Basado
en Weiß Kreuz
By Mickaelle
- No te muevas, te soltaré las manos pero no las muevas aun—le susurró al oído, cortó las ataduras, y lo más rápido posible limpió esas carnes laceradas y las cubrió con unas vendas, ya listo, bajó los brazos lentamente, por que sabía que el estar tanto tiempo en esa posición haría que doloroso ese movimiento—tranquilo, debo hacer algunas cosas en tu cuerpo, mantén los ojos cerrados y trata de relajarte—ese cuerpo temblaba, limpió las heridas de torso y espalda, no eran tan profundas como para necesitar vendarse, solo colocó un spray desinfectante de secado inmediato, le volteó con suavidad, dejándole boca abajo—va a dolerte, pero luego ya no…
Untó
en sus manos algo de gel, y lo frotó contra la piel irritada de las nalgas, las
separó, untó más gel en sus dedos y los introdujo en el ano herido, un gemido
ronco se escuchó en la habitación, hundió lo más profundo posible los dedos,
para que el gel se introdujera lo más posible, cuando ya no pudo ir mas
profundo, los retiró, limpió los restos con la sucia sábana, y sacó de su
bolso ropa vistiéndole—traga esto, te dará las fuerzas necesarias para que
pueda sacarte de aquí.
Esperó
un par de minutos para que el estimulante hiciera efecto, luego le hizo rodearle
el cuello con los brazos y le alzó, hasta que estuviera de pié a su lado, se
tambaleaba pero sujetándole por la cintura era capaz de caminar, así salieron
de ese edificio en ruinas, el mismo que cuando estaban ya a unas cuadras empezó
a arder.
Lo
observó en silencio, era poco más que un niño, los cabellos castaño oscuro
caían desordenados en la almohada, la piel pálida aun con magullones, esos
labios rosa pálidos algo hinchados por la tortura de haber sido mordidos
inmisericordemente, se le había ordenado acabar con esa banda de pedolifía
pero no se suponía que hubiera un chico allí, lo había sacado, llevado a ese
hogar de acogida, no había datos
del chico, nada, en fin, no podía seguir ahí, lo que estaba en sus manos
hacer, ya lo había hecho, se acercó a esa cama y hundió sus dedos en los
cabellos, se inclinó y depositó un leve beso en esa frente—buena suerte…
-
Dime
tu nombre, por favor…--suplicó mirando por primera vez el rostro de quien le
rescatara del infierno, esos grandes ojos verdes destellaron por un segundo.
-
Youji…trata
de olvidar y vive ok—esos ojos tristes le miraron perplejos, pero asintió—adiós.
-
Adiós—susurró,
cerró los ojos, no escuchó los pasos de él alejándose, solo la puerta al
cerrarse suavemente, luego murmuró—olvidar…¿cómo
se supone que se hace eso?…vivir, eso es
fácil.
Su
mirada era completamente vacía, ajena a todo lo que le rodeaba, la discusión
entre esos tres no le afectaba, se había acostumbrado a ignorarles por completo
cuando le era posible.
- Nagi
muévete, ve a la cocina y prepara algo de comer—ordenó furioso Crafford, el
más joven del grupo se levantó del lugar donde había estado sentado por las
dos últimas horas cruzó la habitación con rostro impasible, desapareciendo
por la puerta que daba a la cocina.
-
Debemos
destruirles, no importa que tengan nuevos elementos—dijo por lo bajo Schuldig,
mientras Farfarello jugueteaba con sus cuchillos.
-
Primero
hay que investigar sus debilidades, este nuevo equipo es más fuerte que el
anterior, lo demostró en la última misión—concluyó tajante Crafford, luego
escuchando los suaves ruidos que venían de la cocina, enfrentó la mirada del
pelirrojo—has revisado su mente últimamente…
-
Claro,
pero siguen existiendo partes que están cerradas—sabía perfectamente a qué
se refería—son pozos oscuros, cuando trato de penetrarlos simplemente se
me hiela la sangre…
-
No
me gusta eso, cada vez está en más pleno control de sus capacidades telequinéticas
pero…--los ojos del pelirrojo le miraban directos, había entre adoración,
temor y entrega—sigue intentando penetrar en ella…
-
Claro—susurró,
la mirada algo despiadada de Crafford le hacía temblar, en eso Nagi entró
colocando algunos platos ya servidos, esto se repitió tres veces, hasta que la
mesa estuvo lista.
