"Missai"
Basado en Weib Kreuz
By Mickaelle y Ruby
MISION
DOS: PRIMERA PARTE
Llevaba
horas encerrado en el escritorio, todos sabían que era mejor no interrumpirle,
el pelirrojo se había ido de compras, el albino había desaparecido musitando
algo de unas dagas de titanio, Nagi acostado en el amplio sofá hecho un
ovillo mantenía su atención en la pantalla del televisor, de un programa de
ciencia y tecnología pasó a uno de música,
sus ojos empezaron a cerrarse, estaba cansado, toda la noche había
estado frente a su laptop y ahora nadie había querido comer en casa, por lo
que solo le quedaba pasar el tiempo.
Canturreaba
mientras sus ojos se paseaban por las distintas prendas y de tiendas era uno
de sus placeres más grandes, no
solo por comprar sino también por jugar con otros compradores, les hacía
vestir extravagantemente, o liarse en sesiones calientes en los probadores,
sí, se entretenía mucho haciendo compras—“esto me gusta”—pensó y
llevando varias prendas se metió en uno de los probadores, sonrió al verse
al espejo—“demonios, soy perfecto”—volvió a vestir sus ropas y se
dirigió con las otras a la dependienta, mientras cancelaba sus ojos se
fijaron en algo poco común, trillizos pelirrojos, altos, esbeltos, de grandes
ojos calipsos, se movían como felinos, intercambiaban miradas de
entendimiento, ingresó a la mente de uno y era una mezcla tan compleja de
pensamientos en varios idiomas que sacudió la cabeza, Demonios, cuantos locos
había caminando libremente.
Cuando
estaba por salir de la tienda se le cruzó un rubio, alto, delgado y de
intensos ojos azules, que le miraron y destellaron, a su
mente llegó fuerte un pensamiento, supo que venía del rubio, “chocolate
blanco con hilos de frambuesas, hermoso, hermoso, te comería”, sonrió y el
rubio pestañeó y respondió la sonrisa para luego correr a curiosear en la
sección de accesorios. Por unos
segundos estuvo tentado de quedarse, pero luego se encogió de hombros y
siguió su camino de regreso—soy chocolate blanco con hilos de frambuesa, ja,
ja, ja, ja…
Entró a la mansión y vió a Nagi dormido profundamente en el sofá, se
veía pequeño e indefenso, uno de sus deportes favoritos era hacerle bromas
al muchacho, pero cuando se daba la extraña ocasión en que le veía así,
solo atinaba contemplarlo, había aun inocencia en ese rostro, a pesar de todo
lo que hacían para ganarse la vida, se acercó silenciosamente, y sacándose
el largo abrigo de liviana pero abrigadora gamuza blanca, se lo colocó
encima, aun en silencio fue a la
cocina y a pesar que no era para nada su fuerte improvisó una comida, cuando
estuvo listo puso en el horno la función de mantención del calor y se
dirigió escaleras arriba a cambiarse.
-
Schuldig,
gracias—se acercó y le pasó el abrigo, recibió una sonrisa del pelirrojo—iré
a ver lo de la cena.
-
Ya
la hice, pon la mesa—susurró terminando de vestirse—él no cenará con
nosotros, Farf tampoco…
-
Hiciste
la cena…te pasa algo?—preguntó sorprendido, más cuando este se le
acercó y le acarició el rostro, tembló y retrocedió—bajaré…
-
Lastima
que tú no me veas como chocolate blanco con hilos de fresa—musitó y bajó
lentamente las escaleras, al pasar frente al escritorio un pensamiento le
llegó fuerte y claro—“NO ME MOLESTES”—siempre era así, el 80% de las
oportunidades le consideraba una molestia, 18% una herramienta y solo 2% un
compañero de cama. Suspiró,
debía aceptar de una vez la realidad, nada de lo que hiciera convertiría el
2 en 80, llegó al comedor, estaban los dos puestos y los platos servidos, se
sentó y Nagi colocó jugo de frutas en los vasos—vi ropa hermosa, debieras
cambiar tus atuendos…
-
Para
qué, están en perfecto estado—musitó con sencillez.
-
Que
importa que estén en perfecto estado, son viejos y te verías lindo con otras
ropas—señaló comiendo un poco—no puedes vestirte cono un arrabalero…
-
Arrabalero…¿desde
cuando te preocupa lo que visto?—miró directo a los ojos y éste le
sonrió, descolocándole nuevamente--¿qué pretendes con tanta amabilidad?…
-
Nada,
nada, relájate—cedió, bien se lo merecía, siempre lo molestaba no había
nada de extraño que ahora desconfiara por completo de él—vi algo
interesante esta tarde, trillizos pelirrojos, altos y esbeltos, hermosos ojos
calipsos…
-
¿Qué
les hiciste?—preguntó por compromiso.
-
Nada…sus
mentes eran tan confusas que me dieron jaqueca, una mezcolanza de idiomas,
parecía ensalada de naciones unidas—sonrió—sabes que soy chocolate
blanco con hilos de frambuesa…un rubio delicioso me miro y eso pensó…
-
Chocolate
blanco…se dejó llevar por tú apariencia exterior, claro yo diría que eres
un tipo de dulce envenenado con estricnina—respondió automáticamente,
prácticamente sin pensar.
-
En
serio?…--bajó la mirada, ya no tenía apetito—buenas noches, Nagi…
-
Pero…--miró
el plato a medio servir, no entendía que había pasado, su mente revisó la
conversación que acababan de tener, pero por qué se había molestado,
siempre se decían ironías, de hecho…suspiró, a veces no sabía como
actuar con esos tres, más bien casi siempre no sabía como actuar con esos
tres, al menos Farf estaba tan demente que era algo claro…pero Crafford y
Schuldig, ellos le confundían, el primero le generaba oleadas de temor y
respeto, el segundo, ese pelirrojo…
Se
tendió en la cama y apagó la luz, había sido un día agradable, pero por qué le había molestado tanto el último comentario de
Nagi, le había dolido. Cerró
los ojos tratando de dormir, por alguna extraña razón la imagen de los
trillizos volvía una y otra vez, le generaba una sensación molesta en el
estómago, sus instintos le decían que a pesar de su aparente inocencia eran
peligrosos.
- “Schuldig
a mi cuarto”—resonó en su cabeza, los pasos en el pasillo libraban de
cualquier duda respecto al origen del pensamiento, no quería ir, respiró
profundamente cubriéndose más con las mantas—“¡AHORA!”—dio su salto
y sin siquiera calzarse salió camino a ese cuarto, cuando entró, su boca fue
dominada por otra las manos fuertes dieron un tirón a sus pantaloncillos y le
recorrieron posesivas, ahogo un gemido en su pecho,
ya caía en esa cama boca abajo, casi sin preámbulos, le sentía sobre
sí, fuerte y brusco, no podía evitar que su cuerpo reaccionara, odiaba ser
así, odiaba el que con cualquiera pudiera dominar la situación menos con
él, justamente con él que le utilizaba.
-
Muévete—el
pelirrojo movió las caderas de inmediato, apenas sus labios esbozaron una
sonrisa, mordió esos hombros y a delicada piel del cuello, aferró aun mas
fuerte las caderas y aceleró el ritmo, esa total sumisión le hacía aun mas
delicioso.
Se
levantó recogiendo del suelo sus pantaloncillos, aun no amanecía, la noche
era fría pero sabía perfectamente que Brand no le quería con él después,
varias veces le había tirado de la cama cuando había intentado seguir en su
cama después de tener sexo, salió silencioso de la habitación, la piel
erizada por el frío, pero más que el frío interior lo que le hería era el
interior, miró la puerta de la habitación de Nagi, sería tan simple entrar
y…suspiró y volvió a su propio cuarto.
Estaban
desayunando en silencio, Crafford leía tranquilamente el periódico, Farf
estaba medio jugando con las frutas de su plato, Nagi mantenía la mirada fija
en el pelirrojo, éste se veía muy extraño, bueno más de lo habitual,
había ojeras en torno a sus ojos, sus labios se veían pálidos y su rostro
crispado. Además no la había
hablado ni una palabra, apenas había comido unos bocados la noche anterior y
ahora apenas había tocado su café.
- ¡Vamos!—ordenó
poniéndose precipitadamente de pie—Rápido…3 minutos en el carro…
Nagi
corrió escaleras arriba a vestirse, Farf por sus dagas nuevas, Schuldig solo
se colocó un largo abrigo y salió sentándose
en el asiento de atrás, de manera que cuando llegaron los demás a Nagi no le
quedó otra que ir en el asiento del copiloto, Crafford conducía a toda
velocidad.
Están
por atacar a uno de los socios
del jefe, un rubio y un
- pelirrojo, son hábiles, no se confíen—informó con
voz fría, al buscar la mirada de Schuldig se dio recién cuenta que no se
había sentado a su lado—Farf tu me acompañas al interior, debemos detener
al pelirrojo Schuldig, Nagi encárguense del rubio…
-
Entendido—respondió
solo Nagi.
Ingresaron
aun edificio en los muelles, no era la primera vez que iban a ese lugar, este
era el centro de operación de la rama drogas del jefe, manejada por Maini
Tanaka, se separaron en parejas, oráculo era cuidadoso, habían cuerpos
tirados por todos lados, era evidente la eficiencia de los atacantes, en eso
pudo percibir una cabellera roja, hizo un gesto a Farf para que rodearan el
lugar y atacó, el pelirrojo era un joven de no mas de 16 años, que de
inmediato esquivó ágilmente el ataque de oráculo y respondió lanzando una
navaja que se incrustó en la pierna derecha, en eso Farf hizo presencia, pero
para sorpresa de ambos, salieron de las sombras dos pelirrojos más, era como
estar viendo una misma imagen triplicada, la pistola de oráculo tronaba, pero
no llegaba a dar con los cuerpos escurridizos de los enemigos, Farf hacia gala
de toda su capacidad de soportar el dolor, tres dagas se había ya clavado
profundamente en su carne pero estaba manteniendo a raya el ataque, evitando
que lograran acabar con ellos dos.
