"Missai"
Basado en Weib Kreuz
By Mickaelle

 

ORÍGEN  

 

¿Qué haces Sam?

- Nada—contestó sin abrir los ojos, sintió como Ian cerraba la puerta y se recostaba a su lado, estaba tan relajado que cuando sintió los labios de su hermano deslizándose por su piel, solo le dejó hacer, cuando las tibias manos se adentraron en su ropa interior, suspiró—Ian…

- Estamos solos—susurró uniendo sus labios a esos que tanto deseaba y que le correspondieron, irrumpió en esa boca dulce, acarició esa lengua y bebió de él, poco a poco la ropas cayeron al suelo, cada centímetro de piel fue saboreada por sus labios.

Se dejó conducir por el cuerpo ardiente de Ian, temblando y jadeando, le sintió devorarle el pene hasta que no podía controlar los gemidos que escapaban de su garganta, hasta que todo su cuerpo se convirtió en marea que estallaba en  la boca hambrienta de su hermano—Ian…--musitó entrecortado, le sintió separarle las piernas y colocarlas sobre sus hombros, ese era el paso previo a que le penetrara, abrió los ojos, el rostro frente a él, estaba sonrojado, sus ojos brillaban de lujuria y deseo, sus labios abiertos y jadeantes, le vió guiar su gruesa polla hasta sus nalgas las que separó y de un empeñon decidido  se adentró en su estrecho recto, un grito contenido le llenó el pecho, todo su cuerpo se estremeció por la violenta irrupción, pero no le rechazó, no, respiró agitado y empezó a seguir el ritmo impuesto por las caderas de Ian, le escuchaba decir una y otra vez ”eres mío, eres mío”, hasta que le llenó las entrañas con su semen caliente.

- Samy—le acarició el rostro, lo besó hasta que les dolieron los labios, manteniéndole entre sus brazos, cada hora del día deseaba tenerle así, pegado a su piel, sumiso en su cuerpo, deslizó la mano por la espalda hasta llegar a las turgentes nalgas, le escuchó suspirar y besarle el cuello, como respuesta a sus caricias—te necesito tanto…

- Me tienes, siempre que se da la oportunidad—musitó reposando la cabeza en el torso de su hermano—te perteneceré mientras sigamos juntos…

- Siempre estaremos juntos, siempre—los ojos violeta de Samy le miraron dulces, pero algo tristes, una sensación de temor le inundó y para alejarla lo besó apasionadamente, mientras lo acomodaba sobre su cuerpo y volvía a penetrarlo.


Sentirle plenamente, darle todo lo que le era posible, aunque le doliera, aunque estuviera fatigado, llegar a saciarle plenamente, darle y recibir de él, aprovechar cada segundo era lo único que importaba para él, perderse en el brillo de los ojos azules de Ian, fundirse con tu alma mientras le fuera posible.  

 

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- Recuerda Ian, a las 7  en la estación—insistió.

- Si padre, estaré en punto de las 7, ustedes no olviden mi valija—dijo sonriendo, tenía que ir a rendir el último examen, pero estaba seguro que lo pasaría con excelente.  
 

Se miró en el espejo, lo que iba a suceder no podía ser cambiado, mil engranajes estaban ya en movimiento, acababa de salir de la ducha, estaba apenas cubierto con una toalla a la cintura, los cabellos largos sueltos sin secar, sus padres colocaban las últimas valijas en el carro, los miró por la ventana, gravándose esos rostros sonrientes, el brillo de sus ojos, suspiro.  

- Ian, mi amando Ian—cerró los ojos, y cada centímetro de su piel vino a su mente, sus ojos azules, sus cabellos rubios—“te amo, Ian, te amaré siempre”—musitó para sí.


Menos de un minuto después  sintió el frío metal de la pistola en su espalda, abrió los ojos, vió los fríos rostros de los dos hombres que acababan de entrar a su habitación, no hizo nada para resistirse, cayó a esa cama que tantas veces compartiera con su hermano—“dos posibles futuros”—gimió  sollozando al recibir la violenta entrada en su cuerpo del primero de esos hombres, el ruido apagado de los silenciadores los escuchó, a pesar de los gemidos que inundaban el cuarto—“adiós papá, Adiós Mamá, los amo”—pensó.  


- ahhhhhh—gimió estremeciéndose al recibir el embate total en sus entrañas, en segundos ese hombre se retiraba y su cuerpo débil recibía al otro.