Cada
cual ocupó el puesto de siempre, solo Crafford y Schuldig hablaban, Farfarello
comía en silencio, luego de haber trozado en cuadraditos exactos su carne a
penas cocida, dejándola en una laguna de sangre, que poco a poco fue mezclando
con el resto de los alimentos. Nagi
también comía en silencio, sin prestar atención a que su carne estaba medio
quemada o que en su plato había menos verduras que en el de los demás.
Varias
veces en ese año tuvieron que enfrentarse con ese equipo rival, era lógico
estando en bandos contrarios, más ellos trabajando para uno de los más
poderosos líderes del crimen organizado, aunque lo intentaban, parecía que
siempre terminaban con heridas, pero no llegaban eliminarse.
Caminó
por ese parque, la brisa fresca de la mañana de invierno le agradaba, le mecía
los cabellos castaños y le helaba las mejillas, vestía unos simples jeans
negros, una camiseta de algodón y un abrigo, algo grande para él, negro de
cuero, se detuvo frente a esa plazoleta, había un gran árbol, extendió la
mano y una de sus naranjas se desprendió de una de las ramas más altas y
levito hasta depositarse en su manos, la acercó a su nariz y aspiró su aroma,
sintió los pasos tras de él, pero no hizo amago de voltear o alejarse, la
cascara fue desprendiéndose limpiamente de los gajos jugosos que uno a uno empezaron a
separarse…
-
Quédate
quieto, no me hagas cortarte—susurró una voz fría a la vez que situaba el
filo platinado de su katana en el cuello delgado del muchacho--¿dónde están
los otros?.
-
No
aquí evidentemente, ¿qué harás, cortarme el cuello solo por pasear por un
parque?—uno de los gajos entro a
su boca, saboreó la jugosa carne, soltando un suspiro--¿quieres una fruta?…
-
Así
que solo paseando, ¿quieres que te crea maldito asesino?—el filo se marcó
haciendo un pequeño corte en esa piel pálida, ni un gemido escapó de esa
garganta, aunque debía dolerle.
-
Mátame
si es lo que quieres, pero déjame comer primero esta naranja—dijo con voz
monocorde, lo que pareció descolocar al pelirrojo que retiró la Katana de su
cuello—soy un asesino, pero tú también lo eres, ¿no?…
-
Somos
muy distintos, muy distintos—masculló sintiendo una oleada de furia que lo
hizo atrapar el cuerpo entre sus brazos y arrastrarle hasta unos quioscos que le
guardarían de las posibles miradas, una vez ahí, le sacó el abrigo y lo empujó
al suelo—muy distintos, maldito muchacho…
-
Muy
distintos… no lo creo—musitó y de inmediato sintió como le azotaba la
cabeza contra el suelo encementado, gimió bajo, no había llegado a causarle
una herida, pero le aturdió un poco, no tanto como para que si quisiera usara
su telequinesis, pero no quería.
-
Debiera
matarte—masculló a la vez que le desgarraba la delgada camiseta y de un solo
tirón le bajaba los jeans y lo volteaba boca abajo, en segundos lo penetró
brutalmente, empujado con todas sus fuerzas, ese cuerpo más pequeño se
estremeció, un gemido de dolor escapó y luego hubo completo silencio, salvo
sus gemidos apagados, sus embates fueron fuertes, desgarrando a su paso,
mientras sus uñas marcaban la piel del chico, cuando terminó lo soltó dejándolo
caer de golpe en el frío cemento—mierda, vístete y vete…
Se
levantó, esta vez si usando sus capacidades, porque su cuerpo estaba débil, se
acomodó los pantalones y recogió del suelo su abrigo colocándoselo,
con paso lento volvió a la plazoleta, nuevamente una naranja se
desprendió de una alta rama y fue a dar a su mano que temblaba, la cascara cayó
al suelo y los gajos se separaron uno a uno.
- Dije
que te fueras—masculló molesto por ver que se había detenido en la plazoleta
nuevamente, los ojos pardos le miraron, una mirada vacía que le hizo
estremecer.
-
Yo
nunca he violado a nadie, tienes razón, somos muy diferentes Aya—caminó alejándose
del pelirrojo que quedó estático al escucharle, los gajos flotaban siendo cada
vez menos.