-
Mierda,
llegamos tarde—musitó Nagi al ver el cuerpo destrozado de Tanaka en el
suelo en un charco de sangre, habían numerosas heridas en la carne, como si
alguien hubiera estado jugando en hacer cortes profundos—debemos…
-
Esta
siendo fuertemente atacado Brand, vamos y…--al salir de esa habitación se
toparon en el pasillo con el otro atacante, un rubio alto y delgado, vestido
impecablemente de blanco, salvo una especie de mochila de plástico
transparente que dejaba ver una variedad de cuchillas manchadas de sangre
fresca—el rubio—Nagi de inmediato lanzo varios objetos en contra de éste
que los esquivo y le dirigió una de sus dagas como respuesta a la vez que
canturreaba unas palabras que parecían un hechizo—cuidado Nagi…
-
No
puedo moverme—gimió Nagi asustado, la daga dio en su hombro haciéndolo
gritar.
-
Maldición…--cubrió
con su cuerpo a Nagi caído en el suelo, volteó a mirar al rubio y quedó
paralizado por un segundo, ambos atrapados en esa mirada, reconociéndose—tú…
-
Chocolate
blanco con frambuesa—susurró lo suficientemente alto para que el pelirrojo
le escuchara y sonrió, se acercó, hasta que solo un par de metros les
separaban.
-
…--quizo
entrar en la mente del rubio, y este solo le dejó saber su nombre—pero…Ian…
-
¡¿Qué
haces?!!—gritó uno de los pelirrojos a
unos metros a lo cual Ian volteó y
sonrió como un pequeñuelo—mátalos, debemos retirarnos…
-
Es
muy lindo, no quiero…--balbuceó haciendo un puchero—quiero quedarme con
él y…--buscó con la mirada al pelizanahoria.
Aprovechando
su distracción Schuldig había puesto a salvo a Nagi y apuntaba su revolver
al trillizo, en eso aparecieron los otros dos, en su cabeza resonaba la orden
de Brand de ir a ayudarle, pues Farf estaba mal herido—Mierda…
-
Eres
un torpe—criticó Louis asiendo de un brazo a Ian.
-
Irresponsable—completó
Vladimir asiéndolo del otro.
-
Caprichoso—agregó
Ismael a la vez que entre los tres arrastraban bruscamente al rubio que
berrincheaba que él quería jugar con el lindo chico chocolate--¡Cállate!.
-
¡Silencio!—ordenó
Louis a la vez que lo hacía montarse en su motocicleta.
-
Nos
vamos…--concluyó Vladimir sacando unas esposas y atándolo a la motocicleta—de
inmediato…
-
Malos—musitó
bajito, pero puso en marcha a motocicleta y salieron de los muelles.
-
Aun
en las bodegas mientras Schuldig lo cargaba hasta el carro Nagi murmuraba—tu le conoces…no hizo amago de atacarte…
-
Shisss,
espera aquí, voy por los otros—dijo y corrió al interior, Brand podía
caminar a duras penas, pero Farfarello estaba inconsciente, así que le cargo
depositándole al lado de Nagi, mientras Brand ocupaba el asiento del copiloto—iremos
al Tkis di—manejó con pericia y a toda velocidad, finamente el carro
ingresó a un edificio que parecía abandonado, pero en su interior le
esperaban varios hombres vestidos de blanco que de inmediato se hicieron cargo
de los heridos, cuatro horas después conducía de regreso a la mansión,
Farfarello iba conectado a suero y sangre, además de con una fuerte dosis de
antibióticos, era sin lugar a dudas el mas herido.
-
Maldita
sea, eran tres no uno—golpeó con furia la mesa, sus ojos se fijaron en
Schuldig que permanecía silencioso a su lado Nagi solo le miraba con
curiosidad—se enfrentaron con el rubio, ¿le eliminaron?.
-
No—contestó
lacónicamente.
-
Ni
siquiera le hicimos un rasguño, esquivó mi ataque y de alguna manera me
paralizó, supongo que hizo lo mismo con Schuldig—no quizo decir todo—luego
llegaron los trillizos y se lo llevaron…
-
Schuldig,
que pasó que no le dominaste—confrontó.
-
Su
mente estaba cerrada, además, como dijo Nagi usó una especie de conjuro y
detuvo cualquier ataque—respondió sin profundizar.
-
Mierda,
no me gusta esto—se puso de pie y se encaminó a la biblioteca—no me
molesten, Nagi preocúpate por Farfarello…
-
Si…--cuando
estuvo a solas con el pelirrojo lo miró curioso--¿por qué?.
-
No
sé…su mente no me dejó entrar y…--suspiró—solo me dejó conocer su
nombre, Ian, a él lo vi en el Mall, también
a los trillizos, fue a penas un intercambio de miradas, me llamó chocolate
con hilos de frambuesa y creo que por eso no me atacó…no me preguntes más,
solo se que es por eso…
-
Tú
tampoco le atacaste…--puso su mano sobre la de éste.
-
No
pude…solo que no fue porque me paralizara como a ti, solo no pude—confesó—vamos,
debes dormir, yo cuidaré a Farfarello…
-
Por
qué me…--como decirlo…
-
Porque
tú eres un caramelo pero de esos que solo dan placer—musitó y antes que
Nagi se pusiera de pie, lo alzó en sus brazos y lo llevó hasta su cuarto,
depositándolo en la cama—duerme…
-
Gracias…Schuldig,
el tal Ian tiene razón, eres chocolate blanco…--dijo deteniéndole de una
mano, ambos se miraron a los ojos, hasta que éste se inclinó y le besó la
frente.
-
Duerme,
Nagi—repitió separándose de él y saliendo del cuarto, entró ala
habitación de Farfarello, este dormía producto de los sedantes, reviso el
suero e instaló la última unidad de sangre, inyectó los antibióticos, todo
casi mecánicamente, luego se le quedó mirando, siempre había podido entrar
en la mente del albino, sabia perfectamente lo que le había hecho enloquecer,
y hasta tenía sus teorías de lo que debía hacer para volverlo a la cordura,
pero claro, era el Farfarello demente el que les servía, no uno cuerdo. Suspiró y se dirigió a su propia habitación.
+++++++++++++++++++++++++++++
-
Estuviste
a punto de—Ismael.
-
Arruinar
la misión—agregó Louis.
-
Te
pusiste en riesgo—argumentó Vladimir.
-
¿Por
qué?—preguntaron los tres a la vez enfrentando la mirada cristalina de Ian
que permanecía acurrucado en el suelo tras Kuro, que miraba a sus amos y
parecía decir que les adoraba pero no dejaría que le hicieran daño a su
amigo.
-
La
misión había terminado, yo maté al objetivo—respondió abrazando el
cuello del lobo—yo la terminé, solo quería…
-
Querías
quedarte a jugar con ese pelirrojo—dijo Ismael.
-
¿Por
qué te atrae tanto?—preguntó Vladimir.
-
¿Te
estas enamorando de él?—agregó Louis.
-
Noooooooooooo…bueno…no
creo…solo es lindo, es un delicioso pedazo de chocolate blanco con frambuesa
y…y está tan triste…yo quería—se mordió los labios, porque en
realidad no sabía bien qué quería—además ya estaba anulado el
telequinético y lindo chocolate no me iba a atacar…ellos no eran e objetivo…
-
Ian—dijeron
los vez y se acercaron con intenciones que Kuro interpretó como agresivas y
parándose les enfrentó--¡KURO!…
-
Ellos
no me van a hacer daño, amigo, ellos prometieron que no me lo harían—susurró
al oído del inmenso supuesto perro—verdad que no me harán daño…
-
No,
no te haremos daño—concedió Vladimir sonriendo.
-
Has
colocado de tu lado a nuestro Kuro—dijo empezando a sonreír Vladimir.
-
Además
eres tan lindo que te perdonamos—concluyó Ismael y cinco se abrazaron.
-
Tengo
hambre, vamos a comer…--dijo riendo como un pequeñuelo Ian y corrió hacia
el comedor siendo seguido por Kuro.
-
No
atacará al síquico—dijo Ismael—él no ataca a golosinas.
-
Porque
será que lo vé como una—medito Louis.
-
Supongo
que porque es lindo—comento Vladimir, ganándose una mirada sorprendida de
sus hermanos—él lo dijo……¿de verdad le disculparemos así de simple?.
-
No,
claro que no…--Ismael
-
Vamos
a requisarle sus dagas y cuchillos—Louis tomando la mochila con los
preferidos de Ian.
-
Ya
veo y podemos poner a Kuro—Vladimir con mirada pícara.
-
A
vigilarte día y noche—completo Ismael.
-
Así
no intentará obtenerlos—concluyó Louis
-
Sin
nuestra autorización—concluyo sonriendo Ismael mientras desde el comedor
escuchaban a Ian gritar que la comida se estaba enfriando.
Después
de suplicar, amenazar y llorar a mares no había logrado que le devolvieran
sus dagas, ahora acurrucado entre sus calientitas mantas, sollozaba, no
entendía por qué debían ser castigado, él solo se había detenido un
momento a charlar con el lindo chocolatito, ni siquiera había podido salir de
la duda si…suspiró y cerró los ojos, secó sus mejillas con la manga de su
pijama, canturreó como siempre que quería dormirse de inmediato.
---pesadillas---
-
Ian
Williams, debes venir con nosotros…
-
Pero
que pasa…--nadie le contestó, estaba en un auto policial, le llevaban por
pasillos y en una sala blanca le presentaron restos de ropas ensangrentadas—Dios…qué…qué…
-
Reconoces
las prendas?—preguntó con voz fría uno de los policías.
-
Estas
son de mi madre, el reloj de mi padre, se lo regalamos Samy y yo…esta es la
remera favorita de Samy…¿qué pasó? ¿Dónde están?—el mismo que le
había preguntado le arrastró afuera de la habitación y le dejo solo en una
pequeña sala, la angustia empezó a enfriarle por dentro, hasta que los
dientes le castañeteaban.
-
Ian
Williams, ven, al no tener más familiares, deberás ingresar a un hogar de
acogida—la mujer se le acercó y le tomó de un brazo.
