haber vivido tan lúgubre intriga con el sueño de Armand. Se sintió dichoso por la felicidad del pequeño ángel de Botichelli. Merecía eso y mucho más.
Aún así, Marius le causaba inquietud y amor de sobra. ¿Lo amaba? Claro. Al igual que a Armand, el lo amaba. Su cariño era diferente para con el, pero lo amaba. En algún momento de su historia deseo estar junto a el, quería acompañarlo hasta el fin del mundo y si se podía más haya, pero Marius no lo permitió. Nada. Ni un centímetro cerca de el más que un beso y un abrazo y quizás el intercambio de alguna que otra caricia caprichosa que se había escapado sin pedir permiso al Amo. Solo eso.
A pesar de todo lo que había sucedido con el, amaba a Marius. Lo admiraba y respetaba. Solo a el. Al hijo de los milenios.
Suspiro hondo.
Inquietantemente volvió a recorrer su mirada una y otra vez sobre los integrantes de esa sala. ¿Cuántas veces lo había hecho durante esos cuatro o cinco días de estancia? No lo sabía. Lo único de lo que estaba seguro era de que estaba satisfecho.
Agacho la mirada y cerro los ojos por un leve momento. Era hora de caminar, alimentarse y hacer algo más.
- Hora de marcharse – musito mientras se levantaba de su lugar y comenzaba a caminar torpemente.
Todos lo miraron intrigados. Gabrielle se levanto de su lugar, no sabía si acercarse o no a su adorado hijo. Armand y Marius lo miraron con deseos de saber que más podría hacer. La hermosa Sybelle tocaba la Appassionata golpeando con fuerza las teclas para engalanar su atrevimiento, mientras que el pequeño Benjamín había tomado su mano y lo conducía por la sala. Pandora, ¡Ah! Dulce Mujer inmortal que había cambiado su expresión de intriga a una de amor. David solo había atinado a sonreírle mientras que Louis..... ¿Dónde diablos se había metido Louis? No estaba más en la sala.
¡Bah! No era el momento para pensar en el o ¿Si? Necesitaba alegría, vida. Basta de lúgubres miradas lastimeras.
- No me veáis de esa forma, no es mi funeral todavía – sonrío sarcásticamente. Mientras se acercaba más a la puerta.
- Puedo conseguirte una victima si lo deseas.... – musito el chiquillo que seguía tomado de su mano – verás que la presa será exquisita, ¿Qué quieres? ¿Mujer voluptuosa con enormes senos y gran trasero? O ¿Un joven apiñonado con una gran sonrisa? – Lestat lanzo una risotada que inundo el lugar entero. El chico era el ingenio en persona.
- Me conformo con salir de caza amado mío – respondió mientras pasaba su brazo por sus pequeños hombros. Benji alzo la mirada y le sonrío.
- Te acompañare entonces.... si no te importa... – Lestat lo negó. ¿Cómo podría molestarle la compañía de tan hermoso querubín?
Ambos salieron de la sala mientras las miradas intrigantes los seguían. ¿Estaba bien que Benji lo acompañara? Armand se aferro al pecho de su Amo. Era lo mejor. Benji era la clase de muchacho ingenioso que podía levantarle el ánimo a cualquiera. Quien mejor que el para ser su compañía por su primera noche de caminata por las calles de Nueva Orleáns después de tanto tiempo de estar en estado de sopor. Sonrió mientras sentía las manos calidas de su Amo acariciarle las mejillas a la par que escuchaba la Appassionata en la sala.
Los boulevares de Nueva Orleáns eran ruidosos, Benji le había pedido a Lestat que le comprara una cajetilla de puros cubanos. Le había dicho que le encantaba el humo del puro en sus pulmones, aunque no siempre fumaba tales, generalmente eran cigarros baratos o finos. No le importaba mucho de cuales eran, le agradaba el humo en sus pulmones y eso era todo. Ahora que no podía fumar le gustaba tenerlo entre sus labios para sentir el suave sabor del tabaco inundado sus glándulas salivales.
Lestat sonreía, escuchaba canturrear a su joven amigo la música que se escuchaba en los aparadores de las tiendas electrónicas o por los diferentes locales que se paseaban.
Se había alimentado de una pareja que al parecer se amaban mucho. Los habían agarrado en un pequeño callejón. El le acariciaba los pechos con ternura y temor mientras que la chica tenía su mano impregnada en el zipper de los jeans azul marino que portaba el muchacho de ojos verdes. A ambos los había seducido. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que jugaba con sus presas? No supo. Pero la sola idea de hacerlo alboroto sus sentidos hasta extasiarlo y llenarlo de placer.
Exquisito. Rico. No había palabras para explicar la sensación que tenía cuando los borbotones de sangre que salían del cuello del muchacho le inundaban la boca, pasaban por su garganta y revivían su piel blanquecina dándole un tono rosadito.
