"Missai"
Basado en Weib Kreuz
By Mickaelle y Ruby
Capítulo cuatro :EL RAPTO DEL OFFICE BOY
-¿Estas seguro que no podemos matarlo? –pregunto Namba mirando a Kenji, aun estaban en espera de que los gatos decidieran comenzar la misión, estos estaba observando una vieja casona en medio de una zona residencial de gente muy adinerada.
-No podemos –fue la escueta respuesta dada por el joven de cabellos rubios, sus ojos grises miraban por sobre sus gafas a Missai y a Ken los dos gatos que se acercaban hasta ellos –Tenemos que apresurarnos, nuestra charada no durara mucho tiempo –dijo el joven, lo cual no les gusto a los gatos, no les agradaba que les dieran ordenes.
-¿Nos dividiremos? –pregunto Missai, Namba se acerco a este y le sonrió –Será lo más conveniente, solo sabemos que esta aquí y el lugar es grande –dice él joven de cabellos castaños y largos, los gatos después de meditarlo unos minutos acceden.
-Vamos Namba, nosotros entraremos por atrás, recuerden lo necesitamos vivo – dijo Kenji antes de tener que llevarse casi arrastrando a Namba que continuaba muy inconforme con tener que capturar al hijo del líder de Neogenesis.
Los dos gatos se situaron al frente de la casa, esta parecía abandonada, pero tenia una muy buena seguridad en la entrada, ambos grupos tenían la misma dificultad.
-¿Podrás abrirla Misi? .pregunto Ken después de unos minutos de ver a su novio con algunas ganzúas en las manos y en la boca, tratando de abrir la cerradura de la puerta, este solo asintió con la cabeza, no podía hablar en esos momentos, tenia la boca y manos ocupadas, pero después de largos y tortuosos minutos para el gato rubio este logro abrir la cerradura –Eres increíble Misi –dijo Ken abrasando y besando rápidamente a su adorado novio, Missai solo le sonrío, le gustaban esos tratos de parte de Ken, entraron a la casa, la cual tenia un par de lámparas encendidas, pero debido a las gruesas cortinas no se habían podido ver sus luces desde el exterior.
Desde la parte de atrás Namba y Kenji seguía intentando abrir la cerradura, pero Kenji no podía hacerlo, esta comenzando a frustrarse, aun que su rostro no lo demostraba, pero Namba que lo conocía de toda la vida se dio cuenta de que su amigo, no podría con lo que se proponía –Déjame a mi –dijo él y tomo el asunto en sus manos, no deseaba perder mas tiempo, palpo el marco de la puerta y logro sentir un fino reborde sobre la lisa superficie del marco, una unión entre las maderas, sonrió triunfante, saco una navaja de bolsillo y utilizándola como palanca logro zafar un pedazo de madera del marco, le había costado trabajo pero obtuvo su recompensa, ahí estaban el control electrónico de la cerradura, saco de entre sus ropas un pequeño aparato, con el cual pensaba apoderarse de la cerradura sin necesidad de tener que entrar directamente al sistema de seguridad de la casa, hacerlo, tomando de nuevo su navaja dejo al desuno un par de cables y ahí conecto el aparato que había sacado, tecleo un par de claves y la cerradura se abrió mágicamente para ellos, se habían tardado mas del doble que los gatos en entrar en la casa, pero en cuanto la cerradura de la parte trasera de la casa se abrió adentro todas las luces se apagaron por completo.
-Las luces –susurro Missai cuando estas se apagaron, ambos asesinos buscaron un interruptor pero al dar con este nada sucedió, las escasa iluminación del lugar se había esfumado y la gran cantidad de polvo de la mayoría de las ventanas no ayudaba para que pudieran ver, todo estaba en colores pardos, revisaron todo el primer piso, en este no había nada, solo un gran salón, una sala que parecía abandonada desde hacia mucho tiempo, con los muebles cubiertos por grande sabanas blancas, los 4 asesinos se tensaron por la falta de iluminación del lugar, no sabían nada sobre ese lugar, así que se tenían que mover con gran cautela para no caer en alguna trampa.
