Basado en las cronicas vampiricas de Anne
Rice
Lestat x Louis
By Emaleth
Cuando entre
en la casa no había rastros de él, parecía ser que después del incidente en
el pantano decidió ir a algún otro sitio. Todo alrededor se encontraba
demasiado tranquilo. Eran altas horas de la madrugada y los esclavos así como
Daniel, el superintendente, se encontraban seguramente en sus cabañas. Decidí
que lo esperaría en la sala, por fuerza tendría que pasar por allí cuando
entrara en la casa. Las cosas no podían quedarse así, tenia que explicarle que
todo había sido una gran confusión, que estaba tan molesto que cometí un
error al responderle de esa manera.
Pasaba
el tiempo y Lestat no regresaba, comencé a preocuparme aunque era mas que
sabido que él podía estar despierto mucho más tiempo que yo.
“Quizá
decidió dormir en algún otro lugar. ¡Mierda!”.
Sin
embargo el sonido de la puerta al abrirse me saco de toda duda. Pude escuchar
sus pasos que se acercaban por el corredor. Era el momento de hablar con él.
Pensé que vendría enojado aún, y ya estaba preparando mi discurso cuando
escuche que entonaba una alegre melodía. La sorpresa me inundo por completo. ¿Tan
a la ligera había tomado la discusión?, y yo que me moría de la culpabilidad,
realmente era un idiota.
-‘¡Louis,
¿qué haces aquí?, ¿no deberías estar camino a tu lugar de reposo?!’- dijo
afable.
Era
un cretino. Ahora resultaba que era todo amabilidad y comprensión ¿no?.
Maldito sinvergüenza.
-‘¡Tienes
razón....me voy!’- respondí irritado.
Me
disponía a salir de la sala cuando advertí algo raro en Lestat. Por increíble
que parezca, al estar de pie parecía ser que no tenia buen equilibrio. Debido a
que ninguna luz estaba encendida en ese momento no había reparado bien en su
apariencia.
-‘Lestat....¿estas
ebrio?’- pregunte estúpidamente.
Cuando
un vampiro bebe de una persona que esta completamente ebria, adquiere
el mismo estado debido a la cantidad de alcohol en la sangre. En ningún
momento estoy aseverando que Lestat haya bebido directamente licor alguno.
-‘¡Completamente....¿cuál
es el problema?!’-respondio lánguidamente al tiempo que se dejaba caer en el
sofa. Mi estupor iba en aumento. Lestat no me quitaba la vista de encima y
parecia que la situación se le hacia divertidísima.
-‘¿Qué
te pasa...?, tú odias eso. La única forma de hacerte beber de un ebrio es
cuando la situación lo amerita....ah ya, quizás un cretino te amenazo, te
quito la poca paciencia que te quedaba y tuviste que matarlo...ya veo....’-
respondí lentamente. –‘Bueno, ahora si me voy’- termine.
-‘El
único cretino que conozco eres tú. Monsieur
De Ponte Du Lac...’-susurró. En esos momentos me encontraba en el
quicio de la puerta. Hablo tan quedo que cualquier mortal no habría escuchado
nada. Sin embargo él sabía que yo si podía hacerlo, estaba en mi responder a
eso o dejarlo pasar, ese era justamente su plan.
-‘Creo
que ya hubo demasiada pelea por hoy, Lestat...que descanses’- respondí
dispuesto a salir de ahí.
-‘Es
decir que al único a quien estas dispuesto a soportarle una borrachera es a tu
amiguito Freniere...’- asevero.
-‘Esta
bien si quieres pelea, pelea tendrás’- le dije enfurecido, camine hacia la
vela más próxima con intenciones de encenderla, sin embargo, salió volando
hacia el otro extremo de la habitación, apenas tuve tiempo de evitar un golpe.
-‘No
quiero luz, ¡Demonios!....quiero que me respondas’-grito.
-‘Cierra
la boca Lestat, tu padre esta durmiendo,¿quieres que todo el mundo se entere de
lo que somos?’- dije tratando de dominarme.