- Vaya, veo que se divierten—toda la casa estaba lista para quemarse—nos lo llevaremos, rápido, vamos—ordenó el líder del comando, los objetivos eran los padres, si los chicos estaban ahí, quedaba a su discreción, el mayor de 15 no estaba, este otro, de 12 había resultado hermoso y todo un bocado que iban a conservar.

 

Lloró, lloró hasta que no le quedaban lágrimas, no pudo ir al funeral, solo tenía unas fotografías de éste, tres tumbas—Samy, mi Samy—musitó aferrando la almohada, cerró los ojos y soñó, Samy decía que le amaba, luego su rostro adquiría una extraña mirada y sus labios musitaban “dos futuros, dos futuros posibles”.   Días después se fugaba de la institución pública donde había sido llevado por la policía.  

 

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- El reemplazo de Balines llegará mañana, esta es la información de él, tendrán una semana para adaptarse—anunció Max y luego se retiró.

- No quiero un reemplazo de Yohji—musitó Omi.

- Ninguno de nosotros, pero es un hecho—dijo Ken.

- Nombre, Missai Kio, 20 años, nombre clave, Siamés, armas, dagas y revólver—leyó Aya—llegará mañana temprano.  

 

El timbre hizo que Aya abriera, los demás siguieron en la sala, cuando Aya volvió observaron atentos al joven que le acompañaba.



- Ken, Omi, éste es Missai—presentó.

- Hola—saludó, su mano fue estrechada por ambos jóvenes, aunque le quedaba claro que no estaban precisamente felices por su llegada—me muestran donde puedo poner mis cosas…

- Claro, ven conmigo—dijo Ken, Missai le siguió, era un joven alto, cabellos castaños claros y grandes ojos violeta, se movía silencioso, de hecho dos veces volteó a ver si le seguía aun—pasa, tú estás libre de colocar lo que desees en tú cuarto.

- Gracias, Ken—dejó el morral que cargaba al hombro, se retiró el largo abrigo que vestía, quedando en unos pantalones de spandex negro y suéter de cuello alto violeta oscuro, ropas que destacaban la perfección de su cuerpo--¿de qué manera se organizan con lo de la casa y la florería?.

- Nos turnamos para la cocina y el aseo general, tú tendrás que asumir los turnos de Yohji, en la florería él generalmente prefería el turno de la tarde, porque así podía dormir hasta tarde, Omi tiene clases en la mañana—explicó.

- Yo preferiría estar en turnos de mañana—comentó desnudándose con toda naturalidad ante Ken—quizás alguno  de ustedes pueda cambiarlos conmigo—buscó en el morral ropa  mas cómoda, colocándose una playera y unos jeans desgastados.

- Seguro, no creo que haya problemas, a todos nos gusta dormir un poco más cuando se puede—dijo algo atragantado, pues no había perdido detalle del cuerpo semi desnudo de Missai y este  le había afectado, se movía con un dejo naturalmente sensual, su piel se veía tan suave y perfecta, cada músculo perfectamente  trabajado para darle fuerza y esbeltez.

- Y en cuanto a la cocina, ¿cuándo me toca?—preguntó mirando a los ojos a Ken, éste parpadeó nervioso, le sonrió y éste se sonrojó.

- Bueno se suponía que esta semana, pero no hay problema de que cambiemos—contestó bastante turbado.

- No es necesario, me gusta cocinar, me relaja—dijo acercándosele y con sencillez le introdujo los dedos en los cabellos oscuros—se ven muy suaves y lo son…¿bajamos?.

- Claro, vamos—estúpido, se dijo para sí, se había quedado  ahí observando descaradamente el cuerpo de Missai, actuando como un psicópata voyerista—oye Missai, perdóname…

- ¿Por qué?—miró curioso al moreno al bajar las escaleras.

- Bueno, por que debí salir de la habitación cuando te cambiaste de ropa y—una cristalina sonrisa iluminó el rostro del joven.

- Deber…no veo por qué—la turbación creció en Ken—no hay razón para esas consideraciones conmigo, Ken, hace años que no estoy solo en una habitación o tengo privacidad para algo.  

- ¿Cómo es eso?—preguntó Aya, que había alcanzado a escucharles.