La muchacha fue hermosa y amorosa. En un acto desesperado había pasado sus manos por sobre su cuello intentado jalar su melena rubia, pero lo único que consiguió fue hacer que el príncipe malcriado se enamorara más de aquella mujer esbelta y de pechos pequeños pero redondos. Había pasado su mano por su cuello, mientras que la otra acariciaba su cintura. ¡Ah! Que placer tan intenso sentir los pechos semi desnudos de la jovencita sobre su pecho mientras tomaba toda su sangre hasta la médula y dejarla seca por dentro.
Los tonos rosados lo avivaban, gracias a la sangre de sus dos victimas podía pasearse por la plaza sin ser visto tan detenidamente. Su piel blanquecina palpitaba por la sangre que recorría su cuerpo.
Habían entrado a ver una pequeña obra de teatro en un establecimiento de segunda categoría. Benji había pagado las entradas y se había colocado en los asientos más cerca de la tarima. Le dijo a Lestat que le encantaba la bella princesita con su vestido rosa lleno de tules y encajes que salía a la mitad de la primera escena.
Se había enamorado de ella desde antes de ser inmortal, pero jamás se había atrevido a presentarse. Tampoco deseaba que su tiempo se desperdiciara en una relación formal cuando podía tener tantas mujeres cuando el quisiera. Lestat lanzaba pequeñas risitas que envolvían los tímpanos de los integrantes del pequeño teatro.
Río y miro maravillado la obra. Era Romeo y Julieta, obra del gran dramaturgo Shakespeare. En su época adoraban sus obras, pero al igual las satirizaban. Curioso que en la edad moderna dichas obras tengan el mismo glamour y apogeo que en épocas pasadas.
Julieta. En realidad bella mujer, como la había descrito Benji, con sus encajes y tules rosados cubriéndole las piernas en forma de vestido apompado. Sus labios eran perfectos y sus ojos almendrados le encantaron. Mujeres así existen sobre la faz de la tierra pareciendo hermosas diosas que caminan entre lo mortales.
Al terminar la función vagaron por la gran avenida durante largo rato. Charlando de los transeúntes que pasaban a su lado, mirando y coqueteando a las chicas y chicos que se encontraban en lugares fijos. Bastaba una sonrisa o un guiño de ojo para que alguien se les acercara y les propusiera algo indecoroso. Lestat sonreía, alcanzaba a besar a su victima y después simplemente se alejaba. Vanidad pura del vampiro.
Compraron dos helados que se derretían en sus dedos, no los probaban simplemente los sostenían en las manos mientras sentían el frío líquido recorriendo sus manos hasta caer en el suelo. Imagino comiendo una de esas cosas en su época. Sabía que existían pero nunca las probo. No le importaba mucho, pero veía a los jóvenes degustándose con un barquillo y le llamaba la atención. Al final fueron a caer en un bote de basura cerca de la mansión.
No quería regresar, pero algo le decía que debía hacerlo.
Al abrir las puertas de la entrada miro los vastos prados de pasto verde, árboles por todas partes que engalanaban la mansión. Se quedo embelesado observando las estrellas sobre sus hombros y las nubes negruzcas y en forma caprichosa.
- Parece que lloverá – se dijo para si mismo mientras recorría la alfombra verde natural. Que bello lugar había conseguido Marius como guarida. Increíblemente exquisita.
Benji se había separado de su lado, le dijo que tenía que decirle a Sybelle el maravilloso regalo que le había comprado. Un par de guantes de gamuza y una gabardina de piel negra. Lestat miro con una gran sonrisa en su rostro el comportamiento del chiquillo. "¡Afortunado Armand!" pensó mientras sus pies lo dirigían por atrás de la gran mansión. Quería recorrerla toda, deseaba el sereno sobre sus cabellos y el matiz de la luna iluminándole el rostro.
Tiempo. Era lo que necesitaba. Reflexionar sobre lo que le había sucedido, si estaba correcto o incorrecto lo que había hecho. Si era digno y merecedor de la virtuosa sangre que había creído recibir. Claro que lo era. El lo había buscado y al final lo había encontrado. ¿Por qué no iba a ser realidad su fantasía? ¿Qué lo impedía?
Camino varios minutos sobre un pequeño pasillo empedrado hasta llegar a un lugar oscuro. Árboles, muchos árboles de diferentes especies lo cubrían. Pinos, abetos, cedros, caobas, robles. Todos bailaban al compás del viento y en el centro de aquel hermoso lugar un pequeño lago en donde la luna se visualizaba de manera increíble.
Sus dos puntas se veían magnificas, el cuarto menguante se impregnaba en las aguas cristalinas del lago. Se acerco y pudo mirar pececillos nadando a su antojo por entre las piedras, musgos y algas que se habían puesto a propósito en el lugar.
Magnifico lugar, bello, hermoso. Se quito las botas de cuero gastadas que calzaba y metió sus pies dentro del agua. Fría y helante para su cuerpo, pero la sensación de los pequeños torrentes de agua que nacían para estrellarse en sus tobillos le hizo sentir un escalofrío estupendo. Cerro los ojos y dejo caer el cuerpo entero sobre el lago.