-
¿Dónde
te metiste Nagi?—preguntó Farfarello y algo en el rostro del mas joven le
llamó la atención, se le acercó y le abrió el abrigo, viendo las heridas en
el cuello y torso, ni siquiera lo dudo, le detuvo y en un segundo le cargaba en
brazos hasta su habitación, en ella le desnudó, con un paño húmedo limpió
la sangre, con una delicadeza muy extraña en él, salió un momento y volvió
con una pomada cicatrizante y la fue colocando sobre las heridas—una katana,
ese maldito pelirrojo…
-
Hueles
bien Farf. Duerme un rato conmigo—susurró acurrucándose en los brazos de
albino, que le abrazó cubriéndolo con las mantas—no le digas a los otros, yo
dejé que lo hiciera…
-
¿Por
qué?…
-
Quería
saber que sentía…
-
¿Y?
-
Nada,
solo frio—susurró hundiendo el rostro en el cuello del albino, que le
acarició suavemente los cabellos—es bueno estar algo demente, Farf.
-
Así
es, Nagi—le levantó el rostro y le acarició las mejillas, esos ojos pardos
estaban vacíos como los suyos, acercó sus labios a los pálidos y los besó,
saboreando el interior de esa boca—naranja…
-
Sí,
estaba rica—susurró.
-
Duerme—esos
ojos destellaron por un segundo al recordar la naranja que había comido,
mientras apareciera aunque fuera por un segundo un destello en esos ojos, no
estaría tan perdido como él, le mantuvo en sus brazos, no quería que
estuviera tan perdido como él.
-
¿Aya
que haces ahí?—se acercó al pelirrojo que miraba ausente en mitad de la
tienda, rió bajito y sacudió su delantal cubriéndolo de hojas y ramitas, a
los cual éste salió de su mutismo.
-
Baka,
¿qué haces?—Youji rió abiertamente, los ojos verdes brillando.
-
Ja,
ja, ja, si no supiera que eres mas frió que este suelo diría que estabas
pensado en alguien—contestó y le dejó para ir al mesón donde debía
terminar de hacer un arreglo.
-
Alguien—musitó
para sí, sacudió sus ropas y se dirigió a su habitación, las palabras del
pequeño asesino retumbaban una y otra vez en su cabeza.
-
No
entiendo, por que si ambos grupos sabemos la locación del otro no nos hemos
atacado—comentó Omi a Ken.
-
Simple,
ninguno quiere pelear en el terreno del otro, así que siempre nos enfrentaremos
en una tercera locación, hermoso—dijo revolviéndole los cabellos—es idea mía
o estas más lindo de lo habitual…
-
Um,
siempre estoy lindo, Ken—contestó sonriendo y colgándosele a cuello le
invadió la boca con su lengua hábil, a la vez que le acariciaba la entre
pierna—tengo clases, nos vemos en la tarde, Ken—se separó del moreno y bajó
las escaleras canturreando.
-
Maldito
muchacho—masculló Ken, y se metió en su cuarto, segundos después se
escuchaba el ruido de la ducha.
-
Oye,
Ken, se supone que estas conmigo en el turno, y te estas recién duchando—dijo
asomándose al baño Youji, la cabeza de Ken todo empapado apareció un
segundo—vaya, ¿de nuevo?.
-
Mierda,
yo no digo nada cuando te lo hace a ti—dijo, saliendo y secándose
vigorosamente, para vestirse y salir tras el rubio—lo hace a propósito…
-
Claro
que lo hace a propósito, ese muchacho será peor que yo, porque no tiene
empacho en usar sus artes de seducción con quien sea, hombre o mujer, o ambos,
enemigo o amigo—dijo con certeza Youji—si hasta derrite a Aya…
-
En
eso tienes razón.
-
No
lo haré—por primera vez escucharon esas palabras, de inmediato Farfarello dejó
de jugar con sus cuchillos.
-
¿Qué
has dicho Nagi?—se le acercó con esa mirada que hacía temblar a todos.
-
No
lo haré—fijó sus ojos vacíos en los de Crafford—no lo haré.
-
Desde
cuando tienes opinión en esto, sabes que Crafford nos dice que hacer y lo
hacemos—intervino Schuldig.
-
No
lo…--una bofetada lo hizo caer al suelo y un hilo de sangre corrió por su
barbilla, antes que el puño de
Crafford volviera a estrellarse contra su rostro, el cuerpo de Farfarello lo
cubrió, sintió la tibia lengua lamer su sangre.