- Siempre me han usado para infiltraciones en prostíbulos, como acompañante en círculos diplomáticos o mafiosos y cuando no estaba en una  misión, estaba en un cuartel con 10 o 15 mas, compartiendo todo—contestó tranquilamente—va a ser extraño esto de tener una habitación para mi solo y dormir con toda la cama a mi disposición…¿dónde está la cocina?.

- Acá, Missai—Omi le llevó hasta ella—te ayudo…

- ¿Qué edad tienes Omi?--preguntó mientras hacía una revisión general de donde se encontraban los utensilios y las provisiones que tenían.

- 17 años—contestó sentándose sobre la cubierta del mueble de cocina.

- Hay algún plato en especial que les agrade?—preguntó disfrutando de la mirada cristalina del chico.

- Pues, sí, pero no es necesario que…

- Dime cual es, vamos—los ojitos de gato brillaron--¿y?.

- Pescado asado con papas duquesa y verduras gratinadas—contestó saboreándose de solo imaginar el plato—pero es complicado y…

- Okis, haré una llamada—marcó desde el teléfono de la cocina—he, Shun, es Missai, claro, en cuanto tenga tiempo, me puedes mandar Atún, sí, ese justamente, lo más pronto que puedas, perfecto guapo, anota la dirección, ok, bebe, bye—colgó y le dedicó una dulce sonrisa a Omi—empecemos con las verduras y las papas.

- De verdad sabes prepararlo…--le miró asombrado, mientras éste picaba las verduras con una gran habilidad, colocándolas en resipientes separados, luego pelaba las papas y las ponía a cocer.

- Sí, estuve 20 días en una misión con un chef, aprendí mucho en la cocina—contestó—aprendo muy rápido.

- Solo 20 días—musitó Omi. En eso golpearon la puerta de la cocina y atendió Missai, un joven de unos 20 años le entregó una caja y antes de irse le besó en los labios.  Omi parpadeó algo cohibido por lo visto.

- Ummm, el mejor atún del país, además tenemos un extra—dijo colocando la caja en la mesa y abriéndola, le sonrió al muchacho—¿te gustan los camarones con salsa blanca?.

- Camarones, hurra—exclamó feliz—déjame ayudarte, si, si, si…

- Ok, ojitos de gato—accedió tomándole el rostro con ambas manos y besándole sutilmente los labios—pero obedece bien mis indicaciones…

- Cla…claro—tartamudeó, pues es roce de sus labios le había estremecido, aunque parecía que Missai lo consideraba solo algo natural.

 

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- ¿Qué te parece Missai?—pregunto Aya fijando su mirada en Ken.

- Es hermos…digo…--tosió atragantándose.

- A parte de hermoso, ¿qué más?—la turbación aumentó en el rostro de su compañero.

- Es…--suspiró—no puedo opinar objetivamente, me afecta…es accesible…siento que…pues…uff…

- Me quedó muy claro—esbozó una sonrisa—dijo que lo usaban para infiltraciones, comprendes lo que eso significa—la mirada de Ken parecía tan perdida—no ha dormido solo, es decir, han usado su atractivo sexual…

- Yo no…no había pensado en eso—el visualizar a Missai como  un objeto sexual le descompuso—es…es…

- Sí—en eso escucharon las risas que venían de la cocina—qué sucede ahí?.

- Omi, no más.

- Un poquitito más, ¿si?, dale, Missi, Missi, Missiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii…

- Ojitos de gato…para…hey…

- Ambos se asomaron y vieron  a Omi literalmente sobre los hombros de Missai.

- ¿Qué haces Omi?—pregunto Aya.

- Yo quiero un poco mas, Misiiiiiiiii—suplicó, hasta que vieron como un sonriente Missai le metía una par de dedos en la boca, Omi descaradamente los lamió.

- ¡Omi!—reprochó Ken, el chico saltó de los hombros y le miró inocentemente.

- ¿Qué?, pero si esta tan rico—no había soltado la mano de Missai y seguía chupeteándole los dedos—exquisito…

- ojitos de gato es muy goloso—comentó sonriendo Missai y tomando en la cuchara un poco lo acercó a los labios de Ken—prueba…

- Ummm, esta delicioso—reconoció.

- Aya—también el pelirrojo probó un poco.

- Um, realmente—los ojos de Missai destellaron.

- Que bien, espero que lo demás les guste también, ya está listo el almuerzo, pondré la mesa y sirvo.