Lindo. Los peces jugaban con sus cabellos, mientras que algunos otros tocaban su boca y ojos. Sentía las algas rozar por sus partes desnudas. Exquisita sensación de placer, sentir que estaba vivo era lo que más necesitaba ahora. Pero faltaba algo más.
Escucho que alguien más estaba dentro del pequeño lugar. Sentía a otro inmortal parado en la misma orilla en donde había dejado sus botas que traía. Levanto un poco la mirada y pudo divisar a un joven de cabellos azabache con mirada enloquecedora. Sonrió. Era el que menos deseaba ver pero cuanto lo necesitaba.
Se levanto del lugar y se acerco a su adorable creación. El lo esperaba con los brazos abiertos y los labios entre abiertos. Se arrojo a ellos sin mayor preámbulo y beso las deliciosas líneas que tanto adoraba de el. Lo abrazo tan fuerte como el lo podía hacer. Cerro los ojos y dejo que las gotas que emanaban de sus cabellos mojados cayeran sobre su amado vampiro.
¿Cuánto tiempo sin estrujar ese cuerpo? Mucho.
- ¡Ah! Lestat, mirarte como estas. No puedo comprender tu forma de hacer las cosas -
Lestat paso su mano por su cuello mientras cariñosamente lo besaba. No quería oír sus quejas de cómo era y porque lo hacía, simplemente quería estar en un sueño prolijamente estructurado para que solo lo tomase y su boca no gesticulara sonido alguno más que del placer infinito. Pero era imposible hacer callar a Louis. Siempre tan parlanchín, cosas tan meramente triviales y sarcásticas que el humor y la paciencia le desaparecían en el momento.
Sus manos frías y heladas desfajaron la camisa de seda negra que vestía. Las sumergió en su piel desnuda esperando algún quejido o rechazo por parte del portador. Pero nada. Solo sintió como una de sus manos apretujaba la suya por encima de su camisa. Exquisito poder calentar su piel helada con la suya.
- Amor mío - susurro Lestat mientras sentía las manos de Louis penetrar por debajo de su camisa de seda. Un abrazo único y profundo. ¿Protector? No. Más bien era de pertenencia. Lestat le pertenecía a Louis y viceversa. ¿Por qué negar su amor? Era lo mejor que le había sucedido en años.
Rodeo la cintura de Louis con sus manos y llego hasta su parte trasera. Hermosos glúteos bien parados y redondeados. Le encantaba tocarlos y estrujarlos entre sus manos. Y más le enloquecía tenerlos a su disposición mientras le hacia el amor a su creación. Metió sus manos por debajo de sus pantalones para sentir esa sensación una vez más. Cerro los ojos y apretó con fuerza. Un suave gemido salió de los labios de Louis. Sonrió. Lestat sonrió.
Saco sus manos y jugo un poco con los cabellos largos y lacios que tenía su amante. Hermoso, prolijamente peinados. Sus cabellos le cubrían el rostro blanquecino y sus ojos esmeraldas sobresalían de sus cuencas a la luz de la luna. Tomo un pequeño mechón y empezó a acicalarlo con delicadeza.
- Eres tan bello amado mío – susurro mientras sentía como sus cabellos eran peinados con unos dedos al igual que el lo estaba haciendo.
Unos labios taparon su boca mientras terminaba de decir su oración. ¡Ah! Divino sabor a miel, exquisita mermelada que se impregnaba en sus labios para dejarlos más hambrientos y con necesidad de probar más. Cruel era ese vampiro que lo envenenaba desde sus neuronas hasta la sangre que le recorría como torbellino en sus venas. ¿Sabía el acaso el poder que ejercía sobre su persona? Por supuesto que no. Louis era demasiado tonto a veces como para pensar que tenía semejante poderío sobre el vampiro malcriado.
Cerro los ojos con fuerza mientras sentía como unas pequeñas lagrimas salían de sus ojos. Lloraba de felicidad por saberse amado todavía por alguien. Sollozaba por saber que ese alguien era su querido Louis. Amaba tanto a aquel vampiro loco y sarcástico, aquella belleza errante que deambulaba por las calles haciéndose pasar por un mortal cualquiera sin la menor intención de hacerlo.
Rodeo sus hombros con sus manos y se colgó de su cuello.
- Te amo tanto Louis.... mi querido y adorado hijo... amor mío... – su llanto era inconfundible. Su voz quebradiza alteraba al vampiro.
Saco un pequeño pañuelo de seda con bordados blancos encima de la tela roja. Lo paso por sus mejillas haciendo que los bordados blancos se impregnaran de rojo y se perdieran con el color de la tela. Lestat sonrió.
Un beso tras otro era lo que recibía Louis, en sus labios podían sentir la sangre de Lestat que aún seguía recorriendo sus pómulos rosados. Lo abrazo con fuerza, que frágil y delicado se veía en sus manos. Arcilla moldeable podría llegar a pensarse. Pero el nunca lo tomo de esa forma. Jamás. Sabía sus limites pero no se percataba de su influencia. Error y acierto a la vez.