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Un joven de escasos 20 años de edad, de cabello húmedo de color café oscuro y en un corte disparejo que le hacia ver su cabellera corta a pesar de que esta le llegaba a la altura de sus labios, que enmarcaba sus facciones finas, llevaba una toalla enredada a sus caderas, su músculos ligeramente marcado en su cuerpo, su piel suave y ligeramente bronceada y sus extravagantes ojos violeta, un chico en conjunto hermoso, pero que siempre pasaba desapercibido por que ocultaba sus cabellos en una gorra y su cuerpo se ocultaba tras alguna ropa holgada y muy simple, él joven veían fijamente una pantalla en su computadora portátil -¿Cómo es que han llegado hasta aquí? –gruño molesto el chico que escasamente media el metro con ochenta centímetros, sus ojos amatistas veían pantalla, en donde se veía 4 diferentes imágenes, en dos de estas se veían a Missai y a Ken que ya estaban dentro de la sala y en la otra se veía a Kenji y a Namba intentando abrir la puerta posterior –Eso no importa, morirán –dijo este con una sonrisa sobre sus finos y rozados labios y se comenzaba a colocar algo de ropa adecuada para la ocasión.
Se vistió con un pantalón verde militar con bolsas exteriores en los costados a la altura de sus rodillas y tobillos, una camiseta negra de manga larga que se le adhería como una segunda piel y un chaleco con múltiples cierres que hacia juego con su pantalón –Louis, Vladimir, Ismael –susurro el joven de cabellos café al ver una fotografía de los trillizos pelirrojos al lado del lobo –Es una lastima que ustedes no se fijen en mi –dijo algo triste el chico mientras se terminaba de abrochar sus zapatos tenis –Bueno es hora de que vea, lo que el primogénito del líder de Neogénesis puede hacer –dijo él y volvió a ver su computadora, donde activo el algunas trampas, un par en la única escalera de acceso que había al segundo piso y coloco las cerraduras electrónicas a las casi 30 habitaciones que había en el segundo piso de la gran casa –Espero se diviertan un rato mirando las puertas –dijo él chico, abrió un par de paginas y le envió un mensaje muy breve a su padre, para avisarle que estaba bajo ataque, aun que no revelo su ubicación, algo que ni la misma Neogenesis sabia con exactitud la mayor parte del tiempo, termino de enviar el mensaje y se puso a elegía que clase de armas utilizaría para matar en persona a esos intrusos, de los cuales solo conocía a dos.
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-Fantástico, aquí no se ve nada –gruño Namba, molesto por la falta de luz, Kenji suspiro en resignación Namba era insoportable cuando algo le molestaba, ya sin mas que tener que revisar sin luz, se pusieron a inspeccionar el primer piso hasta que se toparon con Missai y Ken los cuales también revisaban el mismo piso, se tardaron aproximadamente 15 minutos en revisar el primer piso y determinar que no había nadie ahí y que no parecía que alguien hubiera estado ahí en mucho tiempo, la gruesa capa de polvo no tenia ninguna huella, lo que les dificultaba bastante el encontrar el lugar donde estaba el dichoso blanco.
-Aquí no ahí nadie, revisemos el piso de arriba –murmuro Missai, moviéndose con gracia felina hacia la parte de arriba, Ken muy cerca de él, ambos pendientes de los Takatoris, Missai estaba subiendo las escaleras, cuanto una gran sección de estas se desintegraron como por arte de magia, dejando una magia, Missai que iba al frente callo por el agujero que se había formado, no había alcanzado a reaccionar y estaba cayendo libremente hacia la oscuridad del fondo que no se alcanzaba a ver, pero Ken atrapo una de las manos de Missai, para eso, se había tenido que arrojar hacia donde aun había escaleras, clavándose muchas astillas del borde disparejo y cortante que se había creado, Missai también tenia trocitos de madera clavaros en su cuerpo, las escaleras, no se habían destrozado por si solas, alguien había cortado los escalones de terminada forma que alguien al pisarlos este cayera y sufriera daño por la madera al quebrarse –Tenemos que tener cuidado, este lugar al parecer no es tan seguro como parece –murmuró Ken al alzar a Missai, sacándolo de ese agujero.