-
¿Qué
pasó?—preguntó.
-
Tus
padres y hermano murieron…
-
Samy…Samy…--musitó
todo el camino hacia ese hogar, quedó sentado en una litera estrecha, habían
varias más, pero no era capas de hacer o pensar nada más que, que ya no
vería o tocaría a Samy, las lágrimas fluyeron hasta que ya no le quedaron.
Entre
las brumas de dolor interno le llegó un susurro, al menos eso pareció, luego
unas manos le asieron las suyas, escuchó
risas, quiso gritar pero alguien le amordazó, las ropas que le cubrían
desaparecieron y dolió, un dolor físico real, el peso de un cuerpo sobre
él, y luego otro y otro, no podía gritar
ni defenderse, dolía, dolía…--cerró los ojos y otras imágenes llegaron,
tan terroríficas, dolor y más dolor, solo que veía hombres vestidos con
ropas de camuflaje—SAMYYYYYYYYYYYY…..
-
NOOOOOO—gritó
apretando la almohada contra su rostro, el corazón amenazando con salírsele
del pecho, tenía el rostro mojado por las lagrimas, tambaleándose salió de
la cama y de su cuarto, bajando hasta el segundo piso, miró la puerta del
cuarto de los trillizos, quería que le abrazaran…pero…pero…un sollozo
ahogado le llenó el pecho y le debilitó las piernas cayendo blandamente
sentado con la espalda apoyada en
la pared, abrazó sus rodillas y hundió el rostro—ya no más, ya no más,
no puedo más, duele, duele, duele…
-
¿Qué
pasa Kuro?—éste le lamía el rostro y gemía mostrando la puerta.
-
¿Qué
pasa?—pregunto Louis a Ismael que estaba ya sentado en la cama, mientras
Kuro rascaba la puerta.
-
Ian—dijo
saliendo de un salto de la cama Vladimir—es Ian…
Abrieron
la puerta y Kuro se precipito hasta ese rincón donde hecho un ovillo estaba
Ian, le lamió los pies desnudos.
-
Ian—los
tres corrieron a su lado, pero el rubio parecía no ser capaz de escuchar o
ver nada que lo rodeaba, gemía como un animalito herido y aterrorizado—chocolate
caliente…
-
Llevémosle
a la cama—entre Louis y Vladimir le cargaron mientras Ismael corrió a la
cocina y calentó chocolate.
-
Esta
temblando—con dulzura lograron que se les acurrucara, seguía sollozando—Ian…
-
Ian…estamos
aquí—Louis le acaricio los cabellos, mientras Vladimir le frotaba las
heladas manos—no llores…
-
No
llores—pidió también sintiendo que sus propias lágrimas amenazaban con
surgir, el rostro de Louis mostraba lo mismo, en eso entro Ismael, traía
cuatro tazones de chocolate caliente y sus mejillas mojadas por las lágrimas.
-
Ian…bebe
un poquito, así—de rodillas frente a sus hermanos y el rubio logró que
bebiera unos sorbos—cuéntanos…
-
Duele…duele…no
deja de doler…devuélvanmelo…devuélvanmelo—gimoteó angustiado.
-
¿A
quien?—preguntaron los tres, de alguna manera Ian estaba logrando hacerles
sentir el tremendo vacío y dolor
que sentía—duele…
-
Devuélvanme
a Samy…quiero a mi hermano, devuélvanmelo…devuélvanmelo—enfrentó la
mirada de los tres jóvenes—duele…duele…duele…nunca deja de doler…
-
Ian—le
apretaron contra sus cuerpos, tratando de detener los estremecimientos y
apagar el dolor, le besaban con dulzura, consolándolo, ellos no concebían la
vida separados, por lo que ahora entendían el profundo dolor que llevaba
consigo Ian.
-
¿Ustedes
no partirán? ¿No me dejarán? ¿Verdad?—preguntó suspirando, casi una
hora después—yo quiero quererles con todo el corazón, pero si les pierdo…si
les pierdo también…
-
Ian…--se
miraron entre ellos y luego se perdieron en los ojos azules—no nos
perderás, nunca te dejaremos…nunca…
-
Si
un día tienen que partir…y no
pueden llevarme…prométanme…prométanme que me matarán—suplicó.
-
¡Ian!…--le
besaron con angustia—eso nunca pasará…nunca…
-
Se
suponía que Samy nunca me dejaría—musitó bajito hundiendo el rostro en el
cuello de Ismael, mientras apoyaba sus manos en los torsos de Louis y
Vladimir--¿puedo quedarme?…
-
Por
supuesto que te quedarás—Dijo Ismael por los tres, bebieron sus chocolates,
Kuro volvió a su posición custodiando la puerta, se arroparon bien, Ian
entre Louis y Vladimir, Ismael apago la luz y abrazó la espalda de Louis
alcanzando una de las manos de Ian y entrelazando sus dedos.
+++++++++++++++++++++++++++++++++++
MISSION
DOS. SEGUNDA PARTE
-
¿algún
sueño más?—preguntó al sentarse frente a él Ken, el cual denegó, menos
de un minuto después también estaba sentado a la mesa Missai, con esa
sonrisa que le caracterizaba y sus ojos brillando.
-
Muero
de hambre—musitó recibiendo de Aya su gran tazón de café con leche y
empezando a devorar galletas--¿y ojitos de gato?…
-
En
su cuarto aun, su estómago aun no le avisa que es hora de desayunar—comentó
riendo Ken, en eso escucharon los bulliciosos pasos del muchachito bajando las
escaleras.
-
Noticias
frescas…tengo hambre—tomó un par de galletas, las masticó apenas y
buscó que beber, como aun no le servían su leche le arrebato la suya a
Missai—rico…noticias bien frescas, a los malos casi los hacen papilla,
ayer atacaron a principal socio de Takatori en lo de las drogas, Tanaka,
literalmente lo destajaron, ni Farfarello saca tanta sangre de un cuerpo,
mataron como a 20 hombres fuertemente armados y, esto si es lo fresco,
nuestros malos de siempre salieron completamente desplumados, el albino medio
muerto, oráculo y prodigio heridos, él único que salvó sin daños fue
mente maestra…
-
Alguna
información respecto al origen del o de los atacantes, pertenecen a alguna
organización conocida—interrogó Aya.
-
Solo
que todo el mundo en los bajos fondos están aterrorizados, la vigilancia
entorno a Takatori aumentó, también los pocos rivales mafiosos aumentaron
sus resguardos, todo indica la aparición de un nuevo grupo—contestó sin
dejar de comer—esto se está poniendo muy interesante…
-
Es
preciso tener más información sobre el nuevo grupo—meditó en voz alta
Aya. Omi se estiró como un gatito muerto de sueño—estas cansado…
-
Si,
dormiré unas horas y continuaré…--dijo poniéndose perezosamente de pie.
-
Um,
creo que es hora que también me ponga a trabajar—dijo Missai poniéndose de
pie—buscar por dos frentes es mas eficiente, iré a mi laptop a poner en
marcha las redes de información terrorista…
-
Ambos
jóvenes subieron las escaleras, Aya miró preocupado a Ken—está empezando…
-
Sí,
no quiero que salga dañado—musitó bajando la mirada.
-
Eso
no sucederá—apoyó su mano en el hombro del moreno y trató de sonreírle—le
protegeremos adecuadamente prometo que no perderás a quien amas…
-
Aya…perdóname…yo
no quería—el pelirrojo le hizo un gesto para que no continuara—pero…
-
Ve
con los chicos al partido, no pierdas tiempo, todo estará bien, toma—le
pasó un paquete con galletas para los niños que el moreno entrenaba--ya vete…
Con
la música resonando en sus oídos y la mirada concentrada en la pantalla, Aya
y Omi entraron a la habitación y él no se percató, una tras otra las
ventanas de abrían y cerraban, cuando daba con un dato lo traspasaba a su
archivo, ya tenía abierta una carpeta con un nombre: NEOGÉNESIS…
- Missi…Missi—se
acerco y colocó a su alcance un vaso con jugo fresco de frutas y un plato de
galletas, luego fue al sofá donde estaba Aya y se acurrucó en sus brazos—es
muy bueno, eso no salía en su
archivo…
-
Supongo
que muchas cosas no salen en su archivo, los mercenarios y luego Kritiker solo
han explotado una breve proporción de sus capacidades—acarició los
cabellos del muchacho—son condiciones innatas, supongo que el hermano debe
haber estado dotado también…
-
¿Qué
habrá sido de él?—miró curioso a Aya—creo que investigaré un poco eso…
-
Después
ahora descansa—estar así con Omi era lo más cercano a tener una familia,
una grata sensación de paz le inundaba.
++++++++++++++++++++++++++++++++++++
Tres
chicos se estiraron al mismo tiempo, desperezándose, y de un brinco saltaron
de la cama buscando con la mirada.
- ¿Dónde
esta?—sus miradas se cruzaron entre sorprendidas y preocupadas, el ladrido
de Kuro los hizo mirarlo, este les miró casi como si riera, mordisqueaba una
inmensa galleta de hueso—pero…
-
chocolates—musitó
Ismael, al mirar la alfombra, sobre un papel de seda habían chocolates de
todos tipos formando una breve frase “son lindos”.
-
Ian—mordió
uno de los chocolates y suspiró—moras…
-
Frutillas—musitó
con las mejillas arreboladas Louis.
-
Debemos
investigar—señaló con la boca llena de chocolates blancos Ismael a la vez
que empezaba a levantar por un lado el papel, ayudado por sus hermanos.
-
Las
pesadillas son cada vez más duras—comentó Louis.
-
Le
hacen mucho daño—concluyó Vladimir--pero parece…
-
Que
las olvida al día siguiente—completó Ismael.