Tomo a Lestat entre sus brazos y lo condujo hasta una pequeña banca con recargadera en forma de cisnes y patas de mármol. Louis se sentó y Lestat se recostó sobre sus piernas. Calido era el calor que emanaba de su cuerpo. Cerro los ojos y siguió gimoteando en silencio mientras sentía los dedos de Louis sobre su rostro intentado evitar que más lagrimas se derramaran de sus cuencas, pero era imposible. El llanto lo había invadido y había echo que perdiera la razón y la noción de las cosas.
Louis acerco sus labios hasta las mejillas de Lestat. Beso una y otra vez sus pómulos, que rica sentía la sangre de este sobre sus labios.
- No llores más Lestat o terminaras partiéndome el corazón a mi también – canturreo mientras abrigaba el cuerpo helando de su creador con sus brazos.
- No puedo evitarlo – respondió mientras sus manos heladas tomaban las manos de Louis.
Sentía los besos que este le daba y como le carcomían la piel. Fuego. Era lo que sentía que emanaba de Louis. Fuego envuelto en amor. ¡Hermoso!.
Se giro un poco y se levanto apoyándose en sus codos. Se acerco con extrema urgencia hasta sus labios y los beso salvajemente. Quería tenerlo ya. No soportaba su cuerpo en llamas por el, ahora debía extinguirlas.
- Ámame – suplico Lestat mientras sentía sus manos por su cintura. – Solo una vez más – Pidió mientras las manos recorrían ahora su espalda.
- No hace falta que lo pidas – agrego mientras sus labios se fundían en el beso de la pasión desbordada.
Sus manos comenzaron a desabrocharle la camisa que traía puesta, era paciente, uno a uno saco los botones del hueco que ocupaban. Poco a poco sus dedos tocaban la piel de Lestat. Su Lestat. Sus dedos jugaron un rato con sus tetillas endureciéndolas y aprisionándolas con sus dedos.
Lestat sonreía. Quería más de ese vampiro tan magnifico que le había robado su corazón y jamás se lo había devuelto todo. Siempre quedaba con una parte de el, pero tampoco tenía el valor para reclamarlo. Un poco de el se quedaba en su ser, un poco de el era lo que le faltaba.
Se acerco a su cuello y clavo sus dientes en la piel. Broto un pequeño chorro de sangre que impregno sus dientes enjuagándolos para luego dejar su juego. Solo un poco de el era lo que necesitaba por breves instantes.
Louis sentía el ardor en su cuello, pero no le tomo importancia. Adoraba que Lestat hiciera eso, aunque en tiempos anteriores se le hacía repugnante. Su mano traviesa seguía abriéndose paso por el pecho de Lestat que se encontraba desnudo. Dibujaba pequeños trazos de figuras geométricas sobre el. No más.
Su mano finalmente dejo por la paz sus pectorales y bajo un poco más haya. Quito el botón del pantalón de lana que vestía, bajo el zipper y dejo ver su hombría palpitante que deseaba salir de su lugar.
Excitado. Era la palabra ideal. Cerro los ojos y dejo que su mano se metiera por debajo de la trusa Calvin Klein que traía como ropa interior. Sus dedos jugaron un poco con la punta de su hombría. Que exquisito sentía cuanto el presemen se impregnada en sus dedos.
Sentía la boca de Lestat hambrienta sobre sus labios. Deseaba más, mucho más que esos simples preámbulos y jueguitos que al pasar los siglos Louis había aprendido bastante bien. Solo un poco más, era lo que pedía a cambio. Quería jugar con el, deseaba que sus pequeños jueguillos le desbordaran la locura que traía encima y lo perdieran en la paciencia y quietud que el tanto amaba.
La mano de Louis sobre su hombría le calmaba un poco sus ansias, pero era imposible que eso reemplazara algo más. Quería hacerlo suyo una vez más. Sentir su hombría dentro de su estrecha entrada, a la par de sentir la suya dentro de su entrada también. Cerro los ojos con fuerza y dejo que Louis siguiera con su pequeña tarea. Le gustaba sentir su mano tibia sobre su sexo hambriento de el.
- ¡Vasta! – reclamo Lestat mientras ponía su propia mano sobre la de Louis – No juegues más – su voz era la suplica viva, quería que dejara de jugar con la punta de su sexo y que hiciera algo más. Lo aclamaba a gritos.
Louis saco su mano, tomo la de Lestat y la beso una y otra vez mientras se paraba de la banca y se acomodaba encima de el. Habían quedado acostados, Lestat debajo de Louis.
- Eres maravilloso - susurro Lestat mientras acariciaba el rostro pálido de su amante – Amor mío.... – musito mientras entreabría sus labios para dejar pasar la lengua de Louis. Acerco más su cuerpo contra el suyo en un abrazo que a cualquier mortal le rompería los huesos, pero de la hermosa creación no salía ni un quejido, solo suaves jadeos que eran incitados por el mismo.