-
Sepárate
de él, Farfarello—gritó molesto Crafford, pero el albino le ignoró,
simplemente alzó al chico y le apretó contra sí—Farfarello…
-
Él
lo hará, claro que lo hará—repitió clavando su mirada vacía en
los ojos pardos, estos parpadearon.
-
Lo
haré—susurró acurrucándose en los brazos del albino—hueles rico…
-
Ambos
están cada día más dementes—musitó Schuldig, la mente de Farfarello era un
caos y la de Nagi estaba casi igual, tanto que evitaba todo lo posible tener que
explorarlas. En su mente retumbó la orden de Crafford “vigílales”, asintió.
En
la habitación de Nagi, Farfarello
lo desnudó, buscó las ropas que usaría para ese trabajo, prenda por prenda
fue vistiéndolo, cuando ya estuvo listo, le tomó de la mano y le llevó a su
cuarto, donde esta vez él se cambió de ropas, Nagi permanecía en silencio,
sentado frente a él en la cama.
-¿Por
qué?—esos ojos le enfrentaron, un destello.
-
Lo
voy a matar—musitó.
-
¿Por
qué?—se arrodilló y apoyó la cabeza en las piernas del muchacho que de
inmediato empezó a juguetear con sus
cabellos.
-
Abusa
de niños, lo voy a matar—fijó la mirada en los ojos que parecían vibrar al
mirarle.
-
Entiendo,
te cubriré—se acercó un poco más y rozó con sus labios los del muchacho
que de inmediato le respondió.
-
¿Qué
te pasa Youji?—la mirada del rubio era más fría de lo habitual en una misión,
su rostro estaba como tallado en piedra, ninguna de las miradas cargadas de
sensualidad de Omi, habían logrado una respuesta desde que había empezado a
planificar la misión, puso la mano en la del rubio y este le miró--¿qué
pasa?…
-Pedofilia,
¿has visto lo que le hacen a esos pequeños?, yo sí—murmuró lo
suficientemente claro para que solo Ken le escuchara—no solo violan sus
cuerpos, también sus espíritus…
-
Youji…--podía
ver en la mirada de su compañero que esto lo afectaba profundamente.
-
Todo
el que toma por la fuerza a un niño merece morir—volvió a musitar.
-
Esta
vez los demás le escucharon, Omi le miró curioso, Aya solo palideció aun más.
-
Vienen,
estén atentos—anunció Crafford, cada uno ocupó la posición pre
determinada, en segundos todo empezó a suceder muy rápido, el seco caer de
cuerpos anunciaba el accionar preciso de las garras de Ken, la Katana de Aya, el
acero de Youji y las flechas de Omi, la pistola de Crafford tronó varias veces,
las flechas de Omi fallaron el blanco varias veces debido a la intervención de
Schuldig.
Corrió
silenciosamente por el pasillo, iba seguido de Aya, al final podía ver la
puerta de la habitación donde suponían estaba protegido el objetivo, estaba
por cruzarla cuando les salió al camino Farfarello, las cuchillas en sus manos
entablaron un enfrentamiento con la katana de Aya, él pateó la puerta e ingresó,
lo primero que vió fue dos muchachitos de no más de
11 años desnudos atados en unas especies de potros de tortura, el asco y
rabia le cegó, la figura del
cuarto asesino se le cruzó y no vaciló enterró profundamente en ese cuerpo
sus garras.
-
¡NOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!—gritó
Farfarello al ver como atacaban a Nagi, no prestó atención al corte en su
costado que hizo la Katana, entró precipitadamente a la habitación, atrapando
en sus brazos el cuerpo desfalleciente de Nagi--¡Basta!…
-
¿Qué
es…--Aya entró siguiendo a Farfarello y vió los niños, a Ken muy pálido
con las garras impregnadas de sangre.
-
Yo
solo…--vaciló, había dos cuerpos aun suspendidos en el techo del cuarto, su
sangre manchaba las paredes, sus extremidades habían sido retorcidas, podían
ver sus rostros, eran los dos hombres que iban a matar—él se me cruzó y …
Acarició
los cabellos castaños, un leve gemido escapó de los pálidos labios—déjales
caer, ya están muertos…usa tus fuerzas para detener la hemorragia…--le
susurró, él le miró, esos ojos destellaban—hazlo Nagi…
-
Él
les mató, ¿por qué?—preguntó en voz alta Ken, los cuerpos cayeron al suelo
desarticulados, luego las amarras que sostenían a los niños cayeron
destrozadas, y con una increíble suavidad los cuerpos heridos levitaron hasta
quedar tendidos delicadamente en una alfombra.