-
¿Kuro
donde esta?—preguntaron al unísono y el malamute solo levantó su cabeza
indicando el tercer piso—uffffffffffffff…no quiere que subamos…
-
Aprovechemos
de investigar—se sentaron frente a sus laptop en la medida que avanzaba la
mañana sus rostros palidecieron varias veces, intercambiaban miradas
preocupadas, hasta que los tres concluyeron a la vez—no podemos decirle…
-
Por
eso olvida lo que sueña…--los tres sintieron acudir las lágrimas a sus
ojos—Ian…
En
eso escucharon un tronar proviniendo del tercer piso lo que les hizo correr
hasta las escaleras, quedando a mitad de ellas, pues nuevamente recordaron que
el rubio no les quería en ese piso, pero temían que estuviera herido,
intercambiaban miradas cuando apareció una
figura, casi por reflejo arrojaron sus dagas contra ella.
- ¡KUSO!…¿Qué
hacen?????????—haciendo gala de sus reflejos evitó las tres dagas y
enfrentó a los pelirrojos—casi me rompen mi linda ropa…--pasó entre los
tres asombrados muchachos bajándolas escaleras mientras canturreaba, como si
nada pasara—tengo hambre, voy a salir todo el resto del día…
-
Pero—reaccionando
le siguieron encontrándole en el comedor sirviéndose un abundante
refrigerio--¿qué hiciste con tus cabellos?…
-
Ese
maquillaje es…--Louis.
-
Tus
ropas son…--Ismael.
-
No
puedes salir así--dijeron los tres molestos, aunque no podían definir el por
que de la sensación que sentían, no porque fuera nueva, si no porque era
primera vez que la sentían por alguien que no era uno de ellos tres.
-
Hey…yo
soy mayor de edad y hago lo que se me da la gana…iré a hacer unas compras y
a ver algunas personas—bebió otro sorbo de leche y sonrió al verles tan
molestos—¿acaso no me veo lindo?…
-
Ese
es el problema
-
Te
ves demasiado
-
Lindo
y …--como siempre hablaban los tres a la vez.
-
Pues
esa es la idea…así los dependientes me hacen lindas rebajas…nos vemos en
la noche…no se coman todos los chocolates a la vez—salió y cogiendo su
deportivo se alejó a toda velocidad, no sin antes canturrear unas cuantas
palabra y reír como un niño travieso.
-
Maldición—masculló
Louis.
-
Vació
el aire de todos—dijo dejándose caer en el prado que rodeaba la casa, luego
de comprobar que tanto las motocicletas como el carro tenían sus neumáticos
sin aire, Ismael—es muy
escurridizo.
-
Se
veía demasiado hermoso, me dieron ganas de…--musitó Vladimir y sus
hermanos se le quedaron mirando con espanto, lo que le hizo sonrojarse—sé
que a ustedes les pasó lo mismo…
-
Pero…pero
no tienes que decirlo en voz alta—balbuceó Ismael.
-
No
es justo—musitó Louis—nunca se ha vestido así para estar con nosotros…--los
tres asintieron y se quedaron tendidos en el prado.
Los
habituales cabellos rubios estaban coloreados en mechones desde el rojo al
negro, peinados de tal manera que agregaban sensualidad al rostro perfecto,
los grandes ojos azules destacados con delineador, las largas pestañas con
una leve capa de mascara, los párpados con una sombra tenue que simplemente
hacía fascinante esa mirada, las mejillas se veían más tersas que nunca,
los labios húmedos y tan tentadores, las ropas…eran demasiado, se pegaban
como una segunda piel, cuero negro y un beatle de cuello alto del mismo azul
de los ojos, un abrigo largo y botas con enchapes, le daban una apariencia de
chico sensual y peligroso, demasiado atrayente.
- No
es justo—repitieron nuevamente.
En
la ciudad
-
¡Mil
demonios!—musitó estremeciéndose de pies a cabeza, los otros jóvenes que
atendían sintieron también flaquear las piernas, buscaron con la mirada a su
patrón, pero las esperanzas desaparecieron, el rostro de este mostraba el
mismo impacto.
Aspiró
profundamente, le encantaba el aroma de esa tienda, empezó a seleccionar todo
lo que se llevaría, silbaba despreocupadamente, hasta que al llegar al mesón
dedicó toda su atención al joven dependiente—hola, Ruben, te ves muy lindo…
-
Hola…gra…gracias…que…que
más deseas…digo…algo más—esos ojos azules le perforaron el alma, o al
menos eso le pareció, vio es delicada mano acercarse y su corazón amenazó
con salírsele del pecho.
-
Quiero
además de las hiervas especiales, 250 gramos de cada una, y dame también
esencias, tres onzas de cada una…--acarició la mejilla del joven—tienes
una piel muy suave…dile a tu patrón que venga un momento, por favor…
-
Yo…--jadeó
y casi desmayado se dirigió hacia su jefe y luego entró a la bodega para
servir el resto del pedido.
-
Dime…--por
más conjuros que probaba no había caso, entraba ese joven y toda protección
desaparecía.
-
Prometiste
tener algo para mí…recuerdas—sonrió, el hombre tragó en seco y asintió
desapareció unos segundos y luego apareció con un paquete—hurra…¿cuánto
te debo?…
-
Nada…nada—respondió
y de inmediato sintió el placer absoluto, esos labios rozando los
suyos—tu cuenta ya está pagada…
-
Eres
maravilloso…--susurró al oído del hombre, el dependiente colocó lo pedido
en la canasta y llevó todo al carro—supe de unas pócimas especiales…podrías
averiguar…
-
Por
supuesto, si existen las tendrás la próxima vez…lo prometo—el joven le
sonrió deslumbrante, se escucharon suspiros en la tienda, y por segunda vez
esos labios le rozaron.
-
Gracias…nos
vemos—salió sonriente, al pasar por su lado el dependiente le acaricio la
mano y este sintió doblarse las piernas por lo que se asió de uno de los
estantes.
Montó
en el carro y siguió su camino, era delicioso salir de compras, sobre todo
cuando no tenía que pagar nada de lo que compraba, fue a un par de tiendas
más, una de las cuales se especializaba en mascotas, la última que visitó
era una escondida tiendita de herrumbre.
-
Joven
Ian…qué felicidad verle—el hombre se acercó al joven y le abrazó con
toda confianza—le tengo sus pedidos, estoy seguro que estará complacido,
venga…
-
Siempre
quedo complacido con tu trabajo, dady…--siguió al hombre de edad
indeterminada, delgado y bajito, entraron a un taller, le vió sacar una caja
de madera y al abrirla sonrió—perfectas…
-
Tres
juegos iguales, como pidió, en el mango esta la inscripción, usé pequeñas
incrustaciones de rubíes y esmeraldas, como pidió—vió al joven tomar las
dagas con su pañuelo y examinarlas—veo que no son para usted…
-
No,
son unos presentes…quedaron perfectas, pero siempre es así—dijo
sonriéndole—y lo otro…
-
Aquí
está—descubrió una bolsa de terciopelo, habían hermosos broches y botones—todos
con las especificaciones que señaló…
-
Gracias
Dady—le abrazó y depositó varios besos en la frente, el hombre le
acarició con toda confianza la espalda y cuello—aquí esta lo que acordamos—le
entregó un frasco con un líquido en su interior que destellaba con luz
propia—solo nunca digas quien te lo dio…
-
Por
supuesto Ian—deslizó su mano por el rostro hermoso—cuídate mucho y ven
cuando quieras…
-
Si,
tú también cuídate y disfrútalo—cerró la caja y salió del taller, ya
tenía todo lo que había ido a buscar, podía regresar a casa, conducía
tranquilamente hasta que unos cabellos le llamaron la atención, paró el
carro y de un salto corrió en
dirección de donde le había visto, le alcanzó en una plaza poco concurrida—hermoso
chocolate…
-
Ian—jadeó
a tenerlo frente a sí, su cabeza decía que debía atacar, pero su cuerpo no
aceptó esa orden—te ves diferente…
-
Estoy
de compras—se acercó y quedaron apenas separados por unos centímetros—dime
tu nombre…
-
Schuldig—musitó
turbado, nuevamente era incapaz de penetrar esa mente, solo se perdía en eso
pozos azules—somos enemigos y…
-
No,
tú y yo no somos enemigos…para quienes trabajamos sí…--cruzo esa
pequeña distancia y sus labios se unieron a esos otros, de inmediato los
brazos del pelirrojo le rodearon posesivos, pegándole contra su cuerpo,
acariciándole osadamente, un gemido le llenó el pecho, era demasiado
intenso, como si estuviera rodeado por lenguas de fuego, soltó un sollozo y
junto fuerzas, separándose—para…
-
Yo…no
quise asustarte—había recibido la corriente de temor—solo…
-
Lo
sé…--se sentía tan confuso, volvió a esos brazos—no quiero que te hagan
daño, no quiero que sufras…solo cuídate—se separó con un suspiro--debo
irme…
-
Tú
también cuídate…Ian—le vió sonreírle y alejarse, no entendía lo que
estaba pasando, “lo que le estaba pasando”, cada vez le era mas distante
Bran a pesar que le habría traído loco por ya dos años, quizás se había
cansado de auto engañarse, él nunca sería algo más que un juguete sexual,
un arma y un conveniente subordinado, de por sí reemplazable.
Caminó por el parque hasta donde tenía aparcado el carro, ya
atardecía, había dejado al albino aun dormido y a Nagi amenazado con las
penas del infierno si se levantaba, solo le había autorizado a ver tv y a
comer las galletas y leche que le había dejado a su alcance.
Condujo
como siempre, al filo de las reglas, al ingresar a la mansión, podía ya
percibir la molestia de Bran, fue a la cocina y dejó la comida preparada que
había comprado, estaba a punto de subir a ver a Farfarello cuando la puerta
del escritorio de abrió.
-
Ven—hacía
una hora que esperaba al pelirrojo--¡qué mierda crees que haces
desapareciéndote!, no te autoricé a salir…
-
Uhhh,
estas de mal humor, esto ya se está haciendo rutina en ti, salí y no veo por
qué debo pedirte autorización, esto no es un cuartel militar, solo te debo
obediencia cuando estamos en un trabajo—respondió recargando la espalda en
el quicio de la puerta, vió la furia en los ojos azules, como apretaba los
puños--¿qué es lo tan importante?…
-
Me
estas colmando la paciencia—se acercó y colocó su fuerte mano en la
garganta del pelirrojo, apretando lo suficiente para causarle dolor—no voy a
admitir ese tipo de respuesta…
-
Ok…ok—cedió,
aunque sus ojos no decían lo
mismo--¿qué es lo tan importante?.
