"Missai"
Basado en Weib Kreuz
By Mickaelle y Ruby

 

MISION DOS: PRIMERA PARTE

 

 

Llevaba horas encerrado en el escritorio, todos sabían que era mejor no interrumpirle, el pelirrojo se había ido de compras, el albino había desaparecido musitando algo de unas dagas de titanio, Nagi acostado en el amplio sofá hecho un ovillo mantenía su atención en la pantalla del televisor, de un programa de ciencia y tecnología pasó a uno de música,  sus ojos empezaron a cerrarse, estaba cansado, toda la noche había estado frente a su laptop y ahora nadie había querido comer en casa, por lo que solo le quedaba pasar el tiempo.

Canturreaba mientras sus ojos se paseaban por las distintas prendas y de tiendas era uno de sus placeres más  grandes, no solo por comprar sino también por jugar con otros compradores, les hacía vestir extravagantemente, o liarse en sesiones calientes en los probadores, sí, se entretenía mucho haciendo compras—“esto me gusta”—pensó y llevando varias prendas se metió en uno de los probadores, sonrió al verse al espejo—“demonios, soy perfecto”—volvió a vestir sus ropas y se dirigió con las otras a la dependienta, mientras cancelaba sus ojos se fijaron en algo poco común, trillizos pelirrojos, altos, esbeltos, de grandes ojos calipsos, se movían como felinos, intercambiaban miradas de entendimiento, ingresó a la mente de uno y era una mezcla tan compleja de pensamientos en varios idiomas que sacudió la cabeza, Demonios, cuantos locos había caminando libremente.

Cuando estaba por salir de la tienda se le cruzó un rubio, alto, delgado y de intensos ojos azules, que le miraron y destellaron, a su    mente llegó fuerte un pensamiento, supo que venía del rubio, “chocolate blanco con hilos de frambuesas, hermoso, hermoso, te comería”, sonrió y el rubio pestañeó y respondió la sonrisa para luego correr a curiosear en la sección de accesorios.  Por unos segundos estuvo tentado de quedarse, pero luego se encogió de hombros y siguió su camino de regreso—soy chocolate blanco con hilos de frambuesa, ja, ja, ja, ja…

 

 

Entró a la mansión y vió a Nagi dormido profundamente en el sofá, se veía pequeño e indefenso, uno de sus deportes favoritos era hacerle bromas al muchacho, pero cuando se daba la extraña ocasión en que le veía así, solo atinaba contemplarlo, había aun inocencia en ese rostro, a pesar de todo lo que hacían para ganarse la vida, se acercó silenciosamente, y sacándose el largo abrigo de liviana pero abrigadora gamuza blanca, se lo colocó encima,  aun en silencio fue a la cocina y a pesar que no era para nada su fuerte improvisó una comida, cuando estuvo listo puso en el horno la función de mantención del calor y se dirigió escaleras arriba a cambiarse.

- Schuldig, gracias—se acercó y le pasó el abrigo, recibió una sonrisa del pelirrojo—iré a ver lo de la cena.

- Ya la hice, pon la mesa—susurró terminando de vestirse—él no cenará con nosotros, Farf tampoco…

- Hiciste la cena…te pasa algo?—preguntó sorprendido, más cuando este se le acercó y le acarició el rostro, tembló y retrocedió—bajaré…

- Lastima que tú no me veas como chocolate blanco con hilos de fresa—musitó y bajó lentamente las escaleras, al pasar frente al escritorio un pensamiento le llegó fuerte y claro—“NO ME MOLESTES”—siempre era así, el 80% de las oportunidades le consideraba una molestia, 18% una herramienta y solo 2% un compañero de cama.  Suspiró, debía aceptar de una vez la realidad, nada de lo que hiciera convertiría el 2 en 80, llegó al comedor, estaban los dos puestos y los platos servidos, se sentó y Nagi colocó jugo de frutas en los vasos—vi ropa hermosa, debieras cambiar tus atuendos…

- Para qué, están en perfecto estado—musitó con sencillez.

- Que importa que estén en perfecto estado, son viejos y te verías lindo con otras ropas—señaló comiendo un poco—no puedes vestirte cono un arrabalero…

- Arrabalero…¿desde cuando te preocupa lo que visto?—miró directo a los ojos y éste le sonrió, descolocándole nuevamente--¿qué pretendes con tanta amabilidad?…

- Nada, nada, relájate—cedió, bien se lo merecía, siempre lo molestaba no había  nada de extraño que ahora desconfiara por completo de él—vi algo interesante esta tarde, trillizos pelirrojos, altos y esbeltos, hermosos ojos calipsos…

- ¿Qué les hiciste?—preguntó por compromiso.

- Nada…sus mentes eran tan confusas que me dieron jaqueca, una mezcolanza de idiomas, parecía ensalada de naciones unidas—sonrió—sabes que soy chocolate blanco con hilos de frambuesa…un rubio delicioso me miro y eso pensó…

- Chocolate blanco…se dejó llevar por tú apariencia exterior, claro yo diría que eres un tipo de dulce envenenado con estricnina—respondió automáticamente, prácticamente sin pensar.

- En serio?…--bajó la mirada, ya no tenía apetito—buenas noches, Nagi…

- Pero…--miró el plato a medio servir, no entendía que había pasado, su mente revisó la conversación que acababan de tener, pero por qué se había molestado, siempre se decían ironías, de hecho…suspiró, a veces no sabía como actuar con esos tres, más bien casi siempre no sabía como actuar con esos tres, al menos Farf estaba tan demente que era algo claro…pero Crafford y Schuldig, ellos le confundían, el primero le generaba oleadas de temor y respeto, el segundo, ese pelirrojo…  

Se tendió en la cama y apagó la luz, había sido un día agradable, pero  por qué le había molestado tanto el último comentario de Nagi, le había dolido.  Cerró los ojos tratando de dormir, por alguna extraña razón la imagen de los trillizos volvía una y otra vez, le generaba una sensación molesta en el estómago, sus instintos le decían que a pesar de su aparente inocencia eran peligrosos.


- “Schuldig a mi cuarto”—resonó en su cabeza, los pasos en el pasillo libraban de cualquier duda respecto al origen del pensamiento, no quería ir, respiró profundamente cubriéndose más con las mantas—“¡AHORA!”—dio su salto y sin siquiera calzarse salió camino a ese cuarto, cuando entró, su boca fue dominada por otra las manos fuertes dieron un tirón a sus pantaloncillos y le recorrieron posesivas, ahogo un gemido en su pecho,  ya caía en esa cama boca abajo, casi sin preámbulos, le sentía sobre sí, fuerte y brusco, no podía evitar que su cuerpo reaccionara, odiaba ser así, odiaba el que con cualquiera pudiera dominar la situación menos con él, justamente con él que le utilizaba.

- Muévete—el pelirrojo movió las caderas de inmediato, apenas sus labios esbozaron una sonrisa, mordió esos hombros y a delicada piel del cuello, aferró aun mas fuerte las caderas y aceleró el ritmo, esa total sumisión le hacía aun mas delicioso.


Se levantó recogiendo del suelo sus pantaloncillos, aun no amanecía, la noche era fría pero sabía perfectamente que Brand no le quería con él después, varias veces le había tirado de la cama cuando había intentado seguir en su cama después de tener sexo, salió silencioso de la habitación, la piel erizada por el frío, pero más que el frío interior lo que le hería era el interior, miró la puerta de la habitación de Nagi, sería tan simple entrar y…suspiró y volvió a su propio cuarto.  

Estaban desayunando en silencio, Crafford leía tranquilamente el periódico, Farf estaba medio jugando con las frutas de su plato, Nagi mantenía la mirada fija en el pelirrojo, éste se veía muy extraño, bueno más de lo habitual, había ojeras en torno a sus ojos, sus labios se veían pálidos y su rostro crispado.  Además no la había hablado ni una palabra, apenas había comido unos bocados la noche anterior y ahora apenas había tocado su café.


- ¡Vamos!—ordenó poniéndose precipitadamente de pie—Rápido…3 minutos en el carro…


Nagi corrió escaleras arriba a vestirse, Farf por sus dagas nuevas, Schuldig solo se colocó  un largo abrigo  y salió  sentándose en el asiento de atrás, de manera que cuando llegaron los demás a Nagi no le quedó otra que ir en el asiento del copiloto, Crafford conducía a toda velocidad.

Están por atacar a uno de  los socios del jefe, un rubio y un 
- pelirrojo, son hábiles, no se confíen—informó con voz fría, al buscar la mirada de Schuldig se dio recién cuenta que no se había sentado a su lado—Farf tu me acompañas al interior, debemos detener al pelirrojo Schuldig, Nagi encárguense del rubio…

- Entendido—respondió solo Nagi.


Ingresaron aun edificio en los muelles, no era la primera vez que iban a ese lugar, este era el centro de operación de la rama drogas del jefe, manejada por Maini Tanaka, se separaron en parejas, oráculo era cuidadoso, habían cuerpos tirados por todos lados, era evidente la eficiencia de los atacantes, en eso pudo percibir una cabellera roja, hizo un gesto a Farf para que rodearan el lugar y atacó, el pelirrojo era un joven de no mas de 16 años, que de inmediato esquivó ágilmente el ataque de oráculo y respondió lanzando una navaja que se incrustó en la pierna derecha, en eso Farf hizo presencia, pero para sorpresa de ambos, salieron de las sombras dos pelirrojos más, era como estar viendo una misma imagen triplicada, la pistola de oráculo tronaba, pero no llegaba a dar con los cuerpos escurridizos de los enemigos, Farf hacia gala de toda su capacidad de soportar el dolor, tres dagas se había ya clavado profundamente en su carne pero estaba manteniendo a raya el ataque, evitando que lograran acabar con ellos dos.