La lengua lo ahogaba, sin embargo deseaba más y más de el. No quería dejarlo escapar, esa noche era suyo, de nadie más. No iba a permitir que nadie lo alejase de su vida eterna, no más, lo quería cerca, mucho más cerca de lo que alguna vez pudieron haber estado. Su fusión era lo que le llenaba de amor y ternura. Su amor era lo que le hacía salir adelante, su paciencia impregnados en sus grandes ojos esmeraldas que tenía en sus cuencas. No había palabras para describirlo, lo amaba, amaba al tonto vampiro que había creado, al defensor de la humanidad.
Sentía como los pequeños hilos de sangre se impregnaban en sus labios, había roto la fina capa de piel de sus labios y había roto las venitas con sus filosos colmillos blancos. Lestat se extasió con su sangre una vez más. Quería más, absorber todo de el. Pero debía frenarse. Dejo que el pelo negro le hiciera cosquillas en sus mejillas mientras que sus manos recorrían sus bellos pómulos blancos junto con unos cuantos rizos dorados que se aparecían en el camino.
Sus caricias lo mataban y solo revivía con un beso apasionado. Se dejo caer sobre el húmedo pasto mientras que Louis se movía desenfrenadamente sobre su hombría. ¡Ah! Qué linda sensación de ternura le inundaba el corazón echo trizas por todo lo que había pasado en su vida inmortal. Su único consuelo era el, solo el estaba ahí siempre, sin reprocharle nada, sin decirle nada, solo palabras tontas y absurdas a su parecer que lo único que hacían era que perdiera la paciencia y deseara que se alejara de el, pero solo eso banalidades tontas que nunca venían aunadas de reproches.
Sintió la suave brisa que inundaban sus piernas desnudas, Louis había tenido la magnifica idea de desgarrarle el pantalón que traía puesto. Su trusa ahora estaba echa añicos y solo era cuestión de quitar los pequeños pedacitos de tela que aún le cubrían su hombría, fuera de eso estaba completamente desnudo.
La lengua juguetona y filosa de su amante recorría su humanidad. Sus ojos fuertemente cerrados se abrieron para toparse con las dos puntas de la luna. Que hermosa noche estrellada, con nubes negruzcas y una luna en cuarto menguante para recordar por la eternidad.
Las caricias que sentía en sus piernas le quemaban la piel, ¿Cómo podía Louis hacerle tantas cosas eróticas sobre su cuerpo? ¿Cómo podía explorar su cuerpo con su lengua hasta el punto en que el le suplicara que se detuviera? ¿Cómo lograba excitarlo hasta sacarlo de quicio y chillar y suplicar porque terminara? ¿Cómo? ¿Qué fórmula mágica había en ese ser inmortal tan lleno de vida humana?
Sentía sus dedos contornearse entre su abdomen y sus vellosidades. Estaba a punto de explotar por el mero placer de hacerlo. Siempre era lo mismo. Jadeaba y gemía con intensidad, sin veto alguno. Le encantaba oírse a si mismo pero más le gustaba que Louis se deleitara con el placer que le estaba proporcionando.
La lengua de Louis avanzo por la entrepierna de Lestat dejando rastros de saliva a su paso que eran secados por las suaves brisas del viento.
No soportaría más. Lestat tomo su hombría entre sus manos y la masajeo con fuerza, pero fue detenido casi al momento de intentar hacerlo por tercera vez. Sacaron su mano despiadadamente del lugar que había usurpado sin permiso. Una boca fue lo que obtuvo a cambio. La deliciosa y calientita saliva chorreaba hasta la base de su sexo excitándolo aún más. La lengua jugaba con la pequeña capita de piel que cubría su hombría mientras subía y bajaba deleitándose con sus gemidos.
- ¡Aummmm! Amor mío.... – gimoteaba mientras sentía como su corazón latía apresuradamente y su piel sudaba.
Su sexo expulso el preciado líquido. Louis lo bebió todo, gota a gota sin dejar que su miembro se marchitara. Lo incitaba a seguir erecto con los pasos de su lengua.
Lestat jugaba con los cabellos negros. Se sentía satisfecho, pero sabía que eso apenas era el principio. A Louis le gustaba hacer muchas cosas cuando hacían el amor, porque si no era en ese momento ¿Cuándo?. Tomo una gran bocanada de aire para calmar un poco su corazón. Una pequeña risita salió de sus labios mientras sentía como su amor jugaba con sus vellos púbicos que tenía entre sus dedos enrulandolos una y otra vez al compás que su juguetona lengua seguía en su hombría.
Sentía como sus manos eran aclamabas mientras era jaloneado suavemente. Era el momento de la siguiente fase. A regañadientes dejo que Louis dejara su labor, quería más pero sabía que lo que seguía era aún mejor.
- Ven querido – musito Louis mientras ayudaba a Lestat a pararse del frío pasto – Es hora de continuar con nuestro amor – su hermosa creación lo dirigió hasta el tronco de un pino, delgado justo a la medida de sus brazos en circulo.