-
Encontré
algo, el jefe esta en un riesgo mucho mayor del que suponía, en realidad
todos los negocios de empresarios como el jefe…quédate
en la mansión, en alerta, iré a hablar personalmente con Takatori…
-
Ok—esbozó
una sonrisa, el que no le dijera que era eso tan crítico que ponía a todo el
bajo mundo en riesgo, ya le demostraba lo poco que realmente le tenía en
cuenta.
Subió
las escaleras y entró a la habitación de Farfarello, este abrió los ojos,
estaba más pálido de lo habitual—hola, has tomado una larga siesta,
quédate quieto o se abrirán las heridas nuevamente, eso…mírame, todo
estará mejor, cada vez mejor—entró en esa mente, ya no más, nunca más
dejaría que el dolor le carcomiera, menos para solo permitirle a Bran tener una arma
más.
Cuando
salió del cuarto, el albino estaba dormido, solo que algo había cambiado en
ese rostro pálido, había serenidad. Cruzó
el pasillo y luego de golpear entró al cuarto de Nagi, el muchacho alzó la
mirada, el televisor estaba apagado, se entretenía con una historieta.
-
Hola,
¿cómo te has portado?—se sentó en la cama y puso su mano en la frente
comprobando que no había fiebre.
-
Muy
bien, qué otra me quedaba—dijo aun descolocado por la manera en que se
comportaba últimamente el pelirrojo.
-
Estamos
los tres solos, Bran fue a donde el jefe, traje comida italiana, despeja la
cama y comemos aquí, ¿te parece?—propuso.
-
Claro…me
gusta la comida italiana—sonrió y disfrutó de cómo esos ojos también
brillaron, el pelirrojo salió y poco después regresaba con una bandeja con
la comida y refrescos—huele delicioso.
-
Y
lo está—señaló sentándose y colocando la bandeja entre ellos.
- Amor…debes
descansar—susurró a la vez que le besó el cuello y le abrazó, Missai
suspiró y se apoyó en él, le vió dar la orden de imprimir—encontraste
algo.
-
Si,
algo, aunque casi todo son rumores, pero cuando el río suena…--se puso de
pie y volteando le ofreció sus labios que fueron de inmediato acariciados por
los de Ken—te amo…
-
Te
adoro—acarició esos largos cabellos—vamos…mira a esos dos, se quedaron
dormidos.
-
Ubs…ni
me di cuenta que estaban ahí, imagina si se hubiese tratado de enemigos—comentó
sin despegar su cuerpo de ese que le acogía entre sus brazos.
-
Simple,
un gatito sabe por instinto cuando son gatos amigos y cuando no—le depositó
un sutil beso en los labios y asiéndole de la mano—vamos, es hora de la
cena, creo que todos ustedes se pasaron por alto el almuerzo—una bulliciosa
queja del estómago de su muchacho le indicó que así era.
-
Creo
que solo esos vasos vacíos de leche y unas galletas—musitó—eso
almorzamos…Omi, Aya…despierten…
-
Um…¿cuándo
llegaste Ken?—dijo Omi restregándose perezosamente los ojos—iré a
preparar el almuerzo y…¿qué hora es?…
-
Ja,
ja, ja, ja, ja, hora de la cena—dijo Ken revolviéndole los cabellos y puso
su mano en el hombro de Aya que recién ahí
abrió los ojos—bajemos a cenar…
-
Ya
la cena…--se puso de pie, hacía mucho tiempo que no se desconectaba de
todo, ya estaba oscureciendo, lo que indicaba que habían dormido al menos
cinco horas--¿qué encontraste Missai.
-
Toma…esto
es todo…quienes sean, han sabido ocultarse muy bien, lo que indica mucho
poder, pero una cosa esta clara, son extranjeros—le entregó las hojas
impresas y luego dejó que Ken le tirara camino a la planta baja y al comedor.
-
Vaya,
vaya—leía lo que estaba impreso—esto es muy interesante, más por lo que
no se dice…
-
A
mi me gustaría saber quienes fueron los que directamente pusieron fuera de
combate a los malos, es decir,
deben ser muy buenos—comentó Omi tomando asiento a la mesa.
-
Deben
serlo—puso las fuentes en la mesa y también se sentó, todos empezaron a
servirse.
-
Creo
que si se preocupan tanto por que no se sepa de ellos es más que seguro que
tiene un equipo de contingencia, es decir, si alguien averigua más de lo que
consideran adecuado, pues mandan al equipo a borrar esa información y al
curioso—comentó con una tranquilidad que dejó a todos preocupados Missai.
-
Si
eso es verdad, quizás el que hayas estado investigando en la red…--empezó
a decir Ken.
-
Tranquilo,
soy un gato astuto, me infiltro sin que se den cuenta, a lo más las sospechas
caerán sobre el tal Takatori, pues cloné una de sus claves de acceso a la
red—dijo haciendo un guiño cómplice—los siameses somos astutos…
-
Ja,
ja, ja,--rió Omi, mientras los dos mayores se relajaban.
-
Entiendo—musitó
Ian, colgó el teléfono y caminó hacia la puerta, cuando estaba
a unos metros tocaron en timbre, al abrir ahí estaba el caramelo de
licor—hola, hermoso.
-
Hola,
Ian, toma…te ves…--tragó en seco, la apariencia del joven le dejaba sin
aliento—bueno…nos vemos…
-
Claro,
hermoso…--cerró y con el sobre en la mano fue a la sala, los pelirrojos ya
estaban sentados en el sofá esperándole—tengo un mal presentimiento—susurró
y sin llegar a abrir el sobre lo pasó a Ismael que de inmediato lo abrió,
los tres leyeron a la vez la información que había en él.
Mientras él les dio la espalda, fue hasta el bar y se sirvió un
batido de fresa.
-
Han
estado investigando peligrosamente a la organización, debemos destruir a los
curiosos, la información y de paso acabar con ese tonto de Takatori—dijo
Louis.
-
Los
objetivos son ese tipo de lentes, Bran Crafford, Takatori y –empezó a decir
Vladimir.
-
Y
el pelirrojo, Schuldig—concluyó Ismael, los tres dieron un salto, pues el
vaso que sostenía Ian se había estrellado contra el piso, se acercaron al
rubio pero éste les esquivó encaminándose escaleras arriba.
-
Ian—llamó
Louis.
-
Espera—dijo
Vladimir.
-
Son
órdenes—señaló Ismael.
-
¿Cuándo?—musitó
sin detenerse.
-
Mañana
en la noche—respondió Louis, le escucharon gemir apagadamente y correr
escaleras arriba--¿qué haremos?.
-
Que
él se encargue de Takatori, nosotros lo haremos de los otros—dijo Ismael.
-
Rápido,
muy rápido—concluyó Vladimir.
-
Nos
odiará—musitó Louis y los tres asintieron y se abrazaron.
MISION
DOS: TERCERA PARTE: CONJUROS
-
Se
movía inquieto en la cama, gemía apagadamente, había llorado hasta que el
sueño y el cansancio lo habían vencido, ahora las pesadillas le sumían en
el dolor.
-
“Chico tonto, esto te pasa por no cerrar
la boca—le pateó las costillas riendo.
Despertó temblando, la piel empapada de sudor, las piernas casi no le sostenían, quería correr al cuarto de los trillizos, pero no lo hizo, fue al baño y se metió bajo el agua caliente, restregó con fuerza la piel, hasta que esta estuvo roja, luego se secó y volvió a la cama.
“Corría, aun tenía las manos con
sangre, entró sigiloso a un servicio y
se lavó, luego, salió tratando de parecer un chico más que vaga por las
calles, en un gran centro comercial, robó ropas nuevas, luego se perdió en
los barrios bajos de la ciudad…
Podía sentir las
miradas codiciosas de esos dos tipos que a unos metros no dejaban de hablar
bajo, terminó de limpiar el parabrisas de ese carro, recibió las monedas y
las guardó en su pantalón, su instinto le decía que debía alejarse,
caminó varias calles, pero le seguían, su mano fue a uno de sus bolsillos,
cuando se le tiraron encima, su navaja actuó, uno de los hombres cayó al
suelo, el otro quizo golpearle, pero ágilmente le cruzó el cuello con la
navaja, la yugular cercenada le hizo caer pesadamente con las manos en el
cuello.
-
Así es, hola, Ian…--estaba
acompañado de dos hombres y habían observado parte del ritual del
muchacho—tranquilo, no te haremos daño…al contrario…queremos protegerte
y darte un trabajo adecuado a tus aptitudes…
-
Yo no necesito de
nadie—musitó bajo, retrocediendo.
-
Tranquilo, sabemos que
sobrevives solo, pero te podemos dar una casa hermosa, comida, ropa, juguetes
y te enseñaremos—dijo el hombre y se acercó unos pasos permitiéndole ver
su rostro—podrás vengarte de los que te han dañado, lo juro, Ian…
-
Podré cortarles y
hacerles sangrar…--miró los ojos de ese hombre, algo en ellos le indicó
que decía la verdad, suspiró, se humedeció los labios—ok…pero si no me
gusta los mato…
-
Ja, ja, ja, ok, Ian,
es un trato—extendió su mano la que fue estrechada por el muchacho,
caminaron hasta el lujoso carro. Habían
seguido la pista de este muchacho, desde su estadía en el hogar de acogida,
sabían de lo sucedido con su familia y cuando había escapado, luego de matar
a esos tres chicos mayores que abusaban de él, se había convertido en un
candidato prometedor.”
Despertó, el sol ya entraba por los amplios ventanales, nunca hasta
ahora había sentido dolor al tener que cumplir una orden, siempre el recibir
instrucciones era estimulante, generaba oleadas de excitación, ahora, dolía,
dolía tanto.