- Mierda, llegamos tarde—musitó Nagi al ver el cuerpo destrozado de Tanaka en el suelo en un charco de sangre, habían numerosas heridas en la carne, como si alguien hubiera estado jugando en hacer cortes profundos—debemos…

- Esta siendo fuertemente atacado Brand, vamos y…--al salir de esa habitación se toparon en el pasillo con el otro atacante, un rubio alto y delgado, vestido impecablemente de blanco, salvo una especie de mochila de plástico transparente que dejaba ver una variedad de cuchillas manchadas de sangre fresca—el rubio—Nagi de inmediato lanzo varios objetos en contra de éste que los esquivo y le dirigió una de sus dagas como respuesta a la vez que canturreaba unas palabras que parecían un hechizo—cuidado Nagi…

- No puedo moverme—gimió Nagi asustado, la daga dio en su hombro haciéndolo gritar.

- Maldición…--cubrió con su cuerpo a Nagi caído en el suelo, volteó a mirar al rubio y quedó paralizado por un segundo, ambos atrapados en esa mirada, reconociéndose—tú…

- Chocolate blanco con frambuesa—susurró lo suficientemente alto para que el pelirrojo le escuchara y sonrió, se acercó, hasta que solo un par de metros les separaban.

- …--quizo entrar en la mente del rubio, y este solo le dejó saber su nombre—pero…Ian…

- ¡¿Qué haces?!!—gritó uno de los pelirrojos  a unos metros a lo cual Ian volteó  y sonrió como un pequeñuelo—mátalos, debemos retirarnos…

- Es muy lindo, no quiero…--balbuceó haciendo un puchero—quiero quedarme con él y…--buscó con la mirada al pelizanahoria.


Aprovechando su distracción Schuldig había puesto a salvo a Nagi y apuntaba su revolver al trillizo, en eso aparecieron los otros dos, en su cabeza resonaba la orden de Brand de ir a ayudarle, pues Farf estaba mal herido—Mierda…

- Eres un torpe—criticó Louis asiendo de un brazo a Ian.

- Irresponsable—completó Vladimir asiéndolo del otro.

- Caprichoso—agregó Ismael a la vez que entre los tres arrastraban bruscamente al rubio que berrincheaba que él quería jugar con el lindo chico chocolate--¡Cállate!.

- ¡Silencio!—ordenó Louis a la vez que lo hacía montarse en su motocicleta.

- Nos vamos…--concluyó Vladimir sacando unas esposas y atándolo a la motocicleta—de inmediato…

- Malos—musitó bajito, pero puso en marcha a motocicleta y salieron de los muelles.

 

- Aun en las bodegas mientras Schuldig lo cargaba hasta el carro Nagi  murmuraba—tu le conoces…no hizo amago de atacarte…

- Shisss, espera aquí, voy por los otros—dijo y corrió al interior, Brand podía caminar a duras penas, pero Farfarello estaba inconsciente, así que le cargo depositándole al lado de Nagi, mientras Brand ocupaba el asiento del copiloto—iremos al Tkis di—manejó con pericia y a toda velocidad, finamente el carro ingresó a un edificio que parecía abandonado, pero en su interior le esperaban varios hombres vestidos de blanco que de inmediato se hicieron cargo de los heridos, cuatro horas después conducía de regreso a la mansión, Farfarello iba conectado a suero y sangre, además de con una fuerte dosis de antibióticos, era sin lugar a dudas el mas herido.

- Maldita sea, eran tres no uno—golpeó con furia la mesa, sus ojos se fijaron en Schuldig que permanecía silencioso a su lado Nagi solo le miraba con curiosidad—se enfrentaron con el rubio, ¿le eliminaron?.

- No—contestó lacónicamente.

- Ni siquiera le hicimos un rasguño, esquivó mi ataque y de alguna manera me paralizó, supongo que hizo lo mismo con Schuldig—no quizo decir todo—luego llegaron los trillizos y se lo llevaron…

- Schuldig, que pasó que no le dominaste—confrontó.

- Su mente estaba cerrada, además, como dijo Nagi usó una especie de conjuro y detuvo cualquier ataque—respondió sin profundizar.

- Mierda, no me gusta esto—se puso de pie y se encaminó a la biblioteca—no me molesten, Nagi preocúpate por Farfarello…

- Si…--cuando estuvo a solas con el pelirrojo lo miró curioso--¿por qué?.

- No sé…su mente no me dejó entrar y…--suspiró—solo me dejó conocer su nombre, Ian, a él lo vi en el Mall,  también a los trillizos, fue a penas un intercambio de miradas, me llamó chocolate con hilos de frambuesa y creo que por eso no me atacó…no me preguntes más, solo se que es por eso…

- Tú tampoco le atacaste…--puso su mano sobre la de éste.

- No pude…solo que no fue porque me paralizara como a ti, solo no pude—confesó—vamos, debes dormir, yo cuidaré a Farfarello…

- Por qué me…--como decirlo…

- Porque tú eres un caramelo pero de esos que solo dan placer—musitó y antes que Nagi se pusiera de pie, lo alzó en sus brazos y lo llevó hasta su cuarto, depositándolo en la cama—duerme…

- Gracias…Schuldig, el tal Ian tiene razón, eres chocolate blanco…--dijo deteniéndole de una mano, ambos se miraron a los ojos, hasta que éste se inclinó y le besó la frente.

- Duerme, Nagi—repitió separándose de él y saliendo del cuarto, entró ala habitación de Farfarello, este dormía producto de los sedantes, reviso el suero e instaló la última unidad de sangre, inyectó los antibióticos, todo casi mecánicamente, luego se le quedó mirando, siempre había podido entrar en la mente del albino, sabia perfectamente lo que le había hecho enloquecer, y hasta tenía sus teorías de lo que debía hacer para volverlo a la cordura, pero claro, era el Farfarello demente el que les servía, no uno cuerdo.  Suspiró y se dirigió a su propia habitación.

 

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- Estuviste a punto de—Ismael.

- Arruinar la misión—agregó Louis.

- Te pusiste en riesgo—argumentó Vladimir.

- ¿Por qué?—preguntaron los tres a la vez enfrentando la mirada cristalina de Ian que permanecía acurrucado en el suelo tras Kuro, que miraba a sus amos y parecía decir que les adoraba pero no dejaría que le hicieran daño a su amigo.

- La misión había terminado, yo maté al objetivo—respondió abrazando el cuello del lobo—yo la terminé, solo quería…

- Querías quedarte a jugar con ese pelirrojo—dijo Ismael.

- ¿Por qué te atrae tanto?—preguntó Vladimir.

- ¿Te estas enamorando de él?—agregó Louis.

- Noooooooooooo…bueno…no creo…solo es lindo, es un delicioso pedazo de chocolate blanco con frambuesa y…y está tan triste…yo quería—se mordió los labios, porque en realidad no sabía bien qué quería—además ya estaba anulado el telequinético y lindo chocolate no me iba a atacar…ellos no eran e objetivo…

- Ian—dijeron los vez y se acercaron con intenciones que Kuro interpretó como agresivas y parándose les enfrentó--¡KURO!…

- Ellos no me van a hacer daño, amigo, ellos prometieron que no me lo harían—susurró al oído del inmenso supuesto perro—verdad que no me harán daño…

- No, no te haremos daño—concedió Vladimir sonriendo.

- Has colocado de tu lado a nuestro Kuro—dijo empezando a sonreír Vladimir.

- Además eres tan lindo que te perdonamos—concluyó Ismael y cinco se abrazaron.

- Tengo hambre, vamos a comer…--dijo riendo como un pequeñuelo Ian y corrió hacia el comedor siendo seguido por Kuro.

- No atacará al síquico—dijo Ismael—él no ataca a golosinas.

- Porque será que lo vé como una—medito Louis.

- Supongo que porque es lindo—comento Vladimir, ganándose una mirada sorprendida de sus hermanos—él lo dijo……¿de verdad le disculparemos así de simple?.

- No, claro que no…--Ismael

- Vamos a requisarle sus dagas y cuchillos—Louis tomando la mochila con los preferidos de Ian.

- Ya veo y podemos poner a Kuro—Vladimir con mirada pícara.

- A vigilarte día y noche—completo Ismael.

- Así no intentará obtenerlos—concluyó Louis

- Sin nuestra autorización—concluyo sonriendo Ismael mientras desde el comedor escuchaban a Ian gritar que la comida se estaba enfriando.

 

Después de suplicar, amenazar y llorar a mares no había logrado que le devolvieran sus dagas, ahora acurrucado entre sus calientitas mantas, sollozaba, no entendía por qué debían ser castigado, él solo se había detenido un momento a charlar con el lindo chocolatito, ni siquiera había podido salir de la duda si…suspiró y cerró los ojos, secó sus mejillas con la manga de su pijama, canturreó como siempre que quería dormirse de inmediato.

 

---pesadillas---

 

- Ian Williams, debes venir con nosotros…

- Pero que pasa…--nadie le contestó, estaba en un auto policial, le llevaban por pasillos y en una sala blanca le presentaron restos de ropas ensangrentadas—Dios…qué…qué…

- Reconoces las prendas?—preguntó con voz fría uno de los policías.

- Estas son de mi madre, el reloj de mi padre, se lo regalamos Samy y yo…esta es la remera favorita de Samy…¿qué pasó? ¿Dónde están?—el mismo que le había preguntado le arrastró afuera de la habitación y le dejo solo en una pequeña sala, la angustia empezó a enfriarle por dentro, hasta que los dientes le castañeteaban.

- Ian Williams, ven, al no tener más familiares, deberás ingresar a un hogar de acogida—la mujer se le acercó y le tomó de un brazo.

- ¿Qué pasó?—preguntó.

- Tus padres y hermano murieron…

- Samy…Samy…--musitó todo el camino hacia ese hogar, quedó sentado en una litera estrecha, habían varias más, pero no era capas de hacer o pensar nada más que, que ya no vería o tocaría a Samy, las lágrimas fluyeron hasta que ya no le quedaron.