-‘¿Y
quien no lo sabe?...a estas alturas todos se han dado cuenta, quizá el único
imbécil sea mi padre. ¡Maldito, que se muera!’- respondió.
Aún
me encontraba junto a la repisa en donde había estado la vela. En las sombras
pude ver a Lestat que se levantaba y se aproximaba a mi a una velocidad increíble.
Era la primera vez que mostraba su poder si recato alguno.
-‘Lest....’-
dije.
Enmudecí
ya que de pronto sentí que sus brazos me rodeaban, un sentimiento de pánico se
apodero de mi, pero inmediatamente fue sustituido por uno de completa confusión.
Podía
sentir su cuerpo. Sus brazos casi me hacian daño. Sentí cada milímetro de su
ser pegado al mío. Despedía un fuerte aroma a alcohol y creí sentir un leve
temblor en su cuerpo.
Maldición,
¿qué se creía?
“¿Qué
es lo que no soportas?...tenerlo tan cerca y no poder hacer nada...eres un
cobarde”
Con
fuerza me empujo haciendo que las cosas a nuestro alrededor cayeran al piso. Me
acorralo contra la pared y me apretó con todo su cuerpo. Pude sentir que sus
manos buscaban mi rostro, Yo estaba atónito, no podía articular palabra. Me
hizo mirarlo a la cara, apenas unos centímetros de distancia nos separaban. Podía
sentir su aliento en mi boca y sus ojos recorriendo cada parte de mi rostro.
“...¡bésalo!,
sabes que eso es lo que mas deseas”
¡No!......Dios
esos labios, tan rojos debido a la matanza, aun podía oler la sangre dentro de
el, esa sangre mezclada con el licor.
De
pronto su mirada se detuvo en la mía, una sonrisa sarcástica se formo en su
boca, casi de inmediato desvió la mirada y con un gesto casi implorante me
abrazo muy fuerte dejando que su frente se posara suavemente en mi hombro. A
continuación escuche una suave risa.
-‘Odio
esto....’- dijo.
Sentí
su aliento acercarse a mi oído. Cada exhalación iba suavemente de mi oído a
la garganta, ahí se detuvo un instante. Cerré los ojos, un escalofrío recorrió
mi piel, era más de lo que podía soportar, estaba al borde de la locura. Sin
pensarlo siquiera pose mis manos alrededor de su cintura, un movimiento
imperceptible, un roce a su levita.
-‘....odio...tenerte
así y no poder....’ susurro
¡Demonios
Lestat, aléjate...¡por favor!
“...eres
deprimente Louis...demuéstrale lo que sientes...tu desesperación....”
De
pronto sentí sus labios en mi lóbulo. Lo acariciaba con la punta de la lengua.
Era un gesto leve pero lleno de intimidad. Sentí su respiración entrecortada.
-‘¡Aléjate
de mi!’-dije abruptamente.
No
pude soportarlo. Me separe con fuerza de su cuerpo. No podía mirarlo a la cara
y casi a trompicones salí de la habitación y de la casa. Corrí al oratorio
y entre azotando la puerta de hierro.
¡Lo
deseaba!, ¡lo deseaba tanto que pensé que me volvería loco!.
“¿Loco?
Jajajaja, estas completamente perdido por él....ya no podrías vivir sin él”
Me
derrumbe.
-‘¡Si...es
verdad...!’-susurre al sentir que el día se acercaba.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Había
pasado casi una semana desde aquella noche. Por diversas causas apenas pudimos
cruzar palabra. Ninguno de los dos hizo comentario alguno. Esa noche decidí ir
al teatro. Hacia mucho tiempo que no salía a pasear un poco por la ciudad. Últimamente
me la pasaba vagando solo por el pantano. Era tiempo de salir un poco.
Había
una compañía francesa representando una obra relativamente buena. A decir
verdad no era lo mejor pero al menos me mantendría entretenido. Vesti mi levita
negra con una camisa de seda blanca. Botas de piel de la mas alta calidad y me
rehusé a ponerme la peluca. Esta vez llevaría el cabello al natural solo
amarrado en una coleta con una tira de seda negra a juego con la indumentaria.