-
Ian…--se
miraron entre sí, era evidente que el rubio había tenido pesadillas, sus
ojos hinchados eran prueba de ello, sintieron una oleada de dolor, no había
ido con ellos.
-
Ian…tú
te encargarás de Takatori—dijo Louis.
-
Iremos
al anochecer—señaló Vladimir.
-
Seguro
que oráculo habrá previsto el ataque de manera que la mayor resistencia
estará en el exterior, nosotros nos encargaremos de esto, tú vas directo
contra Takatori—señaló Ismael.
-
Ese
es tú único blanco, entendido, Ian—señaló Louis—Ian…nos escuchas…
-
Sí,
les escucho…iré contra Takatori, es mi único blanco—repitió con voz
monótona, luego alzó la vista y los cabellos rojos de los trillizos le
recordaron otros cabellos, los ojos se le inundaron de lágrimas que empezaron
a mojar sus mejillas—estaré arriba…en la sala hay algo para ustedes y
cosa peluda…
-
Ian,
espera…--les dolía tanto verle así, querían consolarle.
-
Solo
deben hacer que cosa peluda vaya por mí cuando sea ya hora…--salió del
comedor y subió las escaleras.
-
Espero
que esto funcione—musitó poniéndose de pié Ismael.
-
Nunca
le habíamos visto tan afectado—comentó Louis.
-
Ese
pelirrojo se le metió en el corazón, maldito sea—musitó apretando los
puños Vladimir, era tan poco común que profirieran maldiciones que sus
hermanos le miraron preocupados—no quiero que sufra, lo quiero.
-
También
le quiero—le abrazó Ismael y lo mismo hizo Louis.
Caminaron
tomados de la mano hasta la sala y vieron esa caja de madera en la mesa de
centro, se acercaron curiosos, en la alfombra habían varios accesorios para
mascota, de hecho Kuro ya se encontraba mascando con rostro de placer un super
hueso, cuando abrieron la caja soltaron una exclamación de sorpresa y
alegría.
- Son
magníficas…
-
Hermosas…
-
Bellísimas…
Con
sus largos dedos acariciaban los juegos de dagas, cada juego tenían en
incrustaciones de rubíes y esmeraldas sus iniciales, se miraron y no pudieron
evitar que las lágrimas acudieran a sus ojos, se abrazaron y besaron,
tratando de consolarse, pero realmente lo que necesitaban era besar y abrazar
a un muchacho rubio que seguro estaba en su habitación llorando.
++++++++++++++++++++++++
-
Me
comunique con Max, le envié lo que investigaste, debemos estar alertas, creo
que nos enviaran a una misión muy pronto—dijo Aya sentándose a la mesa,
mientras Omi servía los platos del desayuno—espero que no sea lo que
sospecho….
-
Kritiker
es muy nacionalista—musitó Ken a lo cual Aya asintió—sería más que una
ironía…
-
¿De
qué hablan?—preguntó bajito pegando sus labios al oído de Omi, sentado a
su lado, pero este no alcanzó a responderle, pues un estremecimiento le
recorrió de pies a cabeza y poniéndose de pie en sus manos surgieron las
dagas—enemigo…
-
¿Qué?—los
tres miraron a su alrededor, Missai ya estaba listo para la defensa, cuando
tocaron a la puerta. Aya sacó su katana y con ella lista abrió,
encontrándose a Schuldig frente a frente--¿que quieres?…
-
Necesito
ayuda—reconoció muy a su pesar, había sondeado por largos minutos las
mentes de esos dos konecos, esperaba que sus sospechas estuvieran en lo
cierto, no podía permitir que Bran arrastrara a Nagi y Farfarello a una
muerte segura, ninguno estaba aun en condiciones de enfrentarse en una lucha—unir
fuerzas ante un enemigo común…
-
Un
enemigo común, nuestros enemigos son tú jefe y tú grupo—dijo con voz
fría Aya, en eso apareció tras el pelirrojo un carro, que identificó de
inmediato, de él bajo Max.
-
Que
bien, que haya uno de ustedes presentes, traigo órdenes prioritarias—dijo
con voz formal la mujer y entró con toda tranquilidad, fue seguida por los
konecos y por el blanco.
-
Persia
ordena proteger a Takatori, no podemos permitir que todo el bajo mundo caiga
en manos de una organización extranjera—podía cortarse la tensión en el
ambiente, era evidente que estas ordenes no les agradaban para nada a la
mayoría de los presentes—deben lograr una alianza momentánea para lograr
estos fines…Takatori no debe morir…eso es todo…buenos días.
-
Maldición—masculló
por lo bajo Ken apretando los puños.
Missai
prestaba mucha atención al pelirrojo vestido de blanco, le parecía muy
conocido, pero sobre todo algo generaba una extraña corriente de simpatía
por él.
- De
manera que trabajaremos juntos—dijo con un esbozo de sonrisa, que solo fue
correspondida por el nuevo koneco, un muchacho de unos 20 años que le
resultaba terriblemente familiar, otro color de cabellos y de ojos pero…no
podía ser…ya estaba alucinando con ese rubio, suspiró, Ian le traía loco,
era así de simple, estaba perturbando totalmente su capacidad de raciocinio.
- No
nos queda más que obedecer órdenes—dijo con resignación Omi—como están
los otros?…
- Se
enteraron, debí suponerlo, Bran está recuperado, Nagi y Farfarello no, claro
que eso no le importará, les enviara aunque sean solo carne de cañón—musitó
apretando los puños—el otro equipo es muy bueno, claro que esa vez nos
sorprendieron, se suponía que eran dos, uno rubio y uno pelirrojo y
resultaron trillizos pelirrojos…
-
Trillizos…vaya—dijo
interesado Omi--¿qué tan buenos son?…
-
Mucho,
aunque yo no les enfrenté, Nagi y yo estuvimos frente al rubio, maneja das
cuchillas con increíble habilidad y de alguna manera bloquea mis poderes
psíquicos—reconoció, no les dijo su nombre ni que parecía poseer poderes
extraños, era como estarse traicionando, pero no podía dar facilidades para
que matarán a Ian.
-
Vaya,
te bloquea, debes haberte sentido impotente—dijo con ironía Ken.
-
Vamos,
esta conversación no tiene sentido, debemos hablar con Bran Crafford—sentenció
Aya—prepárense para trabajar…
-
De
inmediato—dijeron Omi y Ken subiendo las escaleras, Missai estaba listo así
que dirigiéndose a él—vigílale…
-
Okey—contestó
sonriendo, quedó a solas con ese pelirrojo y sus ojos chispearon—tienes
algo que me resulta conocido, pero no sé que…
-
Lo
mismo digo—respondió, se quedaron en silencio, trató de entrar a esa
mente, pero para su sorpresa está le rechazó, lo mismo que le pasaba con
Ian.
-
Vamos—salieron,
Schuldig conducía su carro delante de ellos, llegaron a la mansión que
ocupaban, no habían guardias.
-
Todos
están alrededor de Takatori—explico haciéndolos pasar a la sala, donde un
muy pálido Farfarello estaba sentado en un sillón y al verles ni siquiera
hizo amago de ponerse de pie, Nagi
miró alarmado al pelirrojo—tranquilo, nos ayudarán…
-
Pero…te
va a matar por traerles—musitó bajito y un estremecimiento le recorrió de
pies a cabeza a la vez que una sensación de nausea le invadía haciéndole
vacilar, a lo cual rápidamente Schuldig se acercó y alzándole en brazos lo
recostó en el sofá—no es necesario yo…
-
Shisss,
no están en condiciones, ambos no pueden luchar—acarició los cabellos
pardos con dulzura.
-
¿Qué
has hecho?—apuntaba sus armas a los konecos mientras su mirada llena de
furia se dirigía a Schuldig.
-
Les
necesitamos…ellos también tienen órdenes de proteger a Takatori—respondió—diles
lo que has averiguado.
-
“Vas
a pagarlas estúpido”—los ojos del pelirrojo mostraron que sus
pensamientos no le importaban, luego miró a los konecos, sobre todo a Aya que
le respondió con esa mirada sin emociones—atacarán al atardecer, tres
blancos, Takatori, Schuldig y yo…
-
vaya,
de manera que lograste que nos incluyeran—dijo con ironía—muchas gracias
Bran querido…
-
Cállate
imbécil—bajó las armas—de manera que deberán ayudar a proteger a
Takatori…
-
Así
es, esos dos no están en condiciones, solo serán un estorbo—respondió
aludiendo a los dos heridos—haremos dos círculos de defensa, exterior:
Missai, Ken y Schuldig, interior,
tú y yo…
-
Ok,
y el pequeño que hará, jugar canicas—dijo irónico mirando a Omi cuyos
ojos brillaron de odio.
-
Omi
se queda aquí con Farfarello y Nagi—decidió Aya—es una orden…
-
Entiendo—musitó,
por un segundo la mirada de Aya había dicho que necesitaba saberle seguro,
eso le bastaba para aceptar la orden.
-
Vamos
entonces—dijo Bran, en dos carros salieron camino a la ya muy fortificada
mansión Takatori.
++++++++++++++++++++++++++++++++++++
Se
acercó a los grandes ventanales, observó a Kuro corriendo por los prados,
también a sus pelirrojos tendidos en el prado, a pesar de la distancia sabía
que sus rostros mostraban tensión y preocupación, dudaban, de él, de que
obedeciera órdenes, suspiró y se alejó de las ventanas, fue a su mesón de
trabajo, abrió el gran libro, aquel que se suponía él no poseía, por ser
de una graduación demasiado baja, acarició las páginas de seda, mientras
con los ojos cerrados elevaba una oración:
“Guíame fuerza inconmensurable,
permíteme encontrar aquel conjuro que proteja a los que
mi corazón ama…”
las páginas del gran libro se movieron con una brisa inexistente, hasta que pararon, abrió los ojos y leyó, de inmediato buscó los ingredientes, preparó en conjuro y cuando en un cuenco de plata éste estuvo listo, se acercó con él al fuego que siempre mantenía ardiendo, cortó la palma de su mano izquierda dejando que la sangre se mezclara en el cuenco y pronunció las palabras que había memorizado:
“los que amo estarán a
salvo, que mi ser detenga toda herida, todo sufrimiento, por las esmeraldas de
sus ojos y el rojo de sus cabellos, mi sangre sea la alianza tendida entre sus
corazones y el mío"
El
contenido del cuenco cayó en el fuego y se evaporó, un leve dolor se centró
en su pecho por un instante pero luego se disipó, suspiró nuevamente, fue
hasta su habitación, aun faltaba para el momento de ataque, se desnudó y se
tendió en el lecho.