Entre las brumas de dolor interno le llegó un susurro, al menos eso pareció, luego unas manos le asieron las suyas,  escuchó risas, quiso gritar pero alguien le amordazó, las ropas que le cubrían desaparecieron y dolió, un dolor físico real, el peso de un cuerpo sobre él, y luego otro y otro, no podía  gritar ni defenderse, dolía, dolía…--cerró los ojos y otras imágenes llegaron, tan terroríficas, dolor y más dolor, solo que veía hombres vestidos con ropas de camuflaje—SAMYYYYYYYYYYYY…..

 

- NOOOOOO—gritó apretando la almohada contra su rostro, el corazón amenazando con salírsele del pecho, tenía el rostro mojado por las lagrimas, tambaleándose salió de la cama y de su cuarto, bajando hasta el segundo piso, miró la puerta del cuarto de los trillizos, quería que le abrazaran…pero…pero…un sollozo ahogado le llenó el pecho y le debilitó las piernas cayendo blandamente sentado  con la espalda apoyada en la pared, abrazó sus rodillas y hundió el rostro—ya no más, ya no más, no puedo más, duele, duele, duele…

- ¿Qué pasa Kuro?—éste le lamía el rostro y gemía mostrando la puerta.

- ¿Qué pasa?—pregunto Louis a Ismael que estaba ya sentado en la cama, mientras Kuro rascaba la puerta.

- Ian—dijo saliendo de un salto de la cama Vladimir—es Ian…

Abrieron la puerta y Kuro se precipito hasta ese rincón donde hecho un ovillo estaba Ian, le lamió los pies desnudos.

- Ian—los tres corrieron a su lado, pero el rubio parecía no ser capaz de escuchar o ver nada que lo rodeaba, gemía como un animalito herido y aterrorizado—chocolate caliente…

- Llevémosle a la cama—entre Louis y Vladimir le cargaron mientras Ismael corrió a la cocina y calentó chocolate.

- Esta temblando—con dulzura lograron que se les acurrucara, seguía sollozando—Ian…

- Ian…estamos aquí—Louis le acaricio los cabellos, mientras Vladimir le frotaba las heladas manos—no llores…

- No llores—pidió también sintiendo que sus propias lágrimas amenazaban con surgir, el rostro de Louis mostraba lo mismo, en eso entro Ismael, traía cuatro tazones de chocolate caliente y sus mejillas mojadas por las lágrimas.

- Ian…bebe un poquito, así—de rodillas frente a sus hermanos y el rubio logró que bebiera unos sorbos—cuéntanos…

- Duele…duele…no deja de doler…devuélvanmelo…devuélvanmelo—gimoteó angustiado.

- ¿A quien?—preguntaron los tres, de alguna manera Ian estaba logrando hacerles sentir el  tremendo vacío y dolor que sentía—duele…

- Devuélvanme a Samy…quiero a mi hermano, devuélvanmelo…devuélvanmelo—enfrentó la mirada de los tres jóvenes—duele…duele…duele…nunca deja de doler…

- Ian—le apretaron contra sus cuerpos, tratando de detener los estremecimientos y apagar el dolor, le besaban con dulzura, consolándolo, ellos no concebían la vida separados, por lo que ahora entendían el profundo dolor que llevaba consigo Ian.

- ¿Ustedes no partirán? ¿No me dejarán? ¿Verdad?—preguntó suspirando, casi una hora después—yo quiero quererles con todo el corazón, pero si les pierdo…si les pierdo también…

- Ian…--se miraron entre ellos y luego se perdieron en los ojos azules—no nos perderás, nunca te dejaremos…nunca…

- Si un día tienen que partir…y  no pueden llevarme…prométanme…prométanme que me matarán—suplicó.

- ¡Ian!…--le besaron con angustia—eso nunca pasará…nunca…

- Se suponía que Samy nunca me dejaría—musitó bajito hundiendo el rostro en el cuello de Ismael, mientras apoyaba sus manos en los torsos de Louis y Vladimir--¿puedo quedarme?…

- Por supuesto que te quedarás—Dijo Ismael por los tres, bebieron sus chocolates, Kuro volvió a su posición custodiando la puerta, se arroparon bien, Ian entre Louis y Vladimir, Ismael apago la luz y abrazó la espalda de Louis alcanzando una de las manos de Ian y entrelazando sus dedos.

 

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MISSION DOS.  SEGUNDA PARTE

 

- ¿algún sueño más?—preguntó al sentarse frente a él Ken, el cual denegó, menos de un minuto después también estaba sentado a la mesa Missai, con esa sonrisa que le caracterizaba y sus ojos brillando.

- Muero de hambre—musitó recibiendo de Aya su gran tazón de café con leche y empezando a devorar galletas--¿y ojitos de gato?…

- En su cuarto aun, su estómago aun no le avisa que es hora de desayunar—comentó riendo Ken, en eso escucharon los bulliciosos pasos del muchachito bajando las escaleras.

- Noticias frescas…tengo hambre—tomó un par de galletas, las masticó apenas y buscó que beber, como aun no le servían su leche le arrebato la suya a Missai—rico…noticias bien frescas, a los malos casi los hacen papilla, ayer atacaron a principal socio de Takatori en lo de las drogas, Tanaka, literalmente lo destajaron, ni Farfarello saca tanta sangre de un cuerpo, mataron como a 20 hombres fuertemente armados y, esto si es lo fresco, nuestros malos de siempre salieron completamente desplumados, el albino medio muerto, oráculo y prodigio heridos, él único que salvó sin daños fue mente maestra…

- Alguna información respecto al origen del o de los atacantes, pertenecen a alguna organización conocida—interrogó Aya.

- Solo que todo el mundo en los bajos fondos están aterrorizados, la vigilancia entorno a Takatori aumentó, también los pocos rivales mafiosos aumentaron sus resguardos, todo indica la aparición de un nuevo grupo—contestó sin dejar de comer—esto se está poniendo muy interesante…

- Es preciso tener más información sobre el nuevo grupo—meditó en voz alta Aya. Omi se estiró como un gatito muerto de sueño—estas cansado…

-  Si, dormiré unas horas y continuaré…--dijo poniéndose perezosamente de pie.

- Um, creo que es hora que también me ponga a trabajar—dijo Missai poniéndose de pie—buscar por dos frentes es mas eficiente, iré a mi laptop a poner en marcha las redes de información terrorista…

- Ambos jóvenes subieron las escaleras, Aya miró preocupado a Ken—está empezando…

- Sí, no quiero que salga dañado—musitó bajando la mirada.

- Eso no sucederá—apoyó su mano en el hombro del moreno y trató de sonreírle—le protegeremos adecuadamente prometo que no perderás a quien amas…

- Aya…perdóname…yo no quería—el pelirrojo le hizo un gesto para que no continuara—pero…

- Ve con los chicos al partido, no pierdas tiempo, todo estará bien, toma—le pasó un paquete con galletas para los niños que el moreno entrenaba--ya vete…


Con la música resonando en sus oídos y la mirada concentrada en la pantalla, Aya y Omi entraron a la habitación y él no se percató, una tras otra las ventanas de abrían y cerraban, cuando daba con un dato lo traspasaba a su archivo, ya tenía abierta una carpeta con un nombre: NEOGÉNESIS…


- Missi…Missi—se acerco y colocó a su alcance un vaso con jugo fresco de frutas y un plato de galletas, luego fue al sofá donde estaba Aya y se acurrucó en sus brazos—es muy bueno, eso  no salía en su archivo…

- Supongo que muchas cosas no salen en su archivo, los mercenarios y luego Kritiker solo han explotado una breve proporción de sus capacidades—acarició los cabellos del muchacho—son condiciones innatas, supongo que el hermano debe haber estado dotado también…

- ¿Qué habrá sido de él?—miró curioso a Aya—creo que investigaré un poco eso…

- Después ahora descansa—estar así con Omi era lo más cercano a tener una familia, una grata sensación de paz le inundaba.

 

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Tres chicos se estiraron al mismo tiempo, desperezándose, y de un brinco saltaron de la cama buscando con la mirada.


- ¿Dónde esta?—sus miradas se cruzaron entre sorprendidas y preocupadas, el ladrido de Kuro los hizo mirarlo, este les miró casi como si riera, mordisqueaba una inmensa galleta de hueso—pero…

- chocolates—musitó Ismael, al mirar la alfombra, sobre un papel de seda habían chocolates de todos tipos formando una breve frase “son lindos”.

- Ian—mordió uno de los chocolates y suspiró—moras…

- Frutillas—musitó con las mejillas arreboladas Louis.

- Debemos investigar—señaló con la boca llena de chocolates blancos Ismael a la vez que empezaba a levantar por un lado el papel, ayudado por sus hermanos.

- Las pesadillas son cada vez más duras—comentó Louis.

- Le hacen mucho daño—concluyó Vladimir--pero parece…

- Que las olvida al día siguiente—completó Ismael.

- ¿Kuro donde esta?—preguntaron al unísono y el malamute solo levantó su cabeza indicando el tercer piso—uffffffffffffff…no quiere que subamos…

- Aprovechemos de investigar—se sentaron frente a sus laptop en la medida que avanzaba la mañana sus rostros palidecieron varias veces, intercambiaban miradas preocupadas, hasta que los tres concluyeron a la vez—no podemos decirle…

- Por eso olvida lo que sueña…--los tres sintieron acudir las lágrimas a sus ojos—Ian…  

En eso escucharon un tronar proviniendo del tercer piso lo que les hizo correr hasta las escaleras, quedando a mitad de ellas, pues nuevamente recordaron que el rubio no les quería en ese piso, pero temían que estuviera herido, intercambiaban miradas cuando apareció  una figura, casi por reflejo arrojaron sus dagas contra ella.