Paso sus brazos y cerro los ojos. Espero a que Louis lo amarrara fuerte con el pequeño pañuelo con el cual le había secado las lagrimas rojas que en algún momento habían salido caprichosamente de sus pupilas. Una risotada inundo el lugar. Amaba las locuras de ese vampiro loco. Desquiciado y atrofiado que en lo único que pensaba era en darle placer al máximo en diferentes modos y posturas.
El Kamasutra había sido un verdadero libro erótico que le había proporcionado ideas extravagantes, locas pero sumamente deseables. En algún momento lo habían practicado completo. Pero ahora venía algo mejor. Imagino en lo más remoto de sus neuronas que lo había sacado de alguna revista pornográfica o de sus vastas investigaciones vía internet. Sonrió.
Nuevamente sentía su lengua recorrer sus piernas mientras el rastro de saliva quedaba impregnado en ellas. Sentía más fuerte la brisa puesto que se encontraba parado. Cerro los ojos mientras sentía la lengua de Louis recorrer su cuerpo, glúteos, espalda, cuello y orejas habían sido ultrajadas por su lengua.
Un leve resoplido sintió en sus oídos mientras escuchaba sus gemidos intensificarse.
- ¿Te gusta? – pregunto divertido mientras tomaba un par de cabellos rubios entre sus dientes -¡Ah! Me encanta tenerte así Lestat – sus manos juguetonas jugaban con sus nalgas. Redondas, blanquecinas, firmes. Un vampiro con verdadero cuerpo de hombre. Se lo imagino montando en su yegua al corretear a los lobos en su juventud. Imagino matándolos a cada uno con sus propias manos.
- Te amo – susurro mientras tocaba constantemente la parte de su entrada – Dime lo que deseas y con gusto lo haré – Lestat sonrió.
Su mano divago hasta su rostro, masajearon su boca e introdujeron sus dedos hasta tomar su lengua entre ellos. Louis sonrió aun con sus dedos en su boca. Loco el y loco Lestat, la pareja de locos vampiros enloquecidos con el sexo.
Chupo y acaricio con su lengua sus dedos hasta sacarlos de su boca. Bajo hasta sus glúteos dejando rastros de suaves besos por su espalada. Se hinco dejando que la humedad del pasto atravesara sus pantalones hasta llegar a sus rodillas. Abrió con sus dedos sus nalgas hasta dejar al descubierto su entrada. Cerro los ojos y toco el lugar con la punta. Un sabor amargo recorrió su garganta incitándolo a introducir su órgano en el lugar. Abrió un poco más y dejo que su lengua llevara su rumbo. Logro llegar hasta tocar ese punto especial en el que Lestat lanzo un gemido desgarrador e incitador.
Con sus dedos libres acariciaba los costados de sus glúteos mientras sentía la mano de Lestat sobre su cabeza hundiéndolo con fuerza en el lugar.
¡Ah! Que delicioso sentía aquella intromisión en su ser. Deseaba más y más. Lo quería todo. Hacía mucho que se había desatado de las amarras de Louis para dejar sus manos libres y buscar que le diera más placer. Aún seguía plantado en la base del árbol, lo sentía tanto. Ahí parado, con su cuerpo arqueándose de dolor. Divino.
Su miembro estaba erecto desde el momento en que había terminado por primera vez. Lo sentía palpitante y deseoso de expulsar nuevamente el preciado líquido aperlado. Se aferro al tronco mientras sentía la intromisión cada vez más fuerte de Louis. Estaba enloqueciéndolo por segunda vez con sus arrebatadoras caricias. Se inclino un poco para poder sentirlo con más fuerza, para que su intromisión llegara más haya de ese punto predilecto que lo llenaba de exquisitas sensaciones que lo alocaban por completo.
Las manos de Louis habían seguido su camino hasta llegar nuevamente a la hombría de Lestat, la tomo entre sus manos y la masajeo con dureza en el primer movimiento. Lestat lanzó un gran chillido de placer.
- Delicioso amor.... sumamente delicioso – escucho entre cortado. El viento se llevaba sus palabras pero parecía que no deseaban desaparecer y alcanzaba a escuchar un suave eco en la albotoneria de las hojas.
Saco su lengua sin pedir permiso, no iba aguantar toda la noche haciéndole cosas a Lestat. Era el momento para la siguiente fase. Cerro su mano en su abdomen mientras la punta de su hombría tocaba la puerta de su altar.
- ¡Hazlo! – ordeno Lestat mientras se aferraba más a la base del tronco. Un suave beso sintió sobre sus hombros mientras que la hombría de Louis lo penetraba. ¡Ah! Que rico sentía, aún más que la misma intromisión de su lengua. Nada se comparaba con aquella dulce experiencia llena de amor, ternura, placer y salvajismo.
Cerro sus orbitas azules mientras sentía que unas lagrimas lastimeras salían de ellas. Dolía, dolía tanto pero a comparación del placer que le daba no era nada. Sentía los movimientos bruscos y salvajes de Louis, demasiado preámbulo. Eso le encantaba, se volvía loco al penetrarlo, perdía la noción de sus modales mientras se perdía en la selva espesa y húmeda que lo llevaban al centro del placer.