El problema seria el resplandor de mi piel, pero trataría de mantenerme alejado
de los lugares muy iluminados.
Esa
noche Lestat salió muy temprano, quizá antes de que yo mismo despertara. Por
alguna razón sospechaba que estaba evitándome.
Ordene
a un esclavo que ensillara mi caballo y lo tuviera listo para partir. Sin
pensarlo me dirigí a la habitación de Lestat, para mi sorpresa estaba abierta.
Había algunas ropas desordenadas sobre la cama. El lavabo mostraba
signos de uso reciente. El aroma de su colonia me invadió y una punzada
de dolor atravesó mi ser. ¿Por qué teníamos que portarnos de esa manera?.
Estaba realmente confundido.
Lentamente
camine hacia la gran cama con dosel de su habitación. Estaba adornada con un
cubrecamas grande color vino, casi sangre, al centro tenia bordado un león con
hilos de oro, Recuerdo que cuando me lo mostró le dije que era un materialista
y frívolo, sus carcajadas se escucharon por toda la casa.
-‘¡Louis
Louis, ¿cuándo aprenderás a utilizar tu propio dinero?’- dijo al tiempo que
abandonaba la habitación.
Tome
una de las camisas que yacían sobre la cama y enterré mi rostro en ella. Olía
a él, a su fragancia, a su sudor sanguinolento, tan dulce tan..............
“...sueñas
con ese abdomen perlado de sudor. Y tu lengua recorriendo cada
pliegue...lentamente....”
¡Soy
un perfecto estúpido, un idiota!. Mejor será que me apresure o si no llegare
tarde.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOO
La
cantidad de gente era descomunal. Me alimente cuidadosamente antes de llegar
para evitar el resplandor de mi piel. Había conseguido mi propósito y mi piel
lucia radiante y sonrojada, al igual que mis labios. Tome uno de los palcos de
lado izquierdo al escenario. Nunca me gusto estar en el centro, no me gustaba
ser el punto de atracción de las miradas.
Despreocupadamente
recorrí el teatro con la mirada. Había mujeres hermosísimas cuya mirada se
encontraba seductoramente con la mía. No dejaban de mirarme e insinuar que
estaba libres y dispuestas a ser cortejadas. Estuve a punto de soltar una
carcajada, si bien era cierto que eran muy hermosas y que lograban captar mi
atención, no podía dejar de pensar que en lo único que terminarían seria en
mis brazos.....muertas.
De
pronto un destello llamo mi atención. Al percatarme de lo que era, la sangre se
me subió al rostro. Frente a mi se encontraba el joven Freniere acompañado de
una bella mujer negra. Sin embargo no me quitaba la vista de encima y cuando
nuestras miradas se encontraron me hizo un gesto por saludo acompañado de una
sonrisa. Pero lo que me produjo mayor conmoción fue que a dos palcos del suyo
se encontraba Lestat en compañía de una hermosa mujer de cabellos rojos.
Seguramente se había dado cuenta de todo porque su mirada paso de Freniere a
mi.
Se
notaba que acababa de entrar al teatro. Cada mujer en el lugar posaba su mirada
en él. Lucia espléndido, y por mucho opacaba a su bella acompañante quien ni
siquiera parecía notarlo. Durante toda la noche no me desprendí de su mirada.
Al
segundo acto se prendieron las luces para un descanso. Advertí que alguien se
acercaba. Pude darme cuenta que Lestat no estaba en su palco, solo la bella señorita
permanecía ahí. Las cortinas se abrieron y apareció una figura que para mi
sorpresa no era la de Lestat sino la de Freniere.
-‘Buenas
noches Monsieur, ¿esta solo?,¿por qué no nos acompaña?’- pregunto.
Al
momento que iba a contestar, declinando lo mas cortes posible una voz, que
parecia irritada dijo:
-‘No
es necesario...él viene conmigo’-.
Continuara...............
Comentarios
de la autora: Hola, para cualquier comentario o queja solo escríbanme ¿si?.
Saludos a Itzukiai, y una disculpa por tantas molestias :p. Nos vemos el próximo
capitulo.