- ¡KUSO!…¿Qué hacen?????????—haciendo gala de sus reflejos evitó las tres dagas y enfrentó a los pelirrojos—casi me rompen mi linda ropa…--pasó entre los tres asombrados muchachos bajándolas escaleras mientras canturreaba, como si nada pasara—tengo hambre, voy a salir todo el resto del día…

- Pero—reaccionando le siguieron encontrándole en el comedor sirviéndose un abundante refrigerio--¿qué hiciste con tus cabellos?…

- Ese maquillaje es…--Louis.

- Tus ropas son…--Ismael.

- No puedes salir así--dijeron los tres molestos, aunque no podían definir el por que de la sensación que sentían, no porque fuera nueva, si no porque era primera vez que la sentían por alguien que no era uno de ellos tres.

- Hey…yo soy mayor de edad y hago lo que se me da la gana…iré a hacer unas compras y a ver algunas personas—bebió otro sorbo de leche y sonrió al verles tan molestos—¿acaso no me veo lindo?…

- Ese es el problema

- Te ves demasiado

- Lindo y …--como siempre hablaban los tres a la vez.

- Pues esa es la idea…así los dependientes me hacen lindas rebajas…nos vemos en la noche…no se coman todos los chocolates a la vez—salió y cogiendo su deportivo se alejó a toda velocidad, no sin antes canturrear unas cuantas palabra y reír como un niño travieso.

- Maldición—masculló Louis.

- Vació el aire de todos—dijo dejándose caer en el prado que rodeaba la casa, luego de comprobar que tanto las motocicletas como el carro tenían sus neumáticos sin aire,  Ismael—es muy escurridizo.

- Se veía demasiado hermoso, me dieron ganas de…--musitó Vladimir y sus hermanos se le quedaron mirando con espanto, lo que le hizo sonrojarse—sé que a ustedes les pasó lo mismo…

- Pero…pero no tienes que decirlo en voz alta—balbuceó Ismael.

- No es justo—musitó Louis—nunca se ha vestido así para estar con nosotros…--los tres asintieron y se quedaron tendidos en el prado.


Los habituales cabellos rubios estaban coloreados en mechones desde el rojo al negro, peinados de tal manera que agregaban sensualidad al rostro perfecto, los grandes ojos azules destacados con delineador, las largas pestañas con una leve capa de mascara, los párpados con una sombra tenue que simplemente hacía fascinante esa mirada, las mejillas se veían más tersas que nunca, los labios húmedos y tan tentadores, las ropas…eran demasiado, se pegaban como una segunda piel, cuero negro y un beatle de cuello alto del mismo azul de los ojos, un abrigo largo y botas con enchapes, le daban una apariencia de chico sensual y peligroso, demasiado atrayente.


- No es justo—repitieron nuevamente.

   

En la ciudad

 

- ¡Mil demonios!—musitó estremeciéndose de pies a cabeza, los otros jóvenes que atendían sintieron también flaquear las piernas, buscaron con la mirada a su patrón, pero las esperanzas desaparecieron, el rostro de este mostraba el mismo impacto.


Aspiró profundamente, le encantaba el aroma de esa tienda, empezó a seleccionar todo lo que se llevaría, silbaba despreocupadamente, hasta que al llegar al mesón dedicó toda su atención al joven dependiente—hola, Ruben, te ves muy lindo…

- Hola…gra…gracias…que…que más deseas…digo…algo más—esos ojos azules le perforaron el alma, o al menos eso le pareció, vio es delicada mano acercarse y su corazón amenazó con salírsele del pecho.

- Quiero además de las hiervas especiales, 250 gramos de cada una, y dame también esencias, tres onzas de cada una…--acarició la mejilla del joven—tienes una piel muy suave…dile a tu patrón que venga un momento, por favor…

- Yo…--jadeó y casi desmayado se dirigió hacia su jefe y luego entró a la bodega para servir el resto del pedido.

- Dime…--por más conjuros que probaba no había caso, entraba ese joven y toda protección desaparecía.

- Prometiste tener algo para mí…recuerdas—sonrió, el hombre tragó en seco y asintió desapareció unos segundos y luego apareció con un paquete—hurra…¿cuánto te debo?…

- Nada…nada—respondió  y de inmediato sintió el placer absoluto, esos labios rozando los suyos—tu cuenta ya está pagada…

- Eres maravilloso…--susurró al oído del hombre, el dependiente colocó lo pedido en la canasta y llevó todo al carro—supe de unas pócimas especiales…podrías averiguar…

- Por supuesto, si existen las tendrás la próxima vez…lo prometo—el joven le sonrió deslumbrante, se escucharon suspiros en la tienda, y por segunda vez esos labios le rozaron.

- Gracias…nos vemos—salió sonriente, al pasar por su lado el dependiente le acaricio la mano y este sintió doblarse las piernas por lo que se asió de uno de los estantes.


Montó en el carro y siguió su camino, era delicioso salir de compras, sobre todo cuando no tenía que pagar nada de lo que compraba, fue a un par de tiendas más, una de las cuales se especializaba en mascotas, la última que visitó era una escondida tiendita de herrumbre.  

- Joven Ian…qué felicidad verle—el hombre se acercó al joven y le abrazó con toda confianza—le tengo sus pedidos, estoy seguro que estará complacido, venga…

- Siempre quedo complacido con tu trabajo, dady…--siguió al hombre de edad indeterminada, delgado y bajito, entraron a un taller, le vió sacar una caja de madera y al abrirla sonrió—perfectas…

- Tres juegos iguales, como pidió, en el mango esta la inscripción, usé pequeñas incrustaciones de rubíes y esmeraldas, como pidió—vió al joven tomar las dagas con su pañuelo y examinarlas—veo que no son para usted…

- No, son unos presentes…quedaron perfectas, pero siempre es así—dijo sonriéndole—y lo otro…

- Aquí está—descubrió una bolsa de terciopelo, habían hermosos broches y botones—todos con las especificaciones que señaló…

- Gracias Dady—le abrazó y depositó varios besos en la frente, el hombre le acarició con toda confianza la espalda y cuello—aquí esta lo que acordamos—le entregó un frasco con un líquido en su interior que destellaba con luz propia—solo nunca digas quien te lo dio…

- Por supuesto Ian—deslizó su mano por el rostro hermoso—cuídate mucho y ven cuando quieras…

- Si, tú también cuídate y disfrútalo—cerró la caja y salió del taller, ya tenía todo lo que había ido a buscar, podía regresar a casa, conducía tranquilamente hasta que unos cabellos le llamaron la atención, paró el carro  y de un salto corrió en dirección de donde le había visto, le alcanzó en una plaza poco concurrida—hermoso chocolate…

- Ian—jadeó a tenerlo frente a sí, su cabeza decía que debía atacar, pero su cuerpo no aceptó esa orden—te ves diferente…

- Estoy de compras—se acercó y quedaron apenas separados por unos centímetros—dime tu nombre…

- Schuldig—musitó turbado, nuevamente era incapaz de penetrar esa mente, solo se perdía en eso pozos azules—somos enemigos y…

- No, tú y yo no somos enemigos…para quienes trabajamos sí…--cruzo esa pequeña distancia y sus labios se unieron a esos otros, de inmediato los brazos del pelirrojo le rodearon posesivos, pegándole contra su cuerpo, acariciándole osadamente, un gemido le llenó el pecho, era demasiado intenso, como si estuviera rodeado por lenguas de fuego, soltó un sollozo y junto fuerzas, separándose—para…

- Yo…no quise asustarte—había recibido la corriente de temor—solo…

- Lo sé…--se sentía tan confuso, volvió a esos brazos—no quiero que te hagan daño, no quiero que sufras…solo cuídate—se separó con un suspiro--debo irme…

- Tú también cuídate…Ian—le vió sonreírle y alejarse, no entendía lo que estaba pasando, “lo que le estaba pasando”, cada vez le era mas distante Bran a pesar que le habría traído loco por ya dos años, quizás se había cansado de auto engañarse, él nunca sería algo más que un juguete sexual, un arma y un conveniente subordinado, de por sí reemplazable.  Caminó por el parque hasta donde tenía aparcado el carro, ya atardecía, había dejado al albino aun dormido y a Nagi amenazado con las penas del infierno si se levantaba, solo le había autorizado a ver tv y a comer las galletas y leche que le había dejado a su alcance.

 

Condujo como siempre, al filo de las reglas, al ingresar a la mansión, podía ya percibir la molestia de Bran, fue a la cocina y dejó la comida preparada que había comprado, estaba a punto de subir a ver a Farfarello cuando la puerta del escritorio de abrió.  

- Ven—hacía una hora que esperaba al pelirrojo--¡qué mierda crees que haces desapareciéndote!, no te autoricé a salir…

- Uhhh, estas de mal humor, esto ya se está haciendo rutina en ti, salí y no veo por qué debo pedirte autorización, esto no es un cuartel militar, solo te debo obediencia cuando estamos en un trabajo—respondió recargando la espalda en el quicio de la puerta, vió la furia en los ojos azules, como apretaba los puños--¿qué es lo tan importante?…

- Me estas colmando la paciencia—se acercó y colocó su fuerte mano en la garganta del pelirrojo, apretando lo suficiente para causarle dolor—no voy a admitir ese tipo de respuesta…

- Ok…ok—cedió, aunque sus ojos  no decían lo mismo--¿qué es lo tan importante?.

- Encontré algo, el jefe esta en un riesgo mucho mayor del que suponía, en realidad todos los negocios de empresarios como el jefe…quédate  en la mansión, en alerta, iré a hablar personalmente con Takatori…

- Ok—esbozó una sonrisa, el que no le dijera que era eso tan crítico que ponía a todo el bajo mundo en riesgo, ya le demostraba lo poco que realmente le tenía en cuenta.