- Yo la pongo, tu sirve Missi—casi ronroneó Omi, quedaba claro que habían conquistado su corazón directamente por su estómago.


Comían animados, Omi detallaba cada paso de la preparación de los platos, como si se tratara de una increíble operación científica, lo que hacía reír a los demás.


- Missai—la mirada de Aya se fijó en el rostro del joven—desde qué edad estás en Kritiker?.

- Desde los 17 años, antes estaba en Batallas Dark—su voz era apagada.

- ¿Batallas Dark?—repitió Ken.

- Un grupo de mercenarios bajo las órdenes de unos pocos poderosos en EEUU—se paró de la mesa, su rostro era tan sombrío que prefirieron no seguir preguntando—iré por el postre.  

 

Era la una de la mañana, Ken despertó y decidió bajar por un vaso de leche, cuando llegó a la sala encontró a Missai sentado en el suelo frente al televisor sin volumen.


- ¿Qué haces?…

- No puedo dormir—susurró—no hay caso…

- ¿Serviré dos vasos de leche, entonces—dijo entrando a la cocina, luego le pasó un vaso a Missai y apagó la tv—vamos, te tomas la leche e intentas dormir.

- No va a resultar, no estoy acostumbrado a dormir solo—dijo resignado, al subir las escaleras—yo tengo pesadillas…además y…

- Ven, duerme conmigo entonces—Missai le sonrió y asintió, Dios, ¿en qué se estaba metiendo?, le estaba gustando demasiado, ¿por qué se sometía a tal tortura de tenerle en su cama?. 


Cuando entraron a su habitación, Missai se sacó la bata quedando sólo en pantaloncillo corto y se metió en la cama, él vestía un pijama delgado, y la visión de ese joven en su cama realmente le remecía.


-  
Gracias Ken—susurró cuando este entró a la cama y apagó la luz, le sintió estremecer, buscó su calor, pegándose a su cuerpo—cuando era niño siempre terminaba en la cama de mi hermano mayor, luego, simplemente no me permitían dormir solo…

- ¿Quiénes?, ¿Qué pasó con tú familia?—el joven se pegó aun más a él, temblando, por lo que lo abrazó—perdóname, no debí preguntar.

- Mis padres fueron ejecutados, quemaron nuestra casa, mi hermano no estaba, nunca más supe de él, para todos yo estoy muerto al igual que mis padres.

- ¿Qué edad tenías?

- 12 años, se siente tan cálido estar contigo—susurró hundiendo el rostro en el hueco entre cuello y hombro de Ken—me gustas mucho…

- Duerme Missai, solo duerme—nuevamente este suspiró y poco después su respiración acompasada le indicó que dormía profundamente.


Tenía turno de mañana con Aya, por lo que lo más silenciosamente se levantó, entro al baño y cuando salía ya duchado, vió que Missai se había retirado, esto le sorprendió, suponía que seguiría durmiendo profundamente, cuando ya vestido bajó, en las escaleras éste le alcanzó.


- No te toca turno de mañana, debiste seguir en la cama—le comentó.

- Imposible, de verdad no puedo seguir en la cama solo—señaló sincero—sabes, hace años que no dormía tan bien, gracias, aunque sé que es un abuso…

- No digas eso—le contestó sonriendo—yo también dormí bien…--al entrar a la cocina, Omi y Aya se les quedaron mirando, estaban desayunando sentados a la pequeña mesa de la cocina.

- Missi, no aprovechas de dormir hasta tarde—dijo Omi—yo me muero de sueño…

- Son las ironías de la vida, supongo—contestó revolviéndole los cabellos con cariño—ojitos de gato…

- Puedes aprender el trabajo de la florería—sugirió Aya colocando frente a ellos, café y emparedados.

- Así es, Aya, además sería mucho pedirte que a partir de mañana me dejes hacer tu turno…--Aya le miró sorprendido y luego intercambio una mirada con Ken, que para su sorpresa se sonrojó—solo si no te molesta…

- Claro que no, yo hago entonces el turno con Omi a partir de mañana—contestó.

- Missi, porque no quieres estar conmigo en la florería—pregunto algo triste.

- No, ojitos de gato, no es eso, es que no puedo dormir de manera que es mejor que este en el turno de mañana—dijo de inmediato, atrapándole el rostro con ambas manos y mirándole directamente a los ojos—nunca pienses algo tan absurdo, ojitos de gato—le besó nuevamente los labios, como en día anterior, lo que sonrojo a Omi y dejó asombrados a los otros dos jóvenes—es idea mía o se está haciendo tarde para la escuela…

- Siiiiiiiiiiiiiiiii…me voy, hasta la tarde Missi—dijo saltando y tomando sus libros salió corriendo.