Miles de besos aparecían sobre sus hombros a la par que sentía sus colmillos enterrarse en su garganta para tomar un pequeño sorbo de sangre. Deliciosamente lo sentía. Permitía que le tomara más de un sorbo, los que el quisiera no había más. Podía tomar de el cuanto se le antojara mientras le proporcionara ese amor salvaje.
- ¡Ahhhhh Lestat! – Escucho en un gran grito mientras sentía como su cuerpo se inundaba del espeso líquido. Un beso tras otro cubrían los pequeños agujeros haciéndolos que se cerraran con la saliva que desprendían. Uno más.
- Te amo... te amo tanto Lestat... mi Lestat... – susurraba mientras salía de su entrada y se volteaba un poco para observar la noche estrellada. Entonces lo sintió. Un fuerte empujón que lo obligo a caer en el pasto mojado.
Lestat cayo encima del cuerpo, aprisionando su rostro con una mano y con la otra desgarrándole las vestimentas que tenía tal cual como el lo había hecho antes. Lo dejo desnudo, a placer para sentir su piel ardiente por su explosión. Caliente ¡Ah! Delicioso. Caliente la de el, fría la suya. No había mezcla mejor. Paso sus manos por todo su cuerpo.
Louis tenía el rostro enterrado en la hierba húmeda, sintiendo las caricias de Lestat. No lo dejaría, así como el tampoco lo había dejado. Una pequeña risita salió de sus labios mezclándose con la tierra húmeda que había alcanzo a probar.
Sintió como Lestat se levantaba y su cuerpo era arrastrado hasta llegar a la pequeña banca de mármol que había a lado de la laguna. Su cuerpo inmortal fue obligado a ponerse de rodillas mientras que sus hombros y rostro descansaban en la banca marmoleada. Fría estaba al contacto con sus mejillas.
- ¡Aummmm! ¡Lestat! – rugió mientras sentía los dedos de este entrar en su entrada. No era uno ni dos, eran tres los que jugaban con el haciéndole pequeños rasguños en las paredes mientras ardía en dolor y placer.
Muchos, muchos besos le cubrieron su espalda a la par que sus uñas la rasguñaban y le sacaban pequeños chorros de sangre que con gusto eran absorbidos por el autor de aquel sacrilegio. Pequeños gemidos de aprobación salían de sus labios. ¡Ah! Que encantador era aquella atmósfera sádico maniática que los dos estaban propiciando.
- ¿Te gusta? – Sonrió. Sus mismas palabras. Un gemido grande y ahogado fue su respuesta. Claro que le gustaba.
Sus dedos salieron de su entrada y se introdujeron en su boca. Chupo y lamió sus dedos con ese sabor agridulce de sus propios jugos.
- Dame un poco más – ahora le tocaba a el suplicar, pero sabía que su sufrimiento era poco comparado con el que el le había propiciado antes.
- Repítelo – escucho sobre sus orejas una voz enmielada y pastosa junto con una lengua juguetona que entraba y salía en su oído – vamos... suplicadme más, dime que me quieres, que me amas y que no puedes vivir la inmortalidad sin mi, dime que estas loco de placer y que quieres que te de mucho más... vamos.... –
Louis tomo la mano de Lestat y la beso, sus dedos se introdujeron uno a uno en su boca mientras los masajeaba con su lengua. ¿Suplicar? Claro que lo haría, se iba a volver loco si Lestat no lo tomaba. Con su otra mano jalo su cabeza hasta que sus rulos rubios se combinaban con sus lisos y negruzcos cabellos, acerco su rostro y paso su lengua por sus labios. Sus ojos esmeraldas miraban fijamente a los lujuriosos ojos azules que lo veían.
- Vamos, te necesito si no me moriré ahora mismo... tómame, hazme tuyo, quiero sentirte lo más dentro que puedas hasta partirme en dos si es necesario.... te amo tanto amor mío que moriré si no siento tu hombría penetrándome.....
Un beso fulgoroso apareció en la unión de ese par de labios. Lestat acaricio su cabellera negra mientras sentía que la suya era acariciada de igual forma. Su mano libre bajo hasta sus nalgas en donde le abrieron el paso para poder meter lo que tanto deseaba Louis en su cuerpo.
Sin dejar de besarse Lestat metió su hombría de una sola arremetida, sin dejar de mirarse Lestat observo las lagrimas traicioneras salir de los ojos de Louis. Con un dedo las limpio y lo metió entre sus dos bocas dejando el sabor metálico y espeso de su sangre entre los dos.
Sus arremetidas eran suaves a comparación de Louis pero igual de salvajes. Sus ojos brillaban, sus miradas se cruzaban llenas de amor y placer, juntas, las dos palabras sin separarse.
- Te amo Louis – musito Lestat mientras sentía que el cúmulos del placer lo alcanzaba por tercera vez en la vasta noche.