Subió las escaleras y entró a la habitación de Farfarello, este abrió los ojos, estaba más pálido de lo habitual—hola, has tomado una larga siesta, quédate quieto o se abrirán las heridas nuevamente, eso…mírame, todo estará mejor, cada vez mejor—entró en esa mente, ya no más, nunca más dejaría que el dolor le  carcomiera, menos para solo permitirle a Bran tener una arma más.


Cuando salió del cuarto, el albino estaba dormido, solo que algo había cambiado en ese rostro pálido, había serenidad.  Cruzó el pasillo y luego de golpear entró al cuarto de Nagi, el muchacho alzó la mirada, el televisor estaba apagado, se entretenía con una historieta.  

- Hola, ¿cómo te has portado?—se sentó en la cama y puso su mano en la frente comprobando que no había fiebre.

- Muy bien, qué otra me quedaba—dijo aun descolocado por la manera en que se comportaba últimamente el pelirrojo.

- Estamos los tres solos, Bran fue a donde el jefe, traje comida italiana, despeja la cama y comemos aquí, ¿te parece?—propuso.

- Claro…me gusta la comida italiana—sonrió y disfrutó de cómo esos ojos también brillaron, el pelirrojo salió y poco después regresaba con una bandeja con la comida y refrescos—huele delicioso.

- Y lo está—señaló sentándose y colocando la bandeja entre ellos.

 


- Amor…debes descansar—susurró a la vez que le besó el cuello y le abrazó, Missai suspiró y se apoyó en él, le vió dar la orden de imprimir—encontraste algo.

- Si, algo, aunque casi todo son rumores, pero cuando el río suena…--se puso de pie y volteando le ofreció sus labios que fueron de inmediato acariciados por los de Ken—te amo…

- Te adoro—acarició esos largos cabellos—vamos…mira a esos dos, se quedaron dormidos.

- Ubs…ni me di cuenta que estaban ahí, imagina si se hubiese tratado de enemigos—comentó sin despegar su cuerpo de ese que le acogía entre sus brazos.

- Simple, un gatito sabe por instinto cuando son gatos amigos y cuando no—le depositó un sutil beso en los labios y asiéndole de la mano—vamos, es hora de la cena, creo que todos ustedes se pasaron por alto el almuerzo—una bulliciosa queja del estómago de su muchacho le indicó que así era.

- Creo que solo esos vasos vacíos de leche y unas galletas—musitó—eso almorzamos…Omi, Aya…despierten…

- Um…¿cuándo llegaste Ken?—dijo Omi restregándose perezosamente los ojos—iré a preparar el almuerzo y…¿qué hora es?…

- Ja, ja, ja, ja, ja, hora de la cena—dijo Ken revolviéndole los cabellos y puso su mano en el hombro de Aya que recién ahí  abrió los ojos—bajemos a cenar…

- Ya la cena…--se puso de pie, hacía mucho tiempo que no se desconectaba de todo, ya estaba oscureciendo, lo que indicaba que habían dormido al menos cinco horas--¿qué encontraste Missai.

- Toma…esto es todo…quienes sean, han sabido ocultarse muy bien, lo que indica mucho poder, pero una cosa esta clara, son extranjeros—le entregó las hojas impresas y luego dejó que Ken le tirara camino a la planta baja y al comedor.

- Vaya, vaya—leía lo que estaba impreso—esto es muy interesante, más por lo que no se dice…

- A mi me gustaría saber quienes fueron los que directamente pusieron fuera de combate  a los malos, es decir, deben ser muy buenos—comentó Omi tomando asiento a la mesa.

- Deben serlo—puso las fuentes en la mesa y también se sentó, todos empezaron a servirse.

- Creo que si se preocupan tanto por que no se sepa de ellos es más que seguro que tiene un equipo de contingencia, es decir, si alguien averigua más de lo que consideran adecuado, pues mandan al equipo a borrar esa información y al curioso—comentó con una tranquilidad que dejó a todos preocupados Missai.

- Si eso es verdad, quizás el que hayas estado investigando en la red…--empezó a decir Ken.

- Tranquilo, soy un gato astuto, me infiltro sin que se den cuenta, a lo más las sospechas caerán sobre el tal Takatori, pues cloné una de sus claves de acceso a la red—dijo haciendo un guiño cómplice—los siameses somos astutos…

- Ja, ja, ja,--rió Omi, mientras los dos mayores se relajaban.

   

- Entiendo—musitó Ian, colgó el teléfono y caminó hacia la puerta, cuando estaba  a unos metros tocaron en timbre, al abrir ahí estaba el caramelo de licor—hola, hermoso.

- Hola, Ian, toma…te ves…--tragó en seco, la apariencia del joven le dejaba sin aliento—bueno…nos vemos…

- Claro, hermoso…--cerró y con el sobre en la mano fue a la sala, los pelirrojos ya estaban sentados en el sofá esperándole—tengo un mal presentimiento—susurró y sin llegar a abrir el sobre lo pasó a Ismael que de inmediato lo abrió, los tres leyeron a la vez la información que había en él.  Mientras él les dio la espalda, fue hasta el bar y se sirvió un batido de fresa.

- Han estado investigando peligrosamente a la organización, debemos destruir a los curiosos, la información y de paso acabar con ese tonto de Takatori—dijo Louis.

- Los objetivos son ese tipo de lentes, Bran Crafford, Takatori y –empezó a decir Vladimir.

- Y el pelirrojo, Schuldig—concluyó Ismael, los tres dieron un salto, pues el vaso que sostenía Ian se había estrellado contra el piso, se acercaron al rubio pero éste les esquivó encaminándose escaleras arriba.

- Ian—llamó Louis.

- Espera—dijo Vladimir.

- Son órdenes—señaló Ismael.

- ¿Cuándo?—musitó sin detenerse.

- Mañana en la noche—respondió Louis, le escucharon gemir apagadamente y correr escaleras arriba--¿qué haremos?.

- Que él se encargue de Takatori, nosotros lo haremos de los otros—dijo Ismael.

- Rápido, muy rápido—concluyó Vladimir.

- Nos odiará—musitó Louis y los tres asintieron y se abrazaron.

 

MISION DOS: TERCERA PARTE: CONJUROS

 

- Se movía inquieto en la cama, gemía apagadamente, había llorado hasta que el sueño y el cansancio lo habían vencido, ahora las pesadillas le sumían en el dolor.

 

- “Chico tonto, esto te pasa por no cerrar la boca—le pateó las costillas riendo. Aprenderás a quedarte callado y a ser complaciente, putito—musitó otro a la vez que asiéndolo por el cabello le arrojaba a ese pequeño cuarto. Estarás ahí hasta que supliques que te jodamos—dijo un tercero y cerró la puerta. Se mordió los labios, no iba a suplicar, eso no, se acurrucó, no había ni siquiera un poco de luz, en eso tembló, sentía cosas moverse a su alrededor, tembló, cuando algo le rozo una mano, luego algo trepaba por sus cabellos, desesperado se sacudió, pero seguían, más y más, entró en pánico, se golpeaba contra las paredes, pero parecía todo inútil, agotado, sangrante cayo al suelo, muy cerca de la puerta, las sentía caminar por su rostro, sollozando se pasó las manos por él, luego suplicó, una y otra vez, hasta que, escuchó las risas y esa puerta se abrió.”

 

Despertó temblando, la piel empapada de sudor, las piernas casi no le sostenían, quería correr al cuarto de los trillizos, pero no lo hizo, fue al baño y se metió bajo el agua caliente, restregó con fuerza la piel, hasta que esta estuvo roja, luego se secó y volvió a la cama.

 

Corría, aun tenía las manos con sangre, entró sigiloso a un servicio  y se lavó, luego, salió tratando de parecer un chico más que vaga por las calles, en un gran centro comercial, robó ropas nuevas, luego se perdió en los barrios bajos de la ciudad… Podía sentir las miradas codiciosas de esos dos tipos que a unos metros no dejaban de hablar bajo, terminó de limpiar el parabrisas de ese carro, recibió las monedas y las guardó en su pantalón, su instinto le decía que debía alejarse, caminó varias calles, pero le seguían, su mano fue a uno de sus bolsillos, cuando se le tiraron encima, su navaja actuó, uno de los hombres cayó al suelo, el otro quizo golpearle, pero ágilmente le cruzó el cuello con la navaja, la yugular cercenada le hizo caer pesadamente con las manos en el cuello. Tontos, tontos…hermosos ríos de sangre—musitó, no le prestó atención al del cuello cortado, moriría rápido, estaban en un lugar oscuro, así que se acercó al otro, que tenía un corte en el estómago, algo tan doloroso que lo inmovilizaba, pero que le permitiría jugar, le asió por los cabellos, vio el pánico casi animal en esos ojos, sonrió nuevamente y empezó a hacer cortes en esa piel, cuando terminó, era imposible reconocer al hombre—tontos…tontos…

- Así es, hola, Ian…--estaba  acompañado de dos hombres y habían observado parte del ritual del muchacho—tranquilo, no te haremos daño…al contrario…queremos protegerte y darte un trabajo adecuado a tus aptitudes…

- Yo no necesito de nadie—musitó bajo, retrocediendo.

- Tranquilo, sabemos que sobrevives solo, pero te podemos dar una casa hermosa, comida, ropa, juguetes y te enseñaremos—dijo el hombre y se acercó unos pasos permitiéndole ver su rostro—podrás vengarte de los que te han dañado, lo juro, Ian…

- Podré cortarles y hacerles sangrar…--miró los ojos de ese hombre, algo en ellos le indicó que decía la verdad, suspiró, se humedeció los labios—ok…pero si no me gusta los mato…

- Ja, ja, ja, ok, Ian, es un trato—extendió su mano la que fue estrechada por el muchacho, caminaron hasta el lujoso carro.  Habían seguido la pista de este muchacho, desde su estadía en el hogar de acogida, sabían de lo sucedido con su familia y cuando había escapado, luego de matar a esos tres chicos mayores que abusaban de él, se había convertido en un candidato prometedor.”