-Tengan cuidado gatos, recuerden que nuestro blanco no es una presa fácil –dijo Nanba, que le sonrío a Missai antes de saltar con toda facilidad la sección de las escaleras que había desaparecido, Kenji iba a su lado, pero sin decir nada, solo miraba con sus fríos y calculadores ojos grises, observaba con detenimiento como se desarrollaba todo, una pistola automática de grueso calibre con silenciador en su mano derecha listo para masacrar cualquiera que se les pusiera en frente, de ser necesario.
Mientras tanto Missai y Ken se quitaban las astillas que los estaban haciendo
sangrar muy aparatosamente a pesar de ser heridas muy leves, no tardaron mas de
un par de minutos en hacer eso y continuaron adelante, en cuanto pisaron la
alfombra toda empolvada del segundo piso, las luces de este pasillo se
encendieron por completo y se escucharon como los cerrojos de todas las
habitaciones se corrían al mismo tiempo.
-¿Qué hicieron? –pregunto Ken al ver a Kenji y a Namda intentando abrir una
de las puertas mas cercanas a la escalera.
-Nosotros no hemos hecho nada, las luces se prendieron solas y las puertas se cerraron –dijo Kenji a modo de explicación, mientras que su compañero intentaba por todos los medios intentar abrir la puerta –Ustedes revisen las puertas de lado derecho, nosotros las del izquierdo –dijo de nuevo Kenji y ayudo a Namba a abrirlas, mientras que Missai y Ken se ponían a hacer lo mismo con las puertas de lado contrario.
Al mismo tiempo ambas parejas lograron abrir las puertas, Missai y Ken se encontraron con una habitación donde solo había muebles cubiertos por unas sabanas que en sus mejores tiempos debieron ser blancas y a hora estaban grises por culpa del polvo, ambos entraron con sigilo a la habitación como si esta fuera a hacerles algo y baya que tenían razón, Ken sin darse cuenta toco un diminuto y fino hilo que había casi al ras del suelo y activo la trampa de esa habitación, una dosis de gas pimienta salió de la nada, ahogando a los presentes, salieron de ahí corriendo y cerraron la puerta, se dejaron caer al suelo del pasillo, tosiendo, el gas les había irritado los ojos y un poco la garganta pero aun tenían que seguir, sin poder tomarse un descanso siguieron ala próxima habitación.
Por otro lado a Kenji y a Namba no les fue mejor con la habitación a la que entraron, ya que esta al entrar solo era un gran cuarto sin nada adentro y entraron confiados, el primero en poner un pie adentro fue Kenji, y el piso se desprendió de las paredes y callo rápidamente a lo que debía ser un sótano ya que se escuchaba muy lejano, por suerte los reflejos del asesino funcionaron y alcanzo a sujetarse del marco de la puerta, los 4 asesinos comenzaba a odiar esa casa, Namba no hizo amago de ayudar a Kenji solo le dejo el camino libre, él rubio tomo un poco de impulso y en un simple salto ya estaba de nuevo en el pasillo –Ahí que cuidarnos mas, esta casa esta llena de trampas –dijo Kenji con decisión, Namba solo asintió y continuaron revisando las demás puertas.