Sacudió
la cabeza, la voz imperativa de Schuldig resonó en su cabeza, “Crafford
ordena retirarse, deja a Nagi, está acabado”, acercó los labios al oído de
este—por favor, concéntrate en detener la hemorragia…
-
Los
otros huyeron y…--anunció Omi entrando y se quedo sorprendido, Ken cubría
los cuerpos temblorosos de dos niños, Aya estaba pálido en extremo parado
cerca de un Farfarello que sangraba de una herida abierta en su costado mientras
sostenía en sus brazos a Nagi, cuyas ropas estaban empapadas de sangre—¿qué
pasa?…
-
Ayúdame
a llevarles fuera, Omi—pidió Ken tomando a uno de los niños y dejando el más
pequeño para que lo cargara Omi—vamos…
-
Se
cruzaron con Youji en el pasillo Ken le indicó que entrara al cuarto.
-
Aya…--entró
y mil imágenes vinieron del pasado a su mente, otro niño, otro potro de
tortura, fijó su mirada en esos mismos cabellos castaños, la misma piel pálida,
esos ojos pardos, cómo no se había dado cuenta antes, por qué no lo había
recordado, se acercó y se arrodilló al lado de Farfarello—pequeño…--su
mirada se encontró con la del albino, por primera vez no vio en esos ojos
locura, ni sed de sangre, había miedo y angustia, una súplica—vamos, aun
podemos hacer algo…Aya muévete, ayúdame a llevarles fuera…
-
A
ellos…--la mirada imperativa de Youji lo hizo reaccionar, se acercó y ayudó
a pararse a Farfarello, mientras el rubio cargaba con mucho cuidado a Nagi.
-
No
es de importancia—sus ojos seguían fijos en la habitación donde había sido
ingresado Nagi, mientras un hombre a su lado prestaba atención al profundo
corte de su costado.
-
Quédate
quieto y deja trabajar al médico—dijo a su lado Omi, Aya también permanecía
ahí en silencio, mientras casi pegados a la ventana de la sala quirúrgica
estaban Ken y Youji.
-
¿Por
qué les mató?—se preguntó bajito Ken.
-
Una
de mis primeras misiones fue acabar con un edificio de trafico de pornografía
infantil, ahí encontré a un pequeño, estaba atado a un potro de tortura, a lo
mas tendría 12 años, era imposible determinar cuantas veces le habían violado
y torturado, sus ojos pardos estaban fijos en le vacío, sus cabellos castaños
eran largos, como los de una niña, le saqué de ahí y le dejé en un
hospicio—habló en voz alta, aunque era más para sí, no prestaba atención a
si le escuchaban o no—por eso odio a los pedófilos, Nagi es ese niño…no sé
por qué no le recordé antes.
-
Sus
ojos destellan, aun destellan—musitó Farfarello, lo que atrajo las miradas a
él—aun destellan…no está totalmente perdido…no quiero que muera, no
quiero, no quiero, no quiero…--para sorpresa de los cuatro asesinos, las lágrimas
empezaron a mojar las mejillas del albino, mientras no dejaba de musitar—no
quiero…
Permanecieron
en silencio, la herida fue cosida y vendada, cuando el médico fue a inyectarle
el albino lo detuvo.
- Con
antibióticos…luego le pondré algo para el dolor…--explicó el médico.
-
Solo
los antibióticos, el dolor me recuerda que sigo vivo—musitó soltando la mano
del médico, cuando éste terminó se paró y caminó hacia donde estaban Ken y
Youji, pero al pasar al lado de Aya se detuvo y le miró--¿sentiste mucho
placer al violarlo?—no esperó respuesta se acercó a esa ventana y fijó la
mirada en el accionar de los médicos en el cuerpo de Nagi—no me dejes, no me
dejes, no me dejes—musitó como un mantra.
-
Omi
había escuchado lo dicho por Farfarello y se acercó a Aya, vió la extrema
palidez, y suavemente le rodeó la cintura con sus brazos, los ojos vidriosos le
miraron y poco apoco las lágrimas afloraron, alzó una mano y las borró con
suavidad, Aya se inclinó y ocultó el rostro en el cabello de Omi, el que
teniéndole así, le susurró—lo hiciste, te va a doler siempre, la
culpa duele mucho más que el castigo, Aya…
-
Sí,
duele—musitó apretándose contra ese cálido cuerpo.