 

Despertó, el sol ya entraba por los amplios ventanales, nunca hasta ahora había sentido dolor al tener que cumplir una orden, siempre el recibir instrucciones era estimulante, generaba oleadas de excitación, ahora, dolía, dolía tanto.
 

- Ian…--se miraron entre sí, era evidente que el rubio había tenido pesadillas, sus ojos hinchados eran prueba de ello, sintieron una oleada de dolor, no había ido con ellos.

- Ian…tú te encargarás de Takatori—dijo Louis.

- Iremos al anochecer—señaló Vladimir.

- Seguro que oráculo habrá previsto el ataque de manera que la mayor resistencia estará en el exterior, nosotros nos encargaremos de esto, tú vas directo contra Takatori—señaló Ismael.

- Ese es tú único blanco, entendido, Ian—señaló Louis—Ian…nos escuchas…

- Sí, les escucho…iré contra Takatori, es mi único blanco—repitió con voz monótona, luego alzó la vista y los cabellos rojos de los trillizos le recordaron otros cabellos, los ojos se le inundaron de lágrimas que empezaron a mojar sus mejillas—estaré arriba…en la sala hay algo para ustedes y cosa peluda…

- Ian, espera…--les dolía tanto verle así, querían consolarle.

- Solo deben hacer que cosa peluda vaya por mí cuando sea ya hora…--salió del comedor y subió las escaleras.

- Espero que esto funcione—musitó poniéndose de pié Ismael.

- Nunca le habíamos visto tan afectado—comentó Louis.

- Ese pelirrojo se le metió en el corazón, maldito sea—musitó apretando los puños Vladimir, era tan poco común que profirieran maldiciones que sus hermanos le miraron preocupados—no quiero que sufra, lo quiero.

- También le quiero—le abrazó Ismael y lo mismo hizo Louis.


Caminaron tomados de la mano hasta la sala y vieron esa caja de madera en la mesa de centro, se acercaron curiosos, en la alfombra habían varios accesorios para mascota, de hecho Kuro ya se encontraba mascando con rostro de placer un super hueso, cuando abrieron la caja soltaron una exclamación de sorpresa y alegría.


- Son magníficas…

- Hermosas…

- Bellísimas…


Con sus largos dedos acariciaban los juegos de dagas, cada juego tenían en incrustaciones de rubíes y esmeraldas sus iniciales, se miraron y no pudieron evitar que las lágrimas acudieran a sus ojos, se abrazaron y besaron, tratando de consolarse, pero realmente lo que necesitaban era besar y abrazar a un muchacho rubio que seguro estaba en su habitación llorando.

 

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- Me comunique con Max, le envié lo que investigaste, debemos estar alertas, creo que nos enviaran a una misión muy pronto—dijo Aya sentándose a la mesa, mientras Omi servía los platos del desayuno—espero que no sea lo que sospecho….

- Kritiker es muy nacionalista—musitó Ken a lo cual Aya asintió—sería más que una ironía…

- ¿De qué hablan?—preguntó bajito pegando sus labios al oído de Omi, sentado a su lado, pero este no alcanzó a responderle, pues un estremecimiento le recorrió de pies a cabeza y poniéndose de pie en sus manos surgieron las dagas—enemigo…

- ¿Qué?—los tres miraron a su alrededor, Missai ya estaba listo para la defensa, cuando tocaron a la puerta. Aya sacó su katana y con ella lista abrió, encontrándose a Schuldig frente a frente--¿que quieres?…

- Necesito ayuda—reconoció muy a su pesar, había sondeado por largos minutos las mentes de esos dos konecos, esperaba que sus sospechas estuvieran en lo cierto, no podía permitir que Bran arrastrara a Nagi y Farfarello a una muerte segura, ninguno estaba aun en condiciones de enfrentarse en una lucha—unir fuerzas ante un enemigo común…

- Un enemigo común, nuestros enemigos son tú jefe y tú grupo—dijo con voz fría Aya, en eso apareció tras el pelirrojo un carro, que identificó de inmediato, de él bajo Max.

- Que bien, que haya uno de ustedes presentes, traigo órdenes prioritarias—dijo con voz formal la mujer y entró con toda tranquilidad, fue seguida por los konecos y por el blanco.

- Persia ordena proteger a Takatori, no podemos permitir que todo el bajo mundo caiga en manos de una organización extranjera—podía cortarse la tensión en el ambiente, era evidente que estas ordenes no les agradaban para nada a la mayoría de los presentes—deben lograr una alianza momentánea para lograr estos fines…Takatori no debe morir…eso es todo…buenos días.

- Maldición—masculló por lo bajo Ken apretando los puños.

 
Missai prestaba mucha atención al pelirrojo vestido de blanco, le parecía muy conocido, pero sobre todo algo generaba una extraña corriente de simpatía por él.


De manera que trabajaremos juntos—dijo con un esbozo de sonrisa, que solo fue correspondida por el nuevo koneco, un muchacho de unos 20 años que le resultaba terriblemente familiar, otro color de cabellos y de ojos pero…no podía ser…ya estaba alucinando con ese rubio, suspiró, Ian le traía loco, era así de simple, estaba perturbando totalmente su capacidad de raciocinio.

No nos queda más que obedecer órdenes—dijo con resignación Omi—como están los otros?…

Se enteraron, debí suponerlo, Bran está recuperado, Nagi y Farfarello no, claro que eso no le importará, les enviara aunque sean solo carne de cañón—musitó apretando los puños—el otro equipo es muy bueno, claro que esa vez nos sorprendieron, se suponía que eran dos, uno rubio y uno pelirrojo y resultaron trillizos pelirrojos…

- Trillizos…vaya—dijo interesado Omi--¿qué tan buenos son?…

- Mucho, aunque yo no les enfrenté, Nagi y yo estuvimos frente al rubio, maneja das cuchillas con increíble habilidad y de alguna manera bloquea mis poderes psíquicos—reconoció, no les dijo su nombre ni que parecía poseer poderes extraños, era como estarse traicionando, pero no podía dar facilidades para que matarán a Ian.

- Vaya, te bloquea, debes haberte sentido impotente—dijo con ironía Ken.

- Vamos, esta conversación no tiene sentido, debemos hablar con Bran Crafford—sentenció Aya—prepárense para trabajar…

- De inmediato—dijeron Omi y Ken subiendo las escaleras, Missai estaba listo así que dirigiéndose a él—vigílale…

- Okey—contestó sonriendo, quedó a solas con ese pelirrojo y sus ojos chispearon—tienes algo que me resulta conocido, pero no sé que…

- Lo mismo digo—respondió, se quedaron en silencio, trató de entrar a esa mente, pero para su sorpresa está le rechazó, lo mismo que le pasaba con Ian.

- Vamos—salieron, Schuldig conducía su carro delante de ellos, llegaron a la mansión que ocupaban, no habían guardias.

- Todos están alrededor de Takatori—explico haciéndolos pasar a la sala, donde un muy pálido Farfarello estaba sentado en un sillón y al verles ni siquiera hizo amago de ponerse de pie,  Nagi miró alarmado al pelirrojo—tranquilo, nos ayudarán…

- Pero…te va a matar por traerles—musitó bajito y un estremecimiento le recorrió de pies a cabeza a la vez que una sensación de nausea le invadía haciéndole vacilar, a lo cual rápidamente Schuldig se acercó y alzándole en brazos lo recostó en el sofá—no es necesario yo…

- Shisss, no están en condiciones, ambos no pueden luchar—acarició los cabellos pardos con dulzura.

- ¿Qué has hecho?—apuntaba sus armas a los konecos mientras su mirada llena de furia se dirigía a Schuldig.

- Les necesitamos…ellos también tienen órdenes de proteger a Takatori—respondió—diles lo que has averiguado.

- “Vas a pagarlas estúpido”—los ojos del pelirrojo mostraron que sus pensamientos no le importaban, luego miró a los konecos, sobre todo a Aya que le respondió con esa mirada sin emociones—atacarán al atardecer, tres blancos, Takatori, Schuldig y yo…

- vaya, de manera que lograste que nos incluyeran—dijo con ironía—muchas gracias Bran querido…

- Cállate imbécil—bajó las armas—de manera que deberán ayudar a proteger a Takatori…

- Así es, esos dos no están en condiciones, solo serán un estorbo—respondió aludiendo a los dos heridos—haremos dos círculos de defensa, exterior: Missai, Ken  y Schuldig, interior, tú y yo…

- Ok, y el pequeño que hará, jugar canicas—dijo irónico mirando a Omi cuyos ojos brillaron de odio.

- Omi se queda aquí con Farfarello y Nagi—decidió Aya—es una orden…

- Entiendo—musitó, por un segundo la mirada de Aya había dicho que necesitaba saberle seguro, eso le bastaba para aceptar la orden.

- Vamos entonces—dijo Bran, en dos carros salieron camino a la ya muy fortificada mansión Takatori.

 

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Se acercó a los grandes ventanales, observó a Kuro corriendo por los prados, también a sus pelirrojos tendidos en el prado, a pesar de la distancia sabía que sus rostros mostraban tensión y preocupación, dudaban, de él, de que obedeciera órdenes, suspiró y se alejó de las ventanas, fue a su mesón de trabajo, abrió el gran libro, aquel que se suponía él no poseía, por ser de una graduación demasiado baja, acarició las páginas de seda, mientras con los ojos cerrados elevaba una oración:

Guíame fuerza inconmensurable, permíteme encontrar aquel conjuro que proteja a los que  mi corazón ama…”

las páginas del gran libro se movieron con una brisa inexistente, hasta que pararon, abrió los ojos y leyó, de inmediato buscó los ingredientes, preparó en conjuro y cuando en un cuenco de plata éste estuvo listo, se acercó con él al fuego que siempre mantenía ardiendo, cortó la palma de su mano izquierda dejando que la sangre se mezclara en el cuenco y pronunció las palabras que había memorizado:

los que amo estarán  a salvo, que mi ser detenga toda herida, todo sufrimiento, por las esmeraldas de sus ojos y el rojo de sus cabellos, mi sangre sea la alianza tendida entre sus corazones y el mío"

El contenido del cuenco cayó en el fuego y se evaporó, un leve dolor se centró en su pecho por un instante pero luego se disipó, suspiró nuevamente, fue hasta su habitación, aun faltaba para el momento de ataque, se desnudó y se tendió en el lecho.