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-Para ser asesinos son bastante torpes –decía un bastante aburrido Office Boy que miraba el monitor dividido de su computadora y veían como tanto los Gatos como los Takatoris caían en las trampas de las habitaciones, ninguna trapa estaba hecha para matar, solo para distraer o desgastar al enemigo, pero estos ya llevaban casi 40 minutos revisando el segundo piso –Creo que es momento de que me encargue de ellos, nadie se mete con Neogesis y queda con vida, y mucho menos si saben quien soy –dijo él jovencito con una sonrisa en su rostro, reviso una ultima vez sus armas, cerro la computadora, en la cual presiono un par de claves y esta apareció un reloj que iba en su conteo regresivo, si en una hora no regresaba y colocaba la clave exacta, el disco duro se desintegraría, para que ningún dato que el guardaba cayera en manos enemigas, antes de salir miro una fotografía de los trillizos, la saco de su marco y la guardo en uno de los cierres internos de su chaleco –Aun que sea así, los podré tener cerca de mi –murmuro él chico y salió del ático con paso lento, casi desganado, se le hacia tan aburrido que le atacaran.
En el pasillo donde los asesinos estaban abriendo las puertas una tras otra, una pared se deslizo hacia un lado dejando ver una escalera, justamente enfrente de la escalera que estaba destrozada –¿Me buscan? –pregunto él joven de ojos amatista, emprendiendo disparos hacia los Takatoris y hacia los gatos, y se hecho a correr hacia el piso de abajo, donde el podía ver perfectamente con la escasa iluminación del lugar, el conocía al dedillo todo ese lugar.
-¿Pero de donde demonios a salido? –gruño Namba aun mas que molesto siguiendo al sujeto que les había osado disparar, los gatos también bajaron, esquivaron las escaleras destrozadas, y las balas que se dirigían hacia ellos con demasiada precisión, para el gusto de los asesinos, hasta que pudieron llegar al piso de abajo y se pusieron a resguardo detrás de unos pilares.
-Vamos, no se oculten, venían por mi ¿no? –dijo el Office Boy que había dejado de disparar, no gastaría balas inútilmente, pero en cuanto vio a Ken asomarse un poco de su escondite, le perforo el hombro derecho con un disparo certero.
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-Diantres –gruño por lo bajo Ken al sentir su hombro lastimado, Missai que estaba a su lado, estaba ya destrozándose un pedazo de su camisa, para vendarle él hombro, aun que solo era un levísimo roce en este, nada grave –Es mejor de lo que creíamos –dijo aguantando el dolor.
-El chico muy bueno, pero nadie le hace daño a mi Ken y se queda tranquilo –dijo Missai besando dulcemente los labios de Ken y arrojando sus dagas desde donde estaba, sin siquiera salir para apuntar, él Office Boy simplemente las esquivo con toda facilidad, iban demasiado lento los cuchillos como para no poder esquivarlos.
Los atacantes se quedaron inmóviles durante 5 largos minutos, donde ningún ruido se izo presente, pero él Office Boy ya se estaba cansando de esperar, su paciencia había llegado al limite, después de todo, quería subir y ver si podría encontrar algún pretexto para ver a sus adorados trillizos pelirrojos, sus dos automáticas con silenciador apuntaron a la altura de donde seguramente estarían las cabezas de los asesinos enviados por Takatori Jr y Krittiken, según los cálculos de Office Boy y comenzó a disparar sin compasión, las columnas eran de yeso para la mala suerte de los asesinos, ya que estos empezaban a desboronarse con gran facilidad, una sonrisa sicotica estaba dibujada claramente en el rostro del joven, una bala perforo la columna y le dio el muslo de Kenji fue perforado, los ojos del asesino de cabellos rubios se hicieron diminutos, el dolor era intenso, pero ningún ruido salido de sus labios.