- ¿Ustedes dos durmieron juntos, cierto?—confrontó de inmediato Aya, lo que hizo toser a Ken.

- Sí, Ken me dejó dormir con él—respondió con toda naturalidad.

- Pero solo dormimos, no estés pensando que…--agregó medio atragantado Ken.

- Solo durmieron…--los ojos de Aya miraron curiosos a Missai que le sonrió tan cristalinamente, ¿cómo era posible que esos ojos brillaran así?.

- Si, Ken me dejó acurrucarme en sus brazos y dormir, fue increíble, hace tanto tiempo que no dormía bien—bebió un poco de café—y ni siquiera estaba agotado por tener sexo…

- Missai—Ken miró a Missai con la misma sorpresa que lo hacía Aya.

- Pero si les dije, hace años que no duermo solo, una por que no me dejaban, siempre había alguien que quería tener sexo y además por otro lado tengo pesadillas, por lo que dormir con alguien estando agotado evita que las tenga, pero con Ken dormí tan bien—argumentó sincero—y apenas me abrazó…

- Missai con nosotros no tienes que estar siempre disponible, entiendes, somos un equipo, nos respetamos, nadie obliga al otro a tener sexo—señaló Ken—sé que cualquiera de los tres te recibirá en su cama para que duermas y no por esto tienes que tener sexo con él…

- Ken, eso lo sé—musitó Missai—Max me lo explicó al decirme que sería asignado con ustedes—sus ojos miraron directo a Ken—pero te dije anoche, me gustas mucho…

- Pero…--balbuceó  estremecido Ken.

- Creo que debieran comprar una cama mas grande y dejar la habitación de Missai como escritorio de ambos—dijo sonriendo Aya, lo que hizo abrir inmensos ojos a Ken—vamos Ken, desde el primer momento te mueres por Missai, no vas a decir otra cosa ahora…

- Yo…yo…claro que me gusta, me gustas mucho y—tartamudeó  sintiendo que de pronto le faltaba el aire, en un segundo Missai estaba muy cerquita de él, y sus labios se unían—Missai…

- Bueno, lamento decirles que tendrán que esperar hasta la tarde, porque ahora debemos ir a abrir la tienda—dijo Aya y los separó como si se tratara de niños—vamos caminando.

- Aya…--gimió Ken.

- Vamos, tienen que enseñarme todo esto de las flores—dijo sonriendo como un niño Missai.

 

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un par de meses después…..

 

- Muévanse lo más silenciosamente, debemos llegar a la computadora sin que se activen los sistemas de seguridad—recordó Aya.

- Eso no será problema--afirmó con una confianza absoluta Missai, en segundos atravesaba sensores de sonido, y su cuerpo se flectaba para no rozar los hilos de luz, cuando estuvo en la sala de computadoras, desconectó los sistemas de seguridad solo por unos segundos en secuencia, permitiéndoles llegar  hasta ahí sin problemas.

- Eres increible—elogió Omi y de inmediato su atención se concentró en la computadora central.


Ken asió por la cintura a Missai y lo besó, el joven se entregaba siempre, como si a cada segundo todo su ser deseara estar fundido al de Ken.


- Vamos, ya esta listo—susurró Omi—tenemos 2 minutos para salir..

- El gran banco central, con el sistema de seguridad más complejo, los cuatro jóvenes acababan de violar este con tanta facilidad que era irrisible.

- No pensé que fuera tan  fácil—musitó Ken.

- Fue fácil porque tenemos al perfecto infiltrado—señaló Aya, Missai estaba acurrucadito a Ken dormitando—desde que está con nosotros hemos tenido muchos menos enfrentamientos directos.

- Eso es verdad, Missi es casi invisible y tan silencioso—apoyó Omi—además de todas las demás virtudes que tiene…

- Ojitos de gato, eres muy lindo—musitó entre dormido Missai y hundió su mano dentro de las ropas de Ken buscando el contacto con su epidermis.


Omi sonrió, hasta dormido Missai era dulce, intercambió una mirada con Aya el cual asintió, el nuevo miembro del equipo era indispensable y había ganado un muy central lugar en sus corazones.