 

- Kuro, ve por Ian—dio Ismael, los tres ya vestías sus ajustados trajes negros, las dagas estaban prestas para su utilización.

- Cosa peluda—hundió los dedos en los largos cabellos, se arrodilló y le abrazó por el cuello, depositando varios besos en la frente del gran lobo, acercó sus labios a una de las orejas de este y susurró—recuerda que te amo, cuídales mucho sí no regreso…sé que serás capaz de reconocer a quien mi corazón ama…lo sé.


Los tres fijaron su mirada en la extraña actitud de Ian y Kuro, era como si siempre compartieran secretos, ahora desearían poder escuchar lo que murmuraba el rubio.


- Vamos—dijo poniéndose de pie y dirigiéndose ha la cochera, vestía de impecable blanco, siempre era así, su cuerpo enfundado en una segunda piel de fina gamuza blanca que ocultaba en cada recoveco una aguda arma.  

Sus motocicletas recorrieron veloces la distancia que los separaba del blanco, se detuvieron a las afueras de la gran residencia, sus agudos ojos detectaron las defensas, las posiciones de los guardias, los puntos ciegos de vigilancia, con un intercambio de miradas los pelirrojos establecieron un plan de ataque, luego buscaron los ojos de Ian, pero este ya se adentraba, parpadearon, era increíble, se deslizaba casi invisible entre los guardias, sonrieron y iniciaron el ataque, ellos atraerían la mayor atención, de manera que el trabajo de Ian se viera facilitado.


- Atacan—murmuró por el intercomunicador Bran, todos en alerta, los disparos se sintieron por todo el exterior, intercambió una mirada con Aya, este se situó a unos pasos de la única puerta que permitía el acceso a ese salón, Takatori estaba con su automática en la mano, listo para disparar, él apuntó sus revólveres a la ventana, los gritos y disparos se hacían mas y mas intensos.

- Acabaron con los tiradores—musitó Aya, sabían que ahora probablemente estarían enfrentándose con Schuldig, Missai y Ken, fue a decir algo, cuando la ventana estalló, volteó para cubrir a Takatori, pero ya era tarde, éste caía con dos dagas profundamente incrustadas en las cuencas de sus ojos—Bran!!!…

- ¡Maldición!!!—gritó disparando y el brillo frió de una daga le cercenó el cuello, al ir cayendo alcanzó a ver una figura entera de blanco.

- Cabellos rojos, ojos equivocados…¿dulce o presa?—musitó como un canturreo, la katana se movió contra él, con sus dagas detuvo el ataque, sus ojos enfrentaron los del pelirrojo, había hielo en esa mirada y muy dentro de ella dolor--¿dulce o presa?…

- Maldición—atacó con su máxima velocidad, el asesino de blanco era excelente, esquivaba sus ataques, había sangre empapando la mullida alfombra, toda escapaba a borbotones del cuello de oráculo, pero ni una gota había manchado ese inmaculado blanco.

- Creo que dulce—musitó y sintió un profundo dolor, un corte en su hombro derecho, la sangre empezó a manchar sus ropas, parpadeó, el pelirrojo aprovechaba su vacilación para atacar de nuevo—lo siento, dulce…--musitó y una de sus dagas se incrustó en la cadera derecha del pelirrojo que cayó al suelo, la katana firmemente asida en su mano, otro dolor le hizo trastabillar, una nueva herida esta en el torso, disparó otra daga que atravesó el tórax del pelirrojo—perdóname dulce…

- No había tocado siquiera a ese asesino que sangraba copiosamente y que se disculpaba por tenerle a su completa merced, esperó el golpe de gracia, pero este nunca llegó, ni siquiera era capaz de mantener los ojos abiertos, la sangre le llenaba la boca.

 

En la planta baja:

Sin palabras decidieron a cual atacar de esos tres que defendían el único acceso a los pisos superiores, Ismael fue en contra del moreno, Louis contra el castaño y Vladimir contra el pelirrojo, sus cuerpos esquivaban cada ataque, la lucha era demasiado equiparada, pero con un grito de triunfo Vladimir logró clavar profundamente una de sus dagas en el hombro de Schuldig que con un gemido calló de rodillas, un fuerte dolor le golpeó haciéndole retroceder, el pelirrojo usaba su poder mental, agitó la cabeza, tratando de recuperarse, sus ojos no dejaba de ver a su blanco, que retiraba la daga de su hombro, vió la sangre fluir, había cercenado una vena, sonrió, pero algo pasó, la sangre paró, la herida desapareció ante su mirada.

Al ver vacilar a Vladimir Louis distrajo por una fracción de segundo la atención del trigueño, lo suficiente para que éste disparara contra él una de sus cuchillas que le rasgó el torso, el dolor le hizo encogerse, pero desapareció casi de inmediato, enderezándose, atacó nuevamente al castaño, que le miraba sorprendido.



- Bran y Takatori—musitó Schuldig, sus compañeros entendieron lo que significaba.

- Esto es aburrido—musitó Ismael logrando enterrar dos de sus dagas en el cuerpo de Ken que cayó sangrando profusamente, ante lo cual Missai corrió a su auxilió cubriéndolo con su cuerpo—tercer blanco…

- Schuldig se preparo, sabía que él era ese blanco, pero no hubo ataque, sus ojos vieron lo mismo que los trillizos, una cabellera rubia—IAN !!!!!!!!!!

- ¡¡¡¡ IAN !!!!!!!—gritaron al verle, en una fracción de segundo entendieron, las heridas, guardaron las dagas, el tercer blanco ya sostenía entre sus brazos a Ian, ellos intercambiaron miradas, y se pusieron en acción—retirada…


Missai al ver que la atención se desviaba de ellos arrastró el cuerpo inconsciente de Ken, no iba a perder nuevamente a quien amaba, no otra vez, ni siquiera volteó a mirar que era aquello que generaba la distracción de los asesinos rojos.


- Protegido—musitó acercando su mano al rostro de Schuldig, los ojos verdes le miraban tan angustiados, sonrió pero dolía.

- Vamos…--ordenó Vladimir, su mirada dejó muy en claro que debían ir con ellos, Schuldig llevando en sus brazos al sangrante Ian obedeció.

Mientras Louis corría escaleras arriba y verificaba que los otros blancos estaban muertos, vió a ese pelirrojo agónico en el suelo—blancos exterminados.


Ismael subió a la motocicleta de Ian, mientras ponía en automático la conducción de la suya, Schuldig conducía uno de los carros con Ian en él, mientras los trillizos los escoltaban hasta su refugio.   Atrás quedaba la ahora devastadas mansión Takatori.


- Kenny, Kenny—musitó acariciando el rostro del moreno, este abrió los ojos—Kenny…

- Ve por Aya…hazlo—le vió correr al interior de la casa, como pudo siguió apretando el improvisado torniquete sobre su hombro, debía detener la perdida de sangre, en eso vió venir a Missai, cargaba en sus brazos el cuerpo de Aya--¿está…??

- Aun no, pero…dime donde ir—se puso al volante y siguió las instrucciones de Ken, en 10 minutos llegaban a una de las instalaciones médicas secretas de Kritiker.

 

- Hay que sacarle esas ropas, necesita un médico—le tendió en el amplio sofá, los pelirrojos corrían, un inmenso lobo había clavado sus ojos en él, pero no le importó, lo único que le importaba era que Ian no muriera—no debe morir…

- Las heridas..—asintieron, Ismael tomó la mano derecha de Schuldig e hizo un corte poco profundo, de inmediato este surgió en la mano de Ian, Vladimir cortó uno de sus dedos y la herida se manifestó en la mano de Ian—maldición, es un conjuro…

- Debes obligarle a que despierte—ordenó Louis a Schuldig—debe poner fin al conjuro…

- Pero…--se concentró, las barreras eran tantas en esa mente, suplicó, y se encontró con un jovencito de 15 años que le miraba con sus inmensos ojos azules—“despierta por favor”…

- Ian…detén el conjuro—suplicaron los cuatro al ver esos ojos abrirse.

- Les protejo—musitó débilmente—les amo…

- Dinos como curarte…debes tener algo para curarte—suplicó Ismael.

- Cosa peluda…busca…vida—musitó.

- Kuro corrió escaleras arriba segundos después regresaba con un frasco que en su interior mostraba un aceite fluorescente, Vladimir lo tomó y arrodillándose ante el cuerpo de Ian.

- Dinos que hacer…--miró a Schuldig, este se concentró y los ojos de Ian se abrieron nuevamente—dime…

- Una gota en cada herida…cerrara…pero…pero—pozos de hermoso verde, cayó inconsciente de nuevo.

- Cerrará las heridas, pero no reemplaza la sangre perdida, necesitamos unidades de sangre y suelo, ahora—ordenó Schuldig, dos de los pelirrojos corrieron en segundos estaban con lo pedido, las heridas estaban cerradas—yo lo haré…confíen…le amo…

- Toma—el tercer blanco en segundos tenía conectados a los brazos de Ian el suero y la primera unidad de sangre—no levantará el conjuro…

- Te protege de nosotros—dijo Ismael.