-
Kuro,
ve por Ian—dio Ismael, los tres ya vestías sus ajustados trajes negros, las
dagas estaban prestas para su utilización.
-
Cosa
peluda—hundió los dedos en los largos cabellos, se arrodilló y le abrazó
por el cuello, depositando varios besos en la frente del gran lobo, acercó
sus labios a una de las orejas de este y susurró—recuerda que te amo,
cuídales mucho sí no regreso…sé que serás capaz de reconocer a quien mi
corazón ama…lo sé.
Los
tres fijaron su mirada en la extraña actitud de Ian y Kuro, era como si
siempre compartieran secretos, ahora desearían poder escuchar lo que
murmuraba el rubio.
- Vamos—dijo
poniéndose de pie y dirigiéndose ha la cochera, vestía de impecable blanco,
siempre era así, su cuerpo enfundado en una segunda piel de fina gamuza
blanca que ocultaba en cada recoveco una aguda arma.
Sus
motocicletas recorrieron veloces la distancia que los separaba del blanco, se
detuvieron a las afueras de la gran residencia, sus agudos ojos detectaron las
defensas, las posiciones de los guardias, los puntos ciegos de vigilancia, con
un intercambio de miradas los pelirrojos establecieron un plan de ataque,
luego buscaron los ojos de Ian, pero este ya se adentraba, parpadearon, era
increíble, se deslizaba casi invisible entre los guardias, sonrieron y
iniciaron el ataque, ellos atraerían la mayor atención, de manera que el
trabajo de Ian se viera facilitado.
- Atacan—murmuró
por el intercomunicador Bran, todos en alerta, los disparos se sintieron por
todo el exterior, intercambió una mirada con Aya, este se situó a unos pasos
de la única puerta que permitía el acceso a ese salón, Takatori estaba con
su automática en la mano, listo para disparar, él apuntó sus revólveres a
la ventana, los gritos y disparos se hacían mas y mas intensos.
-
Acabaron
con los tiradores—musitó Aya, sabían que ahora probablemente estarían
enfrentándose con Schuldig, Missai y Ken, fue a decir algo, cuando la ventana
estalló, volteó para cubrir a Takatori, pero ya era tarde, éste caía con
dos dagas profundamente incrustadas en las cuencas de sus ojos—Bran!!!…
-
¡Maldición!!!—gritó
disparando y el brillo frió de una daga le cercenó el cuello, al ir cayendo
alcanzó a ver una figura entera de blanco.
-
Cabellos
rojos, ojos equivocados…¿dulce o presa?—musitó como un canturreo, la
katana se movió contra él, con sus dagas detuvo el ataque, sus ojos
enfrentaron los del pelirrojo, había hielo en esa mirada y muy dentro de ella
dolor--¿dulce o presa?…
-
Maldición—atacó
con su máxima velocidad, el asesino de blanco era excelente, esquivaba sus
ataques, había sangre empapando la mullida alfombra, toda escapaba a
borbotones del cuello de oráculo, pero ni una gota había manchado ese
inmaculado blanco.
-
Creo
que dulce—musitó y sintió un profundo dolor, un corte en su hombro
derecho, la sangre empezó a manchar sus ropas, parpadeó, el pelirrojo
aprovechaba su vacilación para atacar de nuevo—lo siento, dulce…--musitó
y una de sus dagas se incrustó en la cadera derecha del pelirrojo que cayó
al suelo, la katana firmemente asida en su mano, otro dolor le hizo
trastabillar, una nueva herida esta en el torso, disparó otra daga que
atravesó el tórax del pelirrojo—perdóname dulce…
-
No
había tocado siquiera a ese asesino que sangraba copiosamente y que se
disculpaba por tenerle a su completa merced, esperó el golpe de gracia, pero
este nunca llegó, ni siquiera era capaz de mantener los ojos abiertos, la
sangre le llenaba la boca.
En
la planta baja:
Sin
palabras decidieron a cual atacar de esos tres que defendían el único acceso
a los pisos superiores, Ismael fue en contra del moreno, Louis contra el
castaño y Vladimir contra el pelirrojo, sus cuerpos esquivaban cada ataque,
la lucha era demasiado equiparada, pero con un grito de triunfo Vladimir
logró clavar profundamente una de sus dagas en el hombro de Schuldig que con
un gemido calló de rodillas, un fuerte dolor le golpeó haciéndole
retroceder, el pelirrojo usaba su poder mental, agitó la cabeza, tratando de
recuperarse, sus ojos no dejaba de ver a su blanco, que retiraba la daga de su
hombro, vió la sangre fluir, había cercenado una vena, sonrió, pero algo
pasó, la sangre paró, la herida desapareció ante su mirada.
Al
ver vacilar a Vladimir Louis distrajo por una fracción de segundo la
atención del trigueño, lo suficiente para que éste disparara contra él una
de sus cuchillas que le rasgó el torso, el dolor le hizo encogerse, pero
desapareció casi de inmediato, enderezándose, atacó nuevamente al castaño,
que le miraba sorprendido.
- Bran
y Takatori—musitó Schuldig, sus compañeros entendieron lo que significaba.
-
Esto
es aburrido—musitó Ismael logrando enterrar dos de sus dagas en el cuerpo
de Ken que cayó sangrando profusamente, ante lo cual Missai corrió a su
auxilió cubriéndolo con su cuerpo—tercer blanco…
-
Schuldig
se preparo, sabía que él era ese blanco, pero no hubo ataque, sus ojos
vieron lo mismo que los trillizos, una cabellera rubia—IAN !!!!!!!!!!
- ¡¡¡¡ IAN !!!!!!!—gritaron al verle, en una fracción de segundo entendieron, las heridas, guardaron las dagas, el tercer blanco ya sostenía entre sus brazos a Ian, ellos intercambiaron miradas, y se pusieron en acción—retirada…
Missai
al ver que la atención se desviaba de ellos arrastró el cuerpo inconsciente
de Ken, no iba a perder nuevamente a quien amaba, no otra vez, ni siquiera
volteó a mirar que era aquello que generaba la distracción de los asesinos
rojos.
- Protegido—musitó
acercando su mano al rostro de Schuldig, los ojos verdes le miraban tan
angustiados, sonrió pero dolía.
-
Vamos…--ordenó
Vladimir, su mirada dejó muy en claro que debían ir con ellos, Schuldig
llevando en sus brazos al sangrante Ian obedeció.
Mientras
Louis corría escaleras arriba y verificaba que los otros blancos estaban
muertos, vió a ese pelirrojo agónico en el suelo—blancos exterminados.
Ismael
subió a la motocicleta de Ian, mientras ponía en automático la conducción
de la suya, Schuldig conducía uno de los carros con Ian en él, mientras los
trillizos los escoltaban hasta su refugio.
Atrás quedaba la ahora devastadas mansión Takatori.
- Kenny,
Kenny—musitó acariciando el rostro del moreno, este abrió los ojos—Kenny…
-
Ve
por Aya…hazlo—le vió correr al interior de la casa, como pudo siguió
apretando el improvisado torniquete sobre su hombro, debía detener la perdida
de sangre, en eso vió venir a Missai, cargaba en sus brazos el cuerpo de
Aya--¿está…??
-
Aun
no, pero…dime donde ir—se puso al volante y siguió las instrucciones de
Ken, en 10 minutos llegaban a una de las instalaciones médicas secretas de
Kritiker.
-
Hay
que sacarle esas ropas, necesita un médico—le tendió en el amplio sofá,
los pelirrojos corrían, un inmenso lobo había clavado sus ojos en él, pero
no le importó, lo único que le importaba era que Ian no muriera—no debe
morir…
-
Las
heridas..—asintieron, Ismael tomó la mano derecha de Schuldig e hizo un
corte poco profundo, de inmediato este surgió en la mano de Ian, Vladimir
cortó uno de sus dedos y la herida se manifestó en la mano de Ian—maldición,
es un conjuro…
-
Debes
obligarle a que despierte—ordenó Louis a Schuldig—debe poner fin al
conjuro…
-
Pero…--se
concentró, las barreras eran tantas en esa mente, suplicó, y se encontró
con un jovencito de 15 años que le miraba con sus inmensos ojos azules—“despierta por favor”…
-
Ian…detén
el conjuro—suplicaron los cuatro al ver esos ojos abrirse.
-
Les
protejo—musitó débilmente—les amo…
-
Dinos
como curarte…debes tener algo para curarte—suplicó Ismael.
-
Cosa
peluda…busca…vida—musitó.
-
Kuro
corrió escaleras arriba segundos después regresaba con un frasco que en su
interior mostraba un aceite fluorescente, Vladimir lo tomó y arrodillándose
ante el cuerpo de Ian.
-
Dinos
que hacer…--miró a Schuldig, este se concentró y los ojos de Ian se
abrieron nuevamente—dime…
-
Una
gota en cada herida…cerrara…pero…pero—pozos de hermoso verde, cayó
inconsciente de nuevo.
-
Cerrará
las heridas, pero no reemplaza la sangre perdida, necesitamos unidades de
sangre y suelo, ahora—ordenó Schuldig, dos de los pelirrojos corrieron en
segundos estaban con lo pedido, las heridas estaban cerradas—yo lo haré…confíen…le
amo…
-
Toma—el
tercer blanco en segundos tenía conectados a los brazos de Ian el suero y la
primera unidad de sangre—no levantará el conjuro…
-
Te
protege de nosotros—dijo Ismael.