- También yo te amo... – respondió Louis mientras cerraba sus ojos y se entregaba de lleno al placer exquisito que le estaba dando Lestat. Aprisiono su cabeza contra la suya para que sus bocas se unieran con mayor fuerza y sus lenguas se juntaran y lucharan sin cesar hasta quedar entrelazadas y sus líquidos mezclándose tal cual como sucedería con sus cuerpos.
Un palpitar fuerte en el corazón y un ahogado gemido al igual que el suyo fue lo que le indico que ambos estaban embriagados por los pequeños segundos de placer extremo que sus cuerpos les habían proporcionado.
Abrió los ojos y miro a Lestat llorando una vez más. Que frágil e indefenso se veía, tan lindo y bello era aquel ser inmortal lleno de misterios aún para el mismo. Sintió su hombría salirse de el y eso le dio pie para poder abrazarlo con placer. Lo estrujo entre sus brazos mientras tomaba sus cabellos y los apretaba con fuerza en su cuello. Cayeron al pasto húmedo una vez más, pero esta vez estaban abrazados con fuerza.
- ¿Qué nos espera amor mío? – Pregunto mientras acariciaba los cabellos negros y su espalda aún sudorosa – Dime. ¿Podremos estar juntos así para siempre? O ¿Nos espera la separación como en tantas ocasiones?
Los brazos de Louis se apretaron más a su torso. Sentía que se rompería en pedazos pero tenía un significado. No lo dejaría escapar, no de nuevo. No se separarían, por lo menos no en sus corazones inmortales necesitados de amor. Siempre estarían unidos el uno con el otro, por el transcurrir de los siglos.
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Nota de la autora:
¡Waaaaaaaaaa! Que fic tan romántico y dulce. Lindo verdaderamente lindo. Esta mal que lo diga yo misma pero es que me encanto al leerlo por segunda vez, espero que a ustedes también les guste. Y si, en menos de dos días me escribí este fic, pensé que el de "En un sueño" sería el único que escribiría, pero no! ¿Cómo? Si ahora me he enamorado de los vampiros de Ann Rice (Ni se nota verdad =P) y todo saben por qué? Pues échenle la culpa enterita a mi querida amiga Beru, si ella fue la culpable de que me enviciara en el maravilloso mundo del yaoi vampirico al pedirme que le consiguiera el libro de El Vampiro Armand y mírenme ahora estoy aferrada a leerlos todos, apenas voy en la reina de los condenados pero poco a poco, me los estoy tratando de conseguir todos (haber si se puede) pero si no llorare mucho porque todos se relacionan (eso lo aprendí al hacer una ensalada de ideas como me dijo Vale =P quien también esta locamente enamorada de los vampiros de Ann Rice y esta igual de traumada que yo con Marius y su fusta =P jejejejejejejeje!)
Bueno. El fic, ¿Adivinen para quién va dedicado? Pues para mi querida y linda amiga Beru, si para ella, por dos razones la primera y la más importante por su cumpleaños, si va por eso Beru, pero aparte por otra razón un poco menos poderosa pero igual de importante, la mujer se puso celosa de que a Vale le escribiera el fic anterior jejejejejeje!, esas son de las cosas que tengo que anotar en mi libreta secreta para no olvidar de tan importantes fechas, =P... ¿Quién lo iba a decir? Beru celosilla.... =). Ah! También hay una tercera, ella me halago mucho el fic anterior, me dijo que estaba lindo y bien escrito (no se si sea verdad, pero quiero pensar que así fue =P) y que quería seguir leyendo fics con esa misma escritura poética (bueno al menos míos) y bueno pues aquí esta =)
Muchas felicidades Beru, que sigas pasando muuuccchhhoooosss cumpleaños más, muchos, muchos, ah! Y sobre todo que sigamos siendo muy buenas amigas como hasta ahora, junto con Vale (no, porque si la excluyo la mujer me arma un drama de celos que para que les cuento ¿o no Vale?)
Muchos besos para las dos, las quiero mucho =)
Su amiga:
Alex
P.D. Feliz cumpleaños nuevamente Beru! =)
P.D.2. Espero que no te vuelvas a poner celosa
P.D.3. Vale, solo me falta que vos también te pongas celosa
P.D.4. Quejas, comentarios, sugerencias, mentadas a slamdk:00@yahoo.com <mailto:slamdk:00@yahoo.com>
P.D. 5. No le puse fin porque que tal si se me ocurre hacer una secuela de este.... hmmm! Aunque no lo creo pero nunca esta de más prevenirse =)
P.D.6. Les seré sincera, no se que sucede con Lestat después del libro de El Vampiro Armand, así que todo lo que he escrito incluyendo el anterior son meras suposiciones, no quiero que se queden con esa idea de que Lestat se levanto después de tantos días, y que Armand le perdono realmente todo a Marius (aunque por obvias razones lo hará, es que quien no le perdona todo a ese hermoso Bombón =P junto con su fusta =P) y todo eso. Aclarada la situación, bueno quizás vean más fics con vampiritos, lo más probable es que si =)
Marzo 02, 2003