- También les protege a ustedes de mí—señaló respirando un poco más tranquilo, pues la respiración de Ian se hacía más firme—no volverá a la consciencia en varias horas…

- ¿Qué has hecho en su mente para que te proteja?—confrontaron.

- Nada, hasta ahora nunca he podido entrar en ella, solo con lo débil que esta pude franquear sus primeras defensas y alcanzar algo de su consciencia hace unos momentos—respondió cansado en extremo--¿es una especie de mago o algo así?…

- No sabemos…es un asesino—respondió Vladimir e intercambiando una mirada los sus hermanos salieron—eres el tercer blanco para exterminio, lo sabes—este asintió—¿qué sabes de nosotros?.

- Lo evidente, sois asesinos como yo, trabajan para algún tipo de organización, debían eliminar a Takatori, solo eso…mi jefe no era muy comunicativo que digamos—contestó, había incredulidad en los ojos calipsos—supongo que Bran está muerto…

- Si, por supuesto—Louis regresó en esos momentos—ven conmigo, ahora…

- Pero Ian…--dudó.

- Luego le verás—indicó y un resignado Schuldig le siguió hasta una habitación—allí está el baño, esas ropas te quedarán, no salgas del cuarto hasta que venga por ti.

- Entiendo—cuando quedó solo fue a la ventana, habían defensas de hierro por fuera, pero en realidad no pretendía irse sin ver recuperado a Ian, entró al baño, retiró las ropas manchadas de sangre y se metió bajo el agua caliente.

- ¿Qué haremos?—llevaban con sumo cuidado a Ian a una habitación que habían preparado, le tendieron y le pusieron un pijama limpio, colgaron adecuadamente el suero y la sangre.

- Debemos comunicarnos con Neogénesis, no creo que sepa más de lo que dice—dijo Vladimir, sus hermanos le miraron dudosos--¿qué otra cosa podemos hacer?.

- ¿Qué hacemos si dicen que le matemos igual?—un estremecimiento les recorrió de pies a cabeza, mientras el conjuro estuviera presente, esto significaría la muerte de Ian—él no debe morir…

- No, no morirá—dijeron al unísono—le amamos…

 

Abrió los ojos lentamente, sentía el calor de los cuerpos a su alrededor, el aroma lo reconocía—tengo sed…

- De inmediato—acercó un poco de agua, permitiéndole solo unos sorbos—levanta el conjuro…

- No…le matarán si lo hago—respondió y se mordió los labios, ellos le miraban molestos—no le perderé, no seguiré perdiendo a quienes amo…no más…

- Le amas…pero si apenas le has visto unas veces—dijo crítico Vladimir.

- A ustedes ya les amaba cuando fui a verles la primera vez en esa casa de dos pisos—respondió con un suspiro.

- Nos amas—repitió Ismael y depositó un beso en la frente del rubio—nosotros te amamos, no deseamos que mueras por salvarle…

- Eso significa que la orden es eliminarlo a pesar de conjuro—musitó cerrando los  ojos con cansancio, no necesitaba verles para saber que así era—herramientas, solo herramientas, a veces me canso de ser solo eso…¿ustedes no?.

- ¿Herramientas?—se miraron, nunca habían meditado eso, para ellos la vida era simple, estar juntos, protegerse, matar según las órdenes, solo ahora dudaban, Ian se había convertido en parte de esa unidad que eran los hermanos, ahora les decía que eran herramientas, no les gustó como se escuchaba la palabra.

- Cosa peluda, ve por Schuldig—murmuró bajito.

- Kuro no obedezcas esa orden—dijo Vladimir, Kuro le miró y luego miró a Ian, era evidente que no sabía que hacer.

- Iré por él—dijo Louis—no somos herramientas…

- No somos herramientas—repitieron los tres, un suspiro escapó del pecho de Ian.

- Les amo—musitó, estaban dando un paso al vació.

- Entró sin llamar, le vió parado frente a la ventana, las ropas le quedaban bien, volteó a verle—sígueme…  

Siguió al trillizo, al entrar a esa habitación toda su atención se concentro en Ian, se acercó y sentándose en la cama le acarició el rostro—Ian…

- Mente maestra debe morir, Schuldig debe desaparecer…¿estas dispuesto?—buscó la respuesta en esos ojos verdes.

- Sí…--no llegaba a comprender que significaba, pero estaba dispuesto.

- Vamos al tercer piso—dijo tratando de levantarse, pero de inmediato los cuatro se lo impidieron—Cárgame…vamos…

- Subieron al tercer piso, este contaba solo con dos grandes habitaciones, Ian indicó que entraran a la de la derecha, era un inmenso salón, los anaqueles iban de pared a pared, repletos de frascos con ingredientes de conjuros, habían objetos rituales, signos escritos en el suelo de madera pulida, un gran mesón de trabajo en el centro, una caldera prendida en un costado.

- Acércame al libro—indicó, colocó sus manos en las pesadas tapas de cuero y susurró—“Guíame poder infinito, que las respuestas a nuestros dilemas sean precisas, que las defensas fuertes, guíame te lo suplico”


Las tapas se abrieron y las paginas se movieron ante las miradas sorprendidas.


- Louis frasco 456 anaquel del este, Ismael, frasco,586 anaquel del oeste, Ismael, cuenco de plata, Ian, déjame en esta silla, trae esa daga de plata—ordenó mientras sus dedos seguían  la lectura del ritual. Los cuatro pelirrojos obedecían, por casi media hora le ayudaron a mezclar una pócima—la daga, dame tu mano derecha—exigió a Schuldig, cortó y dejó que cayeran al cuenco 13 gotas de sangre—listo, Louis cura su herida, Vladimir acércame al caldero, Ismael trae el cuenco de plata…así…recitaré el conjuro, vierte lentamente el contenido del cuenco en el fuego, entiende Ismael…

- Sí Ian—respondió.

el que fue ya no será, el que era seguirá siendo, servirá a nuevos fines, será parte de nosotros y nosotros de él, mismo destino, mismo fin, el pasado muere, la vida se inicia, que la sangre corone los sentimientos sinceros”…


Un gemido escapó del pecho de Schuldig que se tambaleó siendo sostenido por Louis, esto hizo que se le acercaran los demás, sutiles cambios se produjeron en el casi desmayado pelirrojo.

- ¿Qué hiciste?—preguntaron.

- Mate al tercer blanco—respondió sonriendo—¿cierto?

- Cierto—respondió ya recuperado, sus ojos eran calipsos, sus cabellos rojos ahora eran rubios como los de Ian, seguía siendo un hermoso hombre, pero leves cambios en su rostro lo hacían no ser el antiguo Schuldig.

- Me gustaba el color de sus cabellos—dijo Vladimir.

- Um…ahora es rubio como yo—dijo con un mohín Ian--¿qué nombre usarás?…

- Sasha, es un bonito nombre—dijeron a la vez los trillizos, los ahora dos rubios se miraron y luego sonrieron.

- Sasha me gusta—se acercó y le arrebató de los brazos Vladimir su hermosa carga—tu debes descansar aun…

- Sasha Uriel…--musitó Ian—todos debemos descansar, pero antes…creo que nos vendría bien cenar, cierto cosa peluda—rió bajito al ver correr a los trillizos al percatarse que se habían olvidado de darle de comer a su mascota y que no habían preparado la cena—Sasha bajemos al salón, nos avisaran cuando esté lista la cena.

 

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Max miraba seriamente a los cuatro jóvenes asesinos que tenía frente a sí, Persia estaba insoportable, pero ya nada podían hacer, salvo poner  en acción todos los medios de recolección de información con los que contaba Kritiker.


- Estarán en receso hasta que estén recuperados Ken y Aya…es les dará tiempo a ustedes dos—fijó su mirada en Nagi y Farfarello—se les ha asignado una nueva locación, sus cosas ya fueron trasladadas…Missai estas a cargo por ahora…esta es la dirección, pueden retirarse…

- Pero Ken—dudo Missai, no quería irse sin verle.

- En dos días estará con ustedes—dijo fríamente—está estrictamente prohibido que busquen por su parte información sobre Neogénesis, entendido.

- Entendido—musitaron Missai, Nagi y Omi.

- Retírense.


Conducía, a su lado iba Omi, atrás Nagi y Farfarello—quisiera haberle visto…

- Estará bien…otra cosa es Aya—musitó Omi, que sentía dolorosamente la ausencia de su frío y distante pelirrojo.

- ¿Qué habrá pasado con Schuldig?—pregunto con voz suave Nagi, su mirada se encontró con la de Omi.

- Todo indica que fue eliminado, lo siento—contestó, vió palidecer a Nagi—tú y él…?

- Eramos amigos…en las últimas semanas nos cuidaba—contestó, a la vez que miró a su compañero, el albino seguía silencioso a su lado, la cabeza reposando en su hombro—él cambió y nos hizo cambiar…

- ¿Les hizo cambiar?—preguntó Omi.

- Ya no estoy loco—respondió Farfarello mirándolo a los ojos—le extrañaré…

- Yo también—musitó Nagi tristemente.

- Ahora están con nosotros—dijo Missai deteniendo el carro frente a una casa de tres pisos rodeada por jardines—hemos llegado.

- Se vé agradable—dijo Omi bajando y ayudando a Nagi con Farfarello, entraron a la casa, era más que agradable.

 

Fin mision dos.

 

Estaba casi seguro que llegaría hasta esta misión pero falle miserablemente, se posterga el fin, como es evidente.  Querida Ruby sé que deseabas que pusiera cruelmente fin a la vida de Aya, sorry sé que te decepciono, supongo que se me pegó parte de ese cariño irracional a los pelirrojos, quizás en misión tres…

Este fic esta enteramente dedicado a Ruby, quien ha colaborado desde casi el principio, los trillizos son suyos de pies a cabeza, gracias por tu amistad y cariño…

Mickaelle, vam_sethis@hotmail.com