–Me las pagara –dijo Namba molesto por lo que le había pasado a Kenji y sin importarle nada salió de su escondite y empezó a dispararle al Office Boy el cual recibió un disparo certero en su hombre izquierdo, pero Namba recibió uno igual en el derecho, el rostro del Office Boy no demostraba dolor, como si no le importara en lo mas mínimo estar sangrando, Namba tubo que refugiarse de nuevo, Ken y Missai tenían que atacar y eso lo sabían, aprovecharon el momento en el cual el objetivo estaba recargando sus pistolas y le Missai le arrojo una serie de cuchillos pequeños al chico, el cual alcanzo a esquivar bastantes, pero uno se clavo en su brazo izquierdo.
-Morirán –gruño molesto él Office Boy y disparo a Missai justo a la altura del corazón, se lo pensaba reventar de un solo tiro, pero Ken al ver esto sé avalando hacia Missai y lo cubrió, el movimiento logro que la bala le diera solo en el hombro a Ken, su herida a hora si era profunda y le dolía de los mil demonios al moreno asesino, él Office Boy no dejo de disparar y le dio en el brazo a Missai, como ambos estaban heridos se refugiaron de nuevo detrás de las columnas, la misión se estaba complicando mas de lo debido y las heridas que le habían hecho al blanco no parecían afectarle en lo mas mínimo –Este sujeto se parece a Farfarello –murmuro Ken, a lo cual Missai solo asintió, mientras entre ambos atendías sus heridas, ya que así no podían continuar.
Mientras el Office Boy estaba distraído con los gatos, Namba ya molesto de haber pedido ya mas de una hora en esa misión que se suponía seria simple, saco de entre sus ropas una pequeña pistola de dardos, saco un frasco de medicamento y cargo un dardo con la dosis suficiente de tranquilizantes como para matar a un toro –Hora de dormir niño –dijo Namba y le disparo al Office Boy, el cual no pudo esquivar el disparo y la aguja se le clavo en la pierna.
-Rayos –gruño y cayo de rodillas al suelo el Office Boy, se saco la aguja de su pierna, pero nada podía hacer, todo lo comensaba a ver sumamente borroso y en solo unos segundos cayo al suelo completamente inconsciente.
Los 4 asesinos salieron de su escondite y se acercaron al a hora inconsciente e inofensivo muchacho, pero este no se veía bien, se estaba empezando a convulsionar –Namba eso podría dormir a un caballo –reprendió Kenji severamente a Namba.
-No se quedaba quieto es su culpa –dijo Namba con su carita de yo no tuve la culpa en su rostro.
-Tiene una sobredosis –dijo Missai que ya estaba revisando al inconsciente muchacho, las convulsiones se habían parado, pero el color estaba desvaneciendo de la ya pálida piel del joven –Apresúrense y traigan el botiquín que esta en el auto –exigió Missai y Ken con urgencia corrió a traerlo, en cuanto Missai lo tubo entre sus manos, comenzó a leer etiquetas de medicamentos a una velocidad vertiginosa, tomando una jeringa, mezclo varias medicinas y se las suministro al chico, le coloco también una unidad de suero –Sobrevivirá –declaro Missai, el color regreso al jovencito, los asesinos respiraron tranquilos, en especial Kenji y Namba ya que sabían que si lo hubieran matado Seiko se enfadaría con ellos y eso no les hubiera gustado en lo mas mínimo.
-De esto se enterara Seiko –dijo con tono serio Kenji al oído de Namba el cual se puso triste, se había ganado un castigo seguro de parte de Seiko, pero no le importo, sé lo tenia merecido por descuidado –“Gold Rain y Muerte Roja van en camino” –le llego mentalmente el mensaje a Kenji de parte de su hermano gemelo –Gold Rain y Muerte Roja vienen en camino, vayámonos –dijo Kenji y con cuidado se llevaron el cuerpo del Office Boy y lo metieron al automóvil de los Takatoris, Missai y Ken se subieron en la motocicleta en la cual habían venido y estaban saliendo de la casa, cuando vieron la llegada de los otros asesinos, presionaron el acelerador a fondo y salieron del alcance visual de estos.
Capítulo cuatro escrito por Ruby Andariel