Una
hora después los médicos salían exhaustos, uno de ellos se les acercó.
-
Detuvimos
la hemorragia, está estabilizado, deberá estar con suero dos días mas y
permanecer en cama al menos una semana en reposo completo, les daré los antibióticos
que deberán inyectarle cada seis horas—Ken acompañó al médico, estaban en
una clínica clandestina, no podía llevarles a un hospital público y menos a
la clínica de la organización.
-
Tú
no puedes cargarle, lo haré yo, sostén el suero—dijo Youji a Farfarello, que
asintió, salieron del edificio, Youji tomó el volante de su convertible, atrás
iban Farfarello y Nagi aun inconsciente. En el carro de Aya, Ken iba al volante,
mientras Omi se encargaba de Aya que más parecía un zombie.
-
Yo
me quedaré en la habitación de Aya, que ellos ocupen la mía—dijo Omi al
llegar al departamento—solo sacaré mi laptop…
-
Ok—Youji
subió las escaleras con Nagi lentamente, porque Farfarello no podía moverse rápido,
era increíble que soportara el dolor de esa herida en pié, entraron a la
iluminada habitación, decorada con colores cálidos.
-
Es
un chico feliz—musitó Farfarello mirando la habitación, cuando Nagi estuvo
en la cama y el suero instalado, suspiró y se le doblaron las piernas, abría
caído pesadamente al suelo de no ser por la reacción rápida de Youji que le
sostuvo.
-
Debes
descansar—le ayudo a recostarse al lado de Nagi, iba a dejarles pero la mano
de Farfarello le detuvo--¿qué?…
-
Toma,
no las necesito—le entregó sus cuchillas ante la mirada sombrada del rubio.
-
¿Estás
seguro?—los ojos de Farfarello estaban fijos en Nagi.
-
Le
has salvado dos veces, si el precio es que me maten, lo pago, no las
necesito—contestó apoyando la cabeza en la almohada al lado de la de Nagi y
cerrando los ojos.
Bajó
y se unió a Ken en la cocina, éste le sirvió un café y ambos se sentaron
frente a frente.
- Todo
ha sido muy extraño—dijo finalmente Ken—cuando me di cuenta de que le había
herido sin motivo, sentí como si hubiese atacado a Omi, él y Nagi tienen la
misma edad…
-
Solo
que los ojos de Omi brillan siempre—susurró Youji—nunca pensé ver a
Farfarello tan cuerdo…
-
¿Por
qué Aya actúa tan raro?—se miraron en silencio.
-
Está
así desde hace una semana—recordó Youji—algo le hablo Farfarello
que hizo que se quebrara en la clínica, Omi lo alcanzó a escuchar…
-
Más
tarde hablaré con Omi, ¿qué es lo que tienes ahí?—preguntó Ken.
-
Las
cuchillas de Farfarello—las sacó de su bolsillo y las colocó en la
mesa—dijo que ya no las necesitaba, que si el precio por salvar a Nagi era que
lo mataran, lo pagaría.
-
Dios,
tanto así puede amarle—los ojos de Youji le miraron cálidos, suspiró y parándose
se acercó más a Youji, se arrodilló frente a él y refugió su cabeza
en sus piernas, rodeándole la cintura con sus brazos, de inmediato sintió las
cálidas manos acariciarle el cuello y la espalda—quizás
ninguno de nosotros está tan perdido…
-
Si,
quizás—respondió besándole los cabellos.
-
Farf.
¿Para qué?—preguntó acurrucadito a
su cuerpo, la mano se deslizó por su espalda suavemente.
-
Por
mí, por favor—susurró hundiendo el rostro en esos cabellos castaños.
-
Te
amo, Farf.—susurró también, aspirando profundamente, para llenarse del aroma
de la piel pálida, las manos le alzaron el rostro, se hundió en esos ojos que
le miraban ansioso—Farf.
-
Destellan,
tus ojos destellan, gracias—musitó y unió sus labios a los de Nagi,
disfrutando de la respuesta inmediata--mientras destellen no estaré tan
perdido…
-
Vivía
sin sentido, pero llegaste tú…
Mickaelle.
Pd.
Hace tiempo que no escribía un Weiß K…, espero que les agrade, no sé si
este es el fin del relato o solo el principio…
como siempre, si quieren escribirme a
vam_sethis@hotmail.com.