- Oráculo…es oráculo—murmuró, sus párpados se movían, demostrando que dormía profundamente, Ken miró sorprendido al igual que los otros dos, estaban ya en la cochera a punto de entrar—dos futuros…viene…

- Dijo, despiértale, es necesario saber que soñaba—señaló Aya, Ken asintió y le separó de su cuerpo, de inmediato los grandes ojos se abrieron--¿qué soñabas?…

- Um, pero que, ya llegamos, tengo hambre y…--las manos de Aya le afirmaron por los hombros y sus ojos le miraron imperativos--¿qué pasa?…

- Dijiste oráculo, dos futuros, viene, ¿qué estabas soñando?—interrogó.

- El sueño…--buscó la mirada de Ken y su rostro adquirió una expresión de fragilidad, Ken le separó de Aya y le llevo hasta la sala, ahí acurrucado en sus brazos, supo que debería responder—no me gusta recordarlos sueños…duele…

- Este debes recordarlo—insistió Ken, besándole la frente—dinos…

- Oráculo debe ser asesinado, oráculo muere y ellos ganan, oráculo vive y todo permanece, dos futuros posibles, dos futuros probables—un estremecimiento le recorrió de pies a cabeza y ocultó el rostro en el pecho acogedor, temblando—sus ojos son tan azules, Ian tenía los ojos azules, la muerte tiene ojos azules, la esperanza tiene ojos azules—levantó la mirada y enfrentó a Ken—cabellos rojos pedirá ayuda, ustedes deberán decidir, ayudan, oráculo vive, no ayudan, oráculo muere…

- ¿Qué significa que “ellos ganan”?—preguntó Aya.

- Cabellos rojos pedirá ayuda si dices que sí, el te dirá—respondió suspirando—no me gustan los sueños, duelen Kenny, ningún futuro deja de estar libre de dolor…

- Los sueños se cumplen, es eso, Missai, por eso duelen, ¿cierto?—el joven asintió—soñaste lo que pasó con tu familia…--volvió a asentir.

- Entonces solo nos queda esperar que mente maestra acuda por nuestra ayuda—musitó bajo Aya, una molesta sensación le llenaba el vientre.

- Tengo hambre, ojitos de gato, que nos darás de comer—preguntó sonriendo como si ya no recordara el sueño—vamos a la cocina…

- Vamos, Missi, preparé algo rico, solo hay que calentarlo en el horno, tú pon la mesa—dijo sonriéndole.

- Ya olvidó el sueño, es una defensa sicológica ante lo que le hace daño—dijo Ken, suspirando—por eso quizás no le detectaron esa capacidad en Kritiker…

- Lo más probable—apoyó Aya—Bran tiene los ojos azules, dijo que Ian los tenía…

- Su hermano…así se llamaba…

- Ya, la muerte tiene ojos azules, la esperanza tiene ojos azules, ¿qué significará?.

- Podríamos especular mucho pero en realidad no llegaremos a nada, debemos esperar que Schuldig venga por nuestra ayuda.

- Supongo que tienes razón…

- La cena esta servida—anunció un sonriente Missai.


Después de cenar cada cual fue a su cuarto, Missai acurrucado como siempre en los brazos de Ken, habían hecho el amor, ahora Ken le acariciaba consciente de que no dormía.


- Missi, amor—este estaba depositando dulces besos en su torso—mírame…

- ¿Qué pasa?—los profundos ojos pardos de Ken eran como pozos que le daban serenidad.

- Tú decidiste que se cumpliera un futuro cuando pasó lo de tus padres, ¿cuál era el otro?—esos ojos violeta se entristecieron de inmediato, apoyó la cabeza en su torso y le sintió suspirar—Missi…

- Ian y yo, separados pero vivos…nuestros padres muertos…el otro futuro, padre y madre vivos, Ian muerto, yo…yo vivo…

- Tanto amabas a Ian…tu y él eran mas que hermanos ¿cierto?—se le apretó contra el cuerpo, esa ya era la respuesta.

- Sí, más que hermanos, yo solo sé que Ian debía seguir vivo, no podía ni puedo soportar la idea de que Ian muera…--volvió a buscar esa mirada—no me odies…

- Nunca, mi amor, Ian fue tu primer amor, este nunca se olvida, yo  lo sé—le besó y poco después sus cuerpos se unían plenamente.

 

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