-
También
les protege a ustedes de mí—señaló respirando un poco más tranquilo,
pues la respiración de Ian se hacía más firme—no volverá a la
consciencia en varias horas…
-
¿Qué
has hecho en su mente para que te proteja?—confrontaron.
-
Nada,
hasta ahora nunca he podido entrar en ella, solo con lo débil que esta pude
franquear sus primeras defensas y alcanzar algo de su consciencia hace unos
momentos—respondió cansado en extremo--¿es una especie de mago o algo
así?…
-
No
sabemos…es un asesino—respondió Vladimir e intercambiando una mirada los
sus hermanos salieron—eres el tercer blanco para exterminio, lo sabes—este
asintió—¿qué sabes de nosotros?.
-
Lo
evidente, sois asesinos como yo, trabajan para algún tipo de organización,
debían eliminar a Takatori, solo eso…mi jefe no era muy comunicativo que
digamos—contestó, había incredulidad en los ojos calipsos—supongo que
Bran está muerto…
-
Si,
por supuesto—Louis regresó en esos momentos—ven conmigo, ahora…
-
Pero
Ian…--dudó.
-
Luego
le verás—indicó y un resignado Schuldig le siguió hasta una habitación—allí
está el baño, esas ropas te quedarán, no salgas del cuarto hasta que venga
por ti.
-
Entiendo—cuando
quedó solo fue a la ventana, habían defensas de hierro por fuera, pero en
realidad no pretendía irse sin ver recuperado a Ian, entró al baño, retiró
las ropas manchadas de sangre y se metió bajo el agua caliente.
-
¿Qué
haremos?—llevaban con sumo cuidado a Ian a una habitación que habían
preparado, le tendieron y le pusieron un pijama limpio, colgaron adecuadamente
el suero y la sangre.
-
Debemos
comunicarnos con Neogénesis, no creo que sepa más de lo que dice—dijo
Vladimir, sus hermanos le miraron dudosos--¿qué otra cosa podemos hacer?.
-
¿Qué
hacemos si dicen que le matemos igual?—un estremecimiento les recorrió de
pies a cabeza, mientras el conjuro estuviera presente, esto significaría la
muerte de Ian—él no debe morir…
-
No,
no morirá—dijeron al unísono—le amamos…
Abrió
los ojos lentamente, sentía el calor de los cuerpos a su alrededor, el aroma
lo reconocía—tengo sed…
-
De
inmediato—acercó un poco de agua, permitiéndole solo unos sorbos—levanta
el conjuro…
-
No…le
matarán si lo hago—respondió y se mordió los labios, ellos le miraban
molestos—no le perderé, no seguiré perdiendo a quienes amo…no más…
-
Le
amas…pero si apenas le has visto unas veces—dijo crítico Vladimir.
-
A
ustedes ya les amaba cuando fui a verles la primera vez en esa casa de dos
pisos—respondió con un suspiro.
-
Nos
amas—repitió Ismael y depositó un beso en la frente del rubio—nosotros
te amamos, no deseamos que mueras por salvarle…
-
Eso
significa que la orden es eliminarlo a pesar de conjuro—musitó cerrando los
ojos con cansancio, no necesitaba verles para saber que así era—herramientas,
solo herramientas, a veces me canso de ser solo eso…¿ustedes no?.
-
¿Herramientas?—se
miraron, nunca habían meditado eso, para ellos la vida era simple, estar
juntos, protegerse, matar según las órdenes, solo ahora dudaban, Ian se
había convertido en parte de esa unidad que eran los hermanos, ahora les
decía que eran herramientas, no les gustó como se escuchaba la palabra.
-
Cosa
peluda, ve por Schuldig—murmuró bajito.
-
Kuro
no obedezcas esa orden—dijo Vladimir, Kuro le miró y luego miró a Ian, era
evidente que no sabía que hacer.
-
Iré por él—dijo Louis—no somos herramientas…
-
No somos herramientas—repitieron los tres, un suspiro escapó del pecho de
Ian.
-
Les amo—musitó, estaban dando un paso al vació.
-
Entró sin llamar, le vió parado frente a la ventana, las ropas le quedaban
bien, volteó a verle—sígueme…
Siguió
al trillizo, al entrar a esa habitación toda su atención se concentro en Ian,
se acercó y sentándose en la cama le acarició el rostro—Ian…
-
Mente maestra debe morir, Schuldig debe desaparecer…¿estas dispuesto?—buscó
la respuesta en esos ojos verdes.
-
Sí…--no llegaba a comprender que significaba, pero estaba dispuesto.
-
Vamos al tercer piso—dijo tratando de levantarse, pero de inmediato los
cuatro se lo impidieron—Cárgame…vamos…
-
Subieron al tercer piso, este contaba solo con dos grandes habitaciones, Ian
indicó que entraran a la de la derecha, era un inmenso salón, los anaqueles
iban de pared a pared, repletos de frascos con ingredientes de conjuros,
habían objetos rituales, signos escritos en el suelo de madera pulida, un
gran mesón de trabajo en el centro, una caldera prendida en un costado.
-
Acércame al libro—indicó, colocó sus manos en las pesadas tapas de cuero
y susurró—“Guíame poder infinito, que las
respuestas a nuestros dilemas sean precisas, que las defensas fuertes, guíame
te lo suplico”
Las tapas se abrieron y las paginas se movieron ante las miradas sorprendidas.
- Louis frasco 456 anaquel del este, Ismael, frasco,586 anaquel del oeste,
Ismael, cuenco de plata, Ian, déjame en esta silla, trae esa daga de plata—ordenó
mientras sus dedos seguían la
lectura del ritual. Los cuatro pelirrojos obedecían, por casi media hora le
ayudaron a mezclar una pócima—la daga, dame tu mano derecha—exigió a
Schuldig, cortó y dejó que cayeran al cuenco 13 gotas de sangre—listo,
Louis cura su herida, Vladimir acércame al caldero, Ismael trae el cuenco de
plata…así…recitaré el conjuro, vierte lentamente el contenido del cuenco
en el fuego, entiende Ismael…
-
Sí Ian—respondió.
“el que fue ya no será, el que era
seguirá siendo, servirá a nuevos fines, será parte de nosotros y nosotros
de él, mismo destino, mismo fin, el pasado muere, la vida se inicia, que la
sangre corone los sentimientos sinceros”…
Un gemido escapó del pecho de Schuldig que se tambaleó siendo sostenido por
Louis, esto hizo que se le acercaran los demás, sutiles cambios se produjeron
en el casi desmayado pelirrojo.
- ¿Qué hiciste?—preguntaron.
- Mate al tercer blanco—respondió sonriendo—¿cierto?
- Cierto—respondió ya recuperado, sus ojos eran calipsos, sus cabellos rojos ahora eran rubios como los de Ian, seguía siendo un hermoso hombre, pero leves cambios en su rostro lo hacían no ser el antiguo Schuldig.
- Me gustaba el color de sus cabellos—dijo Vladimir.
- Um…ahora es rubio como yo—dijo con un mohín Ian--¿qué nombre usarás?…
- Sasha, es un bonito nombre—dijeron a la vez los trillizos, los ahora dos rubios se miraron y luego sonrieron.
- Sasha me gusta—se acercó y le arrebató de los brazos Vladimir su hermosa carga—tu debes descansar aun…
- Sasha Uriel…--musitó Ian—todos debemos descansar, pero antes…creo que nos vendría bien cenar, cierto cosa peluda—rió bajito al ver correr a los trillizos al percatarse que se habían olvidado de darle de comer a su mascota y que no habían preparado la cena—Sasha bajemos al salón, nos avisaran cuando esté lista la cena.
+++++++++++++++++++++++++++++
Max miraba seriamente a los cuatro jóvenes asesinos que tenía frente a sí, Persia estaba insoportable, pero ya nada podían hacer, salvo poner en acción todos los medios de recolección de información con los que contaba Kritiker.
- Estarán en receso hasta que estén recuperados Ken y Aya…es les dará
tiempo a ustedes dos—fijó su mirada en Nagi y Farfarello—se les ha
asignado una nueva locación, sus cosas ya fueron trasladadas…Missai estas a
cargo por ahora…esta es la dirección, pueden retirarse…
- Pero Ken—dudo Missai, no quería irse sin verle.
- En dos días estará con ustedes—dijo fríamente—está estrictamente prohibido que busquen por su parte información sobre Neogénesis, entendido.
- Entendido—musitaron Missai, Nagi y Omi.
- Retírense.
Conducía, a su lado iba Omi, atrás Nagi y Farfarello—quisiera haberle
visto…
- Estará bien…otra cosa es Aya—musitó Omi, que sentía dolorosamente la ausencia de su frío y distante pelirrojo.
- ¿Qué habrá pasado con Schuldig?—pregunto con voz suave Nagi, su mirada se encontró con la de Omi.
- Todo indica que fue eliminado, lo siento—contestó, vió palidecer a Nagi—tú y él…?
- Eramos amigos…en las últimas semanas nos cuidaba—contestó, a la vez que miró a su compañero, el albino seguía silencioso a su lado, la cabeza reposando en su hombro—él cambió y nos hizo cambiar…
- ¿Les hizo cambiar?—preguntó Omi.
- Ya no estoy loco—respondió Farfarello mirándolo a los ojos—le extrañaré…
- Yo también—musitó Nagi tristemente.
- Ahora están con nosotros—dijo Missai deteniendo el carro frente a una casa de tres pisos rodeada por jardines—hemos llegado.
- Se vé agradable—dijo Omi bajando y ayudando a Nagi con Farfarello, entraron a la casa, era más que agradable.
Fin mision dos.
Estaba casi seguro que llegaría hasta esta misión pero falle miserablemente, se posterga el fin, como es evidente. Querida Ruby sé que deseabas que pusiera cruelmente fin a la vida de Aya, sorry sé que te decepciono, supongo que se me pegó parte de ese cariño irracional a los pelirrojos, quizás en misión tres…
Este fic esta enteramente dedicado a Ruby, quien ha colaborado desde casi el principio, los trillizos son suyos de pies a cabeza, gracias por tu amistad y cariño…
Mickaelle, vam_sethis@